‘Cape Fear’: no era necesario
Hoy ha finalizado Cape Fear, la serie de Apple TV que adapta la novela de John D. MacDonald y las películas de 1962 y 1991, especialmente esta última, dirigida por Martin Scorsese, uno de los productores de la serie. Como en la novela y las películas, se nos presenta a Max Cady, un vengativo personaje que quiere hacerle la vida imposible a la familia Bowden. Por desgracia, la serie no solo nos presenta la venganza de Cady, sino también su árbol genealógico, que parece no tener fin.

Cape Fear: un Max Cady de AliExpress
Si tanto la novela como las películas funcionan es, en parte, porque no conocemos demasiado de la historia de Max Cady: conocemos, sobre todo, sus intenciones. Y precisamente por eso da miedo. Es un personaje del que sabemos que ha sido encarcelado por motivos terribles y que sale de prisión con un único objetivo: vengarse de quien considera responsable de haberlo metido allí.
En la novela y en la película de 1962, Sam Bowden testifica contra él después de presenciar la violación de una menor. En la versión de Scorsese, Bowden omite pruebas favorables a Cady al considerar que, después de sus salvajes actos (violación y agresión sexual), merece estar en la cárcel. Pero en la serie, Cady acaba en prisión por un crimen que no cometió y que (AVISO: SPOILERS MUY GORDOS) realmente cometió su hermana. Además de querer vengarse de la familia Bowden, Cady arrastra una obsesión por la pérdida del hijo que esperaba, ya que su mujer murió embarazada.
Por lo tanto, el Max Cady de Bardem no solo quiere vengarse de la familia Bowden, sino que también envidia que ellos hayan podido formar una familia y tener hijos. ¿Era necesario añadir todo esto como elemento motivador de Cady? Va a ser que no.
Pero, además de sus nuevas motivaciones, el Max Cady de la serie presenta otras diferencias respecto a sus anteriores versiones que restan en lugar de sumar. El Cady interpretado por Bardem es de origen vasco porque su padre era un soldado estadounidense que conoció a su madre vasca en el sur de España. ¿WTF? Es algo que no aporta prácticamente nada al personaje. Encima, Cady a veces reconoce palabras en euskera, otras habla castellano peninsular y en otras parece adoptar un acento latino. Un popurrí sin demasiado sentido.
Además, le han colocado unas lentillas verdes completamente ridículas que perjudican la ya de por sí amenazante mirada de Bardem. Y, por si fuera poco, lo han convertido en santero, chamán y devoto de los orishas. En serio: ¿era necesario?
Los tatuajes del Max Cady de Robert De Niro estaban relacionados con su particular concepción de la venganza, la religión y la justicia. Los de esta nueva versión se relacionan con los orishas y con toda una mitología añadida que termina alejándolo todavía más de la inquietante humanidad de sus anteriores encarnaciones.

Cape Fear: la familia Bowden
La familia Bowden también tiene unos cuantos problemas. El Sam Bowden de la novela y las películas ahora parece haberse dividido en dos: Anna Bowden y Tom Bowden. Abogada y fiscal, respectivamente, mantuvieron una relación durante el juicio de Cady. Por tanto, el rol protagonista se reparte entre los personajes interpretados por Amy Adams y Patrick Wilson, aunque recae especialmente sobre la primera. Ambos facilitaron el injusto encarcelamiento de Cady (recordemos que, en esta versión, es inocente del crimen por el que fue condenado).
En la novela, la familia Bowden tenía varios hijos, mientras que las películas redujeron la familia a una única hija. La serie recupera la idea de más de un hijo e incorpora a Zack, con una sucesión de tramas que resultan completamente innecesarias y no conducen prácticamente a ninguna parte.
El personaje pasa de arrancarse un dedo de un mordisco a ocultar al habitante incierto de su casa o a creer, bajo los efectos de las drogas y la manipulación, que es hijo de Cady. Todo para aportar algo de chicha a la serie y poco más, la verdad.
La hija, Natalie, interpretada por Lily Collias, tiene bastante más peso, pero toma decisiones que parecen responder más a las necesidades de los guionistas que a la propia naturaleza del personaje. Por ejemplo, marcharse de viaje con Cady o buena parte de sus escenas posteriores con Nevaeh en la carcel. Por culpa de los guionistas (que ella lo hace muy bien) no te la crees ni a ella ni a su relación amorosa.
Además, el personaje de Amy Adams cae en algunos de los tropos más recurrentes asociados a las mujeres traumatizadas en la ficción contemporánea: problemas con el alcohol, maternidad y sexo. En cambio, el personaje de Wilson experimenta con las drogas casi como una peculiaridad de su personalidad, no como algo que atraviese y defina su carácter y toda su historia. Es una diferencia significativa. Ya está bien de que los conflictos de las mujeres tengan que pasar una y otra vez por el alcohol, la maternidad y el sexo.

