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Sílvia Pérez Cruz: ‘La música no pide permiso, te emociona cuando quiere’

Entrevistamos a Sílvia Pérez Cruz por ‘Farsa (Género imposible)’, su fascinante nuevo trabajo.

Cristina Sierra

La música de la cantante, compositora y actriz Sílvia Pérez Cruz tiene muchos poderes. Uno de ellos es el de transportarte al lugar donde nacen las canciones, a la chispa que prende la inspiración, al momento en el que la emoción toma forma de Arte.

Tiene también el poder de envolverte en una balsa que te mece y sumerge en un hipnótico baile interior contigo mismo. Es capaz de hacerte sentir nudos de garganta, mariposas de estómago y nervios a flor de piel con tan solo unas notas, con esa voz que dibuja formas y colores tan imposibles e inesperados como bellos.

Sílvia Pérez Cruz es piel, es raíz y es esencia. Es todo aquello que explota cuando nos dejamos ser, cuando no amarramos aquello que nos hace sentir. Una música poderosa, transparente, auténtica y, parece ser, que, sin límites aparentes, ya que Sílvia siempre está explorando nuevos caminos. Caminos no transitados como el que toma ahora con su nuevo proyecto: Farsa (Género imposible). Trece canciones originales que han sido creadas dialogando con otras disciplinas artísticas como el teatro, el cine, la danza y la poesía.

Hablamos con Sílvia Pérez Cruz

Hola Sílvia, ¿Cómo estás? ¿Ya en casa?

Sí, ya estoy en casa. La verdad es que con un poco de cansancio porque estoy haciendo muchas entrevistas con la presentación de este nuevo proyecto, lo que me exige mucha concentración, pero estoy súper agradecida de que a la gente le interese mi trabajo. Así que, muy contenta por eso también.

Hablemos de tu nuevo trabajo Farsa (Género imposible) que se basa en un diálogo entre diferentes disciplinas artísticas. ¿De qué forma se establece ese diálogo? ¿Se tienen que dar unas condiciones concretas o depende más de las personas ‘implicadas’?

Depende mucho de las personas porque, en primer lugar, tiene que haber una conexión con el artista con el que vas a trabajar. Por ejemplo, con la bailaora y coreógrafa Rocío Molina, con quien he trabajado en la producción Grito Pelao, obra alrededor del deseo de ser madre soltera de Rocío, a las dos nos gustaba cómo trabajábamos, lo comentamos y nació la necesidad de hacer algo juntas.

Empezamos a buscar y a improvisar, en este caso, desde el gesto. Primero fue el feeling, después la parte más intelectual y después ya llegó la emoción a través de muchas improvisaciones. Al final, entramos en un siguiente proceso en el que el proyecto empezó a coger forma y entraron más músicos.

Con Álvaro Brechner, director de la película La noche de doce años, fue distinto. Él vio una película en la que yo participaba, escuchó mis canciones y me propuso que hiciéramos algo juntos. Me leí el primer guion y me encantó; la manera en la que transmitía las sensaciones que tenían los personajes, la poesía que tenía para contar hechos tan duros…

Entonces empezamos a trabajar desde cero en la banda sonora y surgieron algunos temas inesperados como la canción Plumita, que nació a partir de un fragmento de poema de Rosencof, uno de los tupamaros presos, o Tres Locuras, canción que compuse con la primera emoción que tuve tras terminar de leer el guion.

En total fueron dos versiones y dos composiciones propias. La que más me costó fue la versión del The sound of silence de Paul Simon. Brechner me pidió que la deconstruyera como había hecho con Pequeño vals vienés, que la llevara a mi mundo. Me llevó un tiempo encontrar la manera hasta que la soledad y la oscuridad de la primera estrofa me inspiraron, y le di ese toque más ‘blusero’ al principio…

Ya sea mucho o poco tiempo lo que trabajas en un proyecto, la semilla de lo que construyes siempre es una corazonada, algo que te emociona, sin pensamiento.

Sílvia Pérez Cruz, cantante y compositora.

¿Y con el teatro y la poesía? ¿Cómo se produjo el diálogo?

