Entrevista a Paula Losada, la actriz revelación de ‘Las niñas de cristal’

La semana pasada se estrenó en Netflix la última película de Jota Linares, Las niñas de cristal. Protagonizada por María Pedraza y Paula Losada, los espectadores fuimos testigos de la dureza retrógrada que aún sigue anquilosada en la Danza Clásica. De la manipulación e incomprensión que pueden sufrir sus bailarinas. Del precio que hay pagar por conseguir tus sueños y si una vez los consigues, el precio de sobrevivir en ellos.

La compañía a la que pertenecen los personajes que interpretan Pedraza y Losada estrenan la prestigiosa obra Giselle, pero si hay una Giselle en la película, esa es Paula Losada.

Losada interpreta a Aurora, un personaje que sufre las vicisitudes de la Giselle de la obra en su propia vida y ella nos demuestra con la intuición y naturalidad de su interpretación, que ha nacido una nueva estrella de cine. Que su prodigiosa interpretación, cargada de talento y carisma, tan solo es el punto de partida de una prometedora carrera cargada de emociones. Atentos a su mirada, aún nos tiene mucho que contar.

Paula Losada como Aurora en Las niñas de cristal. Manolo Pavón/NETFLIX © 2021
Paula Losada como Aurora en Las niñas de cristal. Manolo Pavón/NETFLIX © 2021

Hablamos con Paula Losada

– ¿Dónde estudiaste?

Estudié Danza desde muy pequeñita. Con ocho años empecé en una escuela de mi barrio para después formarme en Danza Clásica en la escuela, Corella Dance Academy. Allí estuve desde los 13 años hasta los 18 que me gradué. Era una escuela de alto rendimiento donde básicamente nos centrábamos más en la Danza Clásica que no en otros estilos.

Hasta el momento, yo había hecho un poco de todo: Contemporáneo, Jazz, Hip Hop, Funky y lo que se me pusiera por delante. No paraba nunca. Cuantas más cosas hiciera mejor.

Cuando me gradué, me centré un poco y continué con la formación, pero buscándola yo misma, viajando por aquí y por allá. Me fui a Italia y a Londres buscando pequeños intensivos de Contemporáneo.

Cuando salí de Corella, lo que busqué fueron residencias de Contemporáneo o Danza Experimental tipo GAGA. Tipos de Danza que surgen de la intuición y de cómo te sientes en ese momento. Eso me dio la posibilidad de experimentar hacia otras vías y comprobar hasta donde podía llegar, descubrir cuál era mi límite. Porque el cuerpo no tiene límites. Parece que sí, pero cualquier mortal (risas) podría experimentar con el cuerpo hasta niveles de los que no somos conscientes.

– Entonces, ¿no tenías experiencia como actriz cuando hiciste Las niñas de cristal?

Nop, empecé a estudiar interpretación después de la película. Estoy recibiendo clases con una chica que se llama Lídia Casanova. Ha juntado un pequeño grupo de jóvenes y estamos haciendo creación de personaje, interpretación frente a la cámara y acabaremos con una obra de teatro.

– ¿Cómo llegas al casting de Las niñas de Cristal?

En esa época yo estaba en una agencia de publicidad. Hacía castings de publi de esos de anunciar algo, bailar un poquito y ya está.

Para esta película pedían bailarines. La directora de cásting estaba buscando una bailarina y se puso en contacto con la agencia en la que estaba. Si esa bailarina, además tenía dotes de actriz, era mejor que mejor. Yo fui a ese cásting con muy bajas expectativas. En plan, no sé lo que va a salir de aquí, no te hagas muchas ilusiones… si no sale, no sale.

En el cásting me hicieron una entrevista, una improvisación a partir de unas pautas que me dieron y después tuve que demostrar que sabía bailar improvisando una coreo. Allí desperté el interés del director, de Jota Linares y me llamaron para un segundo cásting en Madrid.

Jota no estaba en el primer cásting, a él le llegó mi primera prueba grabada en un videotape, pero en el cásting de Madrid, sí que estaba. Allí me dieron más información sobre el personaje. Sobre los antecedentes de cada separata que me dieron para que la aprendiera y fuera con una idea más clara. Pero al no tener experiencia, lo cogí desde un sitio como muy natural. Pensaba que si me lo preparaba mucho, me olvidaría de la parte que tiene que llegar desde dentro. De la que tienes que sentir. Tiene que haber mucha sinceridad en todo lo que dices.

