‘Y tu mamá también’: la boca del cielo
El erotismo es un arma de doble filo en el séptimo arte. Aunque pueda parecer un potente reclamo para el público, la audiencia pronto llega a aburrirse de la iniciativa una vez se consuma la pasión. Por mucho picante que quiera ponerse a esa comida mexicana, debe haber más ingredientes en la cocina para que se quieran aceptar las reglas del juego más allá del morbo. Traspasar una frontera oculta entre el paladar, el apetito, la imaginación y el deseo para embriagar a la lista de comensales. Dentro de ese género, pocas películas pueden competir con Y tu mamá también (2001), dirigida por Alfonso Cuarón.
Aparentemente, una simple road movie de dos adolescentes en edad de merecer a quienes el azar hace coincidir con una atractiva mujer española. Sin embargo, aquí sí podemos afirmar que no estamos ante otra estúpida comedia americana o una gamberrada con chistes escatológicos. A lo largo de poco más de 100 minutos, terminamos pudiendo ponernos en la piel de Tenoch, Julio y Luisa. Buscar un sitio que no existe para acabar revelando el improvisado camino un atajo para acceder al mismo.

Y tu mamá también: Déjà vu
Lo hemos presenciado en múltiples ocasiones. Tenoch, hijo de un corrupto secretario estatal, es amigo del alma de Julio, su camarada de juegas, si bien de extracción social mucho más humilde. La pareja comparte todo un mundo de confidencias donde se incluyen tragos de tequila, cigarrillos y otros vicios confesables. Cada uno tiene novia, pero las chicas van a pasar el verano en Italia. De repente, la fase estival se antoja como la oportunidad soñada de darse caprichos con el sexo femenino.
Carlos Cuarón, hermano del director, escribió a medias con el cineasta un guion plagado de aciertos. Sin cargar la baraja, queda palpable la hipocresía de la masculinidad de los cuates, quienes no han tenido rubor en hacer prometer a las muchachas que no caerán en la tentación de algún atractivo transalpino. La elaboración de los perfiles de Tenoch y Julio no fue dejada al azar, algo que puede apreciarse en algunas de las ediciones en Blu-ray (nada fáciles de hallar en España) más lujosas.
Al igual que hacen otros cineastas como Quentin Tarantino, hay una biografía meticulosa de cada uno de estos adolescentes. De dónde son, cómo les influyeron las narraciones futbolísticas de José Ramón Fernández y su equipo, cuáles fueron sus primeras decepciones, etc. Muchos de esos detalles permanecen ocultos en la película, pero tanto los actores como el guion los conocen y son visibles de forma sutil. Gael García Bernal lo aplica cuando su personaje, Julio, maneja con habilidad los carritos del supermercado cuando se están abasteciendo para una de sus fiestas, puesto que sabe que, de chavito, la persona que encarna se ganó unos pesos extra trabajando en sitios como ese.
Normalmente, la comedia adolescente peca de sobrevalorar o infravalorar esa etapa de la vida. Los Cuarón buscan que sus pendejadas y virtudes sean tratadas con cariñosa cercanía.

