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Entrevista a Sergio Márquez: ‘Novela’, una historia pop sobre humanos

Parece que fue ayer cuando estábamos despidiendo el año 2021 entre pruebas de antígenos, y ya tenemos la primavera a la vuelta de la esquina. La gente anda por Madrid en una confusión de mangas cortas y abrigos, buscando los recortes de un sol de marzo que asoma entre los edificios. Yo me dirijo a un céntrico bar al encuentro de un tal Sergio Márquez. Intercambiamos unas breves cortesías (“¿qué tal?”, “¿cómo estás?”, y cosas por el estilo), y ocupamos una mesa junto a una ventana.

Así, a primera vista, Sergio no da el perfil de ratón de biblioteca, con sus pendientes, sus rayajos tatuados (que parecen hechos a bolígrafo), y su camiseta de los Dead Kennedys. Sin embargo, trabaja respondiendo a clientes y publicando textos en una conocida web de turismo, así como artículos sobre literatura en Lasfuriasmagazine.com.

Podría decirse, en cierta forma, que Sergio Márquez es un peón literario. También que odia la idea de someterse a una entrevista. Se le ve nervioso, con la cabeza gacha y jugueteando con las manos. Pero si algo nos ha enseñado Ricardo Moya es que no hay nada como un par de cervecitas para soltarle a uno la lengua.

De modo que pedimos la primera y nos ponemos a charlar acerca de lo que más nos interesa: los libros, la difusión de la cultura en la era post-Napster, la realidad de los tan denostados millennials y, sobre todo, la novela que Sergio Márquez tiene intención de publicar cuanto antes.

Sergio Márquez.
Sergio Márquez.

Hablamos con Sergio Márquez

Así que te gusta la literatura, ¿eh?

Sí, está chula.

¿Está chula?

Bueno, no voy a ser yo quien descubra Roma. La literatura es nuestro idioma como especie, y probablemente lo único que merece verdaderamente la pena, después de las personas.

Eso ya me cuadra un poco más. Y, dime, ¿cómo te picó a ti el gusanillo? ¿Te criaste en un ambiente literario?

Pues no especialmente. Aunque mi madre me leía muchísimo de pequeño, así que algo de culpa tiene.

Pero diría que, sobre todo, me viene de haber crecido en subcultura.

Explícate.

En realidad no tiene nada de particular. Quiero decir que yo no tengo una formación demasiado extensa. Empecé Filología Inglesa en 2005, pero no la llegué a acabar porque soy un poco desastre.

Leía en el colegio y el instituto, claro, y no me disgustaba. Pero empecé a escoger mis propias lecturas a los catorce o quince años porque vivía en un pueblo pequeño y, realmente, no había mucho más que hacer. Eso y jugar al baloncesto, porque los chicos mayores no nos dejaban utilizar la pista de fútbol a mi amigo Antonio y a mí.

Así que empezamos a leer por aburrimiento y tuvimos la suerte de dar con autores que nos gustaban a ambos. Era justo la época en que la gente empezaba a bajarse cosas por internet. Así que, para bien o para mal, la piratería nos ofreció un mundo de cultura que consumíamos como alimañas.

También las estanterías de nuestras casas. Mi amigo, por ejemplo, tenía una colección de clásicos de terror que vino con no sé qué periódico y que seguro que ningún miembro de su familia había leído hasta entonces. Quizá su hermano mayor.

El caso es que él la devoró y me la fue pasando. Y a medida que íbamos terminando libros los comentábamos entre nosotros, sentados en el suelo de la cancha y con un balón de básquet entre los pies.

Sergio Márquez.

¿Y a eso le llamas “crecer en subcultura”?

No solo a eso. A todo. Supongo que ninguno de los dos éramos los más listos de la clase, pero éramos curiosos. Y un descubrimiento nos llevaba a otro.

Pasaba con la literatura y con otras muchas cosas. Jugar al baloncesto, por ejemplo, nos abrió las puertas al hip-hop, porque estéticamente iban de la mano a finales de los 90 y principios de los 2000. Y el hip-hop a otros géneros musicales como el funk o el jazz. Y también a otras formas de poesía más… refinadas, quizá.

A mí me dio más por otros géneros musicales, pero el proceso era el mismo. Mis padres tenían muchos discos de los Beatles, y en I am the walrus mencionan a Edgar Allan Poe, que fue mi primer autor favorito (y que casaba perfectamente con las novelas de terror que intercambiaba con mi amigo). Musicalmente, a su vez, el pop-rock de los Beatles me llevó hasta Nirvana. Y Nirvana tenía una cover buenísima de David Bowie, que durante muchos años adoptó una imagen de dandy, que a poco que indagues te lleva a Óscar Wilde.

