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Entrevista a Mara Malibrán: “La humanidad arranca con el clan maternal”

¿Existió alguna vez el matriarcado? ¿Hubo realmente un tiempo en el que las mujeres mandaban? La respuesta es bastante más complicada de lo que podría sugerir el título del nuevo libro de Mara Malibrán. En Cuando las mujeres mandaban. Viaje a la historia del matriarcado (RBA), la periodista y escritora se sumerge en uno de los debates más fascinantes (y también más discutidos) de la antropología: si el patriarcado ha estado siempre ahí o si hubo otras formas de organizar las relaciones entre mujeres y hombres.

Mara Malibrán (Olot, 1954) lleva el periodismo en las venas, pero su trayectoria también la ha llevado por los caminos de la literatura. Debutó con La Malibrán, Pasión y muerte, una biografía novelada de la célebre cantante de ópera del siglo XIX, y después llegaron las novelas Todavía no es mañana y El trabajo perjudica seriamente la salud. Junto al periodista Fernando López Agudín escribió también El último aristócrata de Venecia, dedicado al artista Mariano Fortuny y Madrazo. Ahora cambia de registro con Cuando las mujeres mandaban, su primer ensayo, y se atreve con una pregunta que lleva siglos dando guerra.

En busca de respuestas, Malibrán recorre siglos de teorías, relatos y formas de entender las relaciones entre los sexos. En sus páginas encontramos sociedades primitivas, diosas, Amazonas, antropólogas, pioneras del feminismo y hasta otras especies animales. Pero la pregunta sobre si alguna vez mandaron las mujeres acaba conduciendo inevitablemente a otra: ¿por qué, durante tantísimo tiempo, han mandado los hombres?

Portada de Cuando las mujeres mandaban, de Mara Malibrán.
Portada de Cuando las mujeres mandaban, de Mara Malibrán.

Hablamos con Mara Malibrán

– Cuando las mujeres mandaban comienza formulando una pregunta: ¿existió realmente el matriarcado? Después de toda la investigación, ¿qué queda en pie de aquella idea de que hubo un tiempo en el que las mujeres tuvieron el poder político, económico y social?

Hablar de poder político, económico y social es utilizar una terminología propia de esta etapa de la humanidad, difícil de extrapolar a la sociedad primitiva de la prehistoria; pero lo que sí podemos decir es que la hembra humana fue la artífice del salto evolutivo de la animalidad a la humanidad, a través del instinto de crianza y del cuidado social. En ese sentido, dirigió aquella sociedad y tuvo el poder político, económico y social.

– Una de las primeras paradas del libro es el matriarcado animal y la cooperación entre hembras. ¿Qué puede enseñarnos la observación de otras especies sobre las formas de organización y poder entre los sexos?

La observación del mundo animal siempre ha sido una de las fuentes fundamentales para comprender nuestra esencia, de dónde venimos, y nuestra existencia, cómo organizar la vida. Despojarse de esa mirada antropocéntrica que nos caracteriza, de esa arrogancia frente a otras especies, es el primer paso para que esa observación sea correcta y benéfica.

La sororidad, por ejemplo, entre las hembras animales de algunos mamíferos, es la base sobre la que se organiza el poder matriarcal y, lo más importante, el motor que pone límites a la violencia de los machos. Esa alianza inquebrantable entre las hembras animales debería ser un ejemplo a seguir para las humanas.

– Recuperas la hipótesis de un clan maternal originario, en el que las mujeres habrían tenido un papel central en la socialización de nuestra especie. ¿Qué evidencias tenemos de la posible existencia de esas primeras comunidades matriarcales?

Existe ya un consenso generalizado en la comunidad científica en el hecho de que la humanidad arranca con el clan maternal; el grupo humano primitivo es por lo tanto matriarcal, subordinado a los instintos maternos, y con una organización comunal igualitaria.

A pesar de que estamos hablando de la Prehistoria, las evidencias o huellas son incontables. Gracias a los avances científicos, por ejemplo, en paleoantropología, que ya analiza el ADN de restos de huesos y dientes, pero sobre todo a la implantación de la arqueología feminista, se ha conseguido recuperar un mundo, el de la mujer primitiva, que había sido borrado por el patriarcado.

