‘Allen v. Farrow’: un documental que solo cuenta la mitad de la historia

Silvia Panadero

Todavía sigo pensando en qué momento creí que sería buena idea escribir un artículo sobre este tema tan sumamente peliagudo. Me he enmarronado yo sola y a ver ahora cómo salgo del atolladero. Voy a hablaros del documental Allen v. Fallow.

Antes de ver esta serie documental de HBO yo no tenía ni idea de qué tipo de acusaciones se vertían sobre Woody Allen. Es decir, sabía que estaba casado con “su hija” (la hija adoptiva de su expareja) y que algo de índole sexual se comentaba, pero nunca me dio por buscar información con detalle.

Por tanto, ver este documental, en un primer momento, ha sido un choque brutal. También he de decir que no me considero especialmente fan de Allen, he visto varias de sus películas, algunas me han gustado mucho y otras no tanto, pero no me vuelve loca.

Mia Farrow y Woody Allen en Allen v. Fallow
Mia Farrow y Woody Allen con dos de sus hijos en Allen v. Fallow.

Un resumen de los hechos

Woody Allen y Mia Farrow, director y actriz de Hollywood, se conocieron en los 80 e iniciaron un idilio amoroso. Nunca se casaron ni vivieron juntos, a pesar de los doce años de relación que compartieron. Tuvieron tres hijos. La primera de ellas fue Dylan Farrow, a la que adoptaron, después Mia se quedó embarazada de Ronan Farrow y, por último, Woody decidió adoptar a uno de los hijos de Mia, Moses Farrow.

Además de estos niños, Mia tenía varios hijos biológicos de su anterior matrimonio y muchos adoptados por ella misma. Es habitual ver a famosos adoptando niños y teniendo familias muy numerosas, pero creo que la de Farrow se lleva la palma, llegó a tener catorce niños, diez de ellos adoptados.

El testimonio de Dylan

Al parecer, según nos cuenta Allen v. Fallow, la relación de Allen con su hija adoptiva Dylan, era un tanto intensa, había comportamientos raros. Esto era hasta el punto en que, según Farrow, fueron a un psicoanalista o psiquiatra que les aconsejó que Allen no pasase mucho tiempo con la niña a solas.

No obstante, un día en el que había mucha gente en casa, Mía no estaba y los niños estaban a cargo de una profesora de francés que pasaba allí el verano y de dos niñeras de amigos de la familia. Woody llegó a visitar a sus hijos y de repente desapareció con Dylan, según el testimonio de esta misma, y se produjo un abuso por parte de él a la niña, que entonces tenía siete años.

Antes de que esto tuviera lugar, Mia ya había descubierto que Woody y su hija Soon-Yi tenían un affaire. Al parecer, encontró unas fotos de su hija desnuda, nada agradables.

La credibilidad del documental Allen v. Farrow

La policía de Connecticut, donde habían tenido lugar los hechos, comenzó a investigar y llegaron a la conclusión de que había serias dudas sobre la inocencia de Allen. La cosa está en que nunca lo acusaron formalmente ni hubo un juicio. El motivo de esto es que Frank Maco, que capitaneaba la investigación, pensó que sin el testimonio de Dylan no habría juicio que hacer y consideró a la niña demasiado frágil como para subir al estrado y contar lo que le había hecho su padre.

Esto lo dice el mismo Maco en el documental. Además, se aportan una serie de documentos bastante interesantes que concluyen con que la niña, entrevistada más de diez veces por distintos organismos y por su propia madre sobre este tema, siempre se reafirmó en la misma versión, una y otra y otra vez. Lo que no se cuenta es que Maco, al parecer, salía frecuentemente a comer con Mía o que una psiquiatra desacreditó las grabaciones que Mía hizo a Dylan y en las que la niña hablaba sobre el abuso.

Allen v. Farrow: un documental nada objetivo

Es un hecho que la serie Allen v. Fallow de HBO no es nada imparcial. Hay muchos testimonios de los Farrow, sin embargo, no hay entrevistas con Woody Allen o Soon-Yi. El director aparece de vez en cuando en entrevistas en programas en los 90 o leyendo comunicados, pero no hay declaraciones de hoy. Según Allen y Soon-Yi, los directores del documental les avisaron tan solo con dos meses de antelación, mientras que llevaban trabajando dos años con los Farrow.

Además de eso no se cuenta todo. Dylan se explaya en el último capítulo hablando del Me Too y de las cartas abiertas que ha escrito para varios medios del país, incluso lee fragmentos de estas cartas. No obstante, no se leen fragmentos del artículo de 2018 de Moses Farrow en el que desmiente todo lo que cuentan su madre y Dylan y añade que Mia maltrataba a algunos de sus hijos.

