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‘Cleo de 5 a 7’, un clásico atemporal

En 1962, la gran cineasta Agnès Varda, presentó Cleo de 5 a 7, una de sus obras más notables, en la que se ve claramente la influencia de la Nouvelle Vague y que, a día de hoy, sigue resultando una historia universal y totalmente atemporal.

Cleo de 5 a 7, de Agnès Varda.
Corinne Marchand en Cleo de 5 a 7, de Agnès Varda.

Cleo (Corinne Marchand) es una cantante famosa que vive en París, rodeada de supersticiones. Pendiente del resultado de una prueba médica, acude a una bruja para que le lea el futuro. Cuando la bruja le dice que su salud no pinta bien, Cleo se obsesiona con la muerte y empieza a percibir las cosas de otra manera mientras no para de deambular por la ciudad.

Este es el arranque de Cleo de 5 a 7, una película que, como buena deudora de la ola de nuevo cine francés de los 60, tiene una premisa bastante peliaguda. Es decir, ¿cuántas películas hemos visto que empiecen anunciando que la protagonista va a morir? No muchas. Pero a las películas de esta tendencia les encantaban los puntos muertos, las no historias, las narrativas individualistas que huyen del espectáculo superficial. Por ejemplo, Vivir su vida (1962) de Godard, otra obra emblema del movimiento francés, trata sobre una mujer que pasea por la ciudad intentando vivir su vida. Así de “sencilla” es esta historia también.

Cleo de 5 a 7.
Cleo de 5 a 7.

Al igual que en Una noche con Maud (1969) de Rohmer (otro ejemplo de Nouvelle Vague), hay momentos en los que la escenografía está totalmente ausente. Me refiero a la parte de la película que transcurre en la habitación de Cleo, una enorme sala totalmente blanca y prácticamente vacía que nos ayuda a huir de los artificios y a centrarnos en la mirada de nuestra protagonista atormentada.

Cleo de 5 a 7: La vida es un viaje

Para los cineastas de este movimiento la vida es un viaje. Así lo vimos en Al final de la escapada (Godard, 1960), el inicio de la Nouvelle Vague, y en Cleo de 5 a 7, es una metáfora que se explota pero multiplicada por cinco. Prácticamente, la mitad de la película es ella yendo de un sitio a otro en autobús y en coche. Y en tiempo real, claro. A estos franceses les apasionaba de una forma casi enfermiza grabar los viajes en carretera. Y odiaban las elipsis. Nada de elipsis.

Cleo de 5 a 7.
Cleo de 5 a 7.

Que Agnès Varda sucumbió a los encantos de la Nouvelle Vague en Cleo de 5 a 7 es indudable. Pero también hizo alarde de su propio estilo con una edición y una dirección arriesgadas, gracias a las cuales presenciamos escenas muy cortadas junto a escenas lentas y mágicas, como aquella en la que la protagonista canta Sans toi, un momento de catarsis total en pleno punto medio de la película realmente fascinante.

Cleo de 5 a 7 es la historia de una chica bella, joven y famosa que se muere, quedándose “sola, fea y ceniza”. Un breve e intenso viaje por la existencia, ese lugar extraño donde habitan desde hombres que se tragan sapos, a bebés en incubadoras, adictos a los sombreros, mujeres taxistas, escultores, pintores cubistas, escritores de canciones, supersticiosos, brujas y un sinfín más de criaturas asombrosas. Si os apetece dar una vuelta por el universo más Nouvelle Vague de esta gran directora, podéis encontrar esta película en Filmin.

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