‘The Sandman’: Estación de nieblas (Parte 4)

Bienvenidos una vez más al Sueño. En esta ocasión, de forma más directa que ninguna de las anteriores, porque hemos llegado al cuarto arco argumental de la serie, llamado Estación de Nieblas, que abarca del 21 al 28 de la misma.
Cuando lleguéis al final podréis apreciar una diferencia fundamental con los anteriores: en él las historias de los mortales solo tienen cabida de forma tangencial.

Estación de nieblas está completamente dedicado al funcionamiento interno de la Corte del Señor de los Sueños. A los reinos paralelos de otras entidades cósmicas mantenidas por el sueño o la creencia de los mortales (aunque parte de esa creencia sea que esto ocurre exactamente al revés), es fácil no notar ese detalle al terminarlo.

Es un arco especialmente rico en apariciones estelares de personajes muy carismáticos, algunos de bastante importancia de fondo más adelante. De adentrarse en las personalidades y tensas relaciones familiares de los Eternos ya a fondo.

The Sandman: Destino y Delirio
The Sandman: Estación de nieblas.

Para mi gusto, nos encontramos, ya plenamente, un Gaiman sin riendas. Desatando su batiburrillo de referencias clásicas de literatura y mitología. De imaginación desbordada. Dejando momentos espectaculares que valieron al guion de Estación de nieblas el premio del Salón del Comic de Angoulême en el 2004.

Estación de nieblas: Contenido

Un buen ejemplo de esto sería el número 23, donde además de componer de un plumazo un panorama algo más coherente del Infierno DC del que nos dejó el baile de dominancias demoníacas que fue durante un tiempo la trama (realmente mala) de la serie del demonio rimador Demon de DC (que se desarrollaba en esta misma versión del Infierno procedente de la mitología cristiana), nos deja una imagen del Lucifer “clásico” tan redimida y carismática que fue inspiración directa de la serie de televisión del mismo nombre.

Un Lucifer que se pregunta muy astutamente: “¿Si el orden divino es infalible, cuanta de mi rebelión no formaba parte desde el principio del plan?, ¿qué es el Cielo sin la amenaza del Infierno? En serio, necesito unas vacaciones.”

Para que hablen del síndrome del “burn out.”

El Lucifer pianista y hedonista (si alguna vez habéis escuchado a un pianista de bar, comprenderéis la broma sobre la tortura inherente, incluso siendo realmente bueno, de escuchar tu canción favorita… casi, pero es un piano de bar), Mazikeen, el Lux, todos esos elementos de la serie de televisión nacen de esta re/visión del Infierno.


El arco Estación de nieblas es uno que casi vuelve a los cauces tradicionales del comic, en el sentido de que tiene una continuidad más estrecha y, salvo el aparte del número 25 donde se sigue la vida y muerte del pequeño Rowland y las bondades de la educación en los internados tradicionales británicos, que nos muestra un ejemplo de lo que pasa con los fugados psíquicos cuando hay caos en las bajas esferas (y una buena moraleja de lo que es el Infierno, recalcando la moralina del genial 24), la sensación es de que estos sí que es mejor leerlos en su orden concreto para seguir correctamente el hilo de los acontecimientos.

Y de la reflexión de Neil Gaiman sobre la responsabilidad y la capacidad de cambio.

Mostrando un efecto que al guionista le encanta y que poco a poco se nos irá haciendo familiar: el del alud de nieve. Donde un pequeño acontecimiento dejado aparentemente al azar en un número anterior desencadena una trama completa y mucho más compleja de lo que parecía. Volvemos a una historia narrada de pasada anteriormente, la de Nada, la reina que rechazó el amor de Sueño. Al que esté enfadado condenó al Infierno.

Tras el aviso de las tres parcas en el jardín del Destino, este convoca a todos los hermanos disponibles a una reunión familiar donde empezamos a ver las constantes desavenencias familiares. De paso conocemos un poco más, con gran belleza, a los Eternos presentes.

Provocado por Deseo, que le recuerda la historia de Nada, Sueño, enfadado, busca el consejo de su hermana Muerte, Ella no duda en echarle un rapapolvo por el acto cometido.

Así que Sueño decide enmendarse volviendo a sacarla de donde él mismo la envió. Aun sabiendo que se la tienen jurada desde números anteriores…

Se desencadenarán así, los acontecimientos que alterarán el equilibrio cósmico tal y como se le conocía hasta entonces.

Mejor gobernar en el Infierno

La visita de Sueño al Infierno nos descubre a un Lucifer que hace de anfitrión de una forma bastante inesperada. Después de reflexionar sobre su papel en el orden de las cosas, le entrega a Morfeo, en venganza, la llave del cerrado Infierno, puesto que él renuncia a su puesto.