Y tu mamá también: la voz en off
Hay purismos que la odian. Casi como si fuera un recurso de tercera división en un medio donde la imagen debe brillar sobre la palabra. No obstante, el séptimo arte ha dado muestras de que las direcciones más preclaras la usan sin rubor cuando la necesitan. Greta Gerwig no titubeó en Barbie (2023) cuando tocaba poner esa clase de narración y hay decenas de cintas clásicas que se apoyaron en esa voz en off que artistas como Scorsese han manipulado incluso para dar una falsa sensación de seguridad.
Y tu mama también nos da un tono omnisciente y entrometido que, además, se anticipa con unos segundos previos proyectados para recalcar su veleidad literaria. Un recurso arriesgado que, sin embargo, nos ayuda a empatizar mucho con los intérpretes de la función. Pequeñas briznas de recursos que pueden hacer que sintamos la punzada en el estómago de Tenoch cuando vio en secreto a su padrino manteniendo un romance con su madre.
Al tener a dos chamacos de extracciones sociales tan distintas, la cámara puede desplegarse por un país tan complejo, hermoso y misterioso como México. Es llamativo que, con eso garantizado, el film no renuncie al placer de la palabra escrita, a querer hacer de carne y hueso a sus criaturas.
Una capacidad que es como agua para chocolate cuando quienes llevan la voz cantante están a dos décimas de segundo de protagonizar la versión azteca de American Pie. La lívido estival a costa de musas de la pantalla como Salma Hayek es expuesta sin tapujos, si bien tampoco de manera gratuita. El argumento comprende el nivel de hormonas desatadas, la falsa confianza para subestimar el peligro y un poder adquisitivo (en el caso de Tenoch) para colocarse en una sala de juegos de cristal, lejos de valerosos activismos estudiantiles como el de la hermana de Julio.
Verdú, Bernal y Luna: El casting más sexy que el dinero podía comprar
Hemos mencionado ya a Gael García Bernal, el encargado de alumbrar a Julio. Un actor en un momento de gracia que remataría poco tiempo después con otra imprescindible pieza como El crimen del padre Amaro (2002), sagaz adaptación del celuloide mexicano de la novela original de José María Eça de Queiroz. Lo acompaña en liza desde el inicio su compadre Diego Luna como Tenoch Iturbe, dejando de inmediato la química entre los dos una gran credibilidad como amigos de toda la vida.
No obstante, faltaba una última pieza de la ecuación para que el proyecto fuera un éxito y pudiera romper los clichés del género: se demandaba una actriz. Y no podía ser cualquiera. La figura geométrica que debía salir de esa road movie iba a ser un triángulo y la elegida sería el vértice más importante. Alfonso Cuarón terminó logrando un lujo para un proyecto que, pese a estar destinado a futuro prestigio crítico, en aquellos compases tenía mucho aroma indie: Maribel Verdú.
“Un rodaje muy duro en rincones que no conocían ni los propios mexicanos”. Años después, frente al pelotón de fusilamiento que son las cámaras y las redes sociales, Maribel Verdú habría de recordar el día en que Cuarón y su equipo la llevaron a conocer el hielo y el fuego de su madre patria. Una extenuación de semanas vertiginosas y exigentes que no opacaron a la madrileña para evocar con nostalgia un operativo que amplió su repercusión, ya sobresaliente en el cine español, a unas cotas internacionales inéditas hasta la fecha.
“Sensual y a la vez inocente”. En un escaparate tan imponente como la Mostra de Venecia, el artista destinado a hacer la película de más calidad en la gran pantalla para Harry Potter se refirió así a la musa que debía buscar la playa imposible.

La Boca del Cielo
En aquella ocasión, la tentación no vivía arriba; de hecho, procedía del otro lado del Atlántico y se cruza por el camino de los dos muchachos a través de una boda. Maribel Verdú encarnó a Luisa, prima política de Tenoch, quien va a sufrir una terrible confesión por parte de su pareja que hará tambalearse su mundo. Si bien en un principio había prestado poca atención a los torpes intentos de los muchachos por llevarla de viaje (a una playa imaginaria llamada La Boca del Cielo), de repente hacer esa escapada con ambos se convierte en el último refugio.
Uno de los grandes aciertos del libreto es que las posiciones más extremas del trío siempre están bien argumentadas, nunca parecen forzadas o artificiales. La frescura de los dos amigos es justo lo que la española necesita para intentar ahogar sus penas. Con sutileza, la cámara de Cuarón aprovechará las carreras del país azteca para hacer una hábil disección social de las diferencias entre campo y ciudad; siempre sin cargar las tintas o evitando subrayar lo obvio. Y tu mamá también es un largometraje para observar con calma.
Una belleza en el viaje que brilla por la fotografía de un artista como el mexicano Emmanuel Lubezki, quien mima las miradas del tridente destinado a compartir experiencias vitales durante la búsqueda de un sitio que, en realidad, es absolutamente inexistente. Un pacto de ficción de los muchachos para mantener interesada a Luisa en el periplo.
El propio Cuarón concibió aquella idea como un exorcismo. El germen de la misma anidó durante una visita a un videoclub de New York. Una recuperación del amor por el cine antes que, por la recaudación en taquilla, la búsqueda de contar una historia que le importase realmente a su equipo y a él.

