Crítica de ‘We are who we are’: Se quedó en nada

Silvia Panadero

Hace unas semanas, hacíamos una preview de los dos primeros capítulos de la única serie del director italiano Luca Guadagnino, We are who we are. Llevo un rato pensando cómo expresar lo que pienso de esta ficción. No es fácil, pero voy a intentar explicarme.

La verdad, es que yo de Guadagnino solo he visto Call me by your name (2017) y claro, Timothée Chalamet lo hacía todo más llevadero. Además, la historia me pareció preciosa y muy bien contada, a excepción de esa música de piano infernal que no pega con las escenas.

Timothée Chalamet y Armie Hammer al fondo en Call me by your name.

Hay que tener en cuenta que Call me by your name era una historia que ya estaba contada en un libro. Suspiria (2018) también era una historia ya contada en una anterior película que Guadagnino trajo a nuestros días. Quiero decir, We are who we are, la ha escrito el italiano con dos personas más y el resultado, desde el punto de vista del guion y la narración, es un NO de manual.

Quizá se deberían dejar las pretensiones atrás y dedicarse a lo que se sabe hacer. Si no sabes escribir un guion con sentido no lo hagas, Luca, y dedícate a dirigir, te harás un favor a ti y a todos los que te rodean.

We are who we are. Todo mal, todo fatal

Lo que ya se comentó en el anterior artículo sobre esta serie (adolescente borracho, adolescente trans, padres ausentes) sigue pasando en el resto de capítulos. ¿El problema? Sin apenas desarrollo argumentativo alguno.

De repente, en el tercer episodio Cate y Fraser son super amichis, ¿cómo? Yo tampoco lo sé. Se plantean infinidad de conflictos, se abren tramas para cada uno de los personajes principales, pero también secundarios, y no se desarrolla absolutamente nada.

Jordan Kristine como Cate y Jack Dylan como Fraser.

No sabemos si Cate realmente va a dar el paso en lo que a su identidad sexual se refiere, el personaje de Fraser es un completo gilipollas que no despierta la más mínima empatía en el espectador, el hermano de Cate, Danny, tiene una barbaridad de problemas y una historia interesante que tan solo se menciona un par de veces, la mujer de la madre de Fraser parece llevar una doble vida a sabiendas de la primera, la madre de Cate tiene un importante conflicto con su marido y os prometo que podría seguir hablando sobre diferentes tramas que no están mínimamente resueltas.

Si quieres hacer cine: haz cine

La serie es muy cinematográfica, ritmo lento, planos largos, fotografía cuidada… pero es que eso no me sirve de nada si no me cuentas una historia con sentido.

El planteamiento y la premisa son interesantes y originales. La vida de dos adolescentes en una base militar es muy atrayente como concepto. Es una pena que Guadagnino se haya perdido entre una marabunta de personajes que no sirven ni aportan nada al argumento. Que bueno, claro, ¿qué argumento?

Hay un capítulo, el cuarto, que no tiene nada de sentido. Aparecen personajes que hemos visto una sola vez en pantalla (o vale, dos o tres, pero poco rato) y no tiene apenas conexión con la trama principal, si es que hay una, insisto.

Cloë Sevigny interpreta a Sarah Wilson la madre de Fraser

En el episodio siete, el penúltimo, sí que pasa algo real. Ahí hay un conflicto alrededor del cual quizá habría tenido que seguir la serie o, al menos, desarrollarlo más. Se trata de que, en un momento dado, los adolescentes de la base se dan de bruces con la muerte. No olvidemos que es una base militar con soldados que se van a hacer maniobras de guerra en otros países. 

La comparación con Euphoria

Euphoria fue una serie que vi con gusto, pero que no me convenció del todo. Después de ver We are who we are, me parece que Euphoria tiene sentido, cosa que antes no creía.

Aunque lo que no me gusta de ninguna de las dos es cómo representan a la generación Z: promiscuos, abiertos a probar todo tipo de drogas, enganchados al alcohol con 16 años… No lo entiendo. Es una generación desorientada y sin rumbo, vale, te lo compro, pero no a todos los adolescentes de 16 años les surgen posibilidades de hacer tríos de debajo de las piedras o se enrollan a diestro y siniestro con todo dios sin motivo aparente.

La generación Z de We are who we re. Lejos de la realidad.

Me parece que los adultos tienen una visión muy romántica de los millennials y la generación Z y yo, que estoy a caballo entre ambas generaciones, te digo a ti que no es así. Ya es hora de que aparezca una serie que refleje la desidia y lo hostil que es este mundo para los jóvenes sin posibilidades de mejora a menos que papi tenga la cartera llena de billetes.

Eso es lo que a mí, personalmente, me gustaría ver y no un mejunje raro de muchas ideas, de las que no se entiende ninguna al cien por cien, e intentando que haya la máxima diversidad sexual solo porque es lo que se lleva ahora y sino te pueden tachar de tránsfobo, de machista o de homófobo. Que oye, yo encantada de que se hable de la comunidad LGTB, pero bien, con sentido y no usándola como arma para ganar más público y que parezca que estás contando una historia cuando no es así.

En resumen, no me ha gustado, no la recomiendo, lo malo supera a lo bueno y ya estoy harta de ver a la generación Z tan mal representada. Si alguien se decide a verla después de leer esto: ánimo.

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Redacción Las Furias Cultural Magazine
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