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Las 10 mejores películas de brujas para Halloween 2026

Hoy os presentamos las 10 mejores películas de brujas, , un ranking para el que conviene recordar que las manos de Isabella Rossellini sostienen la solución a todos nuestros males… o, tal vez, el arranque de múltiples problemas. Lisa von Rhuman es la clásica y seductora bruja que encaja de maravilla para un film como La muerte os sienta tan bien (1992), una maravilla donde el duelo Meryl Streep-Goldie Hawn se llevaba la palma en la comedia oscura de Robert Zemeckis. Si bien Sheldon Cashdan bridó el poderoso título La bruja debe morir (2000) para hablar de estas hechiceras en la cultura popular, cualquier estudio sabe que una buena dosis de nigromancia es un antídoto al fracaso ante el público.

Y las ahí de muy diversos tipos. La mirada de Winona Wyder en El Crisol (The Crucible, 1996) no necesita de nada sobrenatural para ser perturbadora y peligrosa en la adaptación al séptimo arte de la metáfora de Arthur Miller, quien aprovechó la paranoia contra los rituales mágicos en Salem para hablar de la caza a presuntos comunistas en su país. Por el contrario, un combo con gancho como el de Sandra Bullock y Nicole Kidman han repetido en dos ocasiones con Prácticamente magia, un sello donde sí hay auténticos sortilegios.

La proximidad de Halloween nos hace querer invocar a estas damas en su gran noche, viendo lo mucho que han dado al celuloide. Las candidaturas eran múltiples y venían de infinitos aquelarres, pero esperamos que este particular podio permita un hechizo a la altura para endulzar el calero en una de las veladas más idóneas para estar frente a la pantalla…

10.- El retorno de las brujas (Hocus Pocus, 1993):

Sigue sobrevolando una sensación extraña al recorrer las calles de Salem. Desde las viñetas de Marvel Team-Up hasta el fino teatro de Arthur Miller, los procesos alrededor de la presunta brujería en Massachussets suscitan suma atención. Imbuida de ese espíritu, un transatlántico como Walt Disney diseñó un operativo muy especial con Hocus Pocus: Bette Midler, Kathy Najimy y Sarah Jessica Parker sacaban sus mejores escobas para encarnar a tres brujas sentenciadas a muerte que acabaron tornadas en gatos negros.

Ideal para toda la familia, esta aventura fantástica llega hasta el siglo XX con la inesperada irrupción de Max, un muchacho recién llegado de Los Ángeles que provoca el aterrizaje de las hechiceras en plenitud de sus facultades. Pronto, queda claro que su objeto es eternizarse a costa de cuanta infancia se ponga a su paso, confeccionándose un clásico relato de terror que aquí está muy bien sazonado con cucharadas de humor al ser apta para todos los públicos.

Aprendiendo la lección de los hermanos Dalton, el libreto de Mick Garris y Neil Cuthbert (en la historia original también participó David Kirsschner) sabe que tres son piezas suficientes para marcar las diferencias (Jack y William son intercambiables en contraste con los marcados Joe y Averell). Aquí “Winnie” Sanderson sería la nigromante de grandes ambiciones, seguida por la epicúrea Mary Sanderson y finalizando por la alegría y desenfreno de Sarah.

Fieles a la fiebre por el remake y la nostalgia más descarada, en 2022 hallamos Hocus Pocus 2, una secuela interesante que bebe en exceso de querer mantener la estructura de su hermana mayor. Nacida para ser una cinta de VHS codiciada por las personitas más pequeñas de la casa, el inexorable paso del tiempo y el monopolio de Disney + invitan a pensar que la tercera entrega será menos fácil de hallar en formato físico.

