Sitges 2026: ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’: la gran sorpresa del festival de Sitges
Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, es, sin duda, una de las películas que más va a dar que hablar en Sitges Film Festival 2026, y, además, una de las más potentes candidatas a llevarse el premio a mejor película. Si con I Saw the TV Glow (2024) Jane Schoenbrun ya nos dejó a muchas con el culo torcido, con su nueva película confirma que es une de les directores de género con una de las miradas más personales, originales y auténticas del panorama actual. Une cineaste a la que hay que seguir muy de cerca.
Le directore Jane Schoenbrun estrena un largometraje de ficción brillante que utiliza la metanarrativa para satirizar sobre las franquicias de slasher que nunca terminan porque el asesino protagonista, nunca muere: Halloween, Viernes 13, La matanza de Texas, Pesadilla en Elm Street…Y a dicha sátira se le añade el ingrediente de lo camp y queer. ¿Cómo sería una película de slasher “woke” con personajes queer? Una idea espléndida que no se podría haber hecho mejor. Jane Schoenbrun nos regala una película increíblemente divertida y sangrienta que no deja títere con cabeza –literalmente-.

Campamento Miasma: el slasher y la figura de la “final girl”, ¿se sigue perpetuando el mismo estereotipo?
El subgénero cinematográfico del slasher es uno de los más populares dentro del terror. El argumento principal que atraviesa todas las películas es: un hombre enmascarado que acosa y asesina a un grupo de adolescentes con arma blanca y, siempre hay una joven que sobrevive. Sin embargo, para llegar hasta el final tiene que sufrir todo tipo de violencia y torturas y, normalmente, siempre está medio desnuda. Su sexualidad, además, suele ser uno de los detonantes más comúnes para los asesinatos. Esta protagonista que sobrevive, la más inteligente y puritana del grupo, es la denominada “final girl”.
Sin embargo, Schoenborg hace girar toda su película en torno a los clichés del subgénero y cómo la “final girl” es representada. Uno de los toques más surrealistas y divertidos es la máscara que oculta el rostro del asesino en serie. Algo imposible de describir y que es mejor que veáis en pantalla. Y no solo eso, sino que aborda de forma imprescindible el tropo común del colectivo LGBTIQ+ como el monstruo –véase el asesino en serie de El silencio de los corderos, entre otros muchos ejemplos-.
Esta teoría ha sido muy estudiada desde la academia, con teóricas como Susan Stryker que han esbozado una interesante reflexión sobre cómo la sociedad presenta y concibe al colectivo trans, en particular, como algo monstruoso. Y Schoenburg también lo traslada a su largometraje de forma brillante. Qué forma tan maravillosa de hacer un slasher mientras se ríe, y nos hace reír, de absolutamente todo lo que le rodea.

Campamento Miasma: ¿acaso el terror no puede ser queer?
La protagonista de la película es Kris, una directora de cine que quiere hacer un reboot de la primera película de la famosa saga del asesino en serie “Pequeña muerte“. En su papel, la ya conocida por su gran interpretación en Hacks, Hanna Einbinder. Ella como siempre está impecable y camaleónica.
Para completar el tándem, vemos a una siempre exquisita Gillian Anderson haciendo el papel de Billy Presley, la actriz fetiche de la franquicia de terror que, en la actualidad, ha sido desterrada al olvido por cumplir más años de los que Hollywood permite a las mujeres. Como si Nancy Thompson o Jamie Lee Curtis se hubieran aislado durante años en el set de rodaje de sus películas y solo se hubieran dedicado a consumir pollo frito, chuches y muchos porros.
En ese sentido, la película de Schoenborg no solo construye personajes del colectivo LGBITQ+, sino que todo su discurso habla el mismo idioma. El título de la película no es aleatorio: Camp Miasma. Y es que la estética camp se respira por todos los poros de la pieza audiovisual. Susan Sontag acuñó el término camp para hacer referencia a la estética que surgió en los años 60 caracterizada por el artificio, la teatralidad, el humor y la exageración. Término que, con el tiempo, también se ha vinculado de forma inevitable con lo queer. En definitiva, conceptos que perfectamente definen la película y también encajan con su anterior trabajo I Saw the TV Glow.
Desde los créditos del inicio hasta la escena postcréditos, ni le sobra ni le falta absolutamente nada. Le directore se ríe del slasher clásico pero también se ríe de su propio trabajo y del cine denominado “woke” que termina haciendo un rainbowashing que incluye personajes del colectivo simplemente por el hecho de agradar y llenar la cuota. Y mientras tanto, gracias a la perfectamente construida puesta en abismo, también se pone en pie una buena película de slasher para el público más ávido de sangre y vísceras.

Campamento Miasma: cuando el personaje trans es el que decide quién vive o quién muere
Históricamente, el colectivo LGBTIQ+ ha sido uno de los más damnificados en las representaciones cinematográficas. Uno de los tropos más comunes, de hecho, es el del “síndrome de la lesbiana muerta“. Os reto a que veáis todas las series y películas donde aparece una mujer homosexual y calculéis cuánto tarda en morir. En las producciones de terror, esto también ocurre y, el colectivo trans es uno de los más apaleados.
En este género, además, los personajes trans también han encarnado en múltiples ocasiones al asesino en serie, que además es un psicópata. En Campamento Miasma, Jane Schoenbrun le da una vuelta completa a la idea y, aunque construye también al asesino enmascarado como un personaje trans, esta vez es quien toma las decisiones. No solo se dedica a asesinar sin ton ni son, sino que se convierte en la verdadera figura creadora de las películas y lo que ocurre con el resto de personajes. Como soltar un último alegato con el arma todavía llena de sangre y decir: ¿quién se ríe ahora?
En este sentido, le cineaste no construye grandes discursos que reclamen los derechos LGBTIQ+, sino que es a través de su gran trabajo cinematográfico, su construcción de los personajes, su excelsa habilidad para hacer reír en los momentos más inesperados y necesarios, que reclama y consigue el espacio para las personas queer dentro del género. Y qué alegría ver cómo en el Festival de Sitges 2026 son las películas de temática queer las más potentes. Porque Leviticus, desde una perspectiva totalmente diferente, también es una de las favoritas para ganar el Premio a Mejor Película.
Jane Schoenbrun llega a Sitges pisando fuerte con una apuesta tan arriesgada como acertada
El trabajo narrativo de Campamento Miasma es sobresaliente, con un juego entre los límites que dividen la ficción de la realidad que se van desdibujando conforme avanza la película. Tal y como la protagonista extrae de la franquicia de slasher que la llevó al estrellato: “si se vuelve demasiado real, siempre puedes apagarlo”. Le directore es une amante del cine y eso es indiscutible. Amante del género de terror y, ahora, figura fundamental del panorama actual.
Como decía al principio, la habilidad de construir una película que de miedo, al mismo tiempo que te haga reír, me parece admirable. Y durante las dos horas de Campamento Miasma es imposible no reír casi de forma constante. Además, el tránsito de los comentarios elocuentes que provocan la carcajada hasta el gore más cruento –y también divertido-, es totalmente acertado. Qué ganas de ver más trabajos de Jane Schoenbrun, y ojalá muchas secuelas de Campamento Miasma y su asesino en serie “Pequeña muerte”.
