‘Todo es inflamable’, el incendio de Gabrielle Bell

Todo es inflamable es la última obra autobiográfica de Gabrielle Bell, la heredera de autoras célebres del cómic independiente norteamericano tales como Dori Seda o Phoebe Gloeckner (aunque algo más modosa).

Reflexivo y sincero, este tebeo engancha desde la primera página. Nosotros nos lo hemos leído, y esto es lo que nos ha parecido.

Todo es inflamable. Ediciones la Cúpula.
Todo es inflamable. Ediciones la Cúpula.

Una solitaria manera de reafirmarse

Gabrielle y su madre tienen una relación complicada. Tanto en la realidad como la ficción, la primera abandonó la California rural en que se crio tan pronto como le fue posible, y comenzó a fraguarse su carrera como ilustradora en la costa este norteamericana.

Este desenraizamiento con su familia es un tema recurrente en las frecuentes visitas a su terapeuta, así como el argumento principal de los cómics que dibuja. Traumas infantiles aparte, lo cierto es que le ha servido para labrarse una carrera bastante fructífera, y costearse una vida modesta pero cómoda.

Esta relativa tranquilidad se ve interrumpida cuando se entera de que la casa de su madre ha quedado completamente destruida en un incendio. Presa de la culpa, Gabrielle se pasa el siguiente año yendo y viniendo de Nueva York a Laytonville, ayudándola en lo posible a construirse una nueva casa y, de paso, reparando los cimientos de la relación entre ambas.

Entre medias, el cómic nos presenta a la abuela materna de Gabrielle, que vive en El Cerrito, cerca de San Francisco. Ella es uno de los pocos parientes con los que la protagonista guarda lazos estrechos, aun condicionados, en cierta forma, por un pasado familiar truculento.

También a Steve y a Tony, amigos de la protagonista, que le arropan, a su forma, y le proveen un cierto sentido de estabilidad (ya sea escuchando sus desvaríos, llevándola en coche a distintos lugares, o cuidando de su huerto urbano). Y a Gus, el exconvicto que vive en una caravana en el mismo terreno donde se incendió la casa de su madre.

Todos ellos forman un elenco de personajes tan peculiares como interesantes, que juegan un papel determinante en la vida de Gabrielle.

Fuegos incontrolados

Gabrielle Bell es una dibujante compulsiva que nació en Londres el 24 de marzo de 1976. Tras el temprano divorcio de sus padres, sin embargo, se mudó con su madre y su hermano a Mendocino, California, donde pasó la mayor parte de su infancia. Posteriormente, estudió Arte en el City College de San Francisco.

En Todo es inflamable, da rienda suelta a sus inquietudes familiares y exorciza a varios de sus demonios. Con una sencillez narrativa que no está reñida con un cuidado exquisito por los detalles, nos relata una conmovedora historia de madres e hijas, solas frente al mundo, como siempre y como nunca.

Todo es inflamable
Todo es inflamable.

Cada página está llena de episodios curiosos, salpicados por una fina ironía y una cierta resignación hacia los sinsabores de la vida. En cuanto al tono, se me ocurre que recuerda un poco a Juno, la película de Jason Reitman, o a una canción de Belle & Sebastian: digerible y sin estridencias, pero no por ello desprovista de un significado genuino.

Todo es inflamable fue publicado originalmente por Uncivilized Books, en 2017. Tres años después, fue traducido al castellano y publicado por Ediciones La Cúpula.

En esta misma editorial, podemos encontrar otros títulos más de la misma autora: Cecil y Jordan en Nueva York, Voyeurs, y Afortunada.

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