9.- Me enamoré de una bruja (Bell, Book and Candle, 1958):

Realmente, el elemento más sobrenatural de la cinta radicaba en que Kim Novak precisase de cualquier clase de sortilegio para enamorar a cualquier hombre, mujer o cosa que se hubiera propuesto. Sea como fuere, ese pacto de ficción permite disfrutar de Me enamoré de una bruja, una confirmación de que este tipo de cintas pueden derivar en la comedia romántica. De hecho, un efecto colateral de esta pieza de Richard Quine, basándose en la obra original de John Van Druten (el guion cinematográfico corrió a cargo de Daniel Taradash), supuso la célebre de televisión Embrujada (1964-1972).

Igual que sucedía con la encantadora Samantha Stephens en la pequeña pantalla, el contexto histórico propició presupuestos afortunadamente superados a día de hoy. Considerar los poderes de Gillian Holroyd incompatibles con la posibilidad de tener una vida en pareja producen cierto sonrojo hoy en día, pero se mantiene la delicia de poder ver interactuar a James Stewart con Novak, quienes acababan de combinarse en una de las mejores obras de Hitchcock.

La química permanecía intacta y contaban con un elenco secundario de máximo nivel: Jack Lemmon estaba tan hilarante como hiperbólico en sus aportaciones y Elsa Lanchester era un seguro de vida para cualquier producción. Situar la atmósfera en Greenwich Village (imposible no pensar en el Doctor Extraño) da un toque particularmente encantador a esta fábula mágica con triángulos amorosos.

George Dunning supo entender a la perfección qué precisaba la banda sonora de este producto: supo añadir toques de jazz al caldero en una agradable sensación de comedia situación que hermanaría con Sabrina Spellman (la adorable hechicera adolescente que nació en la compañía Archie Comics y ha terminado teniendo una fecunda carrera audiovisual). 

Por supuesto, no falta un excelente gato que una nigromante de altura como el personaje de Novak debe tener entre sus filas.

Póster de Me enamoré de una bruja.
Póster de Me enamoré de una bruja.

8.- Blancanieves, un cuento de terror (Snow White: A Tale of Terror, 1997):

Si Napoleón, ateo recalcitrante, afirmaba que un buen sacerdote le ahorraba cien gendarmes, no es descabellado señalar que el cuento cruel adecuado puede servir de advertencia más elocuente que cualquier aviso familiar almidonado. Blancanieves, un cuento de terror es una de esas pequeñas rarezas que, de vez en cuando, sorprenden en el caprichoso zapping.

En primer lugar, a pesar de su condición de telefilm (en una era donde todavía existía un abismo entre formatos en cuanto a calidad cinematográfica en el acabado), su reparto no pudo resultar más seductor: Sigourney Weaver regalaba su prestancia para ser una de las grandes villanas en el imaginario popular: la madrastra de Blancanieves. La vanidad de Lady Claudia estaba aquí bien argumentada por Deborah Serra y Thomas E. Szollosi, inspirándose realmente en las descarnadas recopilaciones de los hermanos Grimm.

Acompañando al talento de Weaver, un intérprete como Sam Neill aceptaba sin que se le cayesen los anillos el rol de un marido y padre superado por dos mujeres mucho más carismáticas que él. La juvenil presencia de Monica Keena regalaba a una princesa que distaba de la atmósfera Disney para hallar a unos enanitos mucho más escabrosos a lo que antes hubiéramos visto. El espejo maléfico de Weaver casi parecía conectarnos más con problemas psicológicos agudos antes que poderes místicos, incluyendo varias escenas de profundo desasosiego.

Más allá del feísmo de algunos momentos del metraje (que, con todo, cazan bien con sus propósitos), hay auténticas joyas escondidas, especialmente a través del despliegue de Weaver. Tornada en esa falsa e indefensa anciana, acertará a lanzar un último beso a la joven Lilian, perfecta metáfora del amor-odio que ella suscita a su madrastra. Estamos en plena efervescencia de una pesadilla gótica en el castillo de la bruja más malvada (y seductoramente fascinante en su oscuridad) que ha existido en la cultura pop.

