Placebo: amapolas en llamas (Parte II)

En el artículo anterior sobre la banda de rock liderada por el díscolo Brian Molko, hablamos acerca de sus orígenes y sus tres primeros álbumes. En este, continuamos repasando la discografía de Placebo con no menos entusiasmo, como buenos fanáticos.

Integrantes de la banda de rock Placebo

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La espera para su octavo disco de estudio se hizo un poco más llevadera el pasado día 17 de septiembre, cuando lanzaron un nuevo single. Beautiful James nos calmó un poco el mono a sus adictos. Sirvió para recordarle al mundo de la música que Placebo continúa siendo una banda absolutamente necesaria.

Hacía cinco años y un mes que no escuchábamos a Brian Molko cantando algo nuevo. Beautiful James suena inequívocamente a Placebo (de la mejor forma posible). A pesar de que a mí, en particular, no me guste en demasía el riff de teclado que salpica la canción, su potente melodía de guitarras y, sobre todo, la voz de Brian, son una puerta abierta a un lugar tan añorado como familiar.

La letra nos despierta de un estado de letargo y nos lleva de la mano a través del viejo jardín de amapolas en llamas. Jardín en el que los corazones remendados nos sentimos como en casa. El “bring me back to life, never let me go” con el que arranca el tema se lo gritamos nosotros a Placebo, rogándole que se quede con nosotros para siempre.

Adictos confesos

Y es que me atrevo a decir que los fans de Placebo estamos hechos de otra pasta. Desde su fundación a finales de los años 90, la banda londinense ha apelado a un público bastante particular. Una legión de devotos con ganas de jarana (como cabría esperar de los seguidores de un grupo de rock), pero también de algo más.

Como una versión glam del flautista de Hamelin, el triunvirato formado en su momento por Brian Molko, Stefan Olsdal y Steve Hewitt atrajo a una multitud de seres taciturnos a base de ruido y distorsión. Y como buenas alimañas, agradecimos ese baño oscuro y cálido en que nos sumergieron con nuestra eterna e inquebrantable devoción.

Por supuesto que hay grupos más populares que Placebo, pero dudo que haya muchos con seguidores tan fieles. Somos auténticos yonquis. Y aunque pueda existir una pequeña separación entre aquellos que los descubrimos al principio de su andadura y aquellos que se engancharon después, tenemos varios rasgos en común: una ligera tendencia hacia el exceso, un gusto pronunciado por el drama, y, ¿por qué no admitirlo?, un punto de vanidosos.

Esto último nos viene, sobre todo, de la continua exposición a las maneras de Brian Molko, la última gran estrella negra del firmamento del rock. Su comportamiento díscolo, agresivamente sexual, su retorcido ingenio, y su sadismo oral, son motivo de admiración de miles. Como los ramalazos de un Lord Byron futurista que acompaña sus versos con el desgarro de una Fender Jaguar.

El diablo en los detalles

Quizá Brian Molko vestía y se maquillaba como tu amiga la gótica, pero era capaz de acabar con ella en la cama con tan solo una de sus mefistofélicas sonrisas. Y contigo también, como te descuidases. Y de pasarse toda la noche colgado de una botella y de cualquier químico que tuviese a su alcance, provocando la más hermosa de las catástrofes.

Pero hasta el rockero más desinhibido debe plantearse en algún momento si no será hora de sentar cabeza. En contra de lo que cantaba Neil Young, no siempre es mejor consumirse que irse apagando lentamente. Como rezaba Commercial for Levi “if you don’t change your situation, then you’ll die, […], please don’t die”.

En diciembre de 2002, Molko pasó la barrera simbólica de los treinta años. Se encontró inmerso en una vorágine que solo tenía dos caminos: el hospital o el cementerio. En la gira de Black Market Music, Steve, Stefan y él salían al escenario con una botella de Jack Daniels cada uno en el cuerpo, por no hablar de otras sustancias, claro. Y después se dedicaban a tirarse a todo bicho viviente (aunque aseguran no haber tenido sexo con ningún animal, lo cual es un alivio).

Estamos seguros de que Brian disfrutó lo suyo de este periodo de desenfreno. Aun así, lo cierto es que no mitigó su sensación de haberse quedado estancado. Como una especie de Peter Pan con muy poco reparo hacia las enfermedades venéreas. Finalizado el Black Market Music World Tour, la banda se tomó un descanso de seis meses, en los que su líder comenzó a dar sus primeros pasos hacia la adultez (más o menos).

