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‘Alcarràs’, de Carla Simón, representará a España en los Oscar 2023

La directora Carla Simón puede hacer historia y ser la primera directora que representará a España en los Premios Oscar de 2023. Su película Alcarrás, será la encargada de competir por la prestigiosa estatuilla. Esperamos que quede entre las nominadas y no se quede fuera de la carrera de los Oscars de 2023 como ya ocurrió con su Estiu 1993.

Antes ya ganó el premio del jurado del Festival de Cannes 2021 y el Oso de Oro en la Berlinale 2022. Merecidísimos premios por su excelso trabajo en Alcarràs, su último filme. Una película sobre la vida rural española y la familia, tan sencilla como sublime.

Siguiendo la misma línea de su ópera prima Estiu 1993 (2017), la directora catalana aborda el choque entre lo rural y urbano. Un retrato costumbrista sobre la vida en el campo que va más allá del trabajo y la crítica social. Atrayendo toda la atención hacia los rasgos más humanos. Los vínculos emocionales. Y la diversidad intrageneracional inevitable.

Alcarràs.
Alcarràs.

La vida rural, el arte, y algún conejo muerto

El pintor Jean-François Millet fue uno de los pintores más aclamados por su representación de la vida rural. En 1857 expuso Las espigadoras en el Salón de París. Una pintura que no tuvo una acogida inicial demasiado calurosa. El arte es un concepto tan abstracto como concreto.

Las espigadoras, de Jean-François Millet.
Las espigadoras, de Jean-François Millet.

Cuando el artista dadaísta Duchamp expuso La fuente en 1917 fue recibida como una broma de mal gusto. ¿Un urinario en una galería de arte? “Les arrojé a la cabeza un urinario como provocación y ahora resulta que admiran su belleza estética…”, declaró Duchamp. Finalmente terminó por convertirse en pieza clave para el impulso del arte conceptual.

Fuente, de Marcel Duchamp
Fuente, de Marcel Duchamp

El 11 de noviembre de 1965 Joseph Beuys deambulaba por una Galería de Arte en Düsseldorf ataviado con un traje de fieltro y el rostro untado con miel y polvo de oro. Entre sus brazos llevaba una liebre muerta. A la cual le iba explicando en susurros los cuadros que estaban expuestos en la sala. La audiencia se quedó atónita ante tal bizarro espectáculo. En esa misma línea de arte conceptual, el artista buscaba explotar la imaginación de las personas que lo observaban.

Joseph Beuys y la liebre.

Sin embargo, las tendencias y movimientos artísticos van evolucionando y agotándose con el tiempo. Este tipo de arte más conceptual también fue trasladado al cine a través de las vanguardias. Tal y como hizo Luis Buñuel con sus aclamadas obras cinematográficas. En la actualidad, ante tanta ficción y consternación por la realidad acuciante, el cine da un giro hacia lo realista. El séptimo arte contemporáneo decide poner el foco en los retratos más íntimos y sociales. Tal y como hace de forma espléndida Carla Simón. Con un retrato donde, en este caso conejos muertos, también forman parte del paisaje esbozado. Aunque desde una perspectiva mucho más afectiva.

Alcarràs.
Alcarràs.

Del mismo modo que Millet hizo con Las espigadoras (1857), y posteriormente Agnès Varda en su exquisito documental Los espigadores y la espigadora (2000). La directora catalana dibuja un retrato de la vida rural brillante. Sin duda, una gran obra de arte que no puede ponerse en cuestión. Hermana de otras cintas cinematográficas enmarcadas en la misma tendencia. Como son aquellas realizadas por Carlos Marqués-Marcet (Tierra Firme, 2017 o Els dies que vindran, 2019) o Clara Roquet (Llibertat, 2021). Algo que también se refleja en la obra de la propia directora. La cual estableció su sello de autora con su rica ópera prima Estiu 1993 (2017). Abrazando esta misma atmósfera en su último filme.

Alcarràs: La España “vaciada” por la oleada capitalista

Alcarràs es un municipio de Cataluña perteneciente a la provincia de Lleida. Lugar que no volverá a caer en el olvido gracias al impecable trabajo de Carla Simón junto a Arnau Vilaró en el guion.

El término de la “España vacía” o “vaciada” se convirtió en un concepto muy mediático hace años. Haciendo referencia a aquellas zonas que habían sufrido una gran emigración del mundo rural hacia las zonas urbanas. Un movimiento migratorio provocado por la oleada del capitalismo que arrasó con las zonas rurales. Vaciando así ciertos lugares donde la principal fuente de economía era la agricultura y la ganadería.

Hoy en día, dicho problema se ve acrecentado con el crecimiento imparable de la privatización y la expansión de las grandes empresas. Situación que también se ha visto reflejada en otros contextos. Como se observa en la reciente película Costa Brava, Líbano (2021), escrita por Mounia Akl y Clara Roquet.

