Crítica de ‘Wildland’: el lado oscuro de la familia

Xesco Simón

Este viernes día 23 de abril, víspera de mi día favorito del año, se estrena en cines, de la mano de Filmin, Wildland, el estreno en la dirección de Jeanette Nordahl. La directora danesa se atreve con dos cimientos de la sociedad no tan diferentes como pueden parecer en un principio: la familia y la mafia.

La película de Nordahl, no es la primera en unir familia y mafia. La mayoría de las películas sobre mafia tienen un componente familiar muy pronunciado. Las mafias están fuertemente unidas a la familias, como hemos podido ver en la famosa trilogía del Padrino de Copolla/Puzo, en el cine de Scorsese, en la genial Peaky Blinders o en numerosas cintas sobre las triadas chinas.

De lo que no hay tanto, es de películas sobre mafia familiar en las que todo está regido por un matriarcado. No hay tanto, pero también podemos encontrar ejemplos como Animal Kingdom, Only God Forgives, Bloody Mamma, la matriarca Mags Bennett en Justified o Darlene Snell en Ozark.

Podríamos decir que Wildland es una mezcla de Animal Kingdom y Down Terrace. Ambas películas hablan del crimen y la familia, una con matriarca, otra no, pero ambas con un lugar común, mostrar la familia mafiosa de forma nada glamourosa, muy cercana a la realidad de nuestro rellano.

Wildland
Wildland.

Wildland, nadie escoge a la familia que le toca

La película nos cuenta la historia de Ida (Sandra Guldberg Kampp), una chica que al sufrir la muerte de su madre y ser menor, los servicios sociales deciden reubicarla con su tía (Sidse Babett Knudsen).

Cuál es su sorpresa cuando descubre, de la peor forma posible, que debajo de las buenas formas de su tía, se esconde una peligrosa matriarca criminal, de la que podemos intuir incestuosas relaciones con sus hijos, humillaciones y maltratos.

Ida, tímida en un comienzo, y tan reservada con sus tres primos, le dará sentido a la poderosa y citada frase, el amor a la familia.

En Wildland, podemos encontrar mucho amor. No solo el familiar, también del propio, del líquido y del roto. Jeanette Nordahl plantea una familia criminal que funciona como una empresa, en la que, a mayor volumen de trabajo, se necesita de mayor número de trabajadores.

Las parejas de sus hijos solo son aceptadas cuando albergan en sus entrañas nuevos miembros de la familia. Nuevos obreros para la empresa. Los hijos de Bodil, la tía de Ida, parecen estar adiestrados para hacer eso, enamorar para anular la personalidad de sus parejas y procrear.

Todo funciona como una máquina de perfectos engranajes, ¿o no?…

Dirección, guion e interpretaciones

En materia de dirección, Nordahl aprueba con nota. Su uso del fuera de campo, la interpretación de sus planos con reflejos en los momentos de conflicto emocional de su protagonista y la decisión de la sobriedad como el adjetivo a seguir para su eficaz fotografía y música original, demuestra que ella tenía muy claro qué película quería contar y el lugar al que nos quería transportar al verla.

Ingeborg Topsøe, la escritora y guionista de esta historia, no recarga Wildland de innecesarios diálogos grandilocuentes de mafiosos llenos de testosterona. Se encarga de crear a los personajes a base de acciones, silencios, miradas y consecuencias.

Las interpretaciones de la película están al mismo nivel que el resto de los departamentos. Destacan especialmente Sandra Guldberg Kampp y Sidse Babett Knudsen, como tía y sobrina de una historia que demuestra la fuerza de la mujer y la fragilidad de la estabilidad emocional del hombre.

La resiliencia demostrada por estos dos personajes pone de manifiesto la voluntad de sus autoras de ayudar a cambiar de una vez por todas la injusta imagen de fragilidad sobre la mujer con la que se nos ha bombardeado a lo largo de la historia.

Conclusiones furiosas

Wildland cumple lo que promete. Es una excelente película sobre una familia criminal y los conflictos externos e internos que padecen sus miembros. No gustará a quien busque una película frenética, montañas de violencia y un ritmo trepidante. A estos le recomendamos que vuelvan a encontrarse con Al Pacino en Scarface.

Saludos furiosos.

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