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‘As Bestas’, de Sorogoyen: crónica de una superioridad anunciada

Si hay una película de la cinematografía española que viene sonando con fuerza, incluso mucho antes de llegar a nuestras salas comerciales, esa es As Bestas, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen.

Se proyectó por primera vez en el Festival de Cannes (fuera de competición, en la sección Cannes Première) y fue clara candidata para representar al cine nacional en los Premios Óscar, hasta que Alcarràs dio la sorpresa. As Bestas obtuvo el Premio del Público a la Mejor Película Europea en la reciente edición del Festival de San Sebastián, mientras las opiniones de algunos afortunados espectadores seguían alimentando la expectativa.

Pues bien, ahora As Bestas pasa por el Festival de Sitges, clausurando la sección Òrbita, y confirma lo esperado. As Bestas es una bestia cinematográfica. Es cine en estado puro. Destila potencia, calidad y veracidad. Genera un impacto emocional difícil de olvidar.

Póster de As Bestas.
Póster de As Bestas.

Según testimonio del propio Sorogoyen, quien subió a presentar la película, fue el director del certamen, Ángel Sala, quien tras su visionado manifestó la necesidad de proyectarla durante el festival. Así no compitiera (ya lo hizo en San Sebastián) y así no encajara con lo preestablecido. Puesto que en As Bestas no hay fantástico y, aunque hay terror, no es desde una perspectiva formal.

Sorogoyen es el rey del thriller y en su último trabajo dicho género reside en estructura, ritmo y tono. Pero los géneros son solo un punto de partida. Así como nos recordaron en sus respectivas ruedas de prensa Quentin Dupieux o Jaume Balagueró (cineastas también invitados al festival), son una carcasa, una excusa para una aspiración mayor en la narración. Al final lo que queda del cine son unos personajes, su historia y la capacidad expresiva del film.

En As Bestas, tras el cómo, permanece el drama. Tan humano como animal, tan campestre como universal. Es la vida misma (y lo que queda de ella) sucediendo en la pantalla, un despiadado ejemplo que nos interpela a modo de espejo.

As Bestas: cuando las bestias caminan erguidas

As Bestas cuenta la historia de Antoine y Olga, una pareja de mediana edad de origen francés que vive expatriada en una aldea gallega. Cultivando la tierra y restaurando antiguos caseríos para repoblar el lugar. Su procedencia, su planteamiento de vida, la envidia y, en concreto, la oposición a la instalación de la industria eólica en la aldea despierta la enemistad de algunos lugareños. En especial, la de los hermanos Xan y Lore.

La tensión y el conflicto de la cual deriva irán en aumento, en paralelo a la dinámica diaria de dicho entorno rural. Una realidad mostrada con sabía perspectiva y cierta ambigüedad: agotadora, a pesar de la bucólica que le precede (todavía más en tiempos Post-Covid). Abrumadora, incluso cuando acontece la calma. De una belleza extrema, aunque en ella haya lugar para la bestialidad humana.

En ese sentido, la primera secuencia del film (epígrafe incluido) es en sí toda una evocación de semejante existencia y una evidente justificación para el título de la película. Las primeras imágenes de la misma nos muestran la Rapa das Bestas, una celebración gallega herencia de prácticas ancestrales en la que los lugareños se enfrentan cuerpo a cuerpo a caballos salvajes para proceder a un control sanitario de los mismos.

Estos animales son popularmente conocidos como «as bestas» y he aquí una pregunta latente tanto en el título como en el film: ¿Quiénes son las bestias? Si asumimos su acepción peyorativa, ¿son los hombres los que someten a las bestias o son las bestias quienes someten a los pobres animales?

Antoine (Denis Ménochet) y Olga (Marina Foïs), en As Bestas.
Antoine (Denis Ménochet) y Olga (Marina Foïs), en As Bestas.

El amor que subyace en el terror cotidiano

La respuesta está asegurada. Implícita en los hechos, pero también en la forma en la que son mostrados. Porque el desenlace recupera con maestría la secuencia inicial. Estableciendo un claro diálogo visual y conceptual entre ambas escenas.

Sorogoyen lo expresa a través de un travelling de acercamiento, tan honesto como impúdico, que encuentra su final en un plano detalle desgarrador. Como una suerte de crónica anunciada. Como si dicho travelling de acercamiento hubiera empezado mucho tiempo atrás, tras los títulos de crédito iniciales, y poco a poco se hubiera ido aproximando a lo inevitable.

