Don Bluth, explorando su universo animado (PARTE 2)

Sergio Márquez

Nos disponemos a repasar las cinco mejores películas dirigidas por uno de mis animadores preferidos, Don Bluth. La cosa se pone interesante. Acompañadme, por favor, y permitid que me ponga sentimental.

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 5. Pulgarcita (1994)

 Probablemente la más Disney de las diez, Pulgarcita cuenta una historia de corte clásico, cálida y visualmente colorida. Sin embargo, fue el primero de los tres grandes patinazos de Don Bluth en taquilla (siendo los otros dos Hubie el Pingüino y Titan A.E.).

 La voz que nos guía a través de la película es la de Jacquimo, un alegre golondrino de acento francés. Comienza con una viuda solitaria que acude a una bruja buena para que le conceda su deseo de ser madre (la fecundación in vitro no se estilaba todavía en el siglo XVI o XVII). Esta le entrega una semilla de cebada la cual, al germinar, produce una flor en cuyo centro descansa una hermosa adolescente del tamaño de un pulgar.

 Pulgarcita es tan linda, y tan feliz con su madre adoptiva, que el espectador corre el riesgo de morir de dulzura. La glucosa en sangre se vuelve insoportable cuando topa con Cornelius, el príncipe de las hadas, un joven de su tamaño. El flechazo entre ambos es instantáneo, claro, y se prometen en matrimonio. Entonces, el príncipe corre hacia la corte de sus padres (montado en un abejorro) para darles la buena noticia, y aquí es donde empieza el conflicto.

 Pulgarcita es secuestrada por la Señora Sapo, una batracia española (olé) que quiere a Pulgarcita para su hijo mayor. Desde este punto en adelante, la película de Don Bluth acompaña a su diminuta protagonista a través de un montón de peligros. Pulgarcita se afana por volver a casa, sin perder la esperanza de reencontrarse con su amado Cornelius. En el camino topará con toda suerte de estrafalarios personajes, tanto benévolos como malignos, y se irá encontrando en multitud de situaciones, a cuál más sorprendente.

 Pese a las bromas que he hecho antes sobre su nivel de azúcar, esta película es genuinamente bonita. En cuanto que la trama echa a andar suma una alta dosis de diversión a su incuestionable candor. Desde el punto de vista de la animación, es de las mejores de Don Bluth, a la altura de La Sirenita, de Disney, o La Princesa Cisne, de New Line Cinema.

 Pulgarcita, en resumen, encandila a los pequeños con la sencillez de su argumento y su atractivo visual. A los adultos los atrapa por su enorme corazón, provocándoles una sonrisa, y algún que otro suspiro.

 4. En Busca del Valle Encantado (1988)

 Estrenada en noviembre de 1988, esta es la segunda colaboración de Bluth con un tal Steven Spielberg (que se ve que ya tenía dinosaurios en la mente por aquel entonces).

 Esta historia nos traslada al Periodo Cretácico, en mitad de un cambio atmosférico que reduce drásticamente la vida animal y vegetal en la Tierra. En estas que un grupo de intrépidos supervivientes avanzan en pos del Gran Valle, un lugar fértil y a salvo de depredadores.

 Piecito es un pequeño diplodocus que pierde a su madre al poco de nacer. Sin ella, continúa con su peregrinaje hacia el Gran Valle, donde espera reencontrarse con sus abuelos. En el camino, va topando con otros “niñosaurios” en busca de sus familias: Cera (una triceratops), Patito (una saurolophus), Púas (un stegosaurio), y Petri (mi preferido, un pterosaurio).

 Tendrán que aprender a colaborar, pese a sus diferencias, si quieren llegar a su destino de una pieza. Y es que Dienteagudo, un voraz tiranosaurio, va siguiéndoles la pista.

 En Busca del Valle Encantado sigue a sus cinco protagonistas a través de un éxodo de claros tintes bíblicos, en busca de la Tierra Prometida. La metáfora judeocristiana no se le escapa a nadie.

 La película divierte (es un hecho paleontológicamente probado que no hay nada más guay que los dinosaurios) y emociona tanto a niños como a adultos (la muerte de la madre de Piecito no deja un ojo seco). Además, incluye un mensaje profundo de colaboración y concordia, así como de mantenerse fuerte ante las adversidades.

 Sus personajes están perfectamente caracterizados, cada uno con su personalidad y sus manierismos. Su manera de interactuar es totalmente verosímil, realzando sus necesidades de pertenencia y cariño. La comedia entre ellos resulta natural, y no cae en el recurso fácil de lo exageradamente infantil. Los momentos de peligro, también, parecen genuinos, rozando la calificación “PG” (no apta para menores de siete años).

