Las 10 películas más extrañas de la historia del cine

Está claro, el séptimo arte puede ponerse realmente conceptual, abstracto o meramente absurdo cuando así lo desea y, aun así, resultar en una experiencia visual merecedora del tiempo invertido en el visionado de las que pueden ser las películas más extrañas de la historia.

Nos ha pasado en bastantes ocasiones. Acudir a ese ciclo de cine de autor o alternativo. Probar esa película de la que no sabemos ni la sinopsis o de la que nos ha hablado un amigo que la halló en un magazine cultural y encontrarnos nadando con sorpresa en el espesor o el surrealismo de una filmación.

Salir de ella con una extrañamente satisfactoria sensación proveniente de algún síndrome de Estocolmo intelectual aún por descubrir y estudiar.

Esta lista es un pequeño homenaje a esa sensación de hallarse perdida y encontrada, sea en el formato de rodaje, el concepto, el guion, o todo lo demás junto en alegre batiburrillo.

Como en todos los ordenes jerárquicos limitados, algo debe de quedarse fuera. Así que si recordáis alguna más meritoria, solo decir que yo misma tengo la sensación de haber dejado fuera buenas candidatas.

Vamos, que no están todas las que son, pero son todas las que están.

Ahí voy:

Estoy pensando en dejarlo (I’m thinking of ending things). Charlie Kaufman, 2020

En serio, pocas veces veréis algo más extraño, por no decir nunca, y os reto a demostrarlo si creéis lo contrario. Charlie Kaufman, responsable de películas de naturaleza bastante atípica por sistema como Anomalisa o Synecdoche, New York, nos deja esta cinta basada en la novela de Ian Reid y protagonizada por Jesse Buckley y Jesse Plemons.

Una pareja de novios hace un viaje para visitar a los padres de él. Una sinopsis de lo más anodina que encubre una película que desde el principio nos deja una sensación a caballo entre lo que debe ser el uso del ácido lisérgico y los sueños más arraigados en el más oscuro rincón de la memoria subconsciente.

Langosta (The Lobster). Yorgos Lanthimos, 2015

En realidad, haciendo esta lista, una acaba dándose cuenta de que quizás sería mejor hablar de autores en lugar de obras individuales porque este director ateniense tiene también una larga serie de obras que merecen estar en la lista por derecho propio.

Y va a ocurrir en varias ocasiones.

Por ejemplo, su obra Canino (Kynódontas) merece por derecho propio en cuanto a rareza un puesto equivalente en la lista. Pero esta es igual de extraña y más light en cuanto a temática.

Protagonizada por Colin Farrell y Rachel Weisz, la cinta muestra un futuro en el que por ley los mayores de 45 años tienen la ultima oportunidad de sus vidas de encontrar pareja siendo encerrados en un hotel donde con suerte conocerán a sus compañeros para lo que les resta de vida. Si no lo consiguen, serán convertidos en un animal, a su elección.

En caso de no lograrlo, el personaje de Farrell encuentra reconfortante la idea de ser convertido en langosta. Así, tal cual. Aunque también queda la opción de la huida…

Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich). Spike Jonze, 1999

La cinta está dirigida por un novel (aunque curtido en el mundo de los mejores y más singulares videoclips) Spike Jonze, pero el guionista a cargo de esta rarísima película no es otro que Charlie Kaufman de nuevo.

Con actores como, por supuesto, el mismo John Malkovich haciendo de sí mismo, Cameron Diaz o John Cusack, la película narra la historia de un infeliz titiritero desencantado con su vida que encuentra en su nuevo empleo de archivero una minúscula puerta que le lleva a ocupar la mente del mismísimo John Malkovich durante 15 minutos.

Descubriendo así – nunca mejor dicho – una puerta de salida de su rutinaria vida que se acaba convirtiendo en obsesión. Lo mejor, John Malkovich de él mismo, siempre es un lujo tenerle llenando la pantalla.

Brazil. Terry Gilliam, 1985

Otro director recurrente en lo que a filmaciones extrañas se refiere. El director británico Terry Gilliam. Miembro de los Monthy Phyton, tiene en su currículum obras como Los Caballeros de la Mesa Cuadrada, la genial 12 Monos, Miedo y Asco en Las Vegas o El imaginario del Doctor Parnassus, entre otras.

