‘Valeria’, el feminismo según Netflix

Valeria es una serie creada por y para Netflix. Al igual que Las chicas del cable, es una serie diseñada específicamente para el canal de streaming americano, que se disfraza de feminismo para ganar subscriptores. No es arte ni entretenimiento audiovisual de calidad. Es un producto comercial que no solo se aprovecha de un movimiento social, sino que da una definición bastante peligrosa de este.

En los años 50, las series de televisión se producían con el propósito de entretener al espectador entre anuncio y anuncio comercial. O sea, la televisión era 70% publicidad, 30% contenido. Aparte de que el contenido era limitado, era un contenido muy blanco, es decir, series con tramas muy sencillas, personajes estereotipados, ausencia de conciencia social o política y finales felices. Este es el modelo de serie comercial perfecto, porque no ofende a nadie. Te evade con historias y una visión de la realidad inalcanzables, y consigue cumplir su objetivo: que te comas los anuncios que vienen después.

Pues Valeria es eso, es una fantasía totalmente inverosímil: cuatro chicas “fuertes e independientes” que viven una vida llena de colorines, moderneo, frases de Mr.Wonderful y “apasionados” romances, pero en la que realmente nunca ocurre nada. Los directivos la compraron pensando que era el momento perfecto para lanzar su propia Sexo en Nueva York y ganar más suscriptores en el público femenino hispanohablante. Es decir, entretener al espectador, mientras vendían su marca.

Valeria, Netflix.
Valeria. Netflix.

Sexo en Nueva York vs. Valeria

No creo que sea necesario hablar de las enormes diferencias entre Sexo en Nueva York y Valeria, pero creo que es importante anotar que la historia de cuatro mujeres fuertes e independientes practicando sexo por toda la gran ciudad era una idea novedosa hace 30 años, no en el 2021. Lo siento, Netflix, pero en eso no consiste el feminismo actual.

Sí, Sexo en Nueva York era una historia sobre mujeres blancas de clase media, pero no era clasista. Esas escenas de la protagonista de Valeria quejándose de las manifestaciones de taxis o del hecho de tener que coger el bus, parecen sacadas de un sketch de Muchachada Nui. Feminismo bajo ningún concepto es clasismo.

Y, por último, lo más importante, Sexo en Nueva York, como serie, no fue creada en plena ola feminista para sacar rentabilidad de ella. Valeria, sí. Feminismo tampoco es oportunismo.

Carrie Bradshaw y sus amigas en Sexo en Nueva York.
Carrie Bradshaw y sus amigas en Sexo en Nueva York.

Y sin ser yo una catedrática de feminismo, pero sí una persona muy agradecida a este movimiento y abiertamente en contra de los que lo perjudican, sobre todo, grandes empresas heteropatriarcales, he de seguir señalando qué más cosas considera Valeria/Netflix que son feministas y realmente no lo son.

Aparte del clasismo o el sexo sin sentimientos (por cierto, cosa guay si estás bien psicológicamente pero si estás necesitado igual no tanto), está toda esta filosofía repugnante de Mr.Wonderful, capitalismo rosa u optimismo tóxico (como queráis llamarlo), que todavía sigue en activo.

Valeria, feminidad y capitalismo

En Valeria, mujeres que no llegan a los 30, dejan sus trabajos de la noche a la mañana o deciden escribir un libro basándose en el pensamiento de que “deben seguir sus sueños.”

Aunque también es verdad, claro, que estas chicas viven en pisos de 100 metros cuadrados en el centro de Madrid y que llevan modelitos de 200 euros para arriba (a pesar de que las guionistas intenten convencernos de que son muy pobres todo el tiempo). El optimismo tóxico es una de las corrientes de pensamiento a través de la cual ejerce su poder el capitalismo. Feminismo no es capitalismo.

Valeria serie de Netflix

Las protagonistas de Valeria son todas muy “femeninas”. Se maquillan, llevan tacones y vestidos, y hablan de ello como una especie de súper poder femenino (sorpresa, realmente es masculino). Tampoco se salen de los cánones físicos impuestos por el heterocromatina (todas son delgadas, altas, tienen vagina…).

Por otro lado, los personajes masculinos, no solo son heterobásicos de manual presentados como la meca del romanticismo feminista o amores tóxicos idealizados, sino que también cumplen con todos los cánones físicos tradicionales (altos, delgados, con pelo, vestidos de camisa y chaqueta…).

En la última temporada, el ex de la protagonista organiza una exposición con fotos de ella desnuda (habiéndole pedido permiso cuando estaban juntos, hace ya tiempo). La chica no solo no se enfada, sino que se lo agradece porque así ha redescubierto a la Valeria que le gusta… Sin comentarios.

Ibrahím al Shami como Adrián y Diana Gómez como Valeria, en Valeria. Cr. Felipe Hernández/NETFLIX © 2020

Feminismo no es un modelo físico único femenino, es diversidad, es definiciones infinitas de “mujer”. Tampoco es una visión del amor basado en el romanticismo de Hollywood ni de Disney (empresas heteropatriarcales también, por cierto).

Una serie de una mujer y sus amoríos tóxicos

Feminismo tampoco creo que es que toda la vida de una mujer se base en el amor de alguien concreto. En Valeria es así (aunque intentan que no lo parezca también con fuerza). Aquí voy a dar unos cuantos rodeos.

No estoy en contra de las tramas amorosas. El amor (de pareja o sentimental-pasional o de profunda afectividad) es algo muy importante en la vida de un ser humano. Por lo tanto, debe tener su importancia en la ficción. La infravaloración de géneros como la telenovela o el melodrama, es algo que viene de una tradición misógina que sería muy interesante analizar en otro momento.

Valeria, al principio, se pone el pin feminista de “mi trabajo/mi autorealización y mi vida amorosa son igual de importantes” pero luego no cumple con ello.

Diana Gómez es Valeria.
Diana Gómez interpreta a Valeria. Cr. Felipe Hernández/NETFLIX © 2020

En The bold type (demostración perfecta de que se puede hacer una serie comercial y feminista al mismo tiempo), vemos a las protagonistas principalmente desarrollándose a través de sus trabajos. Luego, en un lugar, no secundario, sino igual de importante, sus historias amorosas.

En Valeria, te enseñan algo de sus trabajos al principio, para ponerse el pin, pero luego, prácticamente, el 90% de la historia son sus amoríos. Su amistad y su trabajo solo se usa como vehículo para hablar de la historia de amor de turno.

Según Netflix y Valeria, feminismo es clasismo, sexo vacío, un modelo físico muy concreto de mujer, romanticismo de Hollywood, optimismo tóxico y una vida basada únicamente en el amor de otra persona.

Dar una definición de feminismo tan equivocada a 200 millones de suscriptores que tiene actualmente Netflix es bastante grave. Que conste que no culpo a las guionistas ni al equipo ni a la autora del libro en absoluto, pero sí creo que hay que señalar cuando una multinacional está haciendo algo tan peligroso como esto.

Por eso, repito, sobre todo para los espectadores que vayan a ver la serie (no de forma irónica), cuidado con el feminismo de Netflix.

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