7.- Las brujas de Zugarramurdi (2013):

Aquella histeria colectiva a comienzos del Seiscientos llevaba tiempo mereciendo su película (incluso sería acreedora de una serie de televisión). Sin embargo, sería de una manera tan inusual como su propio director, Álex de la Iglesia, quien sorprendió junto a Jorge Guerricaechevarría con un libreto fresco y que trajo un primer acto memorable. Con resonancias a Macbeth, arrancaba una montaña rusa donde la explosiva pareja Hugo Silva-Mario Casas lidera un atraco sin freno en la Puerta del Sol.

La extraña sensación de llevar un botín plagado de anillos matrimoniales empeñados por promesas frustradas se va acrecentando. La pintoresca banda se va adentrando por el norte y llegando a Zugarramurdi. Junto con Delfos y otros enclaves, uno de esos pocos lugares con atmósfera, una sensación tan inmaterial como palpable. Con Carolina Bang tornada en una especie de Daryl Hannah con pócimas y sapos, el grupo atracador va cayendo en las redes de una comunidad de brujas liderada por dos actrices consumadas (Terele Pávez y Carmen Maura).

A medida que se avanza hacia el desenlace, de ahí su posición en nuestro esotérico podio, la cinta se desinfla. Debido a su fama rolera, casi podríamos atrevernos a decir que un cineasta consumado como de la Iglesia se queda encasquillado en los dados, sin llegar a consumarse el bestial clímax que hubiera permitido comparar Las brujas de Zugarramurdi (2013) con El día de la bestia (1995).

Pese a ello, funciona notablemente en muchos niveles y es una de las incursiones españolas al género con sabor más autóctono y un tono salvaje que se acentúa en el atávico canto con el que las señoras de la oscuridad invocan a su fuerza Madre. Tal vez, el master de la partida desperdicie a un elenco de magníficas secundarias, pero al salir de la mazmorra es innegable que nos lo hemos pasado agradablemente mal.

Póster de Las brujas de Zugarramurdi.
Póster de Las brujas de Zugarramurdi.

6.- Las brujas de Eastwick (The Witches of Eastwick, 1987):

Pese a las persecuciones y la multiplicación de tópicos, pensemos en la recopilación de ellos por parte de Julio Caro Baroja, siempre hay algo sexy asociado a la brujería. En ese sentido, tras tantas cintas perpetuando verrugas en la nariz y dientes bañados de verde, Las brujas de Eastwick hizo justicia al potencial con un triunvirato memorable: Michele Pfeiffer, Susan Sarandon y Cher. Tres damas que encarnaban la idea literaria original de John Updike.

Probablemente, un arma de doble filo que la obra del director George Miller manejó fue cierta indefinición: por momentos, una alocada comedia y, en otras, verdadero terror fantástico. Sin hacer caso a la advertencia de Oscar Wilde, las tres amigas logran invocar a un compañero masculino capaz de fascinarlas en una localidad de Nueva Inglaterra monótona: Daryl Van Horne. Jack Nicholson puso todo el talento e hipérbole que puede brindar al cuadrado para un diablo que rara vez se vio tan bien acompañado.

La invocación alberga un as ganador: John Williams puso toda su maestría para entender a la perfección el eclecticismo de la aventura y siempre pone la melodía que más se adapta a lo mostrado. En la época de las relaciones tóxicas, el personaje de Van Horne se ha revindicado y se encuentra de rabiosa actualidad. Sin menoscabar el magnetismo del cuarteto protagónico, hay presencias secundarias de lujo como Veronica Cartwright, quien sabe sacar un gran jugo a sus minutos en pantalla.

