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‘Yo siempre a veces’: ser madre en tiempos de precariedad

Marta Bassols y Marta Loza estrenan en Movistar Plus+ su primera serie como creadoras y llegan pisando fuerte. En Yo siempre a veces, Laura, interpretada de forma brillante también por una actriz revelación como Ana Boga, ha decidido tener al hijo que engendró en una noche de locura. Y la maternidad se convierte en su prioridad, pero para ello también debe sobrevivir en una Barcelona gentrificada y con la vivienda totalmente abusada por la especulación.

Laura trabaja en Berlín organizando eventos musicales y festivales, pero ha vuelto a Barcelona por un tiempo. Es entonces cuando conoce a Rubén. Tan solo dos meses después, en una noche de alcohol, droga y sexo desenfrenado ella le susurra al oído: “hazme un hijo”. Y como por arte de magia –o como resultado de la fecundación–, allí estaba, embarazada. Nueve meses después nace el pequeño Mario. Sin embargo, lo que resulta más impredecible no es que decida tener al bebé, sino cómo se desarrolla su maternidad posteriormente.

Estamos ya acostumbradas a ver nuevas creaciones que rompen con el mito de la maternidad. Algunas directoras como las de Salve María (Mar Coll, 2023) en España, o Si pudiera, te daría una patada (Mary Bronstein, 2025) en el ámbito internacional, ponen en el centro a madres que no pueden más, que están agotadas y cuya ansiedad es palpable para la persona espectadora. Esa imagen que tradicionalmente se representaba como “la mala madre” pero que actualmente empieza a construirse como la maternidad más cercana a la realidad.

No obstante, en Yo siempre a veces, la maternidad de Laura está basada en el cariño y amor incondicional que ella desarrolla por su hijo. Aunque es joven y Mario no fue buscado, Laura se vuelca por completo con él y, además, abraza el hecho de ser madre con todo el amor que tiene para dar. Realmente, ama ser madre. Pero la vida se le cruza en el camino poniéndole todo tipo de obstáculos: el acceso a la vivienda, la precariedad laboral, la ausencia del padre, las amistades… Y todo esto es perfectamente representado en seis episodios de media hora que son una joya.

Yo siempre a veces: la gentrificación y la especulación de la vivienda

Hay múltiples temas que preocupan a la juventud hoy en día, pero la vivienda es una de las principales. Actualmente se ha vuelto prácticamente imposible adquirir una casa en propiedad dado que los precios están por las nubes. Y no solo eso, sino que la mayoría de las viviendas que son compradas se convierten en pisos turísticos que se multiplican como setas en una ciudad totalmente gentrificada. Fondos buitres, desahucios, compras de viviendas para trocearlas y hacer pisos de menos de 40 metros cuadrados y un largo etcétera de situaciones abominables que convierten un derecho constitucional en un juego de apuestas para ver quién gana más. Porque perder ya sabemos quién pierde siempre.

En Yo siempre a veces la protagonista Laura pasa por distintos pisos a lo largo de la temporada. Cada episodio es una situación vital diferente empujada por las circunstancias y cada situación la vive en un espacio distinto –a cada cuál peor–. En uno de ellos, la propia Laura tiene que sufrir las consecuencias de la especulación de la vivienda para hacer viviendas turísticas.

¿Cómo es posible que no pueda dormir a su hijo de tan solo un año porque sus vecinos turistas no bajan el volumen de la música? Este episodio, además, contiene una de las secuencias más asfixiantes de Yo siempre a veces, donde, sin duda, la maternidad se pone contra las cuerdas. Un punto de inflexión para Laura, donde debe afrontar que necesita un cambio radical en su vida para poder seguir viviendo y manteniendo a su pequeño Mario.

En tan solo tres horas, las creadoras son capaces de poner sobre la mesa la mayoría de los temas que preocupan a la sociedad y, particularmente, a la gente joven. Y, además, lo hacen a través de un relato feminista muy rico en sus matices, pero muy cercano a historias reales.

Ana Boga en Yo siempre a veces.
Ana Boga en Yo siempre a veces.

Yo siempre a veces: la maternidad en tiempos de precariedad

La representación cinematográfica de las madres en contextos conflictivos es muy amplia. Desde Techo y comida (Juan Miguel del Castillo, 2015) hasta La Maternal (Pilar Palomero, 2022), vemos distintas circunstancias donde madres solteras deben hacer frente a la pobreza y la búsqueda de distintas formas para sobrevivir. Sin embargo, en Yo siempre a veces encontramos un aspecto genuino que es la capacidad de construir un drama –el que es–, pero con los tintes cómicos justos para afrontar la tragedia desde otro punto de vista.

