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El amor en tiempos de descarte: ¿dónde se fue el amor romántico?

¿Sigue existiendo el amor romántico en la era del match? ¿Nos esforzamos para construir vínculos reales? ¿Son tiempos difíciles para los soñadores?

La decadencia de las conexiones sociales es innegable a primera vista. Basta con reunirse con tu grupo de amigos y amigas a tomar algo y a los segundos ver que ya están todos con el móvil. ¿Qué pasó con las azarosas charlas de juventud?, ¿con las confesiones de amores perdidos por el tiempo?, ¿o, simplemente, cuando te reunías en una plaza a comer pipas y hablar de todo y nada a la vez?

El amor romántico ya no está de moda

Hace años, las redes sociales y las aplicaciones de citas han afianzado una nueva forma de relacionarnos, sobre todo después del COVID, el cual fue un punto de inflexión para la humanidad en todos los ámbitos, donde nos vimos forzados a sociabilizar de otra forma con la ayuda de la tecnología. Muchos jóvenes se conectan a través de estos métodos, ya sea para conocer nuevas amistades, para tener relaciones pasajeras, y lo más “raro” de todo: para encontrar un amor romántico.

Y en este punto vengo hacer hincapié, las relaciones románticas ya no están de moda, dejaron de ser redituables en una sociedad cada vez más alienada y egoísta, donde lo rápido es de moneda corriente en la actualidad y la construcción de las relaciones, donde tomarse el tiempo de conocer al otro, es casi inexistente. Que si me gustas pero no compatibilizamos porque no te gusta mi perro; que si no eres vegetariano y no lo serías por mí, o que si nos peleamos y ni tu ni yo vamos a dar nuestro brazo a torcer.

Esto es el amor del descarte, que ya no hay ganas de mediar los temas para arreglar las cosas o ir conociéndose de a poco y sin tanta prisa; porque el amor es muy bonito, sí, pero el amor también se construye.

¿Qué pasó con las llamadas a la radio para dedicarle un tema de amor a esa persona especial?, ¿dónde fueron a parar esas cartas de amor que le escribíamos a nuestro amor platónico?, ¿y los viajes de un pueblo a otro para pasar unos minutos con ese amor de verano?, ¿o esas charlas de horas por teléfono, donde nuestros padres nos gritaban para que colgásemos por si llamaba alguien, e incluso nos escondíamos para que no nos escucharan?

A veces me pongo a pensar en cómo la tecnología nos ha ayudado a conectarnos en un aspecto más rápido e instantáneo, pero a la vez a nos ha alejado de una forma abrupta del amor romántico.

Hoy tenemos la respuesta a menos de un minuto a todo lo que precisamos, pero, ¿qué pasó con el suspenso, la angustia, el placer e incluso el dolor con la que se esperaba la respuesta sobre alguna noticia que se anhelaba con tristeza o dicha?, ¿qué pasó con saber que toda esa espera merecía la pena? Esa espera y paciencia que se tenía antes, (ya que uno se encomendaba a todos los santos para poder tener esa templanza y no caer en la desesperación). He aquí el meollo del asunto.

¿Amor de descarte o amor romántico? © iStock.
¿Amor de descarte o amor romántico? © iStock.

El amor del descarte: ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

Hoy en día ha menguado ese ímpetu y sosiego, y caemos en los males de la desesperación y ansiedad si el otro tarda más de un día en dar respuesta sobre algo en particular. Pero en el plano romántico, cuando el amado o amada no contesta rápido, o deja en visto el mensaje, damos por sentado que algo pasó, que ya no hay el mismo interés que al principio de la relación.

Y puede ser, pero comparando el amor romántico de antes con el actual, hasta hace no mucho, unos 15 o 20 años atrás, había que tener valentía para decirle a alguien si te gustaba o invitarla a salir, y ojo, esto se decía a la cara, nada de esconderse detrás de un móvil. Lo mismo pasaba para cortar con la pareja, tener el coraje de decirle que ya no querías seguir con la relación por más doloroso que fuera el momento. De hecho, era muy extraño cuando una amiga nos contaba que el novio le había cortado por mensaje de texto o por una llamada, eso nos parecía muy cutre y de poco valor por su parte.

Esos amores adolescentes, esos amores adultos, esos amores románticos, que solo quedan en nuestras más profundas memorias, ya que cada vez somos menos los y las valientes en decir: “sí, soy una persona romántica y no me avergüenza admitirlo”, ya que prefiero vivir romantizando mi vida a una vida triste, sin amor por la misma y sin amor por el otro. Al fin y al cabo, la vida es una sola y escojo la que más me gusta a mí.

Con este manifiesto, vengo a reivindicar el amor romántico, el amor en estos tiempos líquidos, el amor en tiempos del descarte, el amor en tiempos de egoísmo, porque como dicen en la película Amélie: “Son tiempos difíciles para los soñadores”.  Yo agrego, que sí, son difíciles, pero, que no somos los únicos y únicas que nos encontramos perdidos en este mar superficial de corazones sin alma. Somos más los y las soñadoras con ganas de que el mundo sea un poco menos duro y que podamos ser cada vez más los valientes en gritar que el amor es lo único que nos salvará de la vida.

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