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‘Amor eterno’: el romance comiquero de Tom King y Elsa Charretier

Los primeros tres números de Amor eterno han llegado a las estanterías españolas entre marzo y mayo de este mismo año, a cargo de ECC Ediciones. Producto de los talentos combinados de Tom King y Elsa Charretier, Amor eterno es una deconstrucción del cómic romántico a través de sus distintas épocas.

Además, es una caja de sorpresas al más puro estilo de Quantum Leap, con el amor como telón de fondo en la más inevitable y mortífera de sus versiones.

Nos enfrentamos a este cómic pistola en mano y con un críptico mensaje: “Hola, somos Las Furias, y probablemente estemos enamoradas de ti”.

Portada de Amor eterno, de Tom King y Elsa Charretier
Portada de Amor eterno, de Tom King y Elsa Charretier.

Amor eterno: conociendo a Joan

Corre la tercera o cuarta década del siglo XX. Joan Peterson es una chica sencilla de Indiana, y una hija modélica. Cuando termina el instituto, se muda a Nueva York a casa de su mejor amiga, Marla.

No teniendo experiencia, a Joan le resulta complicado encontrar trabajo en la gran ciudad, y los ahorros apenas le dan para costearse una habitación. Marla, sin embargo, es el vivo ejemplo de que, al final, las cosas terminan saliendo bien. A fin de cuentas, ella se encontraba en la misma situación que Joan apenas un año atrás. Ahora trabaja, vive en un piso bonito, y sale con George, un apuesto hombre de negocios.

Una noche concreta, se produce un cambio en la suerte de la protagonista del cómic. Marla le anuncia que George necesita una nueva secretaria en su oficina. De modo que Joan acepta el cargo y comienza a pasar la mayor parte de sus días trabajando codo a codo con el novio de su amiga.

Además de bien parecido, George es atento, amable y considerado. Es cuestión de tiempo que Joan acabe enamorándose de él. Por suerte, Marla ha empezado a verse con otro hombre, Jack, que parece dispuesto a proponerle matrimonio cuanto antes. Así que vía libre para Joan y George.

Una noche, después de una larga jornada de trabajo, ambos se confiesan su afecto mutuo. Tras un largo y cálido beso, George le pide a Joan que se case con él.

Amor eterno.
Amor eterno. Arte de Elsa Charretier.

El salto cuántico del amor

Pero Joan Peterson no vive en Nueva York. Ella no ha salido nunca de Crescent Creek, Oregón. Tampoco son los años 30, ni los 40. Más bien dos décadas después. Y Joan no puede estar enamorada de ningún tal George porque vela los vientos por Kit, un cantante de rock.

Su padre, sin embargo, no está por la labor de que su hija termine con un greñudo que se viste como un hippie y lee demasiado a Kierkegaard. Afortunadamente, Kit resulta ser el hijo de un respetado empresario. De modo que todo resuelto, y Joan no encuentra resistencia alguna para perpetuar su historia de amor con…

¿Chad, el hijo del sheriff del pueblo en el que ambos viven en torno a 1910? ¿O era con Bill, el nuevo ayudante en el rancho de su padre?

Incapaz de decidirse, Joan coge un caballo y se aleja al galope. Perdida en el desierto, se encuentra con un vaquero con la cara tapada por un pañuelo. Este le llama por su nombre y le recrimina haber puesto pies en polvorosa. También dice tener un recado para ella de un tercer personaje misterioso: “Correr no te llevará a ninguna parte. El amor es eterno”.

Y dicho esto, le dispara a bocajarro.

Amor eterno.
Amor eterno. Arte de Elsa Charretier.

Amor eterno: hasta la muerte y de vuelta

La muerte, sin embargo, no es sino un punto y seguido en la historia de amor interminable de Joan Peterson.

Como Sísifo empujando una roca cuesta arriba solo para verla rodar hacia abajo una vez alcanzada la cima, Joan pasa continuamente por el proceso del enamoramiento en distintos contextos y épocas. Cuando este alcanza su cúspide, la joven despierta en otro momento y lugar para revivir el proceso de nuevo, con alguien diferente.