Además, el operativo esconde el encanto de saber utilizar un recurso tan propicio para Halloween como el vudú, convertido aquí en un elemento punzante para lo peor que el patriarcado puede ofrecer, si bien el desenlace final (el cual nos desvelaremos por si alguien todavía no conoce este film de culto) dejará con un sabor agridulce. Miller se fogueó en el esplendor de Hollywood (congregaciones religiosas, caprichos de productores, etc.) en un rodaje accidentado e inolvidable.

5.- La maldición de las brujas (The Witches, 1990)

Una de las maldiciones más célebres de brujería parece haber acontecido en Berwick, debido a los intentos de invocar el mal tiempo necesario para hundir el barco del rey Jacobo VI. La maldición de las brujas evoca esa sensación de prodigios y temor a las palabras arcaicas pronunciadas en el momento preciso. Basándose la absorbente narración original de Roald Dahl, el guionista Allan Scott colaboró con el literato para brindar una ópera británica deliciosa.

Uno de sus encantados radicó en la elección de Angelica Huston como la Gran Bruja en el contexto de un protagonista en la edad de los descubrimientos: Luke (Jasen Fisher) es un muchacho con un fuerte vínculo con su abuela que descubre el riesgo de las hechiceras que viven camufladas en el mundo. Nicholas Roeg dirigió con mano firme una cinta que fascina a la infancia, pero sin renunciar (maquillaje mediante) a auténticos momentos terroríficos.

Incluso el inefable Rowan Atkinson se deja caer por una aventura plagada de momentos inolvidables. Curiosamente, la adaptación resultó sumamente fiel hasta el desenlace final, ratas y ratones incluidos. Tras grabar dos versiones, los despachos y productora optaron por uno menos estresante que el planteado por Dahl en la palabra escrita. Sea como fuere, en todas esas interpretaciones siempre sobresale Helga (Mai Zetterling), una abuela que se convierte en el paradigma de lo que una persona joven necesita encontrar cuando se halla frente a la vejez de un ser querido.

Si bien contó con un reclutamiento de altura (Anne Hathaway, Stanley Tucci, Chris Rock, etc.), el remake Disney de 2020 no logró convertirse en un hito a la altura de una predecesora que sigue siendo de visionado recomendado al máximo cada 31 de octubre. Obviamente, una gran dama como Huston sigue desempolvando el traje mágico cada tanto en Halloween.

Póster de La maldición de las brujas.
Póster de La maldición de las brujas.

4.- El baño del diablo (Des teufels bad, 2024)

Cristina Molina Crespo es una de las corresponsales en Sitges que más intuición ha demostrado para entender la transformación del género terrorífico en las salas durante los últimos años. A través de una generación de directoras, el axioma se ha modificado: antes, este medio creaba monstruos para infundir miedo en el auditorio. Ahora nos damos cuenta de que siempre han estado ahí, con una hornada de autoras que nos los revelan.

El baño del diablo posee un costumbrismo que, en ocasiones, raya en lo documental. Severin Fiala y Veronika Franz no solamente dirigen, previamente se documentaron, como si estuviesen en unos estudios de doctorado sobre la cuestión, en los protocolos notariales e información de la Austria del siglo XVIII. Un mundo distinto y unos valores donde el miedo a la brujería sacaba lo peor contra el semejante. Pausadamente, a través de lo cotidiano, estas dos horas de metraje nos sumergen en un baño demasiado real, mediante el drama de Agnes (Anja Plaschg).

Cuestiones como el pánico al infierno o la tragedia de confundir problemas psicológicos perfectamente tratables con lo sobrenatural órbita en una fábula sangrienta. Aunque esté atrapada en un matrimonio que no funciona, curiosamente el esposo de Agnes es otra víctima de la angustia de la presión social y las normas del Antiguo Régimen. Simplemente, son incapaces de entenderse, atrapados en una maraña rural que despedaza al distinto.

La sensibilidad de las autoras nos lleva a un tercer acto que puede llegar hasta nuestros días: el papel de la turba y la masa justiciera. Incluso frente a los crímenes más horribles, ¿qué dice acerca de una sociedad como todas sus piezas se unen en una jolgoriosa bacanal contra la persona acusada? De menos a más, este film es tan imprescindible como angustioso en esta lista.