¡Ah! También aparece el padre de Anna Bowden. ¿Para qué? Para prácticamente nada. Ayuda y traiciona a su hija para que, finalmente, todo quede más o menos igual.
Cape Fear: la familia Cady
Esta es la gran novedad de la serie: presentarnos a la familia de Max Cady. Una familia desestructurada a niveles cósmicos, con Ron Perlman interpretando a Robert Cady, padre de Max; Juliette Lewis como Crystal, su hermana; Malia Pyles como Nevaeh, su hija; Max Mattern como Luke, su hijo; e incluso una madrastra.
Una familia de locos a lo familia de Leatherface, pero venida a menos. En un primer momento, la familia parece intimidar incluso al propio Max Cady, ya que su padre lo crio como si fuera un perro, encerrándolo en una jaula y enseñándole órdenes caninas (otro sin sentido más), lo que hace que se paralice ante su presencia. Sin embargo, finalmente, y sin demasiado desarrollo que explique esa transformación, Cady deja de sentirse intimidado por ellos, se enfrenta a la familia y acaba prendiéndole fuego, literalmente, hasta hacerla desaparecer.
En el fondo, su familia termina convirtiéndose en la auténtica colección de villanos de Cape Fear. Su padre lo torturó, traumatizó y encerró como a un animal; y su hermana, celosa de su mujer, la asesinó, le arrancó el bebé del vientre y lo crio como propio. A su lado, Max Cady casi parece un santo.

Curioso es el caso de Nevaeh, supuesta hija de Max Cady concebida durante su estancia en prisión con una enfermera de la cárcel. Malia Pyles la interpreta a la perfección e incluso emula una de las escenas icónicas del Cady de Robert De Niro, cuando este ríe a carcajadas en el cine mientras fuma un puro. Por desgracia, el desenlace de este personaje queda prácticamente sin contar.

Cape Fear: un despropósito adictivo que no se puede tomar en serio
Como veis, Cape Fear incorpora multitud de personajes, familias, subtramas e ideas gratuitas. Pero, al final, engancha. La serie tiene muy buena factura, está razonablemente bien interpretada, utiliza la música de Bernard Herrmann (lo mejor de la serie), e incluye bizarradas que, por un lado, tiran para atrás y, por otro, generan cierta adicción por descubrir cuál será la siguiente: la ridícula escena en la que Bardem agarra de los huevos al director de la prisión, prácticamente cualquier cosa relacionada con Zack o las incongruencias de Crystal, Nevaeh y buena parte de la familia Bowden son algunos ejemplos.
La venganza de Cady tampoco hay por dónde cogerla. Al comienzo parece tenerla perfectamente planificada, pero progresivamente hace aguas por todas partes. Sobre todo cuando conocemos su desenlace, porque descubrimos que podría haber hecho desde el principio lo que finalmente hace, sin necesidad de involucrar a tantísima gente.
El personaje de Max Cady está construido casi como un ser sobrenatural y divino, con capacidad para manipular, excitar y persuadir a prácticamente cualquiera. Y esa capacidad parece explicarse no tanto por su inteligencia o carisma como por toda la mitología construida alrededor de los orishas. El resultado le resta precisamente la humanidad que hacía tan perturbadoras sus anteriores encarnaciones.
Además, a diferencia de la novela y las películas, donde la familia Bowden se presenta con sus propios conflictos antes de la irrupción de Cady, en la serie Max parece estar implicado en la historia de prácticamente toda la familia desde mucho antes de salir de prisión. Esto también debilita la construcción de los Bowden como personajes autónomos: Cady podría ser el padre de Natalie y Zack y mantuvo relaciones sexuales con Anna Bowden.
Y uno de los aspectos que más tira para atrás es cómo Cape Fear trata a sus personajes femeninos. Aparentemente, los presenta como complejos, independientes y llenos de capas, pero prácticamente todas las mujeres de Cape Fear terminan orbitando alrededor de Max Cady a través de la maternidad, el sexo o el trauma.
Y ahí está una de las mayores contradicciones de esta nueva Cape Fear: tiene más personajes femeninos, les concede más minutos y, aparentemente, más agencia que sus predecesoras, pero termina subordinando buena parte de sus historias al mismo hombre.
La película de Scorsese necesitaba muchos menos minutos para que Leigh y Danielle Bowden tuvieran conflictos, deseos y contradicciones propios. Max Cady irrumpía en sus vidas y explotaba las grietas que ya existían. Aquí, en cambio, parece que Cady estaba dentro de las grietas desde el principio.
Al final, las mujeres que parecían destinadas a modernizar Cape Fear terminan convertidas demasiadas veces en piezas del gigantesco árbol genealógico, sexual y traumático de un macho alfa llamado Max Cady. Un personaje que, después de diez episodios explicándonos quién es, de dónde viene, quiénes son sus padres, sus hijos, sus amantes, sus traumas, sus creencias y sus motivaciones, acaba queriendo algo sorprendentemente convencional: dinero, una familia y un restaurante.
Quizá el mayor problema de esta nueva Cape Fear sea precisamente ese: cuanto más nos explica a Max Cady, menos miedo da y menos te lo crees.
¿Quieres ver una buena serie de venganza de Apple TV y desintoxicarte de Cape Fear? Ponte Disclaimer, de Alfonso Cuarón. La disfrutarás.
Saludos furiosos.
