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X-Men Días del futuro pasado: Hope

No es lo mismo estar de moda que instituir una. Hace más de dos décadas, Bryan Singer dirigió X-Men (2000), film que adaptaba para la pantalla grande a uno de los supergrupos más afamados del cómic: la Patrulla X, fruto de la fértil imaginación de Stan Lee y Jack Kirby.

Cansados de que los orígenes de los personajes Marvel fueran por accidentes radiactivos o de fundamento mitológico, sus protagonistas poseían poderes por herencia genética, una evolución de la especie que les hacía ser vistos con pánico por el resto.

En aquellos días, el género superheroico era una cuestión arriesgada para cualquier productora. Los fracasos, particularmente en los intentos de adaptación marvelitas, se hallaban a la orden del día, con la notable excepción de Blade (1998). De cualquier modo, Singer y su equipo trajeron algo distinto: manteniendo el espíritu del papel, X-Men otorgaba uniformes más cinematográficos. Trasladando el lenguaje espectacular de las viñetas a unos efectos especiales acordes al nuevo milenio.

Nombres como Halle Berry (Tormenta) o Hugh Jackman (Logan) se auparon a una incipiente fama que no dejaría de crecer. Mientras que actores con el prestigio de Patrick Stewart o Ian McKellen aportaban carisma y calidad a los diálogos de las dos posiciones más enfrentadas de la franquicia: el beatífico sueño de convivencia humanidad-mutantes de Charles Xavier frente a la inflexibilidad de Magneto, antiguo superviviente de un campo de concentración. Sabedor de que la humanidad rara vez ha visto con simpatías a lo diferente o aquello que escapa a su entendimiento. 

Lejos de caer en los tópicos de las secuelas, X-Men 2 (2003) confirmó que la estética de Singer sabía muy bien hacia dónde iba. El drama mutante cogía la esencia de los años dorados de la colección, especialmente de la etapa de Chris Claremont y John Byrne.

La decisión final: Comienza la diáspora

X-Men 3: The Last Stand (2006) iba a abordar uno de los momentos culmen de las viñetas mutantes: la saga de Fénix Oscura. El viaje, transformación y sacrifico de Jean Grey cuando estuvo cerca de convertirse en algo que sobrepasaba a los límites superheroicos: de haber aceptado el manto de aquella fuerza cósmica, habría sido una deidad.

Si bien contaban para ello con una actriz como Famke Janssen, la sensación que dejo el cierre de la trilogía fue más que agridulce. La dirección de Brett Ratner no falló en brindar un blockbuster resultón para atraer al gran público, si bien emergía poco si se rascaba sobre el argumento: Zak Penn y Simon Kinberg se vieron obligados a aglutinar en el mismo cóctel muchas tramas, quedando perjudicados los arcos de personajes, especialmente en casos como el de Charles Xavier o Scott Summers (James Marsden).

Pese a la fuerza coral de la franquicia, la figura de Hugh Jackman como Lobezno quedó más que fortalecida. Protagonizó dos secuelas: X-Men Origins: Wolverine (2009) y Lobezno inmortal (2013). De calidad desigual, su funcionamiento en taquilla permitió constatar la reputación del antihéroe dentro de fandom y la meteórica carrera del australiano.

En muchos mentideros, restaba la duda sobre qué hubiera ocurrido de haber permanecido Singer de principio a fin. Daba la sensación de que algunos agujeros argumentales o personajes desaparecidos habrían podido tener mejor ubicación o, cuando menos, más coherentes.

Entre el panorama de derivadas del producto original, sobresalía siempre X-Men: Primera generación (2011), una resultona precuela que había permitido conocer los inicios de un convincente y rejuvenecido Magneto de la mano de Michael Fassbender. Con todo, quizás el amo del magnetismo se vio hasta superado por Raven (Jennifer Lawrence), la mejor amiga de Xavier que estaba destinada a llevar la lucha mutante por su cuenta.

El Doctor Who y los Centinelas

John Byrne es uno de los nombres de oro en el libro de la Patrulla X. Su matrimonio a la italiana con Chris Claremont dejo algunos de los hitos de la colección, siempre emulados, rarísimamente igualados. En opinión de Byrne, ningún villano es ridículo, simplemente, se debe cambiar el enfoque. Los Centinelas, unos robots creados para cazar mutantes, siempre habían parecido absurdos, hasta que él dibujó a uno de ellos en una distopía donde calcinaba a Lobezno con una facilidad pasmosa.

Días del futuro pasado X-Men.
Días del futuro pasado. Claremont/Byrne.

Días del futuro pasado fueron dos cómics asombrosos con los que aquellos creadores sacudieron a los hombres y mujeres X. Inspirada en las premisas de la serie Doctor Who y con una imaginación desbordante para plantear un futuro a lo 1984 de Orwell, aquella trama entre el presente y un futuro oscuro que se debía evitar empezaron a aflorar por los despachos de productoras como Lauren Shuler Donner.