En caso de huir, se encuentra al otro lado del cañón del revólver del misterioso vaquero que una y otra vez le repite la misma cantinela: “El amor es eterno”. Y vuelta a empezar, de nuevo en el punto de partida de este extraño camino, de impasse amoroso en impasse amoroso.

A medida que avanza el cómic, Joan va tomando conciencia de vivir en esta especie de versión rosa de The twilight zone. Sus intentos por escapar suelen terminar de forma lacrimosa. También sangrienta, y generando más preguntas que respuestas.

¿Quedará libre Joan de esta aparente condena? ¿Quién es el vaquero que acaba con sus sucesivas vidas siempre que intenta eludir la infatuación romántica? ¿Y quién lo envía?

Amor eterno.
Amor eterno. Arte de Elsa Charretier.

Un romance con los cómics

Los tebeos de temática amorosa han gozado de popularidad en distintos puntos del siglo pasado. En un intento por abrir nuevos mercados, y tras la caída del género de superhéroes después de la Segunda Guerra Mundial, las editoriales comenzaron a publicar historietas románticas, dirigidas principalmente a mujeres jóvenes. Dichas historietas alternaban situaciones domésticas con otras de intriga, abordando asuntos tales como el desengaño amoroso, el sexo, o, incluso, el crimen.

Posteriormente, la cruzada de Fredric Wertham contra el medio y su “seducción de los inocentes” dio un giro más conservador y edulcorado a este tipo de cómics. Estos viraron hacia tramas completamente kitsch, enfocadas a la consecución del matrimonio y un entorno familiar feliz.

Esta tendencia se extendió hasta finales de los años 60. La convulsión cultural de la época también se hizo notar en los cómics románticos, los cuales envolvían a soldados enviados o procedentes de Vietnam, parejas interraciales, la lucha por la igualdad de géneros, etc.

Con el final de los 70, el público para este tipo de historietas fue disminuyendo. El género, sin embargo, continúa sobreviviendo hasta la actualidad mezclado entre otros.

Amor eterno es un despiece y rearme en toda regla de este tipo de cómics, cogiendo todas sus distintas vertientes, alternándolas en una misma historia, y dándoles un giro tan virulento como inesperado.

Amor eterno. Arte de B. Craig (portada alternativa).

Amor eterno por Tom King y Elsa Charretier

El primero es uno de los guionistas más contrastados y populares de la última década en EEUU. Las relaciones familiares y románticas ocupan un lugar central en su bibliografía. Ejemplo de ello es su etapa al frente de Visión, para Marvel, en la que el famoso sintozoide cuenta con una mujer y dos hijos de su misma constitución. También al frente de Batman, de DC Comics, en la que se explora la relación del personaje titular con Catwoman, su Beatriz mallarmeana particular. Y de Mr. Miracle, claro, en la que Scott Free se apoya en su esposa, Big Barda, para superar la depresión y evitar una muerte segura.

Amor eterno es su debut en Image Comics, buscando ser al género romántico lo que Sandman fue al de horror a principios de los años 90. Aun terminado su primer volumen (recopilado en un tomo único en febrero de 2023), la historia todavía tiene varios cabos sueltos. Mientras estos van atándose, el proceso es tan frenético como intrigante, salpicado de un cierto humor canalla.

Charretier aporta su versátil estilo a los lápices. Su dibujo recuerda al del tristemente fallecido Darwyn Cooke, destacando por su expresividad y plasticidad, muy a lo cartoon.

Esta artista francesa se dio a conocer por el público americano en abril de 2016, en el número 9 de Starfire, de DC. Desde entonces, ha realizado trabajos tanto para dicha editorial como para Marvel. Aunque su explosión llegó en 2019, cuando lanzó el primer volumen de Noviembre, de Image Comics, con guion de Matt Fraction.

Imagen de portada de Jenny Frison (Portada alternativa de Amor Eterno 1).