En la Danza era una chica que cuanta más información tenía, más me iba a la técnica. Así que pensé que llevándolo a mi propia experiencia o a mi propio sentir, me sería más fácil que crear un personaje desde cero. Nadie me había enseñado como interpretar un guion, así que, de lo que leí, pensé cómo sería yo en esa situación.

Jota, en una de las ruedas de prensa que tuvimos hace poco, dijo que una de las cosas de ese cásting que fueron determinantes para darme el papel, fue que me grabaron mientras me estaban dando directrices o correcciones y yo escuchaba. Se dieron cuenta de cuántas cosas estaban pasando por mi cabeza en ese momento y de la forma en que mi mirada lo decía.

Me enteré hace muy poco y pensé que era muy bonito, la verdad.

– ¿Te planteas continuar como actriz?

Sí. Es un sí rotundo. A mí, cuando me dan un poquito a probar, lo quiero ya todo. Pero sé que hay que ir paso a paso. No hace falta correr. Cuando corres, muchas cosas las pierdes por el camino. Mejor ir tranquila, aprendiendo y observando mucho. Nutriéndome de todo lo que veo. Puede que haya muchos noes, pero cada uno de ellos te enseñará algo.

Como en la Danza tampoco tuve mucha prisa, que esto tampoco sea, “esto lo quiero, y lo quiero ya”. No, lo tomaré con calma y con muchas ganas.

– María Pedraza, Mona Martínez, Marta Hazas y Olivia Baglivi son actrices con experiencia en Danza. ¿Quién te ha sorprendido más?

Pues te diré que Marta Hazas. En mi casa somos muy fans de Marta y siempre la habíamos visto más en comedia. Sobre todo, la veíamos en programas o en sus redes sociales, donde ella es muy extrovertida y siempre está sonriendo. Te llena de alegría, cada vez que la ves te saca una sonrisa. Así que, cuando la vi mirándome con esa mirada manipuladora, con esos ojos… me dejó sorprendidísima. Me sentía muy frágil a su lado.

Marta Hazas y Paula Losada en Las niñas de cristal.
Marta Hazas y Paula Losada en Las niñas de cristal.

También te digo que cuando estaba al lado de Mona Martínez, no me lo creía. En qué momento estoy al lado de esta mujer que hacía poco la había visto en la película Adiós. Qué portento. Qué presencia. Cuando estaba a su lado me decía a mí misma “hazlo bien porque ella merece que tú lo hagas bien”.

– ¿Qué tan fiel es la película con el mundo de la Danza?

En el cine todo se lleva al extremo, pero el sentimiento de soledad y de sentirte incomprendida; problemas como la anorexia, la bulimia; o el hecho de que tú tengas miedo a ser quién eres, de que te pongas prejuicios antes de que nadie lo haga, eso es cien por cien real.

Muchas veces, en vez de preguntar, suponemos. Suponemos todas las cosas. Todos nos vamos a esa parte horrible que tiene el ser humano, que es, interpretar cosas que no son. Eso hace daño, en cualquier ámbito, pero sobre todo en el mundo del baile. Llega a un punto en el que te aíslas. En el que prefieres no formar parte de nada que a ti te pueda afectar.

No te diré que yo he pasado por todas las emociones que muestra la película, pero sí que el síndrome del impostor está muy presente en todos y nos hacemos mucho daño. A uno mismo y a nuestra familia, porque, como no es un mundo que conocen, la única forma que tienes de defenderte de ellos es hacer ver que todo lo que pasa en la compañía es bueno, cuando tú en realidad sabes que te están utilizando o que te están manipulando. Tú no puedes decir la parte mala porque sería como darle la razón a tu familia que en realidad no tiene ni idea.

Paula Losada en Las niñas de cristal. Cr. Manolo Pavón/NETFLIX © 2021

– ¿En la Danza Clásica sigue estando “prohibido” que haya bailarinas con cuerpos no normativos?

Ojalá pudiera decirte que no. A diferencia del Contemporáneo que sí que los incluye, en la Danza Clásica, no.

En Danza Contemporánea se busca una diversidad y en esa diversidad se crean composiciones muy interesantes. Es muy bonito. Pero en Clásico, todo tiene que ser tan igual… en el cuerpo de baile, cuanto más clones sean todas, mejor. Cierra puertas a tanta gente con talento… Hay veces que es una cuestión de hueso, que no puedes ser más pequeñita, más delgada, o lo que sea.

