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David Wojnarowicz, hacia la desintegración

Arte callejero, fotografía, pintura, collage, música, literatura y cómic. Parece que no hay un campo en el que Wojnarowicz no entre y es que el polifacético y creador, conocido principalmente por sus collages y fotografías, trabajó con todos los medios posibles.

Wojnarowicz fue una de las figuras claves en la escena artística del East Village de Nueva York junto a otros artistas reconocidos, como Basquiat o Keith Haring. Contestatario y activista, toda su creación artística, en cualquiera de los medios que trabajó, está profundamente vinculada con la realidad que vivía. Una realidad convulsa y contra la que arremetía una y otra vez.

David Wojnarowicz.
David Wojnarowicz.

La historia me quita el sueño

En 2019 el Reina Sofía nos traía la exposición La historia me quita el sueño, que repasaba lo mejor de Wojnarowicz y que dejaba a la vista sus grandes preocupaciones, intereses e influencias. Rimbaud, Genet o Burroughs paseaban por su obra (collages y fotografías) con mayor o menor presencia y, desde luego, dejaban rastro en todas sus otras creaciones.

La serie fotográfica de Rimbaud en Nueva york, en la que fotografiaba sus amigos con una careta de Rimbaud en distintos espacios de la ciudad de Nueva york, da muestra de ello. La cosa no habría tenido mayor transcendencia si no fuera porque las imágenes tomadas buscaban una provocación muy concreta. La reivindicación y la transgresión estaban ahí. Aprovechaba las fotografías para exponer la realidad oculta, aquello que no se quería ver y para denunciar todo lo que considerara necesario.

Arthur Rimbaud in New York.  Wojnarowicz.
Arthur Rimbaud in New York. Wojnarowicz.

A Wojnarowicz le tocó vivir una realidad que, desde luego, quitaba el sueño. En un ambiente de precariedad económica no dejó de tratar temas que incomodaban como la cultura queer, las drogas o el VIH. En ese momento el sida empezó a ser un problema que estaba más que presente. La falta de control y la discriminación empeoraban aún más la situación. Todo ello le llevó a no poder escaparse de vivirlo en amigos cercanos e incluso en su propia persona. “Sabía que antes o después pasaría” reconoció en la entrevista que concedió para el documental Autorretrato en 23 etapas, un capítulo de la vida de David Wojnarowicz, para después terminar sentenciando “todo el conflicto de querer morir toda mi vida y tratar de destruirme de varias maneras en mi vida y ahora no tengo que hacerlo. Esta pasando independientemente de los pensamientos que pueda tener”.

Smell the flowers while you can

Pues ahí está, queda bastante claro la sensación que va impregnar todas sus creaciones, a los nombres a los que va a recurrir y qué reivindicará. Sin embargo, a pesar de esta sensación de hastío vital y de agotamiento, del querer abandonarse a toda suerte como un Bartleby cabreado, hay una extraña vitalidad en las obras de Wojnarowicz. Un impulso que parece enfrentarse a esa sensación lapidaria de abandonarse a todo. De ahí que arremetiera contra el Estado y la sociedad. De ahí su carácter reivindicativo. Y de ahí que terminará una de sus historias con esa sentencia que invita a oler las flores mientras aún se pudiera.

Entonces, múltiples creaciones y un genio, sin duda alguna, con los collages. Pero no solo se quedaba ahí. Pocas son las cosas traducidas de Wojnarowicz y, sin embargo, para quien tenga la posibilidad de aproximarse un poco a cualquiera de los textos que escribió, podrá comprobar como no solo tenía un control absoluto de la imagen y podía utilizarla a su antojo para lanzar el mensaje exacto que pretendía, sino que la prosa que maneja corre desbocada, al más puro estilo beat. A veces confusa, a veces precisa y, de nuevo, a pesar del cansancio, con un extraño apasionamiento de fondo.

Close to the knives. David Wojnarowicz.
Close to the knives. David Wojnarowicz.