Conforme se iba avanzando el proyecto, X-Men: Días del futuro pasado (2014) atraía a antiguas figuras de la franquicia. Iba a ser una gran reunión. Volvían Halle Berry y Elliot Page. Además, idea que fascinó desde el principio, se iba a continuar la saga juntando lo que había hecho Singer con X-Men Primera Generación. El trabajo de Matthew Vaughn estuvo muy presente para plantear una ambiciosa superproducción donde se iban a intentar corregir las incongruencias y momentos más oscuros de las anteriores películas.

El inicio ya fue prometedor. Un antiguo monasterio en la milenaria China, nuevos mutantes resistiendo a unos amenazantes Centinelas y las dos antiguas némesis (colosales Patrick Stewart e Ian McKellen) obligadas a colaborar en una resistencia que casi parece homérica.

A la antigua Patrulla le queda una última oportunidad. John Byrne habría asentido. Así empiezan las grandes aventuras…

X-Men: Días del futuro pasado: deliciosas trampas

Sinceridad, ante todo. Días del futuro pasado es un largometraje profundamente tramposo. Tampoco acepta todos los riesgos. En los cómics originales, era Kitty Pryde (aquí un magnífico Elliot Page) la única mutante capaz de trasladar su yo futuro al cuerpo del pasado para intentar evitar la futura caza de brujas contra su especie.

Aquí esa responsabilidad recae, cómo no, en Logan, la figura más carismática de todas las películas y el gran reclamo de taquilla. De igual forma, habrá muchas paradojas temporales que queden sin resolver, incluyendo ciertos brillos de ojos al final. Y, sin embargo, ¿qué demonios nos importa? Por encima de todas las cosas, la vuelta de Singer es maravillosamente divertida.

Matt Sloan, Richard Stammer, Cameron Waldbauer y otros expertos en efectos especiales pusieron mucho celo en mostrar nuevos poderes mutantes que atrajesen a la audiencia. Aunque salieran poco en pantalla, quisieron demostrar que conocían el rico pasado que muchas de aquellas figuras poseían en el Noveno Arte. Una de las mejores secuencias del inicio la hallaríamos en Bishop (Omar Sy), hasta el punto de que, todavía a día de hoy, la comunidad de fans lamenta que no se expliquen más cosas sobre él.

Omar Sy como Bishop. X-Men: Días del futuro pasado.
Omar Sy como Bishop. X-Men: Días del futuro pasado.

El entusiasmo iba creciendo. Hutch Parker, productor ejecutivo, sabía que los grandes nombres arrastraban a otros. Si Ian McKellen y Patrick Stewart actuaban, resultaba impensable que Jennifer Lawrence, James McAvoy y Michael Fassbender no aceptasen el reto de repetir.

A ello se sumaba sangre nueva como la de Quicksilver. El carisma de Evan Peters hizo que incluso una fuga en el Pentágono fuese divertida.

Hasta tal punto ha perdurado su impronta en el imaginario colectivo que WandaVision (2021) nos hizo soñar, en otra trampa en la que nos encantó caer, que podríamos ver a Peter/Pietro con Wanda Maximoff. 

Timeo Danaos et dona ferentes

Mantener el estilo no debe estar reñido con estar a la última sobre qué se está tejiendo en las grandes marcas que triunfan en la actualidad. Con la fiebre de Juego de Tronos en la HBO iniciando una escalada sin precedentes, Singer y su equipo no dudan en recurrir a Peter Dinklage, uno de los personajes favoritos de los Siete Reinos. Además, lo importante es que encaja a la perfección.

El doctor Bolivar Trask está llamado a provocar un Apocalipsis. Físicamente, no resulta nada imponente. Tampoco transmitía ansiedad la apariencia de Joseph Goebbels cuando comenzó a encargarse de la publicidad y comunicación de un partido alemán de exaltados sin mucho éxito. Trask mira al futuro y en el recelo de la humanidad halla su fuerza, si bien, la idealista Raven, en plena transformación a Mística, va a darle el caballo de Troya perfecto.

Como Claremont y Byrne habrían dicho, coge algo que ha dejado de funcionar, da un giro y vuélvelo inquietantemente amenazador. Los Centinelas de Trask usan el don único de Raven para ser la plaga que va a aniquilar a los mutantes desde dentro, en un clima de Guerra Fría. Matthew Vaughn dio en la tecla cuando sumergió a los primeros integrantes del círculo de Xavier en una atmósfera a lo James Bond. Ahora, Singer usaba la Guerra Fría, incluyendo un sagaz uso canciones como Stop Au Nom De L’ amour.

A diferencia de la entretenida X-Men 3, Días del futuro pasado no solamente funciona cuando hay acción. El drama interno de Hank McCoy, La Bestia, está muy bien enfocado por parte de un actor como Nicholas Hoult. Ocultar lo que somos para no ser heridos.