Betsabé
Resulta un nombre tan hermoso como vilipendiado. Acorde con la tradición bíblica, Betsabé fue la hermosa esposa del general Urías, fiel militar de origen hitita a quien su monarca David dejaría vendido en una línea peligrosa del combate para evitar que descubriera su infidelidad con su cónyuge. Aunque la pareja adúltera se salva de la condena a muerte (algo raro en aquella época del Antiguo Testamento, especialmente para la dama infiel), el peaje es terrible: Betsabé pierde al fruto de su pasión con David al poco del embarazo.
El planteamiento de Luisa es, de igual forma, de una gestación accidentada. De hecho, su madre la tuvo como un acto de fe cuando ya parecía que su reloj biológico estaba dando la cuenta atrás para concebir. Mediante fórceps, la pequeña pudo salir a luz, no sin dificultades. Por supuesto, Y tu mamá también no nos cuenta nada de ello, pero queda claro que la española siente algo especial por la infancia, algo que quedará palpable para las gentes locales de la playa por su habilidad para meterse en el bolsillo a cualquiera niña con la que juegue un rato en la arena.
Puede que herencia de haber perdido a sus progenitores pronto y quedado bajo la custodia de una tía solterona de ideología franquista.
El vehículo en el que Tenoch y Julio la introducen se llama Betsabé, un modelo retro muy bonito al que Jacinto Ángeles puso su sello a comienzos de la década de los ochenta. LeBaron fue la estación de venta de un modelo de utilitario ideal para la clase media mexicana que quisiera viajar con familia.
En su camino a Oaxaca, siguiendo el camino de Kaváfis, el seductor coche poco pide a sus transeúntes mientras les expone su sendero a Ítaca, plagado de aventuras.

Si no te hubieras ido: una canción para gobernarlos a todos
Es razonable (y hasta sensato) poner bastantes asteriscos a muchas de las frases de Joaquín Sabina. Sin embargo, incluso la persona más ácida y crítica con su figura (al menos, sí tiene moralidad artística), le admitiría que hay que tomar en consideración cualquier palabra suya que refiera en materia de lírica. Con gracia, el cantautor de Úbeda afirmó en el pasado que Bésame mucho quizás no sea una obra maestra, pero que las palabras de este romántico bolero pueden ser absolutamente irresistibles para cualquier mortal si el hombre o la mujer adecuada las susurra en la noche idónea.
Consuelo Velázquez, su hacedora en 1932, pervirtió con talento una de las máximas de la escritura: describir aquello que se conoce como la palma de la mano en aras de ser realista y creíble incluso en la ficción. Por desgracia, ella vivía en una sociedad encorsetada y, además, a título personal, había tenido mala fortuna en el amor hasta el punto de no saber a aquellas alturas qué se sentía frente al beso amante. Como muchas joyas, tuvo que esperar para que el mundo supiera apreciar lo compuesto en su verdadera magnitud. Ironías de la vida, de patito feo, Bésame mucho pasó a ser interpretada por iconos con el calibre de Paul McCartney.
Y tu mamá también tiene su propio rincón especial en un chiringuito perdido de playa, una letra que, a buen seguro, ya no tendrá el mismo significado para unos Tenoch y Julio ancianos cuando suene en su móvil: Si no te hubieras ido, de Marco Antonio Solís. La escena entre Verdú, Luna y Bernal es, a buen seguro, una de las más apasionadas en el celuloide azteca. Curiosamente, hay otras secuencias mucho más ligeras de ropa, pero aquí está la auténtica complicidad del trío, una atmósfera que no volveremos a notar hasta Rivales (2024) de Luca Guadagnino.

Y tu mamá también: cristales rotos
Es una de las pocas veces que el carisma de Jack Nicholson se ha visto eclipsado. De hecho, podríamos hasta afirmar que es de las contadas secuencias en su vida donde la mirada de la audiencia le deja a conciencia en segundo plano. Hay algo en la dignidad de Tom Kemp haciendo de Billy Costigan Senior que consume en una de partes de Infiltrados (2006) que, desafortunadamente, Martin Scorsese decidió cortar en el montaje de su drama mafioso en Boston.
En un breve diálogo, Billy Costigan recalcaba su dignidad como trabajador honrado en el aeropuerto de Massachusetts antes que aceptar el pacto con el demonio que sería ceder al carismático boss Frank Costello, quien no disimula admirarlo delante de su hijo.
Un breve fragmento que es una joya perteneciente a una especie en extinción: instantes cortados que el público lamenta de corazón que no estén. La mayoría de las veces, lo suprimido es una decisión editorial sensata para evitar repeticiones, cuestiones gratuitas, etc. Y tu mamá también es tan absorbente que, de igual manera, tuvo que suprimir frutos del rodaje que merecían colgar del árbol.
Así ocurre en un tenso viaje en la parte trasera del coche de sus suegros para Julio, quien apenas puede escuchar las recomendaciones culturales de sus suegros (quienes invitan a la pareja a pensar en las maravillas de urbes como Florencia o Roma) ante las insinuantes aproximaciones de Cecilia Huerta (la intérprete María Aura) a su entrepierna.
Más allá del placer, innegable, hay muchas cosas que anidan detrás de ese cóctel de hormonas y deseo. No es casual que un filósofo como el esloveno Slavoj Žižek se prestase a conceder entrevistas centradas en este viaje iniciático de descubrimiento, incidiendo en que nunca una película hizo tanto por mostrar la crisis política de México… sin dedicar un diálogo concreto al tema.