Close to the knives, subtitulado como Memorias de la desintegración, se vincula directamente con el cómic 7 miles a second (7 Millas por segundo), como si los dos formaran parte de la misma historia contada a trozos.

A toda velocidad

7 miles a second o 7 millas por segundo, escrito durante sus últimos años, pasea por los inicios en el mundo peligroso de la vida de David Wojnarowicz, deteniéndose en ciertos momentos más significativos.

La historia, dibujada por James Romberger y coloreada por Marguerite Van Cook, encaja perfectamente dentro de la trayectoria artística de Wojnarowicz. El traslado de las palabras a lo visual dota a lo que se cuenta de una poderosa potencia. Colores ácidos, en los que casi puede verse el neón de las noches, la oscuridad y la desintegración.

David Wojnarowicz. 7 Miles A Second.
David Wojnarowicz. 7 Miles A Second.

En el cómic se entremezclan a la perfección ese ambiente alucinatorio más beatnik, que recuerda a fragmentos de El almuerzo desnudo, y el texto descarnado y desesperado. Wojnarowicz era un creador completo y en cada una de las cosas que construía, con mayor o menor acierto, con mayor o menor tosquedad o delicadeza, dejaba siempre un pulso fácilmente reconocible: la pasión que desbordada, que mal llevada puede destrozar una creación o, por el contrario, puede destapar un torrente emocional. 

7 millas por segundo se podría entender casi como un diario. A veces se aleja más del personaje principal, otras se acerca, aproximándose al núcleo, al corazón de la intimidad generando una escena cuanto menos desgarradora, e incluso perturbadora. 

7 Miles A Second.
7 Miles A Second.

Los abusos por los que tuvo que pasar le dieron buena cuenta de cómo iba a ser el mundo adulto hacia el que se dirigía. Sin duda, esa primera etapa que se convirtió en supervivencia pura acabó conformando la visión de la realidad, y de esa historia que veía, que conocía y que le quitaba el sueño. Estos primeros años aparecen en 7 Miles a second, rápidos, alucinados, como una ráfaga de memorias, para después pasar al Wojnarowicz más adulto, el creador, el cansado, el enfermo y terminar con ese discurso final, el discurso de la desintegración hacia la que se dirigía a toda la velocidad, en la historia y fuera de ella.

Hacia la desintegración

En toda su creación se hace palpable también la incomodidad de Wojnarowicz en el mundo, más allá de enfermedades. Wojnarowicz era una bestia. Quería estar solo, pero no quería. Quería escapar de la vida, pero se agarraba a ella. Como uno se agarra a algo que lo desespera

Y es que en 7 Millas también puede verse esa defensa que planteaba del individuo frente a Estado, esa defensa de la identidad frente a la sociedad que pretendía engullirla.

7 Miles A Second.

De hecho es el eco que resuena en las últimas palabras. El camino que sigue en 7 Millas es el camino de la desaparición. El camino de como el virus corrompe la vida, la desintegra; un virus que no solo es el VIH, sino también, como recuerda en Close to the knives, un virus social, el Estado y la sociedad imperante, que asfixian“Cuando me dijeron que había contraído el virus no me llevó mucho darme cuenta de que había contraído la enfermedad de la sociedad también.” Escribiría Wojnarowicz en el 89 en Postcards from America: X-Rays from Hell. No se cansaría de enfrentar posiciones homófobas que discriminaban en relación a VIH, no se cansaría de revolverse contra la sociedad mientras recorría, a toda velocidad, ese camino hacia la desintegración que resuena en las últimas páginas de 7 millas por segundo:

Estoy de pie entre todos vosotros agitando mis brazos y mis manos invisibles. Gritando mis palabras invisibles. Estoy tan cansado. Estoy cansado. Te saludo desde aquí. Voy arrastrándome buscando la apertura del vacío total y final. Estoy vibrando en aislamiento entre vosotros. Gritando pero sale como pedazos de hielo claro. Señalando que el volumen de todo esto está demasiado alto. Saludando. Estoy agitando las manos. Desapareciendo. Estoy desapareciendo pero no lo suficientemente rápido.

7 Miles A Second.

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