3.- La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960):

Sería un pecado que no hubiera acento transalpino en un surtido como este. De cualquier modo, debemos desterrar a la entrañable figura de la bruja Befana y sus buenos deseos para la infancia del país cada enero. La máscara del demonio supuso una pieza exótica en unos instantes donde el género no estaba especialmente de moda, llegando de la mano de un artista como Mario Bava, a quien debemos piezas indispensables como Operazione Paura (1966).

En esta ocasión, la trama nos lleva a los días medievales y los inhumanos castigos. Una pareja de amantes es descubierta practicando brujería y se les colocan dos máscaras con sus respectivas púas en el interior. Un prólogo ya lo suficientemente desagradable para que entendamos las cartas que están sobre la mesa en una pieza sobrenatural donde la pareja terminará regresando a la vida y con ganas de sembrar el caos (algo bastante lógico si tenemos en cuenta el tipo de sistema judicial que les tocó en suerte).

Nikolái Gógol inspiró una historia que luego fue adaptada con libertad por Ennio de Concini, Mario Serandrei y el propio Bava en persona. Probablemente, uno de los grandes secretos de esta pieza de culto es su falta de rubor en usar lo mejor que puede ofrecer el cliché: pasadizos, ceremonias atávicas (Eyes Wide Shut se nota entre las brumas de ese primer acto), criptas, castillos góticos, etc. ¿Algún problema con eso? Ninguno cuando se ejecuta con maestría y Barbara Steele puede ser disfrutada por partida doble.

Lamberto, el hijo del cineasta, decidió proseguir la estirpe con un remake más descarnado para esta televisión. Huelga decir que es tan interesante de ver como imposible que haga olvidar este incunable dentro de la videoteca destinada a esta esfera de lo sobrenatural.

Póster de La máscara del demonio.
Póster de La máscara del demonio.

2.- El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999):

Morgana Le Fay fue capaz de hechizar a todo un valle, creando una ilusión que atrapaba en un limbo a todo caballero que hubiera sido infiel a sus promesas amorosas. Siguiendo esas directrices de la hermanastra del rey Arturo, Haxan Films inició una campaña de promoción pixelada que prácticamente hería los ojos de la audiencia por su pésima calidad. No obstante, su falsa apariencia resultaba perfecta: mucha gente creyó que un grupo estudiantil se había perdido realmente en El proyecto de la bruja de Blair.

Antonio Míguez Santa Cruz, en su fabulosa obra Eso no estaba en mi libro de cine de terror (2024), rememora la bendita ingenuidad que todavía existía alrededor de internet entre el gran público en vísperas del estreno. Ni su secuela en 2016 o el anunciado reboot podrán nunca competir con el turbio pasado de Burkittsville (el primer nombre del bosque de Blair) y la muerte tumultuosa de Elly Kedward en el siglo XVIII. Al igual que hicieron los hermanos Coen a través de la mitología de Fargo, este juego metaficcional de falsos hechos reales dejó perplejo al auditorio, sobre todo por la deliberada forma de grabarlo, haciendo cómplice a la persona espectadora.

Heather Donahue, Michael C. Williams y Joshua Leonard poseían, de igual manera, una falta de bagaje que los hacía virginales para ese casting. La falta de grandes nombres y su excelente naturalidad en un medio tan distinto a un rodaje habitual sumergieron a una generación en un cuento cruel moderno. Al más puro estilo de lo que haría Alfonso Cuarón con Harry Potter años después (y que estaba ocurriendo en la simultánea Sleepy Hollow de Tim Burton), los árboles pasaron de ser algo hermoso a una promesa de riesgo, las trincheras de la superstición. Daniel Myrick y Eduardo Sánchez nos obligaron a forzar la imaginación… y era terrorífico lo que surgía.