En Alcarràs, esta crítica y reivindicación es llevada a la pantalla a través de una historia tan íntima como conmovedora. Tan cruda como real. Poniendo el foco en las relaciones intrafamiliares. Siendo la incursión del capitalismo en el mundo rural la situación detonante de los arcos narrativos de los personajes.

Las tierras de la familia Solé se ven amenazadas por la urbanización. Un lugar donde, durante varias generaciones, se ha cultivado una gran extensión de melocotoneros, y otras frutas. En este caso, el refrán que dice “cada uno recoge lo que siembra” se ve derruido por el estruendo de las máquinas. El monstruo de metal que en la primera secuencia de la cinta le roba a la pequeña y los pequeños su espacio de juego: un coche viejo.

Alcarràs, de Carla Simón.

Con esta premisa, se sienta el precedente de una obra cinematográfica imprescindible. Donde la infancia tiene un rol clave. Del mismo modo que el resto de generaciones, cada una desde su perspectiva. Exponiendo la diversidad de sectores etarios y roles sociales.

Un retrato humano, con rostros poco conocidos que quedan grabados en la memoria

A través del filme, se representa de forma hermosa la evolución de la sociedad. Con sus ventajas y desventajas. Donde la infancia y la adolescencia son un engranaje esencial para el avance de los roles de género. Los cuales se han visto estancados en ciertos sectores rurales. Pero van evolucionando a través de estas generaciones que cuestionan ciertas costumbres desde las acciones más sutiles e incluso inconscientes. Algo que la directora sabe trasladar a la pantalla de forma sobresaliente. Sin extravagancias o alegatos explícitos. Sino con un desarrollo apacible y entrañable que va sumergiendo a la audiencia paulatinamente en la atmósfera construida.

Esto no habría sido posible tampoco sin el espectacular trabajo de interpretación del elenco. Un reparto actoral que no muestra ningún rostro conocido. Y en ello reside su mayor virtud. Con actuaciones estelares llevadas a cabo con una naturalidad apabullante. La cual transmite las emociones de los personajes a la perfección. Particularmente destacan Jordi Pujol Dolcet en el complejo papel de Quimet. Así como la pequeña Ainet Jounou encarnando a Iris. Siendo este uno de los personajes más conmovedores, imprescindibles y elaborados de la cinta.

 Jordi Pujol Dolcet en Alcarràs.
Jordi Pujol Dolcet en Alcarràs.

Finalmente, hay que reseñar el trabajo de Xènia Roset y Albert Bosch. Que interpretan el papel de la adolescente Mariona y su hermano Roger. Siendo la figura de este último esencial para entender la brecha entre lo rural y lo urbano respecto a las generaciones más jóvenes.

Una historia tan imprescindible como las imágenes que la envuelven

Esta excelsa historia narrada, se ve arropada por unas composiciones y narración visual espléndidas. La directora de fotografía Daniela Cajías lleva a cabo un trabajo impecable. Regalando a la audiencia una serie de imágenes preciosas. Con puestas de sol y amaneceres que terminan de dar forma a una película imprescindible en la escena cinematográfica actual.

Este trabajo además se ve facilitado por los paisajes que enmarca. El municipio de Alcarràs y en particular los cultivos de la familia Solé son un hermoso escenario donde rodar. Cada recoveco filmado entre las ramas de los melocotoneros. Cada rayo de luz que atraviesa la clorofila de sus hojas. Detalles tan ínfimos como enriquecedores.

Ainet Jounou en Alcarràs.
Ainet Jounou en Alcarràs.

Un retrato costumbrista basado en lo íntimo y realista. Sin incursiones ficticias, ni siquiera a través de la música. Siendo la diegética la única presente. Toda la música surge de los altavoces que se localizan dentro del propio universo construido.

Una de las creaciones musicales más destacadas es la entonada por el propio elenco. Con la voz del abuelo Rogelio, interpretado por un impecable Josep Abad. Perfectamente superpuesta, en especial, con la de su nieta Iris. Recitando al unísono una canción popular que enuncia: “Yo no canto por mi voz, o un cielo claro o la brisa del mar, canto por mi tierra, tierra firme, tierra amada. Yo no canto por la voz o el alba o el nuevo día, canto por un amigo mío, que por mí perdió la vida”. Haciendo alusión a la amistad, la familia y la importancia de la tierra. Del significado y vinculación emocional que hay con la tierra labrada. Más allá del beneficio económico.

Esa familia que ha crecido al mismo tiempo que lo hicieron los árboles. Esas niñas que metieron los pies en el barro y jugaron con la vid. Esas vidas ancladas en el ámbito rural, y que se ven obligadas a decir adiós a un pasado, que nunca dejó de estar presente.

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