Lluís Homar y yo ya nos conocíamos desde hacía tiempo y me pidió colaborar en dos obras de teatro. En este caso, lo que hice fue ir a ver los primeros ensayos y apuntarme las frases que más me impactaban y las junté para crear Ensumo L’Abril. En cambio, con la canción Estimat, pensé: ‘quiero hacer un bolero’, por la historia de amor, y en ese caso tomé un fragmento entero. Sin embargo, con Pena salada, fue el momento concreto en el que uno de los personajes vestido de novia se pone a llorar durante una escena lo que me inspiró a transformar ese llanto en una canción a modo de canto antiguo, con percusión y voz, como si se estuviera cantando desde una montaña.

En el caso de los poemas, es una relación más íntima entre el poema y yo, pero hay uno, Futuras madres del mundo, canción para una película de animación, en el que he ido formando parte desde los primeros esbozos. En cualquier caso, ya sea mucho o poco tiempo lo que trabajas en un proyecto, la semilla de lo que construyes siempre es una corazonada, algo que te emociona, sin pensamiento.

Además, tengo que decir que soy muy afortunada porque todas estas personas me han permitido trabajar con total libertad. Estoy muy agradecida de poder ser tan libre en mi trabajo.

Tiene que ser una suerte contar con ese respaldo, con esa libertad creativa…

Sí, la verdad es que sí. Sentir ese respeto por parte de todas las personas con las que he trabajado me hace sentir muy feliz. Sobre todo, teniendo en cuenta que no hay tantas mujeres en este oficio. Poder trabajar así de libre no es fácil. Supongo que es consecuencia de hacer siempre lo que de verdad quieres hacer, arriesgándote y equivocándote si es necesario.

No me gusta sentirme obligada a hacer las cosas o que sea algo a cambio de algo. Mi objetivo es continuar con el aprendizaje constante; los encuentros con otros artistas deben ser libres. Si no hay una conexión real, no me sentiría cómoda.

Después de tres años de trabajo con Farsa (Género imposible) ¿Qué es lo que te ha sorprendido del proceso creativo? ¿Qué es lo que no te esperabas y ha ocurrido?

Todo, me ha sorprendido todo, no me esperaba nada. La escucha, el aprendizaje, el intercambio, acompañar, dar. Todo. He aprendido mucho durante estos años. Por ejemplo, en el cine, el poder de la música en la imagen dando lo que se necesita, no más. Saber cuando es necesario ofrecer algo más sutil y poder aportar exactamente eso. Me parece muy bonito.

En el caso de la danza me ayudó a ‘estar’. Como además de hacer la música estaba también en escena, tenía que hacer movimientos muy lentos, ese ‘estar’ lento y pausado era muy poético y me emocionó muchísimo. Te obliga a ‘estar’ muy en el sitio, a ser más consciente, lo que me parece fundamental para todo, para cantar, para ser…

Un tema transversal del disco, casi sin pretenderlo, ha sido la maternidad. ¿Qué hay de tu madre en este proyecto?

La verdad es que me he dado cuenta de que este disco es un homenaje a ella. Soy muy consciente de que soy como soy, en gran parte, gracias a ella. Mi madre me ha respetado siempre mucho y me ha dado mucha confianza.

Ella estudió Historia del Arte y comenzó a dar clases en un instituto a los alumnos de la antigua COU. Y se dio cuenta de que los estudiantes no sabían expresar lo que sentían delante de una obra de arte. Era algo que no se había enseñado, únicamente se quedaban con memorizar técnicas, autores, estilos, épocas y nada más. Y mi madre es todo lo contrario a ‘no salirse de la línea’. Entonces quiso ir hasta la raíz, enseñando a los niños y niñas de tres a cinco años a expresar y sentir el Arte. Cantaba con una guitarra, pintaba, inventaba cuentos, interpretaba obras teatrales… Mezclaba todas estas disciplinas en el aula, de manera natural.

Poco a poco creó el método Alartis y un espacio de creación. Un lugar pensado para todo el mundo, supiera o no dibujar. Los alumnos trabajaban los colores dándoles personalidad, exploraban los pigmentos, hacían cursos de mimo… El espacio se transformaba continuamente, se exploraba con materiales, etc. Todo era una maravilla. Ella es así de auténtica. Entiende el Arte como una forma de expresión y de libertad.

A mi me ha acompañado mucho esa forma de ver el mundo. Es como si hubiera adquirido un lenguaje que me permite entender de forma natural a cualquier otro artista cuando creamos y trabajamos juntos. Mi madre me enseñó a ver esos puentes entre las disciplinas artísticas.