Todas ellas muy dignas de ocupar este puesto.  Escogí Brazil porque siempre le tuve mucho cariño a esta elegía. Al papel en ocasiones desastroso, pero siempre esperanzador y subversivo, que puede jugar la imaginación en una vida constreñida por las presiones familiares, la burocracia y la rutina.

Jonathan Pryce interpreta al protagonista, Sam Lowry. Un funcionario que desempeña por voluntad propia un cargo nimio donde esconde su capacidad.

Tiene una vida rutinaria y tranquila hasta que tropieza de casualidad con la mujer de sus imaginativos sueños, que contrastan con fuerza con el mundo gris y automatizado que le rodea.

En principio no parece tan raro, pero es ver la escenografía y el ambiente y lo comprendes todo. Impagable el cameo de Robert de Niro como heroico y subversivo fontanero, o la actuación de Katherine Helmond. Veterana actriz que siempre recordare por la serie Enredo. Lo mejor y más extraño, la atmósfera del film.

Persona. Ingmar Bergman, 1966

El director sueco, cuenta también con cintas extrañas y cercanas al surrealismo entre las que elegir. Un ejemplo sería la magistral El Séptimo Sello, pero quizás, Persona, sea de las más extrañas y difíciles de interpretar.

A caballo entre sus experiencias personales y sus “retiros” mentales, habituales en el director, y la fascinación que despertaban en él sus actrices fetiche (y amantes) recurrentes, las protagonistas Bibi Andersson y Liv Ullmann desarrollan una surrealista historia de fascinación, drama e impersonalización, con toques de thriller.

La famosa actriz teatral Elisabet Vogler (Ullmann), deja de hablar sin motivo alguno y ha de hacer un retiro de cura mental donde será cuidada por la enfermera que interpreta Andersson. Muy a lo Eva al Desnudo, pero con tintes bastante más estremecedores y surrealistas.

El cosquilleo morboso en los límites del subconsciente que deja, es tan “jungiano” como el tema tratado en el filme, la teoría de la Persona. Rara.

Equus. Sydney Lumet, 1977. Bonus (*)

Hablando de temas morbosos y psicoanalíticos, aquí tenemos esta pequeña joya que no sabía muy bien donde encasillar. Así que la dejo aquí como bonus de punto y final para la primera mitad.

El veterano director Sydney Lumet elige la obra de teatro homónima de Peter Shaffer para hacer una película que, si bien contiene unos delirios surgidos de la imaginación de un chaval que vive en una realidad divergente dignos de ser llamados extraños en grado sumo, en realidad al visionarlo resulta un film de lo más coherente y comprensible.

Pero en los revolucionarios 70 podían verse películas que en casi cualquier otra década tocaban temas que podrían considerarse muy extraños y controvertidos, alejados de los cánones hollywoodenses tradicionales.

Si bien el tratar el tema de la relación en la terapia de sanación mental médico/paciente no es nada nuevo, la franqueza con la que se tratan los delirios del chico y sobre todo, la posición francamente a favor del terapeuta, que se siente forzado por la sociedad a “reparar” algo que no considera roto, sino dotado de una capacidad alternativa de imaginación prácticamente bendita, es tremendamente extraña hoy día.

Saca a la luz una controversia de la salud mental largo tiempo olvidada de forma estremecedora a nivel del subconsciente, y completamente magistral.

La imagen del terapeuta mirando a cámara con desesperación y recitando lúgubre “llevo un bocado muy afilado en la boca, y jamás me lo quitan”, nunca se borrará de mi imaginario personal.

Extraña, en cierta forma, pese a lo canónico de la narrativa, y muy digna.

Gran interpretación de Richard Burton como el terapeuta y Alan Strang como el paciente.

Un terapeuta ha de tratar al responsable de un inusual crimen cometido en un establo: un adolescente ciega a los seis caballos que residen en la cuadra. El psiquiatra comienza a desentrañar la madeja de traumas y parafilias que el chico ha tejido en torno a una entidad imaginaria: Equus, el gran Dios Caballo.

Daniel Radcliffe en Equus.
Daniel Radcliffe en Equus.

Y sí, por si os suena, es la misma obra de teatro en la que Daniel Radcliffe (Harry Potter), enseñó al mundo sus desnudeces porque es la misma en la que se basa la película.

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