‘La flor’, una lectura intensa al estilo Mary Karr

Si sois como yo, os gusta hacer listas de prácticamente cualquier cosa: vuestros grupos de música favoritos, directores de cine, etc. La más difícil de elaborar (por lo menos para mí) sería una de novelistas, aunque, seguramente, Mary Karr estaría entre ellos.

Henry Miller estaría en lo más alto de la mía, eso seguro, aunque no sé si por delante o por detrás de Jack Kerouac o Charles Bukowski, o John Dos Passos, o Anaïs Nin, o Francisco Umbral, o… ¿Veis a lo que me refiero? Menudo lío.

Lo que sí tengo claro, como os adelantaba al comienzo, es que Mary Karr estaría en el top diez de dicha lista. ¿Cómo no? La autora tejana pisa fuerte con sus botas de vaquera en el mundo de la prosa literaria desde el lanzamiento de su primera novela autobiográfica: El Club de los Mentirosos, de la que ya hablamos en un artículo anterior.

La escritora norteamericana Mary Karr, autora de La flor. Foto: ©Deborah Finegold.
La escritora norteamericana Mary Karr, autora de La flor. Foto: ©Deborah Finegold.

Echando raíces

La flor es una directa continuación de dicha historia, que sigue a Mary desde el inicio de la pubertad hasta el final de su adolescencia. Leechfield continúa siendo el mismo agujero infecto de siempre, y los problemas familiares no amainan en la casa de los Karr. El foco de esta novela, sin embargo, se centra aún más en su protagonista, resaltando sus conflictos internos por encima de los externos.

Mary no ha dejado de ser un pequeño mico irrespetuoso, un torbellino malhablado que apenas rebasa el metro y medio. Pero a medida que crece va tomando consciencia de aquellas cualidades que la diferencian de las demás personas de su edad: la libertina educación que ha recibido por parte de una madre (cuando menos) inestable, las carencias emocionales heredadas de un padre amado pero ausente, su agudo intelecto, su sentido crítico, y su especial sensibilidad a los sinsabores de la vida.

La joven deberá lidiar con problemas propios del crecimiento tales como la búsqueda de la propia identidad o las tan necesarias relaciones sociales. La novela sigue a Mary en sus primeras menstruaciones, masturbaciones, enamoramientos, desengaños amorosos, encuentros con las drogas… etc. También nos muestra su descubrimiento de la literatura y sus pasos iniciales como poetisa, así como la fundación de su personalidad rebelde e inconformista (en contraposición a su hermana Lecia, que prefiere refugiarse tras una actitud mucho más conservadora).

Mary Karr, entre pétalos y espinas

Se me ocurre que Mary Karr es un poco a la prosa lo que Anne Sexton a la poesía. Las dos tratan temas profundamente femeninos (no en vano hablan de sus experiencias en primera persona), pero lo hacen de forma tan llana y directa que cualquiera puede empatizar con ellas. Además, no se andan con chiquitas ni tienen pelos en la lengua. Contundentes, fieras, y extremadamente locuaces, expresan todo aquello que viven de forma brillante y no sin un cierto sentido del humor retorcido.

La flor posee todas estas cualidades, asegurando una lectura intensa y rápida, a varias revoluciones por segundo. Aun así, no carece de ciertos momentos de pausa, diseminados cuidadosamente a lo largo de sus 432 páginas. Estos altibajos contribuyen al encariñamiento del lector con Mary, que la sigue de buen agrado en su descenso a los infiernos.

Al igual que El Club de los Mentirosos, La flor fue editada en castellano por Periférica & Errata Naturae, y puede conseguirse fácilmente en librerías. La tercera parte que completa el mosaico de sus memorias es Iluminada, que abordaremos próximamente en otra reseña furiosa.

Hasta entonces, quedaos con esta flor espinosa, que os invitamos a exhibir en la solapa.

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