‘Maleza’, de Bala, una especie de máquina animal

Sergio Márquez

Maleza es el último disco del dúo gallego Bala. Después de Human Flesh y Lume, vuelven a encender la trituradora de carne.

Y nos encanta.

Maleza, lo nuevo de Bala.
Maleza, lo nuevo de Bala.

A grito pelao

Hace poco publicamos un artículo sobre el presente y futuro de la música rock, que se esconde en lugares extraños. Esto es cierto tan solo en parte. Más allá de raperos instagramers con una cierta fijación guitarrera y de estrellas del pop que acaban de descubrir el cuero y los cinturones de tachuelas, todavía quedan pieles rojas de pura cepa haciendo lo que mejor saben: ruido, mucho ruido.

Un claro ejemplo son Ánxela Baltar y Violeta Mosquera, las partículas iguales de nitrógeno y glicerina que componen Bala.  Naturales de A Coruña y Pontevedra, respectivamente, llevan dando guerra en el panorama musical nacional desde 2014. También internacionalmente, habiéndose hecho oír en varias salas y festivales del resto de Europa, América, Asia y Oceanía.

Violeta Mosquera y Ánxela Baltar son, Bala. Maleza es su nuevo disco.
Violeta Mosquera y Ánxela Baltar son, Bala.

Sus primeros dos discos, Human Flesh y Lume, fueron producidos por Matapadre, una discográfica de Santiago de Compostela, con excelente resultado. En febrero de 2021 dieron el salto a Century Media Records, el sello de Napalm Death o The Pretty Reckless (por poner un par de ejemplos).

Tres meses después lanzaron Maleza, descrito por la propia Ánxela en una entrevista concedida a Radio 3 como “un disco furioso”.

Así que, ¿cómo no lo íbamos a reseñar?

Maleza: Con el ceño fruncido

En conjunto, Maleza es un álbum que va directo y al hueso, voraz y atractivo (como algunos depredadores). De un stoner rock de alto gramaje, contiene trazas de grunge, hardcore punk y algo de nü metal.

La voz de Ánxela cruje como gravilla escupiendo verdades al ritmo de su guitarra y la batería impenitente de Violeta (que también acompaña a la voz y los coros). El resultado es un disco contundente y sin miramientos, en la misma línea que Lume, pero con un sentido algo más lúdico y rockanrolero.

Agitar es su primera canción, un himno macarra y sexualmente desinhibido. La letra es de Lúa Mosquetera (otro descubrimiento) y contiene frases que se te clavan entre los occipitales como un punzón picahielos, “de piel suave y mirada fría, con miedos infantiles y una nariz terrible”.

Lo malo de comenzar con un tema tan bueno es que todo lo que viene después corre el riesgo de parecer poca cosa. No es el caso. Hoy no sube la puesta con un trallazo en el segundo 29, seguido de un huracán que ya no cesa y que a nosotros nos ha recordado en algo a los primeros Dover.

X es una de las dos canciones del disco en inglés, y nos retrotrae, por ello, a Human Flesh. Rápida y trepidante, roza lo épico en el estribillo con la voz de Violeta (algo más aguda que la de Ánxela).

En Mi orden, la máquina continúa, aun con las luces apagadas. La cuarta canción del disco se regodea un tanto en su propia oscuridad, porque es humano hacerlo, porque le apetece, y porque puede.

Cien obstáculos divide el disco por la mitad. Tirando un poco más de fonoteca, me hace pensar en Queens of the Stone Age y en Kyuss. Polvo ardiendo y metales para menear la cabeza arriba y abajo, mientras uno se prepara para lo que viene después.

Que no es sino Quieres entrar, comenzando con un punteo a lo System of a Down (que me hace perversamente feliz) y reventando en el segundo 34 con un aullido primordial. Quizá la mejor canción del disco, en mi opinión.

Estás medio dormida,

resistes como un animal

que escapa

de un amargo final,

buscando alimento,

buscando dónde amarrar

las ansias de seguir siendo

inmortal.

Casi nada.

Rituais es una turbina rock ‘n’ roll que funciona en gallego perfectamente bien. Creo que no cabe duda de que Bala, como mejor suena, es desgañitándose en las dos lenguas más próximas a su hogar.

La octava canción es la segunda más corta del disco (después de Hoy no). Nos hace ilusión pensar que Bessie está dedicada a Bessie Smith, la emperatriz del blues, cuya muerte permanece envuelta en el tufillo racista del sur de EEUU en los años 30. En cualquier caso, revienta hacia el final con un mantra empoderador: “ride free, Bessie, ride free”.

Maleza termina demasiado pronto, pero lo hace con un tema a la altura de Agitar o Quieres entrar. Una selva es un canto feral que invita a una suerte de optimismo carnívoro, recordándonos que somos “todo menos nada”.

La maquinaria se apaga, y nos deja con el regusto metálico de nuestra propia sangre y de uno de los mejores discos de rock made in Spain en mucho tiempo. También con ganas de más, lo cual es el cebo perfecto para continuar siguiendo a Bala, que tiene mucho que gritar todavía, estamos seguros.

Hoy sí

Además de la ya mencionada Lúa Mosquetera, Maleza cuenta con la colaboración de la actriz y cantante Najwa Nimri, así como de Bonnie Buitrago, bajista de Nashville Pussy.

El disco puede conseguirse en CD, vinilo y mp3, así como escucharse en Spotify:

Enviamos desde aquí una furiosa enhorabuena a Bala, y esperamos encontrarnos con ellas pronto, en directo, como mejor suenan.

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