El manifiesto de Charolastra
Julio se declaró a su novia en la esquina entre la Revolución y Barranca del Muerto. Los rincones de México ocupan su lugar en la adolescencia, pero el narcisismo lógico de la misma hace que sean una parte del decorado en una época donde el o la joven solamente puede observarlo todo bajo su prisma subjetivo, primando sus punzadas e incipiente inteligencia sobre cualquier otro factor. Si bien apenas se menciona en las conversaciones del coche, Alfonso y Carlos Cuarón tenían claro qué significó para los dos jóvenes el manifiesto de Charolastra.
Fueron las reglas que hicieron con amigos como Saba, otro buscavidas encarnado por el actor Andrés Almeida. Una serie de proclamas fantasiosas, hedonistas y bastante machistas que hicieron para ellos mismos. Pese a ello, aquí es como si a Stiffler le terminasen cayendo unos cuantos libros en la cabeza durante el proceso para que la masacre de neuronas no sea excesiva. Por ejemplo, el libreto original mencionaba a Daniel, un buen amigo de Tenoch y Julio que les confesó con vergüenza su homosexualidad.
Curiosamente, aquella velada Daniel se sintió respaldado por el grupo Charolastra, quienes incluso le abrazaron y le animaron a hacer aquello que sintiera sin culpa. Un momento genial que no impedía al argumento decir, sin demasiadas explicaciones, que tanto Tenoch como Julio se fueron alejando progresivamente de Daniel sin grandes alaracas. Tan real como la vida misma en su mediocridad y puntualizando, sin subrayados, en esa camaradería masculina tóxica que Luisa advierte en varias ocasiones sobre ellos.
De hecho, usará su poder sobre el dueto para imponer sus reglas en el coche y evitar que la testosterona se desparrame. En cierto, sentido, la española hace una contrarréplica ilustrada a lo que supuso Charolastra y los lleva a un mundo real donde hay que hablar menos de coger y ser amantes más generosos.

Y tu mamá también: Como todo lo demás
Si bien es un pensamiento poco agradable, la mayoría de amores, vínculos familiares y amistades entrañables se van desvaneciendo en un tácito pacto de silencio a largo plazo, en lugar de un clímax intenso con frases memorables. El padre tiempo se encuentra tan seguro de su ventaja que se permite alargues para recoger sus frutos. La increíble experiencia compartida por Luisa, Tenoch y Julio lleva a un Rubicón que alterará por completo sus existencias. De cualquier modo, en el caso de los dos jóvenes mexicanos casi parecerán incapaces de asimilarlo.
El fantasma del recuerdo de Luisa se termina antojando como un efecto muy similar al que el personaje de Begoña Vargas hacía en Las leyes de la frontera (2021), rodada con maestría por Daniel Monzón en base al material literario de Javier Cercas. Los rigores de la edad adulta y cierto tono grisáceo presiden el posterior encuentro entre Julio y Tenoch tras la Boca del Cielo. Daniel Giménez Cacho, sagaz narrador de todo el operativo, recalca que solamente la costosa búsqueda de un pretexto les impidió evitar ese café, uno que antaño se hubieran tomado de forma automática.
Si bien ninguno de los dos parece ansioso de querer refrescar esos recuerdos, para la audiencia este film mexicano produce el efecto antagónico. Es inevitable salir de la sala con ese regusto único, atípico incluso en los mejores restaurantes. Y tu mamá también es un cóctel erótico de la mejor calidad, pero es paralelamente una película redonda también en muchísimos otros aspectos.