Sueños especiales

De vuelta en el estudio de grabación, el trío contó con la colaboración de Jim Abbiss. Un nuevo productor dispuesto a darle otra vuelta de tuerca a su sonido. Lejos de la escena rock, Abbiss había trabajado con músicos tales como DJ Shadow, Björk y Madonna. El resultado fue una mezcla del guitarreo habitual de Placebo con beats electrónicos. Y la banda no podía esperar para mostrársela al mundo.

Sleeping with ghosts vio la luz el 24 de marzo de 2003. Grabado y mezclado entre los estudios Town House y SARM, de Londres, resultó ser el disco más comercial de Placebo hasta la fecha. Lo cual no tiene por qué ser malo cuando lo que estás vendiendo es bueno.

Aunque no significó un cambio de sonido tan drástico como el Kid A de Radiohead, por ejemplo, Sleeping with ghosts se distingue fácilmente de los demás. En conjunto, resulta como una fantasía insomne acerca de una vida en la que todo cambia a velocidad de vértigo (y, generalmente, para mal), excepto los viejos fantasmas que nos acechan a todos de vez en cuando.

Sleeping with ghosts

Su primera canción es Bulletproof cupid. Un tema desprovisto de letra pero invadido por un zumbido casi insectoide que se nos clava entre los occipitales con una rabia metalera.

Acto seguido, English summer rain nos indica que ya no estamos en Kansas. Esta es la primera patada en la boca para los puristas del rock. Una melodía de lo más bailable que, no obstante, nos habla acerca del perenne complejo de inferioridad que siente Brian Molko, pese a su intratable pose. Queda claro que el giro pop de este álbum no es sinónimo de levedad ni de entretenimiento fácil.

This picture se refiere al sofocante miedo a envejecer, en el contexto de una escena de masoquismo sexual y emocional. Una chica-cenicero aplasta cigarrillos en el pecho de la voz de la canción, y le observa besar el suelo. “You know we miss her, we miss her picture”…

La canción que titula el disco es un clásico en los conciertos de la banda, y todo un himno para sus leales. Sleeping with ghosts continúa el mensaje de Slave to the wave. Nos habla del desdén de Brian Molko hacia lo establecido: las religiones, los gobiernos, etc. Por otro lado, expresa un pensamiento precioso (y sorprendentemente optimista) según el cual el lazo de afecto que une a dos o más personas los vuelve, literalmente, inmortales. “Soulmates never die”…

Aquí hemos venido a sudar y a liberar adrenalina

The bitter end se deja de zarandajas y nos recuerda que, pese a que experimentar con otros géneros musicales está estupendo, aquí hemos venido a romper a sudar y a liberar adrenalina. La quinta canción del disco va de los huesos rotos (metafóricos) que nos dejan las relaciones tóxicas, que tanto se asemejan al suicidio.

Something rotten continúa en esta línea quebrada. Su melodía es, con diferencia, la más experimental, y parece una continuación espiritual de Swallow, del primer disco. La propia voz de Brian parece zumbar como un bicho alado y coprófago alrededor de algo en avanzado estado de descomposición: sus propios sentimientos.

Plasticine nos arremete después con un poco de grunge, al tiempo que nos sube la moral recordándonos aquello de que la belleza está en el ojo del observador. Así que a la mierda con los cánones de belleza, vamos, y no te olvides de ser como eres.

Posteriormente, suena Special needs, quizá la mejor canción del álbum, y una que nos engancha por las tripas. En ella, Molko hace un cadáver exquisito de varias cosas: su amor por el celuloide, los seis meses de reflexión que se tomó después de la última gira, y la decepción provocada por un amante que parecía que sí… pero no. Y todo esto expresando su constante necesidad de reconocimiento y su miedo atroz a ser olvidado. “Remember me, special dreams…”.

Amor sufrido y enfermizo

I’ll be yours es una de las pocas baladas como tales con las que cuenta Placebo. Y, fiel a su estilo, se trata de una canción de amor sufrido y enfermizo.

En armonía, Second sight pasa del punto de vista de la víctima al del abusador. Porque si lo que buscabas eran canciones ligeritas… este no es tu grupo. Con una melodía que incita, de nuevo, a menear el esqueleto, Molko nos insta a escapar mientras podamos, porque él no es más que un maldito baudeleriano.

Protect me from what I want es una súplica para escapar de esta bipolaridad inmoral. Simon Breed (miembro fundador de Breed y colaborador habitual de Dream City Film Club y Nick Cave and the Bad Seeds) ejerce de artista invitado. Toca la harmónica de fondo, arañándonos los oídos y contribuyendo a crear una atmósfera de pesadilla.

