Covid-19. El pecado de ser pobre en Madrid

Cristina Sierra

La desigualdad, la pobreza y una mayor brecha generacional están siendo los principales efectos secundarios sociales del coronavirus. Madrid ya se prepara para los confinamientos selectivos de 37 zonas sanitarias. Empezarán a medianoche. Mientras, los vecinos del sur de Madrid, la zona más afectada por las medidas de Díaz Ayuso, continúan con sus protestas en la calle. Los barrios más humildes de Madrid estigmatizados.

Si el futuro siempre es incierto, ahora lo es más que nunca ante la inminente segunda oleada de coronavirus en España. Las “medidas sanitarias” en forma de restricciones a la movilidad y a la reunión no se han hecho esperar, y con ellas, se ha desatado la polémica. ¿Los confinamientos selectivos esconden otras intenciones? ¿Qué nueva sociedad se está construyendo? ¿Cuál será el impacto social real en los colectivos más vulnerables? ¿A dónde nos llevará todo esto?

Confinamientos selectivos, desigualdad y pobreza. ¿Hacia dónde vamos?

El “estilo de vida” de Villaverde o Vallecas parece ser altamente contagioso. La segregación ha llegado a la capital y a la Comunidad de Madrid a golpe de PCR. En España se nos da muy bien eso de estigmatizar y colgar “san benitos” aquí y allá. Y ahora la estrategia de una parte importante de la derecha política y de la agenda mediática de este país, es asociar enfermedad y contagio con pobreza y rentas mínimas. Como por arte de magia, el discurso se mete en la cabeza.

Las últimas medidas de restricción a la movilidad y de reunión que ha implantado la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, restringen la entrada y salida de 37 zonas sanitarias y limitan las reuniones a seis personas en algunos municipios y barrios señalados.

Manifestantes este domingo en las calles de Madrid ©Rtve.

Los seis distritos de la capital afectados son Carabanchel, Ciudad Lineal, Puente de Vallecas, Usera, Villa de Vallecas y Villaverde. Barrios de trabajadores, con la renta per cápita más baja de la ciudad, donde sus habitantes, según el Ejecutivo de Ayuso, parecen contagiarse más rápido que los residentes en el barrio de Salamanca. Al menos así “lo han corroborado” realizando tests rápidos masivos.

Confinamientos de clase. Los apestados de la pandemia

La inmensa mayoría de los municipios y distritos confinados están en el sur de la comunidad, a excepción de unas pequeñas áreas en San Sebastián de los Reyes y Alcobendas, al norte. Las medidas sanitarias de Díaz Ayuso, pendientes de ratificación judicial, han caído como una bomba. Si nada cambia en las próximas horas, comenzarán a aplicarse a medianoche. La presidenta ha asegurado que reforzará la presencia de Policía, Guardia Civil o incluso el Ejército para que se cumplan las cuarentenas. Más de 850.000 ciudadanos y ciudadanas bajo vigilancia.

Los habitantes de los barrios más pobres de Madrid pueden ir a trabajar en un metro abarrotado a servir cañas a La Latina, pero no pueden ir a tomárselas. Las redes están que arden y los vecinos de Madrid se han echado a las calles este domingo cazuela en mano. Se habla de confinamientos segregacionistas, de barrios-guetos, de confinamientos de clase y de la dignidad de los barrios del sur. Piden la dimisión de Ayuso, más inversión en Sanidad y Educación, y llaman a la desobediencia de las medidas.

Una manifestantes protesta frente a las oficinas del departamento de salud de la Comunidad de Madrid. ©REUTERS/Javier Barbancho

Desigualdades sociales, pobreza y brecha generacional

Sería muy fácil seguir despotricando contra Díaz Ayuso en este artículo. Sería sencillo echar más leña al fuego y criticar las medidas, por cierto, muy criticables. Pero me parece más interesante que tú yo, aquí y ahora, nos preguntemos hacia dónde nos lleva todo esto, qué hay más allá de esta estrategia y qué papel jugamos cada uno de nosotros en este tinglado que hay montado.

Los más positivos pronosticaron que la pandemia serviría para reavivar la solidaridad entre las personas. Los más agoreros, como la que escribe, intuíamos que, de aquí, poco o nada bueno iba a salir. Parece que el tiempo me da la razón. La maquinaria propagandística para estigmatizar a la población más vulnerable ya está en marcha. Quienes más sufren las consecuencias de la pandemia, también son estigmatizados por quienes observan la vida desde sus atalayas sociales.

¿A quiénes está dejando atrás la pandemia?

La desigualdad está creciendo en diferentes ámbitos. La brecha se hace mayor entre ricos y pobres, entre generaciones y entre pequeños autónomos y grandes conglomerados digitales que se quedan con casi todo el pastel. Los negocios cierran con carteles de “se alquila” en cada esquina, los mayores cada vez más aislados y los pobres cada vez más pobres.

Esta semana conocíamos también la fusión entre CaixaBank y Bankia. Sus directivos mega-forrados ahorrarán un buen pellizco anual cerrando oficinas y engordando las colas del paro. Pero también aislando más a la España rural y a quienes, mayoritariamente, residen en ella: los mayores. La desigualdad crece (también por edades y sexos).

Por edades. Hace unas semanas me encontré con una escena poco agradable. Un señor octogenario quería actualizar su cartilla. Para que le atendieran en su oficina, debía solicitar cita previa. El hombre, parece ser que no se aclaraba con la locución telefónica y ni se planteaba eso de pedir cita por internet. El empleado del banco se lo quitó de encima rápido. Fue una persona de la cola quien le ayudó a solicitar su cita para otro día. El octogenario ya está fuera del sistema. Es probable que pronto también lo esté el empleado de la banca. Porque pocos están a cubierto.

Por sexos. No podemos olvidar que siete de cada 10 personas que cobran un salario mínimo son mujeres, según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social recogidos por la agencia EFE. La mayoría de pobres en el mundo son mujeres.

El aislamiento que sufren las generaciones más mayores es muy preocupante. Si en la anterior ola del coronavirus muchos ancianos recibieron un trato carcelario en algunas residencias, y fue el grupo poblacional con mayor número de muertes (20.000); también su bienestar y autonomía están pasando a un segundo o tercer plano de importancia. Acciones tan simples como ir a actualizar la cartilla del banco, comprar o comunicarse se les niegan es esta nueva situación, lo que les convierte en mayores dependientes.

Todavía es pronto para saber qué efectos reales tendrá la pandemia en la sociedad. Aunque, en cuestiones de salud, el virus no perdona a nadie, los más vulnerables ya están recibiendo los golpes más duros: están más expuestos al contagio y sufren las consecuencias económicas y las desigualdades provocadas por de la crisis sanitaria.

Un nuevo mundo, una nueva normalidad en la que las brechas entre los grupos de población se están pronunciando cada vez más. Hay que tratar de parar la pandemia, pero ¿A qué precio? ¿Cuál será el impacto social real? ¿Hacia dónde nos llevará todo esto?

Yo no tengo la respuesta. ¿Tú cómo lo ves?

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