 Estéticamente, además, es una película interesante, sobre todo por su representación de agrestes paisajes prehistóricos.

 Todo lo anteriormente descrito hace de ella una de las mejores de su género, así como de las más lucrativas. A finales de los 80, En Busca del Valle Encantado recaudó casi ochenta y dos millones de dólares, una cifra sobresaliente.

 3. NIMH: el mundo secreto de la Señora Brisby (1982)

 Basada en una novela de Robert C. O’Brien, esta es la primera película dirigida por Don Bluth y, seguramente, la más visualmente original.

 La Señora Brisby es una joven viuda ratona que vive con sus cuatro hijos cerca de una granja americana. Uno de ellos, Timmy, está gravemente enfermo, y su madre no sabe qué hacer para ayudarlo.

 Una visita al Gran Búho le dirige hacia una colonia de ratas oculta bajo un enorme rosal. «Pregunta por Nicodemo», le dice el ave, y allá que va.

 Una vez ahí, la Señora Brisby se encuentra con una sociedad de roedores altamente tecnificada, provista de una mezcla de ciencia y magia. El secreto de su agudo intelecto parece estar en las siglas N.I.M.H., e implica al difunto Jonathan Brisby. Su viuda deberá desentrañar todo este misterio y aprender, de paso, a manejar un prodigioso talismán. La vida de Timmy depende de ello.

 NIMH: el mundo secreto de la señora Brisby tiene el aire inconfundible de algunas producciones de fantasía de los años 80, tales como Cristal Oscuro, Dentro del Laberinto y Willow. Además, añade su propio sello marca de la casa Don Bluth, resultando en unos escenarios de una psicodelia tenebrosa, curiosísimos de contemplar.

 Los villanos son Dragon, el gato de la granja, siempre a la caza de ratones; y Jenner, una rata hambrienta de poder, en contraposición al sabio y benevolente Nicodemo. Ambos personajes están muy conseguidos y, como suele ocurrir en las películas de Bluth, constituyen dos enemigos formidables para la protagonista del film.

Otros personajes reseñables son Jeremy (un cuervo torpe y simpático encarnado por Dom DeLuise, ya mencionado en el artículo anterior) y Justin (una rata leal a Nicodemo, con la voz de, ni más ni menos, Peter Strauss).

  NIMH: el mundo secreto de la señora Brisby fue un éxito de crítica, y continúa generando beneficios. Tanto es así, que se espera una versión de acción real en los próximos años, producida por los hermanos Russo.

 2. Fievel y el nuevo mundo (1986)

 La primera vez en la que Don Bluth aunó esfuerzos con Steven Spielberg no pudo dar mejor resultado. Fievel y el Nuevo Mundo sigue siendo una de las joyas de la corona del cine de animación.

 La película cuenta la historia de los Ratonovich, una familia de roedores que emigra de Rusia a Estados Unidos para escapar de la persecución de los gatos. Esta es una clara metáfora de las multitudinarias migraciones de personas rusas de fe judía entre finales del siglo XIX y principios del XX, a raíz del asesinato del zar Alejandro II a manos de Ignacy Hryniewiecki.

 Una noche, el barco pesquero en el que los Ratonovich atraviesan el Atlántico (soñando y cantando acerca de una tierra sin felinos, donde las calles están hechas de queso) topa con una violenta tormenta. Fievel, el mediano de los tres hijos de la familia, sube a cubierta a contemplar el fenómeno, desoyendo las advertencias de su padre. El mar embravecido zarandea el barco y el ratoncillo naufraga, salvando la vida por los pelos en el interior de una botella flotante.

 Los Ratonovich desembarcan en Nueva York, absolutamente desolados a causa de un Fievel al que dan por perdido. La vida en América dista mucho de ser como imaginaban. Los ratones tienen que refugiarse en calles mugrientas, inmersos en la pobreza. Para colmo de males, hay gatos, y muchos. La manera en la que operan es algo más sibilina que en Rusia, pero igualmente mortífera.

 Entre tanto, Fievel encalla junto a la desembocadura del río Hudson, en la Isla de la Libertad. Desde ahí, el protagonista de la historia llega hasta Manhattan con ayuda de Henri (una paloma francesa que supervisa la famosa estatua simbólica del Sueño Americano). De este modo, inicia la arriesgada búsqueda de sus padres.

 Fievel y el nuevo mundo trata, además de la inmigración masiva desde Europa en la década de 1880, del inicio del movimiento por los derechos de los trabajadores (de inspiración burguesa) iniciada por Grover Cleveland, el vigesimosegundo y vigesimocuarto presidente de EEUU. Y lo hace con el pretexto del pequeño (nunca mejor dicho) drama familiar de los Ratonovich, con gran sensibilidad y ternura.

