‘Mommy’: canto a la esperanza de las relaciones madre-hijo

Silvia Panadero

Mommy (2014) está dirigida por Xavier Dolan, un auténtico prodigio del cine. Su precocidad quizá sea comparable a la de la jovencísima Suzanne Lindon, de la que hablamos en Las Furias hace no mucho. El director, guionista, actor y productor canadiense presentó al mundo su primer largometraje cuando tan solo tenía 19 años.

J’ai tué ma mère (Yo maté a mi madre) contaba la historia de un adolescente que desarrolla una gran aversión y odio hacia su progenitora, mientras que esta se comporta con total indiferencia ante las muestras de odio que le lanza su hijo.

En este caso no venimos a hablar del debut cinematográfico de Dolan, sino de otra de sus películas, Mommy, que uno no puede evitar comparar con su primera incursión tras las cámaras.

Antoine-Olivier Pilon es Steve en Mommy.
Antoine-Olivier Pilon es Steve en Mommy.

La cosa va de madres e hijos

Si en J’ai tué ma mère la historia se centra en una relación mala entre una madre y un hijo, en Mommy, Xavier Dolan lo lleva un poco más allá, lo vuelve más complejo. Al final, todos siendo adolescentes hemos podido sentir cierto resquemor o incluso puntual odio hacia nuestros padres, pero la relación entre Die y Steve en Mommy es mucho más complicada.

La acción se sitúa en una Canadá ficticia, en la que se ha instaurado una ley que permite a las familias en riesgo de exclusión social con hijos problemáticos internarlos en un centro (mitad cárcel mitad psiquiátrico) sin necesidad de un juicio.

Anne Dorval es Die en Mommy.
Anne Dorval es Die en Mommy.

Ella es viuda y ha internado a su hijo en un centro por sus problemas de déficit de atención con hiperactividad y de agresividad. El chico, de 15 años, no sabe cómo controlarse y su madre mucho menos. La historia comienza cuando Steve incendia el comedor del centro en el que está interno y lo expulsan. Entonces vuelve a vivir con su madre.

Aquí se genera un problema circular. La madre no puede cuidar bien de sí misma, no tiene trabajo estable, tiene poco dinero y va dando tumbos por la vida. ¿Cómo va esa mujer a hacerse cargo de un niño así de problemático?

Un tema que subyace a esta situación es el desamparo por parte de los servicios sanitarios estatales. Lo echan del centro y lo echan, sin más ayuda a una familia de pocos recursos. La única opción que dejan a la madre es que lo vuelva a internar, pero esta vez en esa institución a caballo entre prisión y psiquiátrico.

Mommy: Llamada de esperanza

La esperanza es un tema recurrente para la protagonista del filme, la madre, Die. En el nuevo sitio al que se muda antes de que echen a Steve, tienen una vecina un tanto rara. Es profesora y está de año sabático (eufemismo quizá para decir que está de baja por depresión o algo similar), además, en los últimos dos años Kyla, que así se llama, ha desarrollado problemas de lenguaje y comenzado a tartamudear.

Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon y Suzanne Clément en Mommy de Xavier Dolan.
Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon y Suzanne Clément en Mommy de Xavier Dolan.

Este personaje ejerce como símbolo de la esperanza que tanto defiende Die. Ella acaba haciéndose con Steve, ayudándole con sus estudios y dándole fuerza para perseguir lo que desea.

Un dato técnico importante sobre la película es que el encuadre durante la mayor parte del metraje es cuadrado. Xavier Dolan simboliza así la sensación de asfixia, agobio y encarcelamiento que sienten los protagonistas. Sin embargo, cuando entra en escena Kyla y comienza a formar parte de la vida de la madre y el hijo, de vez en cuando, por breves períodos de tiempo, el encuadre se ensancha para mostrar más vida, más paz, más libertad y para dar la sensación de que todo puede ir bien, para dar más esperanza al futuro de Die y Steve.

¿Esperanza para todos?

Finalmente, a pesar de que la cosa parece mejorar con Steve, el pasado vuelve para atormentarles. En el mejor momento del chico, llega una citación para el juicio por el incendio en el comedor del centro en el que estaba interno. Esto desestabilizada la calma en la que se habían instaurado, provoca un brote en Steve y Die acaba tomando la irremediable decisión de internarle de nuevo.

Mientras Die y Kyla llevan a Steve a su nueva cárcel, sin que él lo sepa por supuesto, el plano vuelve a ampliarse y nos colamos en los pensamientos, en el anhelo más profundo de Die. Dolan, de forma magistral, nos enseña cómo se imagina Die la vida de su hijo, cómo quiere ella que sea, cómo sigue sin perder la esperanza de que, en este nuevo lugar, a pesar de lo horrible que pueda ser para su hijo, lo reeduquen, lo reformen y tenga una vida alejada de los problemas que ha venido padeciendo hasta ahora.

Y eso es exactamente lo que Die le dice a Kyla cuando esta última la visita para decirle que se muda a Toronto. Le dice que lo ha metido allí porque tiene esperanza, porque la gente no suele tenerla, pero los que sí lo hacen son los que cambian el mundo.

Entonces se cierra la película con una escena final, también magistral por cómo está rodada, por la elección de la música y porque Dolan sabe perfectamente cuándo cortar la imagen cuando ya ha quedado todo dicho. ¿La conclusión? Que quizá no hay esperanza para todos.

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