‘Muñeca rusa’: hacer una comedia de la muerte

Silvia Panadero

Russian Doll (Muñeca rusa) es una serie de Netflix creada por Natasha Lyonne, Amy Poehler, y Leslye Headland, estrenada a principios de 2019, que se sirve de la muerte para ensalzar la vida, sin renunciar a otra realidad universal: que la vida es una mierda.

Lo más justo y que nos hace más iguales a todos y cada uno de los seres humanos es que nos vamos a morir. No sabemos cuándo, dónde, con qué edad o en qué circunstancias, pero es una realidad impepinable y difícil de aceptar (tantos años de desarrollo tecnológico, pero no sabemos enfrentarnos a la verdad más pura y al acontecimiento más definitivo de nuestras vidas).

Desdramatización de la muerte

Natasha Lyonne, conocida por su papel como presidiaria en Orange is the new black, no solo ha participado como creadora de la serie, sino que interpreta a Nadia, la deslumbrante protagonista. Ella es una treintañera y diseñadora de videojuegos que muere atropellada por un coche la noche de su cumpleaños.

El plot twist es que Nadia “resucita” y cada vez que muere, lo hace unas cuantas veces durante los 8 capítulos de esta ficción, reaparece en el cuarto de baño del piso de su amiga en el que se celebraba su fiesta de cumpleaños.

Nadia a punto de morir en Muñeca Rusa.
Nadia a punto de morir en Muñeca Rusa.

Esto ya es todo un statement. Te mueres y tu manera de resucitar es reaparecerte cada vez en el lugar más asqueroso (me da igual lo limpio que esté). El hecho de reiniciar este bucle de vida y muerte en un cuarto de baño es una apelación en sí misma a lo cómico.

Nadia vive su particular día de la marmota. Muere una y otra y otra vez hasta que comienza a moverse para aclarar la situación y tratar de detener ese bucle infernal que no la deja pasar de la noche de su cumpleaños.

La serie interpela al espectador: ¿es tan chungo morir? ¿y si mueres, pero no? ¿puede la muerte dejar de importar y ser usada como un gag, como un chiste?

La respuesta a esto último es un sí rotundo, la muerte puede ser un gag y un chiste. Las creadoras de la serie la usan como base no solo para la comedia, sino para levantar toda la trama en torno a esto.

Natasha Lyonne en Muñeca Rusa.

Russian Doll es ciencia ficción bien hecha. Es una comedia muy negra ensalzada por la maravillosa interpretación de Natasha Lyonne, y en la que no faltan tintes de terror.

Muñeca rusa y los multiversos

Justo a mitad de la serie, en el capítulo cuatro, conocemos a Alan (Charlie Barnett) y su rutina. Alan está afectado del mal que padece Nadia: se muere cada noche y reaparece en su cuarto de baño.

Del mismo modo en que ella está obligada a revivir hasta el infinito su fiesta de cumpleaños, Alan está atrapado en un bucle en el que cada noche su novia desde hace nueve años le deja. A diferencia de la treintañera, Alan crea una rutina en la que está cómodo porque sabe lo que va a pasar en todo momento.

Alan y Nadia en sus respectivos baños. Muñeca rusa.
Alan (Charlie Barnett) y Nadia en sus respectivos baños.

El choque llega cuando ambos se cruzan y se dan cuenta de que los dos mueren cada día y, es más, mueren a la vez. Sus destinos están completamente atados el uno al otro y, a partir de ese momento, van a intentar salir de esa espiral de muerte.

Para ello probarán varios caminos y se irán conociendo, llegando a la conclusión de que se necesitan para cambiar su desesperada situación. Esa es una de las conclusiones de la serie, que nos necesitamos, que por mucho que seamos diferentes, nos necesitamos los unos a los otros para poder sobrevivir.

La otra, ya mencionada, es que, a pesar de que nos necesitamos y de que la interacción con otra persona puede resultar tremendamente positiva y embriagadora, la vida sigue siendo una mierda.

En uno de los últimos capítulos, Nadia habla con Ruth, la mujer que la ha criado, ya que su madre murió cuando ella era una niña. Estas conclusiones de la serie puede condensarse en el siguiente diálogo:

– La humanidad está sobrevalorada. – dice Nadia a Ruth.

– Necesitamos a los demás. – replica Ruth.

– Los demás son basura.

– Pues perdónales. Es lo que hago yo contigo. – sentencia de nuevo Ruth.

Nadia y Ruth (Elizabeth Ashley) en Muñeca Rusa.
Nadia y Ruth (Elizabeth Ashley) en Muñeca Rusa.

Superar los traumas

Para avanzar y romper el bucle, tanto Nadia como Alan deben superar sus traumas. Él tiene que afrontar la ruptura con la mujer con la que pensaba que se iba a casar. Mientras que ella debe superar el conflicto con su madre, una persona que no sabía ejercer como tal.

De este modo, ahondan en sus heridas vitales para poder avanzar en una metáfora sobre la importancia de resolver los conflictos del pasado para llevar una vida más sana mentalmente.

Muñeca Rusa
Muñeca Rusa.

Todo esto que suena super profundo, y que en efecto lo es, está bañado de un humor negro que eleva el texto y las interpretaciones de los actores. Muñeca rusa no se pregunta, como muchos otros productos de este tipo, por el motivo de la vida, sino que se queda un paso atrás para formular una pregunta cuya respuesta se da por hecho muy a la ligera: ¿existimos?

Finalmente, ayudándose, colaborando y gracias a la experiencia de Nadia como desarrolladora de videojuegos, Alan y ella consiguen mejorar su situación. Llegando a su vez a las conclusiones que se han comentado anteriormente.

La serie está hecha con un gusto exquisito en la elección de los escenarios, los decorados, la fotografía, la música y hasta el vestuario de los protagonistas. Es perfecta. No le falta un detalle y se nota que está hecha con mucho mimo.

La primera temporada es autoconclusiva, pero en teoría hay firmada una segunda que por el momento no ha visto la luz y que, la verdad, espero que no lo haga nunca.

No tendría sentido hacer una segunda temporada de una ficción como esta, tan bien hilada y tan bien cerrada. Continuar la historia supondría pisar lo que ya se ha hecho, devaluarlo y ocultarlo entre un montón más de minutos de pantalla que no son necesarios.

Frente a esto lo único que nos queda que decir es que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

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