Muchas veces te pueden echar de una compañía porque dicen: “ya tenemos a cuatro rubias y no queremos una quinta” o “eres demasiado alta” o “demasiado bajita”, o “tus brazos…” son cosas que al final dices: “¿somos personas o nos queréis crear a vuestro antojo?” Eres un producto todo el tiempo.

Me hubiera gustado decirte que no, pero aún sigue ese problema.

– Mona Martínez interpreta a una directora sin escrúpulos y radical. ¿Son tan así los directores o profesores de Danza Clásica?

Yo no he tenido la mala suerte de encontrarme a alguien como puede ser el personaje que interpreta Mona, pero sí que existen.

Los directores de compañía casi nunca están presentes. Normalmente, te hacen ese daño psicológico desde la sombra. Dejan a otros a hacer el daño por ellos. Ellos nunca suelen dar la cara. Casi siempre será su asistente o el repetidor (acompañante, tutor o entrenador de bailarines). Pocas veces darán la cara. No suelen mostrar su forma de pensar. Como tienen que mantener su imagen y todo tiene que ser tan bonito…

Hay compañías y compañías, cuanto más pequeña es, menos suceden estas cosas. Cuanto más grande es, menos contacto directo tienes con el director.

Paula Losada.
Paula Losada.

– ¿Qué es lo que más te gustó de Las niñas de cristal cuando la viste?

Lo que más me sorprendió de la película fue la música de Iván Palomares. No sabía que nos acompañaba y arropaba tanto en todo momento.

Es una música que te llena, te sujeta y flotas con ella. Es increíble. Para mí la música es súper importante y me emocionó.

La escena favorita de mucha gente es la del lago, que a mí también me gusta mucho, pero para mí, la escena en la que me enseñan el método de “¡qué se joda!”, es mi escena favorita. La primera vez que vi la película fue la escena que me hizo llorar. Vi a la vez a Paula y a Aurora feliz.

Pensé, ojalá que alguna vez en la vida sienta algo así, esa conexión, y grite a los cuatro vientos lo que realmente sienta. Ver esa escena fue una sensación increíble.

– Perteneciste al Ballet de Barcelona, ¿sigues practicando Danza?

Sí. Con ellos estuve unos meses. Antes de mi periplo por Europa. Con ellos hice la pieza Together, de Antonio Carmena.

Ahora sigo bailando, pero te diré que mi escenario es mi casa. Allí es donde me siento más segura para poder seguir con el resto de mi formación.

Mientras estudio interpretación también estudio dirección y guion. Me gustaría saber todo lo que pudiera de lo que ocurre delante y detrás de las cámaras. Pero poco a poco, sin prisas, no es que mañana vaya a presentar mi corto (risas). Pero sí que me gustaría algún día poder contar un proyecto propio, desde esa sinceridad y orgullo con el que lo he visto hacer.

– ¿Qué nos puedes contar de tus proyectos?

De momento, cerrados, no tengo ninguno. Sí que es verdad que, a raíz de hacer la peli, sobre todo amigos de Jota, me dijeron que tendrían muchas ganas de trabajar conmigo en un futuro. Todavía no hay nada cerrado, pero escuchar esas palabras fue el mejor regalo que me podían hacer.

Bueno, hay un proyecto que realicé con mi mejor amigo antes de la película, que se llama Proyecto Magnolia. Es un cortometraje que va sobre el baile. Es sobre una bailarina encarnando la vida de una flor desde que nace hasta que muere. Se cuenta la vida a través del baile. Es un proyecto muy onírico y bonito que se podrá ver próximamente.

Cuestionario Furioso de Paula Losada

Película favorita: Antes era La extraña vida de Timothy Green, pero hace poco se ha convertido en mi peli favorita A Mouthful of Air, de Amy Koppleman.

Serie favorita: Pose, de HBO.

Libro favorito: Éramos unos niños (Just kids), de Patti Smith.

Cómic favorito: Polina, de Bastien Vives.

Cantante, grupo o músico favorito: Según Spotify, mi cantante favorito sería Guitarricadelafuente, pero soy más de compositores como Max Ritcher o Phillip Glass.

Artista plástico favorito: Gustav Klimt.

Miedo tecnológico: Me da miedo que las redes sociales sean la única vida que lleguemos a ver o que las nuevas generaciones lleguen a conocer. Me da miedo que no se llegue a separar la realidad de la ficción, del mundo virtual de las redes sociales.

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