1.- La bruja (The Witch, 2015):

Resulta una tentación irresistible. Si vamos a hacer un drama sobre una ruptura o una traición en lo más íntimo, el libreto querrá ir de inmediato a la escena antológica, a arrancar las lágrimas y la angustia de los personajes. En cambio, La bruja de Robert Eggers se cocina a fuego lento en su caldero. El célebre director de terror se documentó con la paciencia de un monje benedictino, aunque su meta no era torturar a las brujas como las enfermizas propuestas cazadoras de Matthew Hopkins.

Condensada en poco más de hora y media, la filmación es una disección quirúrgica en el calvinismo inglés del siglo XVII. La actitud del paterfamilias (interpretado por Ralph Ineson) lleva a un destierro de una familia donde la joven Thomasin (Anya Taylor-Joy firmando uno de los mejores trabajos de su carrera) es una fuente de discordia inconsciente. Aunque la productora A24 convenció a Eggers de acortar el metraje y no excederse en los puntos de vista de cada integrante del clan, ese trabajo de años terminó fructificando en contagiar a su audiencia de que esta familia se amó profundamente y ahora está a punto de automutilarse.

Sin grandes sobresaltos, sucesos como el joven Caleb, hermano de Thomasin, esta irresistible fábula nos va golpeando en una fusión de las brujas de Salem con los hermanos Grimm. La tensión entre la protagonista y su madre (fantástica Kate Dickie) exponen sin tapujos ni subrayados innecesarios una sororidad traicionada por la rigidez de un sistema fanático. El espectro del Francisco de Goya más oscuro sobrevuela alrededor de cada escena, filmadas en una increíble luz natural.

Irónicamente al ser la primera de nuestro podio, no se sorprendan si el sortilegio no les golpea de inmediato. Quizá, bajo los ribetes inadecuados, pueda aparentar un simple carnero, pero una mirada atenta refleja un film diabólico y liberador.

Póster de La bruja.
Póster de La bruja.

Las 10 mejores películas de brujas: Invocación extra

Hubiera sido imperdonable que este surtido no hubiera incluido alguna mención asiática. Para subsanarlo, nos trasladamos al momento en que Shima Iwashita se colocó los ribetes de la princesa-bruja Himiko para el film de 1974 dirigido por Masahiro Shinoda. La obra se basa en una de las grandes protagonistas de leyendas niponas y permite conocer un poco mejor la compleja religiosidad del archipiélago durante el siglo III.

Esta fantasía de estética realmente singular para el público occidental compitió en Cannes y posee el atractivo de exhibir a un personaje femenino realmente poderoso, nada menos que una emperatriz. Mensajera del dios Sol, la veremos como cabeza visible del reino de Yamatai. Si bien, al igual que sucede con Tartessos u otros episodios del pasado, hay muchísima imaginación alrededor de esta dama, fuentes en la antigua China corroboran su existencia en esos días ancestrales.

Taeko Tomioka colaboró con el propio Shinoda para una reflexión de 100 minutos donde la conexión espiritual y la propia condición mortal de la falible heroína permiten una experiencia atípica. Como afirmaba una espléndida Elizabeth Olsen como la Bruja Escarlata (no olvidemos que la hechicería ha dado alegrías a Marvel Studios como WandaVisiono Agatha ¿Quién si no?) en Doctor Extraño en el multiverso de la locura (2022), no parece justo el desenlace que tendrá esta poderosa dirigente que sirve como encarnación de un Japón que va desapareciendo.

Al final, los helicópteros, grandes rascacielos y vehículos veloces amenazan con pulverizar a los mitos, pero siempre necesitaremos a las Himiko que pueblan la Tierra con sus sortilegios. Nos hacen faltas las brujas, aunque durante tantas generaciones las hubiéramos estado persiguiendo. Y este podio es un homenaje a las mismas.