Nadie le rechista a Lucifer la legitimidad de la posesión del infierno, aparentemente el Marina D’Ors de los solares psíquicos y bastante codiciado por todas las entidades cósmicas (probablemente el único dios que no debe quererlo es al que le ceden la llave, última ironía del vengativo diablo), pero con Sueño es otro cantar. La mayoría de los viejos dioses de varios panteones se personan a Sueño para sobornar o reclamar casi por la fuerza el terrenito. Dejando a Oniros la responsabilidad de decidir quién se lo queda y dirimir las disputas.

En la pugna una entidad del Caos le ofrece a la prisionera Nada, que no había encontrado anteriormente, pensando poder hacer un trato con Morfeo. Este se la arrebata por la fuerza demostrando que en su reino es todopoderoso. Al final, es el mismo orden divino el que decide por él. Ha de haber un Infierno, así que cede la llave a los enviados del cielo, los intachables ángeles Duma y Remiel (un tanto desconcertados pues en teoría ese es el castigo para los desobedientes, ¿no?). Tras hablar amistosamente con Nada repara su deuda permitiéndole reencarnarse.

Todo termina como empieza, pero todo es distinto.

Es exquisita la conclusión de que el castigo recibido de los que se creen justos es cien veces más destructivo y peligroso que el de aquellos que lo hacen por maldad, pues hay menos piedad aún en su juicio. Al fin y al cabo, no pueden equivocarse. Y pocas cosas peores habrá que ver como alguien que además se cree bueno te destroza la vida…

The Sandman: Estación de nieblas.
The Sandman: Estación de nieblas.

La historia es ingeniosa, con moraleja y sencilla, pero contiene en su lectura deliciosas reminiscencias a la mejor de las literaturas. Desde los magníficos pasajes propios a las abundantes referencias a los clásicos mitos griegos, japoneses, egipcios o nórdicos, a Chesterton y a Milton y su Paraíso Perdido, una referencia bastante lógica si vemos como se construye esta versión de Lucifer.

¿Es mejor gobernar en el infierno que servir en el cielo, no, hombrecillo?
Sí, mi señor Lucifer
No lo dije yo, lo dijo Milton. Y él era ciego.

The Sandman: Lucifer desahogándose con Sueño.
Lucifer desahogándose con Sueño. The Sandman: Estación de nieblas.

De verdad, es imprescindible leerse las reflexiones y arengas de este personaje en concreto. De lo mejor de toda la serie.

El retorno del Héroe, que diría Jung

Pero a mí particularmente, la estructura del arco me recuerda, sobre todo, a la Odisea.

Morfeo, el rey perdido que vuelve a su reino con su orden trastocado tras su ausencia. Que, con el regalo de Lucifer mediante, se encuentra de forma indeseada con un montón de pretendientes a su patrimonio. Que bajo la protección de la sacrosanta hospitalidad debida por el anfitrión, se dan banquetes mientras permanecen allí de forma indeseada. Disputan entre ellos arrogándose derechos que realmente no poseen, y amenazan con destruir la paz y estabilidad del lugar en el que se hallan.

Incluso pelean contra él hasta que son vencidos. No son a mi entender muy distintos de los que se encontró el cansado Ulises al volver a su añorada Ítaca. La estructura formal de la historia en esta parte me recuerda horrores a la de la obra de Homero. Otro guiño oculto a la literatura de todos los tiempos, típico de Gaiman.

The Sandman: Estación de nieblas.
The Sandman: Estación de nieblas.

Bonus: el clobhair-ceann

Sí, esta sucesión de historias en particular resulta particularmente fabulosa, en lo más cerrado de sus acepciones, por la representación constante de figuras procedentes de la mitología universal clásica (la cristiana, la nórdica, japonesa, egipcia, británica e irlandesa, e incluso la proveniente de la propia casa de comics, los representantes del Orden y el Caos (véase por ejemplo la colección de Halcón y Paloma para conocerlos en detalle).

Sobre todo, porque, en su mayoría, intentan acercarse todo lo posible a las representaciones originales (ese Thor tal cual está representado en los mitos vikingos, fuerte como una maza, pero gañán como él solo, pues a menudo como ocurre con el Dagda celta con el que probablemente emparenta como Dios de la fertilidad de los campos, sus historias y mitos clásicos son mitad proezas, mitad alivio cómico). Es bastante refrescante de ver después de leerse a las representaciones marvelitas.

Pero entre todas las figuras míticas que aparecen y que son bastante conocidas, me voy a entretener en un personaje que nos presentan en la embajada feérica: el Cluracán. No Cluracán a secas, como nombre: EL Cluracán. Porque hablamos de una subespecie de ser feérico.