Por último, Centrefolds nos envuelve en una sintonía de piano que nos recuerda lo cerca que está lo bello de lo desoladoramente triste. Continuando con la temática cinéfila de Special Needs, Brian nos canta esta nana insomne acerca de una estrella de cine caída en desgracia (al estilo de Norma Desmond en El crepúsculo de los dioses), que es también la última súplica de un amante desesperado para conservar al objeto de sus anhelos. “Come on fallen star… I refuse to let you die”.

One more with feeling

La gira de Sleeping with ghosts fue un auténtico baño de multitudes para Placebo, que se encontraban en la cima absoluta de su popularidad. Aprovechando esta inercia, grabaron su primer DVD oficial en el concierto que dieron el 18 de octubre de 2003 en el Palais Omnisports de Paris-Bercy ante más de veinte mil fervientes espectadores.

La guinda del espectáculo fue la participación de Frank Black, de la banda Pixies. Con él, tocaron una versión de la alucinante Where is my mind?.

Este nuevo y más maduro Brian Molko comenzó a mostrarse mucho más activo respaldando causas políticas y sociales. Aunque Placebo siempre había abanderado la libertad sexual y los derechos de los homosexuales, en esta época llevaron sus opiniones a la práctica.

El 29 de junio de 2004, por ejemplo, Placebo tocó en Beirut donde la homosexualidad sigue estando castigada por el código penal. Ahí, Brian Molko cantaba aquello de “don’t forget to be the way you are”. Mientras, Stefan Olsdal tocaba el bajo con la palabra “HOMO” escrita en pintura roja sobre su torso. Porque el rock ‘n’ roll no es más que una pose vacía si no viene acompañada de un compromiso libertario.

Segundo disco recopilatorio

Poco después de este singular evento, la banda lanzaría su segundo disco recopilatorio. El primero fue un álbum de versiones (entre las que se incluía la ya mencionada Where is my mind?). Once more with feeling, sin embargo, resultó ser un proyecto mucho más ambicioso. Impulsado por su discográfica, reunió todos sus singles hasta la fecha, incluyendo el último, Protège Moi, una versión de Protect me from what I want traducida al francés por Virginie Despentes (de la que ya hemos hablado en Las Furias en este artículo).

En el disco también pueden escucharse dos canciones completamente nuevas: I do y Twenty years. La primera es una declaración de amor de un chico hacia su amante femenina a la que, además de amar, intenta parecerse. El nancy boy del 1996 había puesto los ojos en una chica y le dedicaba las siguientes líneas: “I want to be a girl like you, the way you swing your hips in jeans. I want to wear my face like you, Shiseido Mac and Maybelline; I want to paint the town with you and tickle you until you scream”.

Por otro lado, Twenty years regresa al tono melancólico que suele asociarse con la banda. En este tema, Brian Molko (consternado por el paso del tiempo, ya decimos) lanza un vistazo hacia el futuro, esperando lo mejor y lo peor, y acabando con una frase tan enigmática como confusa: “You’re the truth, not I”. Pero, como afirmó Sonic Youth en su momento, “la confusión es sexo”, así que no seremos nosotros quienes la censuren.

Por último, One more with feeling cuenta con una edición Deluxe en la que se ofrecen hasta diez remixes de temas pasados, en los que la banda continúa flirteando con otros géneros tales como el pop, el techno, o el dub.

Hotel persona

Después de todo este ruido, Brian Molko se tomó unas merecidas vacaciones en busca de silencio. Fascinado como estaba por las culturas orientales, realizó un viaje que comenzó en Tailandia y terminó en la India. En él intentó disfrutar de una temporada de anonimato para reconciliarse consigo mismo y darle el giro a su existencia que empezó a plantearse antes de grabar Sleeping with ghosts.

Sus compañeros de grupo, sin embargo, no desconectaron de la música, aunque sí de Placebo. Steve Hewitt participó en un concierto de reunión de su antigua banda, Breed, junto al ya mencionado Simon. De esta forma volvió a tocar en un local más pequeño, recordando viejos tiempos y reconciliándose con el aspecto más crudo e inmediato de la música rock.

Pero los fanáticos de Placebo somos tal y como hemos descrito antes, y dicho concierto se llenó hasta las trancas de personas que estaban ahí únicamente para ver a Steve Hewitt, miembro de nuestra adorada santísima trinidad. No hace falta decir que, por este mismo motivo, el experimento de la vuelta de Breed no funcionó.