Sorogoyen nos obligará (nos obliga) a toparnos con el vacío de un tiempo detenido, con una boca abierta que es igualmente un túnel hacia la oscuridad. Y una lección moral. Precisamente, porque ese plano es desenlace y asimismo, oportunidad.

Si As Bestas roza la perfección es gracias a su continuidad, a los matices que ofrece a posteriori de este gran suceso y al modo en que Sorogoyen relee la historia, combinando el punto de vista narrativo entre nuestros protagonistas, Antoine y Olga. Siempre bajo un pulso fílmico que se manifiesta normalmente en movimiento, en seguimiento, para detenerse o reducir el ritmo, corrigiendo hacia los márgenes del plano y de la historia.

Como si la cámara (justamente un elemento imprescindible en el devenir de la ficción) poseyera su propia vitalidad y, sin necesidad de recurrir a planos subjetivos, captara la esencia rítmica de la narración o incluso el riego sanguíneo de sus personajes. Siendo también el diseño de los mismos otro de los grandes aciertos de As Bestas.

Rodrigo Sorogoyen, Luis Zahera y Denis Ménochet durante el rodaje de As Bestas.
Rodrigo Sorogoyen, Luis Zahera y Denis Ménochet durante el rodaje de As Bestas.

Sorogoyen: las capas de la excelencia

Resulta evidente a estas alturas de su filmografía (Stockholm, Que Dios nos perdone, El Reino, Madre o asimismo la serie Antidisturbios) que la firma de Sorogoyen garantiza un resultado fílmico de calidad.

Nadie duda de su responsabilidad, pero haremos bien en recordar que Sorogoyen suele trabajar con el mismo equipo técnico, casi, desde sus inicios: el director de fotografía Álex de Pablo, el montador Alberto del Campo, la música de Olivier Arson y, seguramente, la figura más destacable de toda su obra, la guionista Isabel Peña. Es con ella con quien Sorogoyen coguioniza todas sus películas y, gracias al guion de El Reino, con quien comparte uno de los siete Goyas obtenidos por dicho film.

Y así, en As Bestas, el guion es otra pieza clave en su excelencia global. No solo por el devenir de los acontecimientos y la manera en la que están dispuestos, que también, sino debido a un diseño de personajes magistral. Y a una elección de casting a la altura.

As Bestas retrata una especie humana que, como tal, se mueve en la contradicción. Entre el odio y el amor, entre el egoísmo y la voluntad ajena, entre la incontinencia y la represión. Se muestran con tal sensibilidad que, aunque no se compartan sus acciones, se comprenden las motivaciones que las originan. Son personajes tan veraces que será fácil olvidar a los actores que hay detrás. Pero ya estamos nosotros para corregir dicha posibilidad.

Como ya se ha dicho, son Antoine y Olga, y Xan y Lore las dos parejas enfrentadas en el film y, a pesar de un protagonismo irregularmente repartido estamos ante cuatro actores (y una dirección de actores) excepcionales. Tres de los cuales cuentan con una experiencia en la interpretación que no deja lugar a dudas.

Denis Ménochet, actor francés que en As Bestas interpreta a Antoine, acaba de hacer de Peter von Kant en la película homónima de François Ozon y, entre sus numerosos trabajos anteriores, destaca otro, el maltratador de Custodia Compartida, cuyo trabajo asimismo iba de la mano de su imponente físico.

Marina Foïs, quien da vida a Olga, es una actriz francesa que ha aparecido en las pantallas de Sitges por partida doble: en As Bestas y en la fallida comedia L’année du requin.

Por último, Luis Zahera es el actor gallego que encarna a Xan y ofrece la mejor interpretación que se ha podido ver en todo el festival. Zahera es conocido por sus papeles en Celda 211 o Mientras dure la guerra, además de repetir con Sorogoyen tras la interpretación que en El Reino le valió un Goya.

De hecho, las predicciones en los premios siempre son arriesgadas, pero es muy posible que el éxito de El Reino en los Goya se vuelva a repetir. En la interpretación, en el guion, en la dirección y en todo aquello que hacen de As Bestas una obra imprescindible.

La mejor película proyectada en el Festival de Sitges y la mejor de la cinematografía española actual (con permiso de Alcarràs). Un total de 137 minutos que, finalmente, el 11 de noviembre todos podrán ver en los cines. Y otros incluso volver a visionar.

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