‘Vienen de noche’: estudio sobre las brujas y la otredad, de Júlia Carreras Tort

En muchas ocasiones, emprender una tarea de investigación se asemeja a adentrarse en una senda iniciática. Un viaje sin retorno que nos transforma y que al mismo tiempo transforma el mundo con el que nos relacionamos. Vienen de noche es la crónica de este viaje a un territorio colectivo (aunque escondido): el mundo de lo inefable…

Al igual que ese mundo, la bruja es esquiva, volátil. Seguir esta senda exige un distanciamiento de las convicciones, desaprender lo aprendido y abrir los ojos a lo numinoso. Es allí donde se puede encontrar a la bruja reinando soberana, en lo más profundo de la mente, del cuerpo y de la sombra. Habitando en nuestros miedos.

Vienen de noche, de Júlia Carreras. Editorial Luciérnaga.
Vienen de noche, de Júlia Carreras. Editorial Luciérnaga.

El miedo siempre se presenta como algo maligno que hay que eliminar, pero también nos atrae, lo necesitamos, nos hace sentir vivos. El miedo es un motor de supervivencia animal y de la existencia humana. Crea necesidades y preguntas, y nosotros buscamos las respuestas para enfrentarnos a él: el miedo motiva la formación de creencias espirituales y religiosas. Es la razón tras la búsqueda de soluciones a problemas de nuestra vida.

Hoy solo damos importancia a lo que nos da miedo si podemos percibirlo como real. Sin embargo, las creencias populares nos recuerdan que lo real es, básicamente, lo que creemos que existe, lo que podemos nombrar.

La bruja habita dentro y fuera de nosotros. Vagando en senderos olvidados. Aguardando en territorios familiares y en la oscuridad de la habitación que es nuestra mente…

Buscando la realidad

Si podemos crear algo, aunque sea con la mente, ¿eso lo hace real? ¿Importa si es algo tangible o científicamente demostrable? En ese caso, la bruja que habita los rincones oscuros de nuestra memoria y de nuestra cultura fue real cuando se creía en ella. Así, la bruja es una fantástica personificación del miedo más esencial, pues asume ambas caras: la que nos repele y la que nos atrae.

No es de extrañar que entidades como la bruja estén tan profundamente instaladas en el inconsciente y que siempre que aparezcan susciten un interés desmesurado. Prestamos mucha atención cuando se habla de brujas quizá porque apelan a ese miedo llamado atávico. El miedo primigenio a algo que no logramos entender, pero que nos atrae. La bruja se origina en el miedo y la atracción. Es una entidad dual que vive en la otredad, como todo lo que tememos y deseamos al mismo tiempo. Existe dentro y fuera de nosotros, es esquiva, aunque siempre está presente.

Viene de noche, de Júlia Carreras Tort.
¿Quién teme a las brujas?

Desde la más tierna infancia, la bruja aparece en nuestra vida a través de los cuentos y el folklore. Viene disfrazada de lo irónico, y, aunque temible, adquiere una postura de curiosa familiaridad. En la mente infantil hallamos un vestigio nada desdeñable del pensamiento mágico, de la capacidad de crear y creer en lo numinoso y de comunicarse con lo creado.

La investigación de la que parte Vienen de noche nos hará descubrir que la forma en la que nos enfrentamos a nuestros miedos determina el tipo de sociedad que somos. Una sociedad que aniquila aquello que teme. Vive asustada, y si destierra lo que teme al territorio de lo imaginario se convierte en una bomba a punto de estallar: no puede concebir nada que no esté bajo su control. Entonces lo lógico es preguntarse si podemos jugar y danzar con nuestros miedos, o conseguir que el miedo juegue a nuestro favor. Quiero pensar que sí, que podemos trabajar con el miedo, pero no para vencerlo, sino para entenderlo.