Afortunadamente la ciencia ya no se construye ni se deja influir, como sucedió durante tantos siglos, con mitos, leyendas y relatos religiosos, por toda esa potente super estructura ideológica que tanto contribuyó a aplastar el conocimiento de aquella sociedad, pero, sobre todo, a erigir otra que, aunque llevaba el sello de la civilización, consagraba el sometimiento, la violencia y la injusticia sobre las mujeres.

– Si aceptamos la posibilidad de que el patriarcado no haya existido siempre, ¿qué ocurrió para que los hombres acabaran concentrando la mayoría del poder?

La mayoría no, todo el poder. Ese proceso no fue un golpe de estado, podríamos decir que fueron sucesivos y constantes golpes; en realidad, al decir de las estudiosas fue un cambio lento, largo y profundo. La transición del clan maternal al patriarcado podría haber durado dos mil quinientos años. Si nos apoyamos en la tradición antropológica evolucionista marxista, que pienso ha marcado el debate, diríamos que la llegada de la propiedad privada, tras la agricultura, y luego el pastoreo y la ganadería, ese desarrolloesa evolución económica, tan positiva, por un lado, trajo consigo el aplastamiento de la mitad de la humanidad, las mujeres; la derrota del poder matriarcal y el sometimiento de un sexo por el otro.

La violencia primero, y posteriormente la toma de medidas, como la abolición del derecho materno, y la creación de nuevas leyes fueron desplazando y reduciendo el poder femenino; con la ayuda de la religión y de los mitos el poder masculino reinó de forma absoluta y dejó, por un larguísimo periodo histórico, reducida a la mujer a su función exclusivamente reproductora.

– Propiedad, herencia, guerra, división sexual del trabajo, control de la reproducción. Las explicaciones sobre el nacimiento del patriarcado han sido muchas, ¿Hay alguna que después de investigar el tema, te resulte especialmente convincente?

Convincente me parece la explicación histórica que comentaba antes acerca del nacimiento del patriarcado y que incluye todas esas características que afirmas en la pregunta. Lo que me ha interesado muchísimo en esta investigación es el debate que surgió en paralelo al matriarcado, que todavía continúa: ¿por qué la asimetría de los sexos es un hecho universal en todas las sociedades humanas?; más aún, ¿por qué en sociedades bastante igualitarias, como las que hay hoy en día, el hombre sigue alcanzando la hegemonía? Lo interesante de estas preguntas es que nos sumerge en el hecho de que el mecanismo de la dominación masculina sobre la mujer es mucho más complejo de lo que aparenta.

– Dedicas espacio a Matilda Joslyn Gage, una figura mucho menos conocida que otras pioneras del feminismo. ¿Qué aportó su mirada sobre las sociedades indígenas a nuestra manera de pensar la relación entre mujeres y poder?

Sí, es cierto, Matilda es mucho menos conocida que Elizabeth Cady Stanton o Susan Anthony, que lideraron junto a ella la Asociación Nacional del Sufragio Femenino, y creo que deliberadamente se la marginó porque era una activista mucho más radical que la mayoría, con una formación intelectual elevada. Además, de ser una sufragista destacada, se implicó en la defensa de los derechos humanos de los grupos que estaban siendo diezmados y sometidos en América, los indígenas y los negros. Fue muy criticada por sus propias compañeras conservadoras por su posicionamiento ideológico comprometido y de denuncia; por ejemplo, publicó un libro en el que señalaba a la iglesia como una institución que denostaba y perpetuaba el papel inferior de las mujeres.

La elegí porque entre todas las dirigentes sufragistas americanas, fue la que mantuvo una conexión importante con las Iroquesas; en cuanto percibió el papel relevante que tenían dentro de la organización tribal, lo puso de manifiesto, pero no solo eso, mantuvo una relación estrecha personal con las mujeres indígenas. Fue una adelantada a su tiempo, escribió un libro sobre las mujeres científicas, lo que le valió que en el siglo pasado se acuñara el término Efecto Matilda a la tendencia a minusvalorar la presencia e importancia de las mujeres en la ciencia.