La precariedad de Laura, además, se contextualiza en una actualidad muy real protagonizada por la crisis de la vivienda primordialmente, pero, también afectada por los roles de género. En las películas nombradas anteriormente, las madres son solteras y son conscientes que deben cuidar de sus criaturas ellas solas porque no tienen otra opción. Sin embargo, cuando Laura decidió tener a Mario lo hizo acompañada de Rubén. Eran una pareja apasionada y feliz, hasta que a Rubén le tocó hacerse responsable del hijo que habían tenido.

A lo largo de toda la serie se observa cómo Rubén quiere ser padre y adora a su hijo, pero el sistema patriarcal le ha enseñado que, para ello, no tiene que responsabilizarse ni hacerse cargo de este. En Cinco Lobitos de Alauda Ruiz de Azúa ya veíamos cómo el padre está ausente porque tiene que trabajar. Pero en el caso de Yo siempre a veces el padre está ausente, porque su rol es ese, porque no sabe hacerlo de otra forma, ni se esfuerza por intentarlo.

Porque ser madre en la época actual no es nada fácil, pero ser madre pensando que estás acompañada y al final verte sola, con tu compañero poniéndote un obstáculo tras otro, es todavía más doloroso.  

Yo siempre a veces.
Yo siempre a veces.

Yo siempre a veces: vente a Alemania Laura, que aquí trabajarás y te pagarán por ello

Otro de los aspectos que las creadoras reseñan, como consecuencia de la precariedad laboral y la crisis de la vivienda, es el éxodo en busca de trabajo. Y lo más curioso es que esto no es nuevo. La situación donde la gente joven se ve abocada a irse fuera de España para buscar trabajo no es algo que acabe de surgir ahora. Es más, ha pasado históricamente. Múltiples representaciones audiovisuales desde Vente a Alemania, Pepe (Pedro Lazaga, 1971) hasta aquellas que retratan la crisis de 2008 como Perdiendo el norte (Nacho G.Velilla, 2015) y la más reciente Muy lejos (Gerard Oms, 2025), hablan sobre la emigración de españoles a otros países europeos y, especialmente, a Alemania.

En Yo siempre a veces vemos una primera particularidad que rompe con lo anterior y es la protagonista, que es una mujer que ha sido madre joven. Ella se había quedado en Barcelona para estar con Rubén, un amor repentino que le hizo decidir de forma irracional por encima de su necesidad de trabajar. Lo que Laura no esperaba es que no encontraría un trabajo decente que pudiera pagarle todos los gastos que iba a tener, incluidos ahora los de cuidar a un bebé, que no son baratos.

Rubén no le pasa pensión y tampoco comparte las responsabilidades con su hijo, así que, ¿debería irse de nuevo a Berlín y separar a Mario de su padre para poder ganar dinero y darle a su hijo techo y comida, o debería quedarse en Barcelona y seguir sufriendo las consecuencias de la precariedad?

Ana Boga en Yo siempre a veces.
Ana Boga en Yo siempre a veces.

Yo siempre a veces: madurar consiste en equivocarse y aprender de ello

La vida está llena de decisiones, algunas mejores y otras peores. Pero todo el mundo se ha equivocado alguna vez y ahí reside uno de los aspectos más esenciales de la madurez. Comúnmente, las protagonistas de las películas y la series, aunque tomen malas decisiones, suelen tener un desenlace positivo, siendo así construidas como las heroínas a nivel narrativo.

Sin embargo, Laura, la protagonista de Yo siempre a veces se representa como una antiheroína que, algunas veces nos cae bien, y otras no tanto. Una persona real como las que nos podemos encontrar en nuestra vida a diario o, incluso, como nosotras mismas. Una de las claves para que esto ocurra es la elección de la actriz. Ana Boga, desconocida hasta ahora, demuestra su gran habilidad interpretativa y nos deja con ganas de ver muchos más trabajos donde ella aparezca.

En definitiva, las creadoras Marta Bassols y Marta Loza traen a Movistar+ una serie realista y crítica, y a veces divertida, que nos traslada a un relato muy cercano y actual desde una perspectiva feminista exquisita. La ficción nos suele regalar historias que nos hacen soñar e imaginar que somos otras personas durante unas horas, pero, en algunas ocasiones, también es necesaria una ventana a lo que nos rodea para que nos despierte del letargo.

Porque la vivienda es un derecho constitucional y, en la actualidad, no todo el mundo puede tener acceso a ella.