En definitiva, que éramos adolescentes, las chicas no nos hacían ni caso, y estábamos consumiendo cultura a lo bestia sin tener conciencia alguna de ello. Para nosotros estábamos pasando el rato, descubriendo cosas que, sencillamente, nos molaban.

Entonces, ¿ligar poco es indispensable para culturizarse?

No, no.

(Por fin, Sergio se ríe).

Eso era broma.

Quiero decir que nosotros hablábamos de… Mary Shelley o Bram Stoker de la misma forma que de nuestros grupos de música o jugadores de baloncesto preferidos. Con entusiasmo y sin ningún tipo de pretensión académica.

Y luego, con los años, claro, pues vas conociendo a otras personas y nutriéndote de distintas influencias. En la universidad (o en la cafetería más bien) hice un grupo de amigos a los que les gustaba y entendían mucho de literatura. Así que, aunque no estudié demasiado, ese periodo de mi vida también resultó muy formativo, y descubrí a los que todavía son algunos de mis autores favoritos: la Generación Beat, Charles Bukowski, Leopoldo María Panero

Me interesa mucho eso que has dicho antes acerca de la pretensión académica. ¿Te consideras, por así decirlo, una persona anti-academicista?

No. En la vida no creo que haya que ser anti nada (o anti muy pocas cosas).

Quedaría como un imbécil si intentase desdeñar o quitarle mérito a la labor académica. Tan solo digo que yo no cultivé el gusto por la lectura en las aulas. A mí eso me vino de afuera.

Me parece que la literatura, en particular, desprende un tufillo rancio para muchas personas. Sobre todo para la gente joven. Les parece algo inaccesible, algo que no está pensado para ellos.

Y no sé quién tiene la culpa de eso. Quizá el sistema educativo o las personas (que las hay y siempre las ha habido) a las que les gusta utilizar la cultura como un medio de segregación, como un palo elitista. El arte debe ser universal y, si no lo es, me parece que no cumple con su cometido, por definición. Y la literatura es arte, claro, aunque la mera palabra parece que causa como sarpullidos.

No digo que la literatura deba gustarle forzosamente a todo el mundo. Pero sí que existe para todo el mundo. En Satori en París, por ejemplo, Jack Kerouac dice que la literatura es compañía. Y, ¿a quién no le hace falta de eso?

De manera pasiva nos enriquece y nos hace sentir algo menos solos, por no decir que es un pasatiempo cojonudo. Y de forma activa nos da voz y es un medio de expresión magnífico, al alcance de todos, no solamente de unos pocos.

El Jardín de la Duermevela, primera novela de Sergio Márquez.
El Jardín de la Duermevela, primera novela de Sergio Márquez.

De hecho, tú eres prueba viviente de ello, ¿no? No en vano, ya tienes un libro publicado.

Sí, bueno… El Jardín de la Duermevela, se llama. Lo publiqué en 2011 con la editorial Alberto Santos. Es una historia de fantasía basada en los mitos del norte de España. No es gran cosa, pero creo que tiene encanto.

Les estoy muy agradecido a mis editores de entonces por haberme dado la oportunidad de publicar con veinticuatro años. No sé cómo habrán aprendido otros a escribir novelas, pero yo lo hice gracias a la ayuda y la paciencia de Carlos García-Aranda (que también es escritor) y el propio Alberto Santos.

Lo cual nos lleva a lo próximo que quería preguntarte: ¿tienes algún otro proyecto literario entre manos?

Pues sí, eso me temo.

Hace poco he terminado una novela de corte realista, nada que ver con “El Jardín”.

Y, ¿de qué va? Cuéntame.

¿Honestamente? De mis mierdas. Y ojalá que quien lo lea se sienta medianamente identificado con ellas y le entretengan como lo que son: los quebraderos de cabeza de un chico de nuestra generación y de clase trabajadora. Sus tristezas, sus alegrías, sus inquietudes, sus miserias… pero sin hacer apología de nada, espero, y sin caer en el drama fácil, que es repugnante. De hecho, aunque no sea un libro necesariamente de humor, me gustaría que los lectores se rieran en según qué puntos, y también que se conmuevan. Que no se queden indiferentes, vamos, y que les provoque un sentimiento, ya sea hilaridad, o ternura, o asco.

Duda.

¿Suena muy horrible?

No, para nada. De hecho, hablas de nuestra generación. ¿A qué te refieres exactamente?

Pues a las personas de treinta y tantos años (que, en el momento en que transcurre la novela teníamos veintimuchos), que tenemos que pelearnos por un sueldo de mil euros, y que compartir piso si no queremos ser unos parásitos en casa de nuestros padres.

La Generación Y, vamos, los millennials.

Exacto.

Y ya te digo que no es mi intención ni dar pena, ni impartir moralina, ni romantizar a un determinado estrato social, ni mucho menos.