Mi madre me ha respetado siempre mucho y me ha dado mucha confianza. Me enseñó a ver esos puentes entre las disciplinas artísticas.

Sílvia Pérez Cruz

Te hemos escuchado decir que durante el proceso de creación de este disco has reflexionado acerca de la dualidad entre lo que somos y lo que mostramos… ¿Existe un miedo cada vez mayor a ser uno mismo, a mostrarnos tal y como somos?

No sé si va en aumento o siempre ha sido así; pero pienso que ahora es más sencillo crear un ‘robot’ de lo que queremos ser. Me preocupa cómo nos afectará todo esto siendo tan frágiles como somos, cómo afectará toda esta proyección de la perfección a seres tan bellamente imperfectos.

En el Arte lo encontramos todo. Existen miles de formas de pensar y sentir que se contradicen y eso me encanta. Me he dado cuenta de que lo que me gusta es trabajar desde esa fragilidad, buscar la belleza en la fragilidad y en la imperfección que nos define.

Además de tus padres, ¿quién más te ha marcado en tu vida y en tu música?

Las personas que mas me han marcado son las cercanas a mí. Mi hija es la persona que más me ha enseñado y de la que más he aprendido. Estoy rodeada de gente linda y me encanta ver cómo evolucionan. También me gusta observar a gente que no conozco, a gente que le apasiona lo que hace, sea lo que sea.

A nivel artístico, Morente y Caetano Veloso me han impactado mucho. Los veo con unas raíces muy profundas, valientes, creativos y ‘buscadores’, en el mejor sentido de la palabra. Los visualizo con unas raíces muy profundas y arraigadas en la tierra, y al mismo tiempo, con unas ramas que están en constante búsqueda por el universo. Me han inspirado mucho. También Nick Drake. En mujeres, Björk, Marisa Montes, Joni Mitchell, Chavela Vargas o Édith Piaf, entre muchas otras.

La cultura se encuentra con un nuevo escenario post-covid. Dentro de toda la problemática que supone, ¿puede ser también una oportunidad?

A nivel creativo, seguro. La gente sigue creando, es algo que no puede parar. Sobre todo, si siente frustración o cualquier otra emoción, es algo que al final se convierte en obra creativa. El problema lo veo en poder sobrevivir. La música y el arte en general además de una pasión son un oficio y ese oficio depende de un público y se debe cuidar esa relación. La creación sufre por el día a día, no por la posibilidad de crear, que siempre estará. La gente está sufriendo, no solo los artistas, sino todos los que están alrededor, toda la profesión.

A lo largo de tu carrera ¿Qué has aprendido de las emociones, de cómo se comparten las emociones a través de tu música?

Desde pequeña emocionaba a la gente que me escuchaba. Hubo una vez que una señora me dijo:‘¿Quién te ha contado mi pena que la has cantado’, y yo le dije: ‘no canto tu pena, ni siquiera la mía, le canto a la pena‘. Creo que la combinación de cantarle a lo universal, a lo que nos afecta a todos, a mostrar la fragilidad y las ‘imperfecciones’, como hablábamos antes, junto al efecto espejo, la transparencia y la seguridad es lo que crea esa emoción.

A parte, la música no pide permiso y te emociona cuando quiere. Si a eso le añades el ritual colectivo, llega el momento en el que todas esas personitas que nos sentimos solas, nos estamos emocionando juntas por lo mismo. No hay prejuicios en ese momento.

¿Cuáles serán tus próximos pasos?

Estoy preparando tres tipos de directos: uno sola, otro con banda, y otro, que aunque ahora está parado, será un concierto siguiendo con el diálogo entre artistas de diversas disciplinas. Este último será un trabajo más lento.

Lo que estamos haciendo ahora mismo es grabar vídeos en 16mm con el director Isaki Lacuesta de algunas de las canciones del disco. Lo estamos haciendo de una forma muy libre y poética. Me parece brutal como se va transformando el germen inicial del proyecto en mucho más. Está siendo una gran celebración del diálogo en la creación.

Cuestionario Furioso de Silvia Pérez Cruz:

Película favorita: 12 hombres sin piedad, de Sidney Lumet.

Serie favorita: Ahora estoy viendo Breaking Bad, aunque no veo muchas.

Cantante, músico o grupo favorito: Nick Drake.

Miedo tecnológico: la relación y el control de nuestra autoestima.

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