‘La viajante’: El camino hacia ti

La viajante es la ópera prima del director, Miguel Mejías. Una road movie sobre la soledad, la vida, la muerte y la búsqueda de alguna respuesta para una vida llena de preguntas.

Está protagonizada por Ángela Boix y Miquel Insua. Dos intérpretes que parecen haber nacido para trabajar juntos. Cómplices, relajados, de esos que se saben mirar. De los que no necesitan hablar para que les podamos escuchar.

A los dos los pudimos ver en la mágica Diamond Flash de Carlos Vermut. Ángela se prodiga más en el teatro que en el audiovisual y a Insua lo podemos ver en series como, La Unidad o 14 de abril. La República.

Dejando la salida a tu espalda

La viajante nos cuenta el viaje que hace Ángela, una chica harta de una de esas vidas muertas. Sin amor, ni propio ni ajeno. Sin objetivos. Rodeada de ruido y enfermedad, la de su madre.

Cansada de todo, decide subirse a un viejo coche y emprender uno de esos viajes vitales sin destino ni planificación. No viaja sola, lo hace con la cámara Super 8 de su madre.

En el viaje, descubre una nueva afición: grabar insectos. Aunque no es lo único que graba con su cámara. Las imágenes que consigue con los insectos son especialmente bellas y reveladoras. En concreto una, la de uno que podría ser un grillo.

Ángela Boix en La viajante
Ángela Boix en La viajante.

El insecto está en un pequeño recipiente de cristal cerrado con un tapón de corcho. Boca arriba. Intentando salir. Ángela destapa el recipiente y el supuesto grillo panza arriba, en vez de dirigirse a la salida, se acerca aún más a la base de vidrio de su particular cárcel.

¿Quién no se ha podido identificar con ese insecto en algún momento? ¿Quién no le ha dado alguna vez la espalda a la salida?

La compañía efímera

En su viaje, Ángela recoge a Miquel, un tipo cargado de misterio y pasado. Su compañía la reconforta. Se podría decir que los dos hablan el mismo idioma, el de los silencios. Son el mismo reflejo en dos espejos diferentes. Al menos, eso es lo que parece.

Los dos serán los turistas de un viaje de sensaciones de color ocre, de tormenta y de bares con más neones que clientes. Serán testigos de lo más secreto y privado. Los dos, serán.

Miquel Insua en La viajante
Miquel Insua en La viajante.

Desde sus ojos, o su espalda, nosotros seremos los benévolos voyeurs de su viaje. En algunos momentos les querremos dar calor, abrazo y escucha. En otros, simplemente estar. Poder viajar con ellos. Ser registrados por la cámara de la madre de Ángela.

La viajante es una de esas películas que se te queda encima durante mucho tiempo. No como una carga, sino como el recuerdo de una de las composiciones musicales de Erik Satie. Un recuerdo que emociona, tranquiliza y reordena tus sensaciones más rebeldes.

La viajante, de Miguel Mejías

Miguel Mejías se aleja del cine narrativo para hacernos un regalo. Hoy en día es muy difícil encontrarse con películas de la poética de esta. De mundos tan interesantes y personales como el de Mejías. En España hay algunos directores como Lacuesta, Rosales, Vermut, Cavestany, Ballús, Coll, Sorogoyen, Carla Simón o Jonás Trueba, que, menos a menudo de lo que nos gustaría, nos invitan a sus particulares realidades. Con La viajante, Mejías se une a ese grupo de creadores cargados de historias llenas de emociones y nuevos lenguajes cinematográficos para degustarlas.

La moda por la gastronomía está educando nuestro paladar. Espero que un día el cine vuelva a estar de moda, como lo fue en otras épocas, y también reeduque nuestro paladar audiovisual, ya que muchas maravillas como La viajante aún podrían no ser para todos los gustos.

Se estrena en cines el 2 de julio.

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