‘Star Trek: Lower Decks’, el universo Trekkie, la última frontera

Bienvenidos a las cubiertas inferiores de las flamantes naves de la Federación. Donde no se cuelgan tantas medallas ni nos encontramos con las dramáticas decisiones de vida o muerte de los oficiales mientras se explora hasta el último rincón de la Galaxia, pero donde se sabe qué junta de trócola cambiar de un motor hiperespacial para mantener los escudos activados y el cacharro flotando en condiciones… O sea, es un trabajo imprescindible, y alguien tiene que hacerlo: Star Trek: Lower Decks.

En este caso, los encargados de mantener a flote tanto la nave cómo la vis cómica de una serie que se concibe como una serie más de comedia y de animación para adultos, son: el irreverente equipo de mantenimiento técnico del crucero interestelar U.S.S. Cerritos.

Los alféreces Brad Boimler, un manojo de neuras con fiera admiración por las normas y la cadena de mando que sueña con ascender de categoría y con las míticas hazañas de los oficiales del puente de mando.

Beckett Mariner, su exacta opuesta, que se esfuerza en ignorar sus innatas ventajas para ascender en el escalafón y vivir una vida lo más indisciplinada posible. Hace lo posible por permanecer en el anonimato de las cubiertas inferiores y desprecia todo aquello que luzca galones.

Y los entusiastas de la tecnología Sam Rutherford, tanto la ama que luce sus prácticos tecnoimplantes, y D´vana Tendi, originaria de Orión.

Las comparaciones son odiosas, pero…

Quizás este equipo sea extremadamente competente en el mantenimiento, pero no en el de la vis cómica precisamente. Lo que resulta chocante en Star Trek: Lower Decks, que nace de la mano de Mike McMahan, creador de la magnífica y deliciosamente hilarante en su cinismo, Rick y Morty, mítica en el humor para adultos.

Pero en el aspecto humorístico y pese a tener agradables momentos donde acierta, no llega a la altura de esta serie de culto. La sensación es muy a lo Boimler; no deja de intentarlo, pero la mayor parte del tiempo se desinfla por el camino.

No nos entendamos mal: el guion de Star Trek: Lower Decks parte de una premisa muy interesante que no siempre está mal resuelta. En general, sobre todo cuando empieza a cuestionar la sed de gloria y poses de los oficiales de las cubiertas superiores y el papel «benefactor» del colonialism…estoo, la ayuda de la flota interestelar, o cuando te hablan del trabajo de mantenimiento desde el punto de vista de cualquier currito del mundo, resulta bastante gracioso. Admitámoslo, el listón en ese sentido estaba demasiado alto.

Los oficiales de la Cerritos, por mínimo que sea su rango, tienen una reputación que mantener, hay cosas que jamás se permitirán a sí mismos.

Así que, en el sector de «adulto», Star Trek: Lower Decks parece quedarse a medio fuelle. En una tierra de nadie entre el público adulto que llega de nuevas, el público fan entregado de la saga, y edades menores hacia las que la serie no está orientada en principio, pero de los que da la clara impresión de que no se han olvidado de que existen e intentan dejar la puerta entreabierta para ellos.

Y ahí es donde pagan la broma. Al intentar contentar a todo el mundo. Los gags acaban por volver a lo políticamente correcto con extrema facilidad.

Star Trek: Lower Decks, explorando el universo trekkie y otros

Y no es Star Trek la única homenajeada. El tufo a la díada cómica de la genial comedia británica El Enano Rojo de los dos protagonistas, es innegable. Es difícil no notar que de alguna forma Mariner y Boimler no derivan del relajado Lister y el neurótico Rimmer.

Dejando aparte la comedia, donde la serie acierta es en el homenaje al trasfondo trekkie. Ahí hace un pleno. El fan de Star Trek la va a disfrutar tanto o más que otros spin-offs de imagen real y pretendidamente más serios.

Se va a reconocer en el entusiasmo a la hora de recordar las hazañas de oficiales, las razas (aunque el elenco alien es sorprendentemente escaso), los guiños… la serie está plagada de memoria histórica que sus propios personajes autorreferencian.

Empezando por la aparición del oficial Ryker como parte del puente de mando, y seguido por el montón de gags a las tramas recurrentes o incluso la composición estética y visual de los viejos capítulos trekkies.

Ahí se disfruta verdadera y discretamente, lo que hace que no sea de extrañar la renovación de la serie en una tercera temporada en Amazon Prime. Aunque es una pena que en otros aspectos se quede a medio gas y se infantilice un tanto.

En especial para el fan, puede tener su discreto encanto el acompañar al equipo técnico allí donde muchos hombres jamás pusieron el pie antes.

Por ejemplo: el pozo séptico de la Cerritos; un planeta perdido en la infinidad de vete a saber donde o las cubiertas inferiores, donde se hace realidad aquella frase de Spock que venía a decir que el bien de muchos es más importante que la vida de unos pocos. En especial, si esos pocos son el equipo de mantenimiento.

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