Lo que sí cuajó fue Hotel Persona, el proyecto made in Spain de Stefan Olsdal con Javier Solo y David Amén (el actual marido de Stefan). Este proyecto desembocaría en un disco de estudio lanzado en 2008 y titulado En las nubes.

Como pequeña anécdota personal mencionaré que, en este periodo, yo estaba trabajando en el servicio de información del aeropuerto de Barajas, y atendí a Stefan Olsdal en el trayecto desde la terminal T4S hasta la sala 10 de equipajes. El bajista de Placebo fue tan amable de conversar conmigo estando de vuelta de Heathrow.

Stefan, si por algún casual llegases a leer esto, yo soy ese muchacho con la chaqueta verde fosforito y el pelo alisado para parecerme a Brian Molko.

Vuelta a los escenarios

Después de pasarse en un mes en una pequeña cabaña en una playa de Goa, Molko sintió el impulso de volver a tocar. Continuando con su actitud más socialmente comprometida, participó con Placebo en multitud de eventos benéficos, destacando entre ellos el Live 8. Este se realizó el 2 de julio de 2005 y constó de once conciertos simultáneos para combatir la pobreza, celebrando el 20 aniversario del conocido Live Aid Concert.

Este Brian seguía lidiando con sus demonios personales, pero estaba provisto de una nueva luz. Dicha luz tenía nombre y un apellido (el suyo): Cody Molko.

Y es que, también en 2005, el líder de Placebo había sido padre. Parece mentira, pero sí. La madre del retoño es Helena Berg, una fotógrafa vietnamita con la que Brian mantuvo un romance durante alrededor de un año. Actualmente, Cody Molko se abre camino en el mundo de la interpretación (curiosamente, la primera ambición de su excéntrico padre) y ejerce un papel importante en The Drowning, una serie británica estrenada este mismo año.

Volviendo a lo que nos ocupa, Brian, Stefan y Steve grabaron su quinto disco entre diciembre de 2005 y enero de 2006, en hasta cuatro estudios repartidos por Londres: SARM, Snake Ranch, Angel Recording, y RAK.

En esta ocasión, el trío decidió volver a sus raíces más rockeras, prescindiendo de otros adornos. El resultado fue un álbum poco arriesgado en lo musical, pero a altura de sus cuatro predecesores. Coincidió, además, con el mejor momento de Brian Molko como letrista. Sus surreales versos parecían orbitar todavía más en torno a sus profundos sentimientos de aislamiento y soledad, que no son incompatibles, como se demuestra, con la fama y el éxito.

Meds

El lanzamiento del disco, por su parte, se vio envuelto en una intensa polémica. Pese a salir a la venta oficialmente el 13 marzo de 2006, casi dos meses antes había sido filtrado por un empleado brasileño de Virgin Records. En pocos días se registraron más de veintiséis mil descargas ilegales del álbum. Esto, se entiende, enfureció muchísimo a los miembros de la banda, y tensó sus relaciones con la discográfica.

Pese a esto, el disco se convirtió rápidamente en su más vendido, dando muestra de la envidiable salud del grupo (lo cual contrasta irónicamente con su breve título).

Meds arranca con una canción homónima que rivaliza con Every me and every you por ser su más conocida. Poderosa y electrizante de principio a fin, cuenta con la colaboración de Alison Mosshart, la cantante de The Kills.

En ella, Brian nos habla acerca de sus desórdenes mentales varios y su búsqueda de sosiego, a veces mediante el uso de medicación. Al mismo tiempo, la sensual voz de Mosshart le susurra como una diablesa en su hombro acerca del sexo, las drogas y los demás enredos que le han llevado a ese estado. Como curiosidad mencionaremos que, en el vídeo, Molko aparece con la cabeza afeitada en señal de su apoyo a la organización caritativa Save the Children. ¡Bien por ti, Brian!

Amante abusador y abusado

Infra-red y Drag vuelven a oscilar entre el amante abusador y el abusado, como ya ocurriera con I’ll be your y Second sight, pero al revés. La segunda y tercera canción de Meds meten tanta caña como Placebo es capaz (que es mucho decir), pero la una habla desde la voz de un borracho violento y la otra desde la de un enamorado que se siente poca cosa en comparación con su media naranja (podrida).

La descarga rockera se toma un respiro en Space monkey, otro de los temas más experimentales de Placebo. En él, la voz lamentosa del cantante nos habla de un romance tan tórrido como insano. Desde su sueño espacial, nos dibuja el retrato de una compañera sexual hecha para hipnotizar, y en la que solo se entra para morir. Al mismo tiempo, le ruega que no finja, pues su relación es sagrada, pese a estar condenada a la insatisfacción.

