Sitges 2026: ‘Sanguine’, la epidemia del sistema capitalista
La directora francesa Marion Le Corroller estrena, Sanguine, una magnífica sátira sobre el mundo laboral. El terror corporal con subtexto social sigue en tendencia y encontramos de nuevo una explotación muy acertada de este subgénero. La película francesa se cuestiona cómo sería el mundo actual si las personas jóvenes tuvieran que adaptarse, físicamente, al sistema laboral que les oprime. La metamorfosis del ser humano hacia una especie harta de vivir solo para trabajar.
El sistema capitalista se ha extendido como un virus sin remedio por todos los rincones del mundo. El ritmo frenético del mercado laboral es totalmente imparable y ha arrastrado a múltiples generaciones a situaciones de estrés extrema. La depresión, la ansiedad e incluso el suicidio son algunas de las consecuencias que las generaciones más jóvenes están sufriendo por no poder llegar al ritmo laboral que se les exige. Sobre todo, porque los salarios no se asimilan al nivel de vida que sigue aumentando a gran velocidad.
Tenemos muy cerca una crisis por la vivienda que ha hecho que la sociedad estalle por el hartazgo y diga basta. Las personas ya no se pueden permitir pagar un lugar donde vivir, que por otro lado es un derecho constitucional, y viven en situaciones totalmente precarias. Y mientras tanto, tienen que hacer frente a trabajos con condiciones totalmente inaceptables y salarios irrisorios que no dan ni para hacer la compra en el supermercado.
A esto hay que añadir que ciertos trabajos tienen más obstáculos que otros. La sanidad y la educación pública están siendo fagocitadas por un sistema privado voraz. Y mientras tanto, el personal que trabaja en estos contextos tiene que hacer frente a horas extras que hacen que termines totalmente quemada. Vivir para trabajar, cobrando un sueldo muy bajo, provocando que miles de personas tengan ansiedad y depresión, pero no puedan permitirse ir a terapia porque no tienen ni tiempo ni dinero. Un bucle mortal que arrastra a la sociedad a una situación límite extrema.
La presión laboral se traslada incluso a problemas y enfermedades físicas muy reales. En definitiva, una epidemia imparable que, llevada al género del body horror se convierte en una magnífica película.

Sanguine, cuando sobrevivir en el sistema laboral te cuesta sangre y sudor
En la primera secuencia de la película francesa vemos cómo un camarero de una cadena decomida rápida sonríe y atiende a la clientela sin rechistar. Mientras tanto, un contador corre para marcarle el ritmo al que tiene que servir la comida. Un ritmo imposible de seguir. Y tal y como ya vaticinaba Charles Chaplin en Tiempos modernos (1936), esta cadena de producción puede llevarte a un límite muy peligroso. Y llegar a ese límite, quizás, como le ocurre al protagonista de esta primera escena, podría llevarte a una espiral de violencia incontrolable que arrastraría a todas las personas que te rodean al abismo contigo.
La protagonista de la película, Margot (Mara Taquin), es una residente en las urgencias de un hospital en Francia. La doctora que les supervisa les exige desde el primer momento un nivel de trabajo que es prácticamente inalcanzable. En este sistema laboral, las personas son un simple número y, lo importante deja de ser la calidad del trabajo, por debajo del número de personas que se atiendan en un día. Quién no ha pedido cita en su Centro de Salud y, tras varios días esperando, ha llegado a consulta y le han despachado en tan solo dos minutos.
La sanidad pública está tan absorbida por el sistema privado que los recortes han provocado que la atención médica se haya convertido en un restaurante de comida rápida. En el tiempo que se hace una cheeseburguer el personal sanitario debe explorar y diagnosticar a las pacientes que llegan a Urgencias. Y si no lo hacen, si no se adaptan al ritmo frenético que les explota, serán desechados por la siguiente persona en la lista. Así que, aunque cueste sangre y sudor, hay que agachar la cabeza y trabajar.
Series brillantes como Severance (Dan Erickson, 2022-) ya trasladaron a la ficción y el mundo distópico este sistema capitalista asesino que nos explota hasta límites impensables. Sin embargo, Sanguine nos muestra este concepto desde una perspectiva mucho más extrema: el body horror.

Sanguine, el body horror, una tendencia al alza apta solo para un público con estómago fuerte
El subgénero del terror corporal es para paladares muy peculiares. Desde directores de renombre como Cronenberg, la descomposición y transformación de los cuerpos empezó a forjarse un público muy específico. Es un tipo de cine que o lo amas, o lo odias. En la actualidad, directoras que podrían enmarcarse dentro del Nuevo Extremismo Francés, han hecho de este subgénero su huella autoral. Julia Ducournau es una de las más destacadas en este ámbito con películas como Crudo (2016), Titane (2021) o Alfa (2025). Coralie Fargeat, por otro lado, desde una perspectiva de género exquisita, pasó del cine más brutal de venganza con Revenge (2017) a un obra maestra del terror corporal feminista: La Sustancia (2024).
En la película de Marione Le Coroller encontramos la evidente influencia de esta última. Con escenas claramente inspiradas por La Sustancia, la cineasta francesa recoge el testigo y lo traslada al ámbito laboral de forma brillante. Uno de los rasgos más característicos es la paleta cromática. El rojo es el protagonista de esta pieza audiovisual, el cual se utiliza sin extravagancia, sino en su justa medida. Este juego con la iluminación se convierte en un aspecto muy acertado para cerrar una película maravillosa.
Y es que el trabajo que hace la directora en Sanguine, junto a Guillaume Schiffman en la dirección de fotografía, resulta en una pieza totalmente sinestésica que traslada a los colores y las texturas toda la rabia y agotamiento que la protagonista no sabe ya cómo gestionar. El cuerpo es sabio y siempre nos dice cuándo parar pero, ¿qué pasaría si llegados a cierto punto nuestro cuerpo se transformara para adaptarse sin poder dar marcha atrás?
Como última pieza esencial que cierra una película muy buena encontramos un reparto exquisito. La protagonista –que por fin es bisexual, sin que su trama gire en torno a ello-, es Mara Taquin, la cual transmite todo lo que siente con tan solo una mirada. Junto a ella volvemos a ver a la protagonista de El consentimiento (Vanessa Filho, 2023), Kim Higelin, y al actor de Sex Education Sami Outalbali. Finalmente, la estricta doctora jefa es Karin Viard, actriz con una carrera ya muy asentada en la industria cinematográfica.

Sanguine, ¿hasta dónde llegan los límites de la explotación laboral?
Marione Le Coroller nos cuenta que durante años trabajó dentro del mundo de las finanzas y esto la llevó a crear su primer largometraje: Sanguine. Y por este motivo presenta una premisa muy clara –quizás demasiado clara en algunas ocasiones-. La gente está quemada de las condiciones laborales y, en algún momento, deberíamos decir basta.
Las empresas privadas son las mayores beneficiadas en este ritmo impuesto, y el sistema capitalista no deja de hincharse mientras que la sociedad se desinfla a su paso. El sistema capitalista está enfermo y nos está enfermando sin parangón.
En Sanguine este sistema se convierte en una epidemia imparable que, literalmente, hará que nos mute el cuerpo. Como cualquier animal que va evolucionando para adaptarse al medio, pero a lo bestia.
