Y una botella de mezcal

Supongo que, el oler algo en concreto y que ese olor nos transporte a otro momento y a otro lugar es algo que a todos nos pasa. Por ejemplo, cuando huelo una higuera, mi memoria me lleva al campo de una tía mía. Lo más raro, es que no recuerdo que mi tía tuviese ninguna higuera, pero quizás el vecino de al lado sí, o eso espero.

Me ocurre lo mismo con algunos sabores y con las canciones. Me refiero a que me llevan a otros sitios y a otros momentos de mi vida. No al campo de mi tía, si fuese así, la cosa daría miedo de verdad.  ¿Te imaginas que todos los olores, sabores y canciones te recordaran al mismo lugar? Sería algo acojonantemente misterioso.

Voy a seguir con los olores porque ahora que he dicho esto de las canciones y sabores, no me acuerdo de ninguno en concreto, pero seguro que me vienen en un momento.

El olor a casa vieja y humedad me lleva a Inglaterra, pero a la campiña, no a las grandes ciudades. El “aroma” a ciertos detergentes me arrastra al pasillo número 9 de la plataforma de Carrefour, de 00:30 a 8 de la mañana. Una pesadilla sin fin.

Ya empiezo a acordarme de algunas canciones

La primera vez que escuché Who’s Gonna Ride Your Wild Horses de U2, fue en un Pub cerca del barrio de Los Remedios de Sevilla.

No recuerdo el nombre del pub, ni el año que era, pero sí que era de madrugada, que el sitio olía a vómito y que cuando sonó esa canción por los altavoces, pensé que tan solo por escuchar aquella canción, merecía la pena estar en ese basurero.

Le pregunté a la chica de la barra si conocía el nombre de la canción, y me dijo que no trabajaba de camarera por conocer todos los nombres de las canciones que se ponían en el bar. Le sonreí y me hizo una peineta con la mano.

Hay gente simpática en todos lados. Hija de puta.

Creo que muchas camareras piensan que todos los tíos que hablan con ellas, es porque quieren llevárselas a la cama, y muy posiblemente estén en lo cierto, pero también podemos preguntarles otras cosas antes, como por ejemplo, el nombre de una canción.

El pub ya no existe, creo que lo cerró sanidad. La limpieza era inexistente, pero no creo que lo cerraran por eso. En aquella época los había peores y seguían abiertos. Más bien, sería por lo curioso de que pidieras el whisky que pidieras, todos sabían igual. Supongo que con las demás bebidas pasaría lo mismo, pero no lo sé, porque por aquel entonces solo bebía whisky.

Amor al whisky. Y una botella de mezcal
Amor al whisky.

Con el tiempo me pasé al ron, luego a la ginebra y ahora otra vez al whisky. Esto también es bastante curioso, pero conozco a varias personas que han dado exactamente los mismos pasos que yo, alcohólicamente hablando. Whisky, ron, ginebra, whisky. No sé si esto tiene alguna lógica, pero es así, es como cerrar un círculo de borracheras. Es como si tu cuerpo te estuviese avisando: “Amigo mío, empezamos con este mierda y vamos a acabar con esta misma mierda, pero quiero que entiendas esto, ESTAMOS ACABANDO. Nos acercamos peligrosamente al famoso Game Over”.

Y una botella de mezcal: Volvemos al bar

Tampoco había que ser un lumbreras para darse cuenta de que si las bebidas en ese Pub valían la mitad que en otros sitios, algo fallaba, pero bueno, aquí nadie ha dicho que aquello estuviese lleno de personas inteligentes, yo el primero.

Recuerdo que para mejorar el sitio, te dejaban pintar en las paredes. Eso estaba bien, pero dejar que la gente te “decore” el local cuando están borrachos de un alcohol de dudosa calidad, es una apuesta muy arriesgada. No sé si el dueño pensaba que al hacerlo, los clientes le llenarían las paredes de poesías de Alberti, Lorca o Machado:

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una fontana fluía

dentro de mi corazón.   

Antonio Machado.

Pero no, eso allí no pasaba.

La primera vez que fui pinté mi nombre en letras bonitas cerca de un extintor. En serio, me había quedado del carajo, y eso que nunca he sido muy detallista con esto de la caligrafía, pero ese día me salió realmente bien.

A las pocas semanas volvimos al sitio y mi nombre seguía allí, pero alguien había dibujado una polla enorme debajo. Una polla de color rojo chillón, y de ella salían tres supuestas gotas de semen. Mi nombre estaba dentro de una de ellas, la más grande y visible. Ese día no llevé rotulador, pero me hubiese gustado dejarle una nota de agradecimiento al autor, algo sencillo pero con estilo, quizás un: “Me cago en tu puta madre, artista de mierda”.

En Nochebuena un pene gigante apareció pintado en la fachada de un edificio en la calle Broome, en el barrio neoyorquino de Lower East Side. Y una botella de mezcal

Al final, me enteré del nombre de la canción porque ya sonaba por todos lados, no porque la camarera tuviese algún interés en decírmelo. Ahora, cada vez que la escucho, me acuerdo de ese pub de olor tan agradable, de esa camarera simpatiquísima, y veo esa polla roja en la pared eyaculando mi nombre.

Canciones y lugares 2

La segunda canción que me lleva a otro lugar y otro tiempo es: You’re my Heart, You’re my Soul de los Modern Talking. Esta me transporta al momento exacto en que me enrollé por primera vez con una chica, “Un Ñu del Serengueti”, no la estoy insultando, sólo la estoy definiendo.