La de Follow the cops back home es, en mi humilde opinión, una de las mejores letras de Brian Molko. Recurriendo a la escritura automática, describe el encuentro entre dos personas solitarias, abandonadas al alcohol, que se compadecen de sí mismas y mantienen una triste y absurda conversación: “The call to arms was never true. I’m medicated how are you? Lets take a dive swim right through sophisticated points of view”. El lento increscendo musical que comienza en el minuto 2:49 y desemboca en el 3:24 pone, en verdad, el vello de punta.

Placebo rock band

Por ti le rompería la espalda al amor

Post-blue continúa con el tono dadaísta y retoma el innuendo sexual de Space monkey. En ella, un Molko medicado y sangrante realiza de rodillas una de las declaraciones de amor más aviesas de la música rock: “I’d break the back of love for you”. “Por ti le rompería la espalda al amor”…

Con Because I want you volvemos a agitar la cabeza arriba y abajo (y reanudamos el pogo en los conciertos). Queda claro que el sexo es un tema recurrente en este disco. También el consumo abusivo de alcohol. En esta ocasión, Brian no se pone abstracto cuando afirma que bebe porque le asusta la soledad, y que esto mismo está destruyendo su relación sentimental.

Blind, por su parte, es el I’ll be yours de Meds. Después de admitir en la canción anterior que él mismo está alejando a su ser amado, en esta le suplica que se quede en la canción más sencillamente hermosa del disco. Hallando un valor estético en el desgarro como solo Placebo sabe, lanzan un verso tan inquietante como evocador. Verso seguido de una súplica sencilla: “If I could tear you from the ceiling I’d freeze us both in time and find a brand new way of seeing, your eyes forever glued to mine. Don’t go and leave me and please don’t drive me blind”.

Y hablando de canciones tristes y bonitas, Pierrot the clown se lleva la palma. Sé que sueno como un fanático empedernido, pero ya os lo advertí de antemano. En este tema, Brian se equipara al payaso que hace pucheros en la película Pierrot el loco de Jean-Luc Godard. En la piel de este personaje, nos expone su añoranza por un viejo amor. Rememora hasta los más pequeños detalles: sus labios, sus muñecas, etc.

R.E.M, guitarras lacrimógenas y reminiscencias Cohen

Si reconocéis la voz que inicia Broken promise, es porque habéis estado en el Planeta Tierra en algún momento de los últimos cuarenta y un años. Michael Stipe, el solista de R.E.M., colabora con Placebo en esta canción que habla de la confianza rota entre una pareja de hombres. Una melodía de piano rompe con fuerza en un torrente lacrimógeno de guitarras en el segundo 53. Poco más se puede decir de este tema salvo que es uno de los más potentes de la banda.

One of a kind tampoco desmerece, y Brian Molko se reafirma en su individualidad, por más que le pese. “I’m in a crowd and I’m still alone”.

In the cold light of morning es una delicia que hace referencia a uno de los discos de Dream City Film Club. Otro grupo de culto que se merece un artículo separado. Su melodía pausada sugiere el estado de duermevela de una persona que tiene mucho de lo que arrepentirse. En él, Molko vuelve a separarse del resto de personas de su edad con vidas ordenadas. Mientras, él vaga por las calles presa de una resaca considerable. La guitarra acústica de fondo recuerda a Leonard Cohen, artista universal ampliamente admirado por la banda (como no puede ser de otra forma).

El disco termina, apropiadamente, con Song to say goodbye, otra de las canciones más memorables de Placebo. En ella, Brian es especialmente cruel consigo mismo llamándose “uno de los errores de Dios, un desperdicio de espacio llorón y trágico. “My, oh, my…”. Pese a su pesimista contenido, musicalmente es su cierre de disco más movido hasta la fecha.

Un lugar para soñar

De esta forma cerramos el presente artículo. Espero que estéis disfrutando este viaje al menos la mitad de lo que lo estoy disfrutando yo, que siento enamorarme de nuevo de mi grupo preferido.

Pronto revisitaremos el jardín de amapolas en llamas para repasar los siguientes dos álbumes de Placebo: Battle for the sun y Loud like love. También repasaremos el disco conmemorativo de su veinte aniversario A place for us to dream. Y quién sabe si tendremos la oportunidad de reseñar su octavo álbum, todavía sin título cuando escribo estas torpes líneas.

Amor, paz y Placebo para tod@s.

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