Cluracán.
Cluracán.


Él y su hermana Nuala serán posteriormente bastante recurrentes en la historia, y con papeles relativamente importantes dentro de seguir siendo siempre secundarios.

El travieso Cluracán es un duende con sabor más clásico de lo que esta representación moderna deja entrever. Titania lo suele escoger como embajador, quizás porque está acostumbrado a visitar, debido a sus preferencias, las ciudades humanas, y con cierto grado de pacifismo… que ya es más de lo que ocurre con muchos de sus inestables sirvientes. Las hadas son gente de comportamiento voluble. Lo mismo te ayudan que te maldicen a ti y a tu estirpe por siempre, o roban nueve años de tu vida, o ponen pies de pato a tu primogénito, o vete a saber por dónde les da la ventolera.

Cuidado con la Buena Gente

No en vano en la vieja Irlanda recomiendan llamarles siempre The Good Fellow, la Buena Gente. No porque realmente crean que lo son; es porque normalmente son tan impredecibles y fáciles de irritar, dado que de natural son como mínimo traviesos, y con mucha mala suerte, malvados, pero malvados de verdad, que más te vale no entrarles ofendiendo ni por omisión. Tú hazles coba de buen principio, por si acaso. En serio. No te la juegues.

Dentro de lo que cabe, el travieso clobhair-ceann, Clurichaun, o Clurachan, es uno de esos duendes menores caseros que normalmente hasta son de cierta ayuda según los trates -como los duendes zapateros-, o que te pueden hundir la vida si se sienten ofendidos, cosa que puede ocurrir con facilidad.

¿Ese dibujo de un tipo bajito y cabezón con barba y una pipa en la boca de los pubs irlandeses? Probablemente es un cluracán. Seres pequeñitos y rematadamente traviesos que hacen sentir su presencia con pequeñas y normalmente inofensivas diabluras varias. Son aficionados a la bebida en grado tan extremo que se los encuentra a menudo cerca de las bodegas de los ricos. Despistarse con un cluracán puede implicar perder todo lo de la bodega. Pero si los vigilas y los tratas bien, otorgan favores y recompensas personales. Casi buenos chicos, lo cual es mucho decir para ser un hada irlandesa o de la vieja gran Bretaña.

Y esa es la historia de nuestro festivo amigo. Por eso el detalle de la botella o de encantarle las conversaciones de taberna como se verá más tarde. Recordad, no le ofendáis.

Tiene el don de la profecía. No posee el de la contención personal, y aunque éste ha salido bastante simpático aunque un poco sinvergüenza, mejor no tentar la suerte… porque eso es un cluracán.

El Cluracán clásico

Y sí, claro que Gaiman lo conocía perfectamente, probablemente y como ávido lector que es se lo encontrara si no en las historias folklóricas tradicionales de su país, en el cuento popular The Haunted Cellar, grabado por Thomas Crofton Croker En 1825, o quizás en la Mitología de las hadas (1828)de Thomas Keightley.

Asi se le describe:

El Clobhair-ceann era otro ser de la misma clase: era un tipo alegre, ruborizado y borracho, y siempre lo encontraron en los sótanos del libertino. Baco como, a horcajadas en la botella de vino con una jarra llena hasta el borde en la mano, bebiendo y cantando alegremente. Cualquier bodega conocida por estar obsesionada por este duende estaba condenada a llevar a su dueño a la ruina rápida.

También se le describe como un tramposo y bromista, y un perturbador del orden y la tranquilidad en el hogar, haciendo ruido día y noche. A pesar de su naturaleza a menudo problemática, el clurichaun cuida especialmente a la familia a la que se ha unido. Esforzándose por proteger sus propiedades y vidas siempre que no se interfiera con él.

Además de su amor por la bebida, al clurichaun también le gusta fumar en pipa, y se dice que le pertenecen las pequeñas pipas de arcilla desechables conocidas como “pipas de hadas” que a menudo se encuentran al cavar o arar. También conoce el secreto de hacer cerveza a partir de brezo.

Así que ya conocéis un poco mejor a este personaje… si lo encontráis en sueños, no os la juguéis; invitadle educadamente a una copa.

The Sandman: Estación de nieblas.
The Sandman: Estación de nieblas.

Continuará…

AQUÍ puedes leer The Sandman: Preludio (Parte 0)

AQUÍ puedes leer The Sandman: Preludios y nocturnos (Parte 1)

Pincha AQUÍ para leer The Sandman: La casa de muñecas (Parte 2)

Pincha AQUÍ para leer The Sandman: País de sueños (Parte 3)

Dale AQUÍ para leer The Sandman: Juego a ser tú (Parte 5)