Matilda Joslyn Gage.
Matilda Joslyn Gage.

– Margaret Mead ocupa también un lugar importante en esta historia. Sus investigaciones contribuyeron a cuestionar que los comportamientos considerados masculinos o femeninos fueran universales. ¿Hasta qué punto cambió Mead nuestra forma de entender lo que pertenece a la biología y lo que construye la cultura?

Recuerdo haber leído en los años ochenta, quizás su libro más importante, Sexo y temperamento en las sociedades primitivas, que se convirtió en un clásico imprescindible, cuando en ese momento nadie hablaba de teoría del género, ella ya lanza la idea de que la cultura determina el comportamiento sexual.

Cuando llega a Australia a realizar trabajos de campo con diferentes tribus, Mead, a pesar de su juventud, es una mujer muy formada, se encuadra en la línea de la “antropología de la cultura y la personalidad” de su gran amiga y referente Ruth Benedict.

En un principio, reconoce diferencias biológicas entre los sexos, pero defiende algo que entonces era una rareza, que los rasgos femeninos o masculinos no están unidos al sexo, es decir que era la cultura y no la biología lo que los explicaba. Y que por lo tanto esos rasgos no eran innatos, y las conductas sexuales variaban según las diferentes culturas. Abrió el camino a lo que casi un siglo más tarde después llamaríamos la teoría del género.

– Uno de los conceptos que aparecen en el recorrido del libro, resulta especialmente interesante, “el poder hipnótico de la dominación” ¿por qué las estructuras de dominación consiguen normalizarse hasta el punto de parecer naturales?

Esta es la gran pregunta que complica el análisis. El paso de la objetividad a la subjetividad. El ideal del dominador se cumple cuando no existe ni un resto ni un vestigio de rebeldía en los seres a los que somete. La penetración cultural a través de hábitos y costumbres, enraizados en siglos y siglos de dominación, creo que explican en parte ese complejo mecanismo que la escritora Virginia Woolf tuvo la genialidad de definir a través de la hipnosis; y retratar magistralmente en sus novelas, a través de personajes femeninos que, a pesar de su fuerza y talento, interiorizan el sentimiento de inferioridad.

– La construcción de la virilidad también forma parte de ese recorrido. ¿Crees que el patriarcado necesita construir una determinada idea de lo que significa ser hombre?

Evidentemente, lo necesita. Dar respuesta a lo que socialmente se espera del comportamiento femenino y masculino es un axioma que se cumple en casi todas las sociedades. En este sentido, la virilidad se construye interiorizando el rol de líder y de dominio al que el hombre se ve destinado.

– La antropología feminista puso en cuestión buena parte de la tradición anterior, y el libro recoge también las críticas formuladas por pensadores del mal llamado tercer mundo. ¿El feminismo occidental ha interpretado otras sociedades desde sus parámetros culturales?

Al feminismo occidental le ha sucedido lo que, al pensamiento occidental, que ha pecado de eurocentrismo al proyectar las propias ideas hacia otros continentes, que han vivido otra historia y otra cultura y que, además, han padecido el colonialismo. Un buen número de antropólogas feministas indígenas, de Latinoamérica, o de África llegan a plantear que tanto el sexo como el género, o la dicotomía hombre-mujer, tal y como la hemos planteado en Occidente, es una imposición colonial.

En mi libro hay un capítulo que creo explica de qué manera la disciplina de la antropología comienza a cambiar radicalmente al incorporar mujeres como sujetos activos; la perspectiva gira hacia otro lado, abre el foco del análisis, y los resultados son otros. Algo parecido sucede cuando las antropólogas africanas y latinas se incorporan al pensamiento, que enfocan sus estudios hacia sus sociedades originarias y los análisis que obtienen son radicalmente diferentes.

– Hay una imagen del matriarcado que resulta muy seductora: sociedades más pacíficas, cooperativas e igualitarias. ¿Corremos el riesgo de sustituir un esencialismo por otro y considerar a las mujeres naturalmente más pacíficas o cuidadoras que los hombres?

