Arenas de pesadilla: ‘La Playa’ de Alex Garland

Sergio Márquez

Ambientada en Tailandia, La Playa, clásico de la Generación X, no es, ni mucho menos, un paseíto por las ruinas de Ayutthaya ni un buceo placentero entre amables tortuguitas en el mar de Kho Tao. El pack turístico de Alex Garland, ofrece emociones estrepitosas, disparos, y auténticas carnicerías. Y todo contado desde el punto de vista de un mochilero inglés, locuaz, intrépido, y con un puntito macarra.

El autor

 Alex Garland es uno de los nombres más reconocibles de la llamada Generación X. Nacido en Londres en 1970, se graduó en “Historia del Arte” en la Universidad de Manchester.

 Sin formación literaria previa se salió en 1996 con su primera novela, “La Playa”. Traducida a más de 25 idiomas, le granjeó fama y los medios suficientes como para dedicarse a plenitud a sus dos grandes pasiones: los videojuegos y los cigarrillos. Cada loco con su tema.

 Criticada por ofrecer una visión un tanto unidimensional del sudeste asiático, lo cierto es que “La Playa” ha sido uno de los mayores reclamos turísticos para Tailandia en las últimas décadas. Aun hoy, multitud de mochileros sedientos de aventura y raves acuden al país en el que transcurre el libro. Hasta un tercio de sus visitantes, de hecho, se encuentra en la franja entre los dieciocho y los treinta y cuatro años.

La edición de la desaparecida, El circulo de lectores, de La Playa.

 En su defensa, Garland ha aducido en múltiples ocasiones que su intención era reflejar el estilo de vida de los jóvenes de su generación que, como él, viajaban a este tipo de sitios buscando emociones fuertes, lugares exóticos, y drogas, muchas drogas; y para quienes los habitantes de estos países no eran sino parte móvil del paisaje. Del mismo modo, afirma que su obra pretende criticar este tipo de vida, y no idealizarla. Lo primero lo ha conseguido, sin duda. Lo segundo… no estamos tan seguros.

La premisa

La Playa” comienza en Khao San Road, Bangkok. El calor es tan pegajoso que las suelas de las zapatillas se nos adhieren al suelo al andar. El cielo está cuajado de nubes negras como amenazas de muerte. Richard es un joven inglés, de unos 20 años, que se separa del gentío para entrar en un hostal de aspecto más o menos salubre. Ahí pretende comer algo, descansar un poco, y decidir el rumbo a seguir en su viaje.

 Las paredes del hostal son poco más que de papel. Richard puede escuchar todo lo que ocurre a su alrededor, desde el fornicio de una joven pareja francesa, hasta los delirantes balbuceos de un tal Míster Duck, el escocés de la habitación de al lado. Dice algo de una playa, y lo hace con amargura, en tono de reproche. ¡Menudo chiflado!

 A la mañana siguiente, Míster Duck aparece fiambre, con las venas rajadas. El revuelo es tan grande que casi nadie repara en el hecho de que hay un sobre pegado en la puerta de Richard. Dicho sobre contiene un mapa minuciosamente detallado de una pequeña isla al oeste de Ko Samui y Ko Pha-Ngan, en el Golfo de Tailandia. Y en la isla, una “X” señalando la localización de una playa escondida, a salvo de turistas.

 La sangre bombea a toda mecha por el corazón de Richard ante la perspectiva de una nueva y arriesgada aventura. Para no ir solo, decide compartir el mapa con los dos tortolitos franceses: Françoise y Étienne. Juntos, ponen rumbo a la misteriosa playa, y es aquí donde empieza el meollo de la novela.

La isla

 En su famoso poema “Las Tierras Baldías”, T. S. Eliot escribió que podía hacernos “ver el miedo en un puñado de polvo”. Pues bien, Garland consigue esto mismo, por así decirlo, con un puñado de arena.

 “La Playa” es una novela que atrapa (aunque suene a topicazo). Ágil y tremendamente ingeniosa, se lee en un par de días de lectura intensa que envuelve al lector en una constante sensación de peligro. La novela exhala el aliento denso y florido de la jungla, que maravilla y espanta a partes iguales, como una serpiente esmeralda deslizándose entre las palabras, lista para picar.

 Narrada por Richard en primera persona, utiliza un lenguaje coloquial, sin pecar de simpleza o caer en clichés. A medida que uno avanza, el libro se va cubriendo de sombras cada vez más densas. La Playa tiene todos los elementos de un lugar paradisíaco, pero que no os engañe: se trata de un Edén de pesadilla.

 En lo que respecta a los personajes, su actitud juvenil y desinhibida encandila desde el primer momento. El protagonista y sus dos acompañantes franceses se encuentran con un grupo de personas que viven en una sociedad aparentemente idílica, solidaria, sostenible, y abandonada a muchos placeres. Sin embargo, la playa tiene voluntad propia, y no acepta huéspedes, sino que toma rehenes.

 El fantasma de Míster Duck introduce un elemento fantástico en la narración, apareciéndose a Richard continuamente, a veces como alivio cómico y otras como preludio a grandes tragedias. No siendo un libro estrictamente de terror, “La Playa” combina momentos amenos con otros en verdad espeluznantes.

 No sé vosotros, pero yo, en mis próximas vacaciones, estaré más tranquilo quedándome en un lugar cercano a casa.

La melodía del peligro

 “La Playa” ha sido editada en castellano por el “Círculo de Lectores”, aunque puede encontrarse más fácil en inglés, publicada por “Penguin Books”.

 Su éxito se tradujo en una versión cinematográfica de la que ya hemos hecho una reseña furiosa. Para terminar, me gustaría destacar su banda sonora, plagada de temas de rock alternativo y música electrónica de mediados y finales de los 90.

 Como ejemplo de ello, su tema principal: “Porcelain”, de Moby.

 Una pasada.

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