‘Black Dog’: Dave Mckean tras el perro negro de Paul Nash

Sergio Márquez

En Las Furias Cultural Magazine somos fans de Dave McKean (¡rima!). En este artículo nos centramos en uno de sus últimos trabajos: un onírico repaso a la Primera Guerra Mundial desde el punto de vista de Paul Nash, uno de sus mejores retratistas. Como cayendo en un profundo y agitado sueño, nos adentramos en Black Dog, escrito e ilustrado por el genio de Maidenhead.

 Además de cómics, McKean ha realizado portadas e ilustraciones para libros en prosa (de autores tan variopintos como Ray Bradbury, Iain Sinclair o Stephen King), así como cubiertas de discos (de Alice Cooper o Tori Amos, por poner un par de ejemplos).

 Su nombre ha estado ligado, también, al teatro y al cine. Realizó labores de artista conceptual en la adaptación teatral de Lestat, así como en la tercera y cuarta película de la saga Harry Potter. Igualmente, ha dirigido tres largometrajes (Mirror Mask (2005), La pasión de Port Talbot (2012) y Luna (2014)), todos los cuales llevan su inconfundible sello visual.

Un soldado con pincel

Todo el mundo es una pequeña vela, querido muchacho, todos terminamos por ser apagados. Pero el arte es eterno

Black Dog

Black dog hace un recuento no-lineal de los episodios más importantes de la vida de Paul Nash desde su infancia en Buckinghameshire, en la primera década del siglo XX, hasta su consagración como artista en 1921. Y lo hace a través de la representación gráfica de los sueños de su protagonista.

 Paul Nash se crio con un padre severo y una madre enferma. Su compañero de juegos era John, su hermano menor, al que le une un profundo afecto. Ya desde pequeño, los sueños de Paul se ven hostigados por su bête noire: un perro grande y negro que encarna sus miedos e inseguridades.

Black Dog
Black Dog

 En 1914, dicho perro se presenta como el espíritu de la Gran Guerra. En septiembre de ese mismo año, un Paul Nash recién casado se alista como voluntario en el Ejército Británico. Comienza entonces su carrera como artista de guerra.

 Los horrores que presencia son tales que lo figurativo se queda corto para representarlos. Nash se sirve de un lenguaje pictórico abstracto para plasmar lo que percibe no solo a través de la vista.

Ladridos de guerra

 “Si el tendedero de dos tartas de huevo es igual a Trieste, donde Ben es un infinito idiota, ¿qué es el sexo?”

Black Dog

 El estilo sombrío e inquietante de McKean, con fuertes contrastes de color y elementos de collage, marca el tono de una obra de gran valor artístico y que no deja de asombrar. Sus lápices, acuarelas y métodos de corta y pega producen en el lector una permanente sensación de irrealidad, aun anclado en la crudeza del momento histórico sobre el que lee.

 McKean le da a sus viñetas un aire como de arte vanguardista, que no desentonaría en una galería del propio Paul Nash. Retuerce a sus personajes hasta rozar el cubismo, y los sitúa en escenarios de proporciones imposibles. También llena el espacio de elementos discordantes, manchas de pintura, fotos de objetos aparentemente aleatorios… etc. Los únicos momentos en los que el cómic pierde impacto, para mi gusto, es cuando McKean tira de arte digital (o cuando este se hace demasiado evidente).

El onírico arte de Dave Mckean en Black Dog
El onírico arte de Dave Mckean en Black Dog

 Así y con todo, Black dog es un reflejo certero del contexto en el que explotó (con la fuerza de una bomba arrojada desde un zepelín) la imaginación de Paul Nash. Igualmente, es una reivindicación del arte como el método más atinado para procesar aquello que el mundo nos arroja, no importa cuán espantoso o difícil de comprender.

Pequeño homenashje

 Black dog fue un encargo conjunto de la fundación 14-18 NOW, el Museo Británico Imperial de la Guerra y el Festival Internacional de Lakes del Arte de los Cómics. En octubre de 2016 fue publicado por la editorial americana Dark Horse. Posteriormente, en febrero de 2018, pudimos leerlo en castellano gracias a ECC Cómics. Traducido como Black Dog: los sueños de Paul Nash, todavía puede conseguirse fácilmente en librerías y tiendas especializadas.

 En el año de su publicación original, Dave McKean presentó su obra en una proyección de sus páginas acompañada de canto y música. Dicha presentación se realizó en el ya mencionado festival de Lakes y en el museo Tate Modern de Londres. 

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