Creo que no. Las evidencias científicas, arqueológicas, paleoantropológicas, respaldan la idea de que el clan matriarcal, que se produce en el origen de la humanidad, dirigido por mujeres, construye una sociedad horizontal, igualitaria y cooperativa. No tiene nada que ver con el esencialismo.

La mirada esencialista y sesgada, creada por el patriarcado, descansa en la idea, transmitida durante siglos, de que la mujer es un ser inferior, y que, en concreto, la mujer primitiva era sedentaria, se limitaba a cuidar de los hijos, el hombre dirigía la familia, cazaba y construía las herramientas. Este retrato, transmitido por películas de Hollywood, se ha demostrado falso.

– Desde las Amazonas hasta el Hain y la Kina encontramos relatos sobre un antiguo dominio femenino. ¿Qué función cumplen los mitos sobre la pérdida del poder de las mujeres en sociedades dominadas por hombres?

Tanto en el mito del Hain como en el de la Kina, que se dan en pueblos que vivían al sur de América, en la Patagonia, tienen en común transmitir la idea del peligro que las mujeres dirijan, ya que cuando tuvieron el poder, en un pasado remoto, lo hacían de forma injusta y con violencia. De esta manera, el mito funciona como un aviso disuasorio, al tiempo que proclama la incapacidad de las mujeres de llevar el mando, porque son incapaces, son inferiores. Ese es el mensaje; como dice la pensadora, Joan Bamberger, el fin del mito es mantener a la mujer en el lugar inferior que ocupa socialmente.

– RBA presenta el matriarcado como “el debate pendiente del feminismo” Pero me gustaría darle la vuelta, ¿necesita realmente el feminismo demostrar que alguna vez existieron sociedades matriarcales?

No es una necesidad imperiosa, pero reclamar un debate acerca de las sociedades matriarcales, que ya prácticamente hay consenso sobre su existencia, es siempre estimulante. Se trata de que tras tantos siglos y siglos de propaganda de que las sociedades matriarcales no existieron, y si existieron provenían de un mito, la antropología feminista, apoyada en los datos del avance científico, ha dado la vuelta al relato, al mito. Todo lo que signifique avanzar intelectualmente en el conocimiento de nuestra propia historia, la que nos explica, la que nos atraviesa, considero que es fundamental.

– Has dedicado décadas al periodismo y anteriormente habías transitado por la novela y la biografía, este es tu primer ensayo. ¿Por qué decidiste abordar precisamente ahora una pregunta tan enorme como el origen histórico de la dominación masculina?

Por lo que decía anteriormente, porque creo que es importante conocer el devenir de nuestra historia como ser humano mujer. Mi libro es una exposición divulgativa de cómo el pensamiento, fundamentalmente en Occidente, ha abordado la relación hombre-mujer. Ese gran debate que arranca hace dos siglos y que todavía continúa.

– Después de escribir un libro entero intentando averiguar si hubo un tiempo en el que mandaron las mujeres, invirtamos la pregunta: ¿por qué han mandado los hombres durante tanto tiempo?

Quizás podríamos completar la pregunta añadiendo, “por qué siguen mandando“, aunque eso daría para otro libro. No hay única razón que explique esa hegemonía del hombre; es una multiplicidad de causas de evolución histórica, social, económica y cultural que determinan, desde el final de la prehistoria, un devenir marcado por el dominio masculino. Creo que en el libro se explica esta multiplicidad de causas, sobre todo a partir de la segunda parte, “La irresistible ascensión del patriarcado”.

Cuestionario furioso de Mara Malibrán

Película favorita: Blade Runner.

Serie favorita: Breaking Bad, MadMen.

Libro favorito: Novela: Cumbres Borrascosas, La Montaña Mágica. Ensayo: La muerte de Virgilio. El segundo Sexo.

Cantante o grupo de música favorito: Lou Reed, Keith Jarret, Billie Holliday, Rosalía.

Artista plástico favorito: Louise Bourgeois, Marina Abramovic.

Comic favorito: Persépolis, de Marjane Satrapi.

Un miedo tecnológico: no tengo fobias tecno. Me preocupa la IA.

Foto de portada: © María Muruamendiaraz.