Periodísticamente hablando el documental deja bastante que desear, no es objetivo, tiene una clara orientación y solo han “llamado a declarar” a las personas afines a la familia Farrow y que dan testimonios que se corresponden con lo que ellos dicen.

Cuando más leo, menos me lo creo

Yo a nivel personal no sé qué pensar, cuantas más cosas leo o veo menos clara tengo mi opinión sobre este asunto. Lo que sí tengo claro es que, a estas alturas, el documental tiene un objetivo muy claro, que dejan entrever de manera muy transparente en el último capítulo, cuando Dylan lee sus cartas abiertas hablando sobre el abuso que sufrió por parte de Woody Allen.

El objetivo último de este documental es que en el momento en el que te sientes a ver una película de Woody Allen pienses en esto, en el abuso y en las acusaciones tan deleznables que se hacen sobre él (no olvidemos que hablamos de pederastia y de incesto).

La pelis de Allen bajo lupa

Esto me ha parecido una de las cosas más bajas de esta serie. En uno de los primeros capítulos directamente se apoyan en películas de Allen, como su clasicazo Manhattan, para demostrar que sí es un pedófilo (aunque esto no lo dicen abiertamente, claro). Es cierto que en el cine de Woody Allen suele haber parejas de hombre y mujer en las que ellas son mucho más jóvenes que ellos, pero no olvidemos que esto es ficción, ¿quizá sea una obsesión de Allen? Muy probablemente, y así lo plasma en su arte, pero sigue siendo ficción, no puedes basarte en eso para reforzar un argumento porque es maldita ficción y por mucho que se dé la mano con la realidad… del dicho al hecho hay un trecho.

En una de sus cartas abiertas, Dylan empieza preguntando al lector cuál es su película favorita de Woody Allen para pasar a relatarle lo que le hizo y volver a preguntarle, después de saber su verdad, cuál es su película favorita del director. Esto es algo que sinceramente me parece que está fuera de lugar y para mí denota que la intención es hacer todo el daño posible a su cine. En cierto modo lo han conseguido. Algunas de las últimas películas de Allen no se han distribuido en Estados Unidos y muchos actores han pedido disculpas por trabajar con él y han dicho que no lo volverán a hacer, además de donar el dinero que les pagaron por hacer la película.

Separar la obra del autor

En este debate yo siempre he dicho que hay que separar la obra del autor. Parece que el hecho de que alguien cree algo bonito, sea en el formato que sea, le convierte en una buena persona automáticamente. Este pensamiento es bastante infantil e inmaduro, pero la mayoría lo tenemos de manera inconsciente.  

En este punto me veo obligada a recordar que Nietzsche era un misógino de cuidado, que James Joyce humillaba a su pareja, que Elvis era un ser inmaduro y un poco desequilibrado o que Kennedy engañaba a Jackie y tenía relaciones con organizaciones criminales. ¿Vamos a dejar de consumir todo lo bueno que dejaron tras su paso por el mundo o de estudiar su contribución a la Historia? ¿O es que cuando ha pasado tiempo suficiente, como en los casos de Joyce o Nietzsche, se puede olvidar que fueran machistas o maltratadores?

Lo que tiene ser un humano es que no se nos puede definir con un solo adjetivo. Lo siento, pero no puedes definir a una persona como violador y ya. Porque además de ser un violador, esa persona puede ser un artista, un médico, un basurero, tendrá familia, quizá hijos, y eso hará que se le defina como violador, como artista y como padre (además de, probablemente, muchas otras cosas).

¿Hasta dónde tiene sentido vetar la extensísima obra de Allen?

Si el abuso que se relata en el documental es mentira, desde luego es una jugada muy sucia esto que le han hecho a Woody Allen. No obstante, si el abuso sí se produjo creo que lo vuelve todo más complejo y difícil de definir (en términos de moralidad), ¿hasta dónde tiene sentido vetar la extensísima obra de Allen?

Antes de ver esta serie yo tenía muy claro que, en un caso así, nunca dejaría de consumir el arte de la persona señalada. No obstante, ahora tengo mis dudas y, aún sin tener una opinión clara sobre si creerme o no a los Farrow o a Allen, creo que la próxima vez que intente ver una película del director tendré serias dificultades para no pensar en Dylan Farrow.

Así que sí, Allen v. Farrow es muy efectista y consigue lo que quiere: que probablemente no vuelvas a ver una película de Woody Allen sin pensar en esto.

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Redacción Las Furias Cultural Magazine.
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