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‘Scandinavian Silence’: Blanco sobre negro o el silencio sobre la nieve

Se hace interesante y atractivo opinar sobre Scandinavian Silence, una película especialmente incomparable en cuanto a su forma de ser narrada. Diríamos rememorada. Tres partes, donde convergen las mismas circunstancias, el mismo escenario y distintos diálogos. Un hilo conductor y un inevitable desenlace en el pasado. Junto a una excelente fotografía, una simbólica música y unas interpretaciones austeras, pero cargadas de emoción y sensibilidad.

Un preludio repleto de melodía configura el entramado argumental, bien medido por Martti Helde. La nieve y el paisaje helado adornan la forma de narrar la historia, lenta, pausada, siguiendo el cauce de los ríos, las flores cerca de la orilla o los diálogos que se presuponen aún cuando el sigilo precipita sobre el lento devenir de la historia. Y es que la película es una continua metáfora, un excelso paisaje de emociones que descansan en cada silencio cómplice y cada mirada indestructible.

Scandinavian Silence: dejar atrás el pasado

Y esta es la premisa del cineasta estonio Martti Helde que tras su notable debut, In the Crosswind (2014), hace entrega al público de una simple, astuta y conmovedora historia. Donde los diálogos entre dos hermanos, aferrados al único compromiso de unión que entrega el cariño, son la estrategia perfecta para dejar atrás un pasado que, solo el silencio, deja concebir la claridad impetuosa de la nieve y el templado frío en cada una de sus escenas.

Scandinavian Silence.
Scandinavian Silence.

Muchas cosas se podrían destacar, pero se hace necesario subrayar el apartado musical, ese latigazo emocional que enquista la sangre, de la mano de Mick Pedaja compositor de la misma nacionalidad que Helde y con una joven trayectoria que, con sus sonidos cálidos, rejuvenecedores e íntimos y que bien describen su música, hacen una perfecta sintonía de unión, para crear,  junto al silencio,  poesía visual  y revelar en este film, un análisis metafórico y certero sobre el deseo de reprimir los recuerdos del pasado y seguir caminando por la vida.

Premio del Público en el Atlàntida Film Fest 2016.

Película que bien merece nuestro recuerdo.