‘Amarga Navidad’: Almodóvar se atreve con una película de vampiros

En los cines se encuentra la nueva película de Pedro Almodóvar y eso siempre es motivo de celebración. Amarga Navidad, como viene siendo costumbre con el cine del director manchego, polariza la opinión de su público y sus detractores hacen mucho ruido, pero a mí me ha gustado mucho. Me encanta el cine de vampiros, y Pedro Almodóvar ha hecho una de las mejores películas del género de los últimos años.

Póster de Amarga Navidad.
Póster de Amarga Navidad.

Amarga Navidad: metacine y autoficción

Esas son dos particularidades del cine de Almodóvar. Al director le gusta sacarle las tripas a su cine y dejarnos ver sus bambalinas. También le gusta mostrarse sin ningún tipo de pudor y contarnos algún que otro secreto camuflado de forma misteriosa (o no) entre los conflictos de sus personajes.

Amarga Navidad no es una excepción. En su nueva película encontramos lo mejor de esas dos características. La película va de un director de cine exitoso (magnífico Sbaraglia como alter ego de Almodóvar) que escribe el guion de un film que va sobre una directora de cine (genial Bárbara Lennie, también como otro alter ego de Pedro) que escribe el guion de su nueva película. ¿Cómo os quedáis?

Las escenas entre las dos ficciones se van mezclando y complementando, ya que ambas, de alguna manera, cuentan la misma historia, con los mismos personajes, pero interpretados por diferentes actrices y actores. Los personajes de la película se completan y conocemos mejor de dónde vienen y a dónde van gracias a las dos historias.

El guion de Pedro juega y se mueve con soltura entre su propia realidad y la de sus alter egos. Es una auténtica maravilla. No alcanza el nivel de genialidades como All of Us Strangers, pero tampoco lo busca. Su historia no es onírica ni va de fantasmas, literarios o no: como decía al comienzo, Amarga Navidad va de vampiros.

Leonardo Sbaraglia en Amarga Navidad.
Leonardo Sbaraglia en Amarga Navidad.

Amarga Navidad: ¿un Arrebato del siglo XXI?

Si pensáis que lo decía de coña, os equivocáis, lo digo muy en serio. Cuando salí del cine después de ver Amarga Navidad, sentí que había visto una gran película de vampiros. Me recordó, evidentemente, a Arrebato de Zulueta por la cuestión del metacine y me vino a la cabeza una fascinante frase del Drácula de Coppola: “te condeno a la muerte en vida, al hambre eterna por la carne viva”. AVISO DE SPOILERS.

Ambos personajes (los de Sbaraglia y Lennie) tienen esa hambre eterna, no por “la carne viva”, pero sí por la vida de las personas de las que se rodean. Son personas que se alimentan de las vidas y de las historias de los demás, egoístamente, sin ningún tipo de empatía, con la única idea de inmortalizarlos en su cine, en sus guiones. De alguna manera, parecen vivir “muertos en vida”: no se acaban de involucrar nunca, son espectadores, hambrientos parásitos que necesitan de las historias y desgracias del resto para poder seguir vivos.

El final de la película es desgarrador, porque demuestra que cuando eres un vampiro, cuando necesitas de los demás para seguir vivo e inmortal, te dan igual las consecuencias, y es algo que seguirás haciendo hasta el final de tus días. Es adictivo y gratificante. El resto tan solo son herramientas intercambiables e imperecederas. Tu arte, no.

Amarga Navidad: bellos vampiros adictos y cinéfilos

Porque el vampirismo no solo tiene relación con beber sangre: tiene que ver con alimentarse de los otros para poder vivir, con dejarlos secos, sin vida, y quedarte tú con la de ellos. Tiene que ver con la adicción, con ese placer que se convierte en condena por conseguir más sangre, más vidas o más historias que te mantengan vivo.

En ese sentido, la película de Almodóvar es maestra. Esta vez, el director se coloca en esa posición de villano egoísta y chupóptero. Es muy crítico con sus decisiones, con su creación y con su vida. Da la sensación de que se ha convertido en ese Lestat que se ha cansado de vivir y que busca su muerte quemándose en el desierto de Gobi. Pero, como Lestat, Almodóvar es demasiado poderoso como para morir. Debe seguir vivo, aunque le dé pereza su vida.

Porque en Amarga Navidad la autocrítica es otra de sus virtudes. Pedro muestra las costuras de su guion (como cuando se nota su deus ex machina en personajes que desaparecen o historias reconducidas) desde una mirada crítica, así como también destaca sus aciertos, como los dos momentos musicales de la película.

También critica su clasismo, su vampirismo y el vacío de una vida contemplativa carente de acción. Los vampiros en los que se representa Almodóvar son bellos, pero viven encerrados en sus rutinas, adictos, con dolores de espalda y miedos creativos.

Barbara Lennie y Milena Smit en Amarga Navidad.
Barbara Lennie y Milena Smit en Amarga Navidad.

Amarga Navidad: su Pantone y reparto

Como viene siendo costumbre, su película es estética hasta decir basta. Es preciosa. Mantiene su característico Pantone almodovariano y los escenarios en los que se desarrolla, así como el vestuario, son absolutamente exquisitos. También lo son, una vez más, la imprescindible música de Alberto Iglesias y una fotografía y unos encuadres marca de la casa.

Por otro lado, su reparto aprueba con nota la asignatura de interpretación almodovariana. Victoria Luengo ofrece un trabajo de contención y autocontrol brutal. Su mirada comunica con la misma veracidad que su voz, y da la sensación de que es una bomba a punto de estallar, pero que solo ella tiene el botón para que eso ocurra. Patrick Criado ofrece una interpretación muy alejada de lo que nos tiene acostumbrados, demostrando ser uno de los mejores actores de su generación.

Aitana Sánchez-Gijón, que vive uno de los mejores momentos de su carrera, borda su personaje y demuestra que hace tiempo que se graduó en esta asignatura; y tanto Milena Smit como Quim Gutiérrez ofrecen personajes sutiles que dicen mucho desde lo mínimo.

Como ya adelanté, Sbaraglia y Lennie están soberbios como los alter ego de Pedro. También te digo: ¿quién no querría a esos intérpretes para hacer de alter ego de uno mismo?

En la película también hay más de un cameo que os sacará más de una sonrisa o que os hará ir corriendo a Spotify.

Amarga Navidad: siempre Almodóvar

No me gustó nada La habitación de al lado, me pareció ridícula en algunos pasajes y que su mundo le iba a la contra a la historia que nos quería contar. Pero con Amarga Navidad me reconcilio con un Almodóvar inquieto, creativo y más autocrítico y vampiro que nunca. Un director con una habilidad mágica para crear personajes fascinantes en los que los hombres parecen no haber sido influidos por la masculinidad social y las mujeres no son accesorias, sino el espejo en el que nos debemos mirar para reconocernos.

Amarga Navidad no se considerará como Todo sobre mi madre, Volver, Dolor y gloria o Mujeres al borde de un ataque de nervios, pero es una auténtica joya en la que su director nos cuenta que su hambre eterna por las historias y por su cine es más fuerte que su propia necesidad de redención. Y quizá ese sea el mayor acto de honestidad del film: asumir que el arte, en ocasiones, no es un acto noble, sino profundamente egoísta.

Saludos furiosos.