X-Men: Días del futuro pasado: Professor Charles Xavier, I presume

Resulta tarea sencilla imaginar el clímax de cualquier película de género superheroico. Sin importar el film en concreto, vislumbramos fácilmente un combate colosal, tremendos poderes en liza y algún sacrificio inesperado. No obstante, la escena más emotiva de Días del futuro pasado es un simple diálogo.

James McAvoy había podido jugar a su antojo en X-Men: Primera generación. En aquella precuela, su joven y divertido Charles Xavier no tenía por qué parecerse a la venerable impronta que habíamos visto con Patrick Stewart. Tras el dramático final de aquella cinta, faltaban piezas. ¿Cómo podía aquel hombre desolado haberse terminado convirtiendo en el profesor X, una guía para las almas mutantes perdidas?

Bryan Singer dirige con delicadeza la pieza, apoyado por la suave composición musical de John Ottman. El argumento de Simón Kinberg espera a que la trama se desarrolle para tender el puente entre dos generaciones. Pese al poder de Logan, el compromiso de Raven o la convicción de Magneto, al final, cuanto sostiene al grupo es algo tan humano como la esperanza.

Stewart brinda la interpretación más emotiva de esta fiesta de reencuentro, evitando el discurso fácil y sobrepasando los límites que solemos encontrar en Hollywood o la televisión: verdadera conciencia plena. El veterano profesor no vende un futuro prometedor a su yo del pasado, simplemente, le anima a abrazar ese dolor que ahora tanto teme, escuchando esas voces que le recuerdan su propia debilidad.

La transformación de McAvoy es tan sutil como efectiva, la mirada llorosa de alguien que ha rememorado cosas que creía haber olvidado. Cuando Hank McCoy, con mucha sensatez, implique que quizás Raven ya haya cruzado su último Rubicón, Charles niega la idea, sin otro argumento que, simplemente, no le es útil pensar así. Entonces, Magneto y La Bestia lo saben. El profesor ha vuelto.

Supervivientes, sí, ¡maldita sea!

Homenajeando el espíritu de la aventura original, Días del futuro pasado logra insinuar mucho en poco tiempo. Singer condensa décadas de andadura en un metraje que apenas sobrepasa las dos horas. Hay momentos tan intensos como el diálogo en avión mantenido entre Hugh Jackman y Michael Fassbender, compartiendo la deliciosa ironía de un ver a un taimado Logan frente al Magneto más impulsivo.

“¿Y cómo os ha ido?” inquiere un divertido amo del magnetismo cuando Lobezno le confiese que él y los suyos llevan mucho tiempo combatiéndole. “Eres duro de pelar. Como yo. Un superviviente”. Hay centenares de cómics detrás de estas simples palabras, algo que la película capta de maravilla.

Pese a colocar a su coral elenco en una situación de jaque, Singer siempre aporta una mirada optimista, aunque no ingenua. Es menos crepuscular que la desoladora Logan (2017) de James Mangold. Es consciente de las posibles debilidades de Raven, Charles o Hank, pero siempre con una aproximación compasiva donde la cámara resalta la luminosidad de dichos personajes.

El cierre del círculo resulta tan perfecto que incluso X-Men: Apocalipsis (2016), donde vuelven a converger Simon Kinberg y Bryan Singer, parece un epílogo que no estorba, si bien añade poco a lo ya dicho, como si la franquicia mutante que arrancó en 2000 no hubiera podido tener mejor broche de oro que en esa reflexión entre generaciones y retorno triunfal del director.

Quedaría un último hurra que solamente pudo sobresalir a través de la pasional interpretación de Sophie Turner en X-Men: Fénix Oscura (2019), donde Kinberg decidió colocarse detrás de la cámara para intentar, nuevamente, llevar a la gran pantalla un evento Marvel imprescindible. 

Testimonios de supervivencia y resiliencia, si bien, ¡qué hermoso hubiera sido que todo se cerrase con aquella última clase de Historia que Logan debía dar!

Welcome Back

El rostro agotado de Elliot Page sosteniendo el viaje de Logan en un remoto monasterio chino se va alternando con las imágenes que podrían definir la andadura de Raven y, sin pretenderlo, de toda su especie. La magia de Chris Claremont y John Byrne nunca ha estado tan cerca de materializarse en una película como en esos momentos de esperanza que, pese a ello, no dudan en mostrarnos las espeluznantes muertes de algunas de las heroínas y paladines más queridos de la ficción.

La alternancia de la lucha que sucede en el Washington de Richard Nixon con el posible fin de toda una especie en una aterradora distopía alcanzó en 2014 una magia tan especial que convierte a Días del futuro pasado (dejamos las deliciosas e irreverentes películas de Deadpool como algo aparte y fuera de concurso) en la joya de la corona del cine mutante.

Probablemente, por algo tan sencillo como recordar un nombre que ha tenido su importancia en la Patrulla X: Hope. La esperanza. Lo último que se pierde.