Pero creo que hay una forma sencilla y honesta de hablar de las preocupaciones de uno mismo y de los que le rodean. Y eso es un poco lo que pretendí hacer, tomándome muy en serio la labor de escribir, pero no tanto lo que estaba escribiendo.

Sergio Márquez.
Sergio Márquez.

El protagonista o los protagonistas, entonces, ¿son millennials?

Sí, Marcos Sachs es un chaval que se asoma a la treintena, tiene un trabajo mediocre, y comparte piso en un suburbio de Madrid.

El libro comienza en un momento de su vida un poco jodido: su novia acaba de dejarle para irse a trabajar a otro país, y él se encuentra inseguro, sin saber muy bien hacia dónde tirar. Ha descuidado su vocación, que es, obviamente, escribir, y tiene una novela a medias que pretende publicar, pero que no tiene ni idea de cómo acabar.

La historia cuenta cómo hace frente (o no) a estos y otros dilemas propios de su edad, y habla de su contexto personal: su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo, etc. Y todo dentro del marco de una España posterior al 15-M, marcada por la recesión económica, el descontento con la clase política, el inmovilismo social, y demás.

En resumen: el libro trata acerca de un cualquiera, que tiene algo de acabao y de looser, y de aquellas personas que juegan un papel relevante en su vida, de una forma u otra. Esto me sirve de pretexto para describir un buen número de anécdotas del personaje, que espero que resulten interesantes y divertidas (dentro de la normalidad un tanto insatisfactoria en que transcurren).

Entiendo. ¿Y cómo se llama?

Novela”.

Ya, ya. Pero que cuál es el título.

Novela”.

Vuelve a reírse.

Mi intención fue darle un aire como de canción de las que me gustan, compuestas con tres o cuatro acordes, directas y al grano. Dejarla sin título me recuerda a una canción de garaje, que suena un poco a lata, pero que no está desprovista de un cierto lirismo urbano.

Una canción punk, vamos.

Sí, eso sería estupendo.

Entonces, ¿en qué género la englobarías? ¿Realismo sucio?

Creo que eso sería demasiado ambicioso por mi parte.

Realista, sin duda, aunque también he intentado infundirle un poco de actitud. En una ocasión leí un artículo de Kiko Amat en el que hablaba sobre “pop y humanos”. Ya no recuerdo de qué iba, pero me quedé con ese enunciado.

Así que si existe un género literario pop y que trate sobre humanos… supongo que ahí encajaría “Novela”.

Sergio Márquez.
Sergio Márquez.

Ya has mencionado a varios autores que te gustan. ¿Querrías comparar tu novela con alguna otra para que los lectores se hagan una idea?

Bueno, sí, aunque salvando muchísimo las distancias.

Me gusta pensar que se parece un poco a Rompepistas (ya que hablamos de Kiko Amat), porque gran parte de ella transcurre también en un pueblo y trata sobre gente joven enfrentándose al tedio un poco como mejor saben.

También a Feria de Ana Iris Simón, que leí el año pasado y me voló el peluquín. Ojalá haya logrado transmitir un poco de la sinceridad que ella desprende al escribir sobre su familia y amigos.

Y a Al final siempre ganan los monstruos, de Juarma, que no tiene pelos en la lengua.

Y también se me ocurre que a La extranjera, de Claudia Durastanti, en la que también habla de sus mierdas, en esencia, pero mucho mejor que yo, está claro.

Está bien ser modesto.

Gracias.

Pues creo que, pese a tu modestia, “Novela” tiene muy buena pinta.

Me alegro.

Y, dime, ¿en qué estado de publicación se encuentra?

Pues todavía buscando editorial, la verdad.

Déjanos tus señas, entonces, por si alguna lee esta entrevista.

Guay. Mi correo electrónico es smarquezg1987@gmail.com, y en Twitter se me puede encontrar en @MonstruoDelica1.

¿Eres muy activo en Twitter?

No mucho, la verdad. Solo retuiteo artículos (míos y de otros amigos) y cosas de baloncesto. Pero sí entro en mi cuenta a menudo y, cuando me llega algún mensaje, lo veo en seguida.

Perfecto. Espero que tengas mucha suerte…

Muchas gracias.

…y que Novela se publique pronto.

Yo también lo espero.

Bueno, ¿qué? ¿Otra cerveza?

Por supuesto.

Cuestionario Furioso de Sergio Márquez

Película favorita: Hook, de Steven Spielberg.

Serie favorita: La serie animada de Batman de los años 90, de Bruce Timm.

Libro favorito: En el camino, de Jack Kerouac.

Cómic favorito: The Sandman, de Neil Gaiman.

Cantante, grupo o músico favorito: Placebo.

Artista plástico favorito: Egon Schiele.

Miedo tecnológico: Que termine de írsenos la olla con el
mundo digital y acabemos completamente deshumanizados.

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