Los tres objetivos de Vienen de noche

Por un lado, uno es el tributo de la autora a los miedos y a lo necesarios que son, así como a la imaginación y lo inefable. A todo aquello que escapa a nuestra razón. Los miedos son necesarios porque estimulan nuestra capacidad creativa y nuestra respuesta al entorno. Por tanto, el objetivo de este libro no es ayudarnos a vencerlos, sino ofrecer datos sobre la bruja que a menudo pasan desapercibidos. Cabos sueltos que se suelen olvidar o desechar por no encajar en las teorías actuales sobre la brujería.

En esos cabos sueltos y casos poco comunes hallamos los vestigios de un discurso más profundo de lo aparente. En ellos encontramos el origen de nuestros miedos, y quizá entendiéndolos podamos crecer sin limitarnos por lo aceptado o lo que se considera lógico o real.

Vienen de noche.

Por otro lado, es un tributo a todas y a cada una de las personas que han dedicado su vida o parte de su tiempo a entender la figura de la bruja: historiadores, antropólogos, folkloristas, etnógrafos y toda persona que se haya sentido interpelada por la bruja y haya querido saber más. Es un tributo a la tarea misma de investigar, seguramente una de las labores más mágicas e introspectivas que podamos llevar a cabo.

Por último, hay un claro deseo de trasladar conceptos relegados al ámbito académico a un público general con voluntad didáctica. Parece haber un tremendo abismo (sobre todo, temporal) entre lo que se cuece en la academia y lo que nos llega a quienes no pertenecemos a ella. En cuestión de décadas, el panorama historiográfico de la bruja ha cambiado profundamente, pero en el ámbito general aún se perciben análisis obsoletos o que no abordan esos famosos cabos sueltos que resultan tan difíciles de explicar.

Creer no va en contra de nada

Por obsoletas y lejanas que nos parezcan ciertas costumbres y creencias, no podemos negar que estas forman parte de nuestro bagaje cultural. Como diría el etnógrafo catalán Ramon Violant i Simorra, son «pedazos de nuestro propio ser». Descartarlas de buenas a primeras sin hacer el esfuerzo de intentar entenderlas hace también que nos perdamos partes de nosotros mismos por el camino.

Creer en las brujas no implica tener que desdeñar cualquier evento empíricamente probable, o negarse al progreso científico, tal y como lo entendemos ahora. La ciencia de lo concreto, aquella que posibilita el pensamiento mágico, puede coexistir sin problemas con la ciencia que hoy entendemos como moderna, aquella que trabaja con lo abstracto.

Brujas y conjuros. Vienen de noche. Editorial Luciérnaga.
Brujas y conjuros.

No hay que ir muy lejos para ver la pacífica coexistencia de ambos mundos: muchas costumbres que hoy tratamos como superstición, algo tan simple y automático como trazar una cruz en el pan con el cuchillo antes de cortarlo o tocar madera cuando se habla de desgracias, se siguen practicando en la actualidad.

Los pequeños resortes de la mente que nos hacen llevar a cabo estos actos no obedecen a una suerte de cerebro reptiliano que nuble nuestro entendimiento, sino que al perpetuar esos actos participamos por un instante de otra forma de ver el mundo y de protegernos de lo indecible, «por si acaso»…

Solo hay que adentrarse, con sensibilidad y una mente abierta, en aquello que consideramos familiar, pero que, en realidad, nos es ajeno. La bruja nos enseña que la barrera entre el bien y el mal es difusa, que ambos conceptos son ambiguos por estar sujetos a limitaciones sociales y religiosas.

Sobre Júlia Carreras Tort

Júlia Carreras Tort
Júlia Carreras Tort

Júlia es filóloga e investigadora especializada en folklore y etnobotánica. Trabaja con museos y organizaciones culturales, llevando a cabo talleres y visitas guiadas centradas en el folklore y las creencias populares. Ha escrito artículos en varias publicaciones de ámbito nacional e internacional y ha participado como ponente en simposios y ciclos de conferencias.

También es cofundadora y copropietaria de Occvlta, una iniciativa centrada en la recuperación y difusión sobre etnobotánica y brujería desde 2013.

Su trabajo tiene como objetivo la recuperación activa de tradiciones y creencias que corren el riesgo de ser condenadas al olvido. Actualmente reside en los Pirineos leridanos.

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