‘El Club de los Mentirosos’, uno de los libros más arriesgados de los últimos 30 años

Sergio Márquez

La autora Mary Karr inicia el relato de sus memorias con un golpe directo donde más duele. Duro y poético a un mismo tiempo, El Club de los Mentirosos trasciende la novela confesional para convertirse, nos atrevemos a decir, en uno de los libros más interesantes y arriesgados de los últimos 30 años. Estáis entrando en Leechfield, Texas, el agujero del culo del mundo.

Este artículo trata sobre Mary Karr y la primera de sus tres memorias publicadas: El Club de los Mentirosos. Sin embargo, debo empezar hablando de Kiko Amat. No es la primera vez que expreso en Las Furias mi admiración por este escritor. Dicha admiración procede, no solo de su producción literaria, sino también de sus trabajos periodísticos. Entre estos, realiza a menudo recomendaciones de libros, sobre todo a través de su blog, Bendito Atraso. Y fue por una de estas recomendaciones, allá por 2017, que conocí a Mary Karr. Así que gracias, Kiko, eres un fenómeno.

Encantada de conocerte, Mary

Descubrir a Mary Karr sienta como una hostia, pero de las buenas, de las que te despiertan a algo magnífico que tenías delante de tus propias narices y en lo que nunca habías caído. Nacida en Groves, Texas, en 1955, es poeta, ensayista, novelista, y profesora de Literatura en Lengua Inglesa en la Universidad de Siracusa.

En 1995 publicó El Club de los Mentirosos (‘The Liars Club’, en inglés), una obra para la que el término ‘novela confesional’ se queda corto, y que le valió un premio PEN ese mismo año. En España tuvimos que esperar otros doce para poder leerla en castellano, cuando fue traducida por Coediciones Periférica & Errata Naturae. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que la espera mereció la pena.

Una familia en un agujero

El sufrimiento verdadero tiene rostro y olor propios. Perdura en su forma más intensa, lo tapes con que lo tapes. Y te conoce muy bien.

Mary Karr, escritora

En El Club de los Mentirosos, su autora echa la vista atrás, hacia un periodo concreto de su infancia, entre los años 61 y 63 del siglo pasado, y lo hace sin pelos en la lengua. Por aquel entonces, Mary era una niña pequeña en el seno de una familia, cuando menos, disfuncional. Vivía con su hermana menor y sus padres en Leechfield, un pueblo del sur de Texas, a tiro de piedra del Golfo de México. Un cenagal, un agujero infecto en el culo del mundo, según ella cuenta, demasiado feo como para no tenerle cariño.

Su madre es una mujer mentalmente inestable. Mary la describe como divertida, creativa y sexualmente poderosa, pero también nos relata sus violentos accesos de depresión e ira. En ciertas ocasiones, llega a convertirse en un peligro para sí misma y sus hijas. Del mismo modo, vive obsesionada con ganarse el favor de su propia madre, la abuela de Mary, que es fría e intolerante. Las cuatro mujeres se hayan envueltas en un círculo vicioso en el que no pueden evitar amarse y herirse con igual intensidad.

El padre de las niñas no posee el temperamento artístico de su esposa, pero también tiene sus peculiaridades. Bebedor empedernido, se pasa el día trabajando en una refinería de petróleo. En sus momentos de asueto se junta con un grupo de hombres en la parte de atrás de una tienda de cebos, donde pasan el tiempo bebiendo y contándose historias, a cuál más rocambolesca. Es esto por lo que sus mujeres los apodan como “el club de los mentirosos”.

Mary Karr

Mary se refiere a su padre como un hombre rudo a la par que sentimental. Quiere muchísimo a sus hijas y a su mujer, aunque no sea el más perspicaz a la hora de expresarlo. Sufre mucho con cada crisis de su esposa, y no soporta estar lejos de las niñas. Mary insiste en que la lleve consigo a sus reuniones con el club de los mentirosos a escuchar su cháchara y tejer hilo de pesca. Quizá lo haga, algún día.

La propia Mary se define a sí misma como una niña impetuosa, sin noción de decencia alguna o preocupación por las formas. Lo que piensen de ella los demás no le importa una mierda. Al mismo tiempo, es imaginativa y curiosa, influenciada por los intereses culturales de su madre. También demuestra tener una enorme capacidad de sufrir, apretar los dientes, y seguir adelante, sobre todo, por su hermana Lecia.

Cosas de hermanas

El Club de los Mentirosos relata hechos tan dolorosos como los dos abusos sexuales sufridos por su autora a esa edad tan temprana, así como la ocasión en que su madre la amenazó con un cuchillo. También se refiere a la muerte de su abuela, que no fue bonita. Y se las ingenia para hacerlo con una naturalidad pasmosa, sin añadirle afectación alguna.

Mary domina el lenguaje de tal forma que transmite lo que busca sin necesidad de adornos, con los pies siempre en la tierra. Del mismo modo, no se priva de soltar alguna que otra chanza, salpicando de humor su crudo relato, ¿por qué no?

La novela no carece, tampoco, de un cierto lirismo, como el temporal que azota Leechfield a menudo, tan terrible como hermoso. Mary airea sus viejas cicatrices para nosotros, sus lectores, y nos las describe como si tal cosa, demostrando una sobresaliente capacidad narrativa que no ignora la poesía de lo cotidiano e, incluso, lo sórdido.

Especialmente divertidas (aun de forma retorcida) son algunas de sus anécdotas con su hermana. Como una en la que ambas se vieron en el coche, con su madre, en mitad de una tormenta de langostas. Cuando algunas de estas comenzaron a colarse por el conducto de ventilación del vehículo, Mary se acurrucó, asustada, en el asiento de atrás. Entonces su hermana pequeña se puso a matar insectos a chancletazos, a grito de «¡Chúpate esa, hijo de puta!».

En otra ocasión, un niño golpeó a Lecia en la espalda con un bate. Al día siguiente, Mary se vengó de él cogiendo una carabina de aire comprimido y disparándole un perdigón al cuello, desde lo alto de un cinamomo. El padre del niño ordenó a Mary que se bajase del árbol, a lo que ella respondió con un rotundo «¡Cómeme el coño!». Menudo angelito…

La continuación de los mentirosos

Claro que el mundo cría monstruos, pero la bondad prolifera igual de silvestre.

Mary Karr

De modo que Kiko Amat tenía razón: El Club de los Mentirosos es un libro acojonante, que no puedo dejar de recomendar.

A él le siguen dos secuelas en 2001 y 2009, Cherry y Lit, respectivamente. La primera de ellas ha sido publicada en castellano (de nuevo, por Periférica & Errata Naturae) en octubre de 2020, bajo el título de La Flor, y continúa con las vivencias adolescentes de la futura autora Mary Karr.

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