Yo tendría unos 13 años y la chica unos 17. No recuerdo su nombre pero si recuerdo que era mucho más espabilada que yo, y feísima. Con esto no quiere decir que yo fuese o sea guapo, yo era, y lo sigo siendo, igual que ella, otro ñu, pero dentro de la manada, ella sería un ñu un poco más feo.

Siempre he pensado que las personas feas deberían de rodearse de personas aún más feas que ellas, de esta manera, destacarían de forma positiva. Pero también es cierto, que si esta chica hubiese sido la más guapa de un grupo, a ese grupo no se hubiese acercado nadie ni con una antorcha y una espada.

Estábamos en la parte de abajo de una discoteca que no servía alcohol. Una para chavales menores de edad. Quizás ahí estuvo el fallo, con alcohol todo  hubiese sido distinto. Estábamos hablando de no sé qué, me dijo que la acompañara a la barra, se acercó como para decirme algo, y me metió la lengua hasta la campanilla. Sabía a tabaco. Me separé un poco, le dije que tenía que ir al servicio un momento, subí las escaleras, salí del bar, empecé a andar, y no paré hasta llegar a mi casa. Me metí en el cuarto de baño y me cepillé la boca hasta que se me quedó dormida. Luego me senté en el váter y me tomé una botella de Oraldine a chupitos.

mujer fumando. Y una botella de mezcal.

¿Empezar a fumar?

Dos semanas después la volví a ver y tenía novio, o por lo menos estaba con alguien. Un chico al que por lo visto, no le importaba que le pasaran un puro mojado por la boca. Me alegré mucho por ella, porque no fue muy educado irse de esa forma, lo reconozco, pero en aquel momento no se me ocurrió nada mejor que hacer.

Después de esto decidí que no quería besar a chicas sabor tabaco, y muchos menos a chicas feas sabor tabaco. No fue hasta los 18 años cuando empecé a fumar y abrí mi abanico de posibilidades, pera ya para entonces me comía una mierda en temas de ligar, así que…no valió para nada.

Muchos tiempo después, me encontré con la misma chica en un bar de la ciudad, (Sevilla es pequeña según para qué cosas) y la verdad es que estaba mucho más guapa. Es broma, hay que ser medio idiota para pensar esto, estaba igual de fea y más mayor, pero yo tampoco había mejorado mucho. Entré en el bar, la vi, y me fui otra vez corriendo. Una retirada a tiempo es una victoria. Luego me volví a sentir mal por mi forma de actuar, pero seguro que me quedo en el bar un rato, la saludo, y me levanto en su cama con la boca llenos de pelos de muelle.

Una canción más y lo dejamos por hoy

Una vez me invitaron a una fiesta de extranjeros en un piso cerca de la Alameda de Hércules de Sevilla. No recuerdo el sitio exacto del piso, pero sí varias cosas del mismo, por ejemplo. Había una foto enorme en el la cocina, hablo de algo de unos dos metros de alto y tres de largo, era tan grande, que no se podía distinguir bien lo que era.

En el baño todo podría haber sido normal, pero tenían el váter a más de un metro de altura del suelo, no es broma, tenía como tres escaloncitos para subir. Algún fontanero debió de gastarles una broma poniéndoles el trono a esa altura, o simplemente, en esa casa cagaban de pie.

Wc con escaleras.

No sé, pero todo me parecía muy extraño. Por lo demás era una fiesta normal de extranjeros, muchas tías buenas que no me miraban por estar buenas, y muchas tías menos buenas, que no me miraban porque, al ser extranjeras, se creían que habían subido de estatus sólo por el hecho de estar en otro país.

Al final acabé hablando con dos mexicanos. Los mamones se estaban bebiendo un Brik de aguardiente. Repito, un Tetra Brik de aguardiente de un litro. Yo no sabía que este tipo de licores se vendían en formato  para “indigentes”, pero ahí estaba. También tenían una botella de  mezcal, esas con el gusano dentro.

Viendo las bebidas y la altura del váter me tendría que haber ido, pero no, siempre me ha gustado el riesgo. La música que sonaba era muy variada, aunque casi la gran mayoría era es Español. Entre el repertorio, estaban Parálisis Permanente y Kiko venero, pero la que repetían de una forma casi enfermiza era una llamada Viento del grupo Caifanes. No se me olvidará en la vida.

Intentando recordar… o volver a soñar….

No estoy seguro si la fiesta estuvo bien o estuvo mal, lo que sí recuerdo, es que me desperté por la mañana en uno de los sofás del salón. Estaba completamente solo, boca arriba y tapado con el abrigo de alguien que olía bien. Me dolía la cabeza a muerte y tenía el puño derecho cerrado muy fuerte contra mi pecho.

Cuando abrí la mano, allí estaba, el puto gusano de la botella de mezcal. Me levanté, di una arcada, fui a la cocina, cogí mi chaqueta, solté el gusano en la mesa y me dirigí a la salida.

Cuando estaba en la puerta, eché un último vistazo a la casa y vi la foto de lejos, ahora sí que se veía con nitidez lo que era, un coño, la foto real de un coño de dos metros de altura por tres de ancho, en la cocina. Me encantaba esa casa. Salí y nunca más volví a ver a los mexicanos y a nadie de aquella fiesta. A veces pienso que todo fue un sueño, pero no lo creo, porque cuando alguien me habla de mezcal me pongo a sudar.

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