 Técnicamente se trata de una de las mejores películas de Don Bluth (la segunda, seguramente, después de Anastasia, que ya voy adelantando). Su representación de la Nueva York de 1885 impresiona por su riqueza en detalles.

 La banda sonora es otro de los fuertes de la película. La canción “Allá afuera” fue nominada al Oscar, y se llevó un Grammy.

 Así y con todo “Fievel y el nuevo mundo” puede considerarse como una de las mejores películas de animación de la Historia, un clásico moderno que no pasa de moda (y mi favorito personal de esta larga lista).

1. Anastasia (1997)

 Si habéis llegado hasta aquí, vosotros también os merecéis un premio de alguna clase. Toda esta turra nos ha llevado hasta el mayor logro cinematográfico de Don Bluth, y el más lucrativo (sus alrededor de ciento cuarenta millones de dólares recaudados todavía impresionan a día de hoy).

 Anastasia es un trabajo sin precedentes, que nada tiene que envidiar a ninguna película producida por Walt Disney Studios hasta entonces. Su combinación de animación tradicional e imágenes generadas por ordenador es absolutamente impecable (todo lo contrario que la de Titan A.E., ay). Su dimensión es impresionante, y cada fotograma una obra de arte. Los que la hayan visto corroborarán que no estoy siendo hiperbólico.

 En cuanto a la historia, esta nos sitúa en 1917, en plena Revolución Rusa. En ella, la familia del zar Nicolás II es expulsada de su palacio en San Petersburgo para su posterior ejecución por parte de los bolcheviques, encabezados por el mismísimo Rasputín. Sobre la historicidad del asunto (o falta de ella)… tampoco es que nadie vea películas de Hollywood para aprender Historia (o no debería, al menos).

 Pasan los años, y por Europa se extiende el rumor de que Anastasia Romanova, la hija menor del zar, ha logrado escapar con vida. Su abuela, María Feodorovna, vive exiliada en París, con la esperanza imposible de reencontrarse algún día con su nieta.

 Entre tanto, un par de pillos andan planeando una elaborada estratagema. Dimitri, un joven buscavidas y antiguo criado de los Romanov, se confabula con Vlad Voinitsky, un antiguo noble, para encontrar a una mujer de la edad de Anastasia con la que engañar a María y cobrar el rescate por la princesa desaparecida.

 En estas que topan con Anya, una joven huérfana sin recuerdos de su infancia. Ella es hermosa, inteligente, divertida, y mucho más corajuda que ninguna princesa Disney. Todo esto la convierte en la candidata perfecta para acompañar a Dimitri y a Vlad a París y presentársela a la antigua emperadora.

 La situación da un giro inesperado cuando, mediado el camino desde San Petersburgo, se hace evidente que Anya es, realmente, Anastasia.

 Esto reaviva a Rasputín, un muerto viviente que se pudre en el limbo (un lugar en penumbra en la linde del infierno). El villano utiliza la última fibra de su maligno poder para perseguir al trío formado por Anya, Dimitri y Vlad, e intentar acabar con ellos antes de que lleguen a París. Este es, sin duda, uno de los antagonistas más siniestros y repugnantes del cine de animación, y otro de los puntos fuertes de la película.

 Anastasia capta la atención del espectador desde el primer minuto, no solo por su espectáculo visual, sino también por el carisma de sus personajes. Kirsten Dunst y John Cusack realizan un trabajo magistral dando voz a Anya y Dimitri, respectivamente. Y Christopher Lloyd pone los pelos de punta como el funesto Rasputín.

 La película, además, hace un retrato preciosista de la Europa de después de la Primera Guerra Mundial, especialmente de París. La capital francesa luce esplendorosa, con multitud de referencias a exponentes del pensamiento, el arte y la cultura del siglo XX tales como Sigmond Freud, Josephine Baker, Gertrude Stein o Auguste Rodin (todos los cuales aparecen en el film).

 La banda sonora está compuesta por David Newman, que se llevó el Oscar por la inmortal canción “Una Vez en Diciembre”.

 Lo dicho, una maravilla.

 Anastasia recaudó el primer galardón otorgado por la Broadcast Film Critics Association a la mejor película familiar. Además, contó con un Globe a la mejor banda sonora, y un Annie a la mejor película de animación. De haber existido dicha categoría en los Oscars en el año 98, se lo hubiese llevado también, seguro. ¿Quién se lo hubiese podido quitar? ¿Hércules? ¿Doraemon y la fábrica de juguetes? No creo.

 Así terminamos nuestro repaso a las diez películas dirigidas hasta el momento por Don Bluth. Espero que hayáis disfrutado leyéndolo la cuarta parte que yo escribiéndolo.

 Abrazos furiosos.

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