Las ‘Retahílas’ de Carmen Martín Gaite

Silvia Panadero

Mirando la situación desde un punto de vista, quizá demasiado amable, 2020 nos ha “regalado” tiempo. Cuando nos vimos envueltos en la vorágine de coronavirus, confinamiento y ERTE, mi impulso fue empezar a leer. En los últimos años mi actividad lectora había caído en picado y conseguía, con suerte, leerme cinco o seis libros al año.

El tiempo me sirvió para recuperar el hábito y ponerme al día con muchas lecturas atrasadas. Empecé a comprar libros muy baratos de segunda mano y, por pura casualidad, atraída por un título, sin saber casi nada de la autora y nada de su obra, llegué a Retahílas.

Este libro fue escrito por Carmen Martín Gaite (1925-2000) en 1974 y se ha convertido en mi favorito de lo leído en 2020 y, en general, en una de mis lecturas predilectas desde que leí las primeras dos frases.

Carmen Martín Gaite y sus retahílas.
Carmen Martín Gaite

Ruralidad y familia

Eulalia y Germán son tía y sobrino que se reencuentran después de muchos años. La abuela, está muy mal, a punto de morir y a Eulalia no se le ocurre mejor idea que trasladarla de su casa de Madrid a la casa familiar del pueblo, para que muera allí.

Germán, que hace años que apenas tiene relación con su tía y su bisabuela, se entera de esto y decide viajar desde Barcelona al recóndito pueblo para echar una mano en la medida de lo posible.

El joven llega a la casa cuando está anocheciendo y su tía no se encuentra allí. Cuando Eulalia regresa, algo turbada, de su paseo por la montaña se encuentra a Germán y no le recibe de manera cálida, precisamente.

No obstante, ambos empiezan una conversación que recorre las páginas de la novela hasta su mismo final.

Un canto a la palabra oral

En cada capítulo habla uno de los dos personajes. De modo que se van respondiendo episodio a episodio. El libro es un diálogo como tal, pero no penséis que un diálogo de una frase, no. Los personajes hablan por turnos durante páginas y páginas, disertando sobre la lectura, sobre sus vidas y sobre la familia.

En una verborrea incontenida, se dicen todo lo que no se han dicho en los últimos años. Hacen una radiografía de su familia en un canto absoluto de la autora por la oralidad.

Retahílas de palabras se desprenden de los personajes dando lecciones sobre enfermedad, decrepitud, muerte. La autora va tirando de ese hilo mágico del que ella siempre hablaba para plasmar sus obsesiones, sus ideas metafísicas sobre todo cuanto se le ocurre. Así, en boca de Eulalia, Martín Gaite dice:

“[…], fíjate el esfuerzo que supondría escribir esto mismo que ahora te voy diciendo, qué pereza ponerse y las vacilaciones, y si será correcto así o mejor será de esta otra manera, si habrá repeticiones, si las comas, para sacar un folio o folio y medio hay veces que sudamos tinta china, y en cambio, así, nada, basta con que un amigo te pida “cuéntame” para que salga todo de un tirón”.

Eulalia

La ironía que supone que el personaje de la tía haga esta aseveración a favor de la palabra oral, mientras la autora lo plasma por escrito es mordaz, divertida, casi un juego de intelecto propuesto por la escritora para regocijo del lector.

Carmen Martín Gaite.
Carmen Martín Gaite.

Retahílas piden retahílas

En tan solo 191 páginas, sin párrafos, con el texto todo seguido y algo denso para la vista, Martín Gaite hace alarde de su pluma, de cómo escribir como si se estuviera hablando. Lanza su canto de amor a las palabras, especialmente, a esas que no solemos tener con la familia más cercana.

Pero como he dicho, no es solo eso, en esas escasas páginas hay aseveraciones sobre la vida y el comportamiento humano tales como: “las cosas que te afanas por explicar a otro con tanta seguridad, malo, son las que te atormentan de modo más oscuro”.

De manera fluida, hilada, van saliendo las palabras escritas de la boca de los personajes, llevándonos por rutas muy diferentes, pero que tienen sentido, que han salido una detrás de otra, formando filas de palabras, todas en orden, todas con significado, retahílas de pensamientos orales puestos por escrito.

El texto nos dibuja dos personajes que podríamos ser cualquiera de nosotros, con vidas normales, trabajos, parejas, divorcios, estudios, remordimientos, ira. Dos protagonistas entrañables que se reencuentran casi sin querer, por un impulso del azar, que narran lo que todos sentimos tan certeramente que provoca vértigo en quien los lee.

Una lectura densa, pero reconfortante

No es una lectura ligera o sencilla, es densa, larga y pausada. Me dan envidia quienes aún no lo han leído, que tienen la oportunidad de saborear cada palabra como si estuviera recién impresa, sorprenderse con las teorías de Eulalia y Germán y conocer a una familia que podría ser la suya.

Desde entonces he leído dos libros más de Martín Gaite. Lo raro es vivir es una de sus obras más reconocidas, bastante más que esta de la que os hablo, pero después de haber leído Retahílas no creo que pueda mirar el resto de sus escritos de la misma forma. Me he quedado atrapada en el enjambre de palabras y la verdad es que no me importa lo más mínimo.

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Redacción Las Furias Cultural Magazine
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