Sitges 2025: ‘La hermanastra fea’ y ‘We Bury The Dead’: el cuerpo como maldición, la muerte como espejo
Entre bisturís y tumbas, Sitges 2025 se vuelve más físico que nunca. La hermanastra fea de Emilie Blichfeldt retuerce el mito de Cenicienta hasta dejarlo sangrando y We Bury The Dead, de Zak Hilditch, transforma el duelo en un horror sin descanso. Dos películas donde el cuerpo, vivo o muerto, deja de obedecer a quien lo habita.
La hermanastra fea: cirugía del alma
Con su primer largometraje, Emilie Blichfeldt toma el cuento más edulcorado del canon occidental y lo arroja a una licuadora de trauma, bisturí y deseo. La hermanastra fea sigue a Elvira, la olvidada, la que nunca fue lo bastante bella para ser elegida. Pero en este reino de bisturís y espejos, el hechizo no se lanza con varita, sino con bisturí.
La película arranca como una sátira de la obsesión estética: salones de belleza, luces frías, operaciones grabadas para redes, pero pronto vira al horror corporal más incómodo. Blichfeldt filma la carne como si fuera un campo de batalla: piel que se estira, cicatrices que se abren, cuerpos que intentan obedecer un canon imposible. No hay villanas aquí, solo víctimas de un mismo encantamiento.
Lea Myren (espectacular) brilla en un papel que exige tanto fragilidad como rabia contenida. Su Elvira no busca amor, busca existir, aunque sea a costa de su reflejo. En sus manos, la hermosura es una herida abierta, y la monstruosidad, una forma de resistencia. La hermanastra fea no quiere reconciliarse con el mito: quiere dinamitarlo. La película se pudo ver ayer en Sitges, pero esta noche se podrá volver a ver en el Auditorio

We Bury The Dead: el duelo que no descansa
Tras 1922, Zak Hilditch vuelve a la muerte con otro tipo de fantasma: el de lo que no podemos dejar ir. En este film, Daisy Ridley (Star Wars) interpreta a Ava, una mujer que se une a un equipo encargado de recuperar y enterrar cadáveres tras un experimento militar fallido. Busca el cuerpo de su marido, pero lo que encuentra no está exactamente muerto.
Hilditch se aleja del susto fácil para abrazar la angustia lenta del duelo. El paisaje, todo polvo, fuego y ceniza, parece respirar con los personajes, y la cámara se desliza entre los cuerpos con la melancolía de quien sabe que no hay regreso posible. We Bury The Dead es cine de luto y putrefacción, una reflexión sobre el amor cuando el cuerpo ya no responde, cuando lo que queda es pura obstinación.
Ridley ofrece su interpretación más madura: menos heroína, más espectro emocional. Su rostro, cubierto de polvo y pérdida, sostiene una película que transforma el horror zombi en metáfora del dolor humano. No todos los muertos quieren volver; algunos solo necesitan que los dejemos ir.

Sitges 2025: Epílogo de día
La hermanastra fea y We Bury The Dead podrían compartir morgue: una por exceso de bisturí, la otra por exceso de amor. En ambas, el cuerpo se convierte en territorio de guerra, entre lo que somos y lo que se espera de nosotros.
Sitges 2025 confirma que el nuevo terror no se contenta con asustar: quiere tocar, herir y oler a piel quemada. Y en ese olor hay algo profundamente humano.
