‘Sorry, Baby’: la vida después de una agresión sexual no tiene manual
Aunque estrenada en Sundance el año pasado, acaba de llegar a las salas Sorry, Baby, una joya del cine independiente estadounidense. La actriz Eva Victor debuta como directora y guionista de una película íntima, dura y, a veces, incluso divertida. En ella retrata las vivencias de Agnes, una mujer que ha sufrido una agresión sexual. En una sucesión casi literaria dividida en capítulos, vemos cómo pasan los años y cómo la protagonista debe seguir con su vida sin saber exactamente cómo debe hacerlo. ¿O es que acaso existe una forma más correcta que otra para seguir con tu vida tras sufrir algo así?
Retratar los años posteriores de una víctima de una agresión sexual no es tarea sencilla. En múltiples ocasiones esto ha sido abordado, pero no siempre de la forma más adecuada. Tal y como ocurrió en el caso de La Manada, lo primero que se juzgó fue cómo la víctima llevó una vida normal posteriormente a la agresión, lo que hacía suponer que, en realidad, no había pasado nada malo. No obstante, igual que no existe un manual para superar una ruptura o la pérdida de un ser querido, tampoco lo hay para seguir adelante tras una agresión sexual.
Las mujeres hemos sufrido el yugo del patriarcado durante años diciéndonos cómo debíamos comportarnos para ser una buena esposa, para ser una buena hija, para ser una buena mujer y, en la actualidad, también parece que existen una serie de normas para ser una víctima adecuada. Pero cada persona, cada mujer, es diferente, y cada vivencia es tan válida como la otra, sin que ninguna pueda ser juzgada desde la mirada ajena.
En Sorry, Baby, Eva Victor escribe, dirige e interpreta de forma sublime, una vivencia en particular, la de Agnes. En este caso, la protagonista incluso articula en alguna ocasión el hecho de sentirse culpable porque, algunas veces, no piensa en lo que le ocurrió, aunque en realidad es algo que le hizo daño y lo sigue haciendo. En esta dicotomía es donde la protagonista se halla, queriendo continuar con su vida, pero con el juicio social siempre oscilando sobre su cabeza.

Sorry, Baby, perono puedes entrar al supermercado con un gato
Uno de los aspectos más relevantes de la película de Eva Victor es el protagonismo de la cotidianidad. El cómo comerte un sándwich con un desconocido que te ayuda a superar un ataque de ansiedad se convierte en un momento significativo en tu vida. O cómo pasar tiempo con tu mejor amiga se transforma en lo que más feliz te hace en el mundo. Entre estas, una de las situaciones más enternecedoras es cuando Agnes se encuentra a una gatita callejera y la recoge sin dudarlo, enamorándose al instante de la pequeña peluda. A continuación, tiene lugar una de las secuencias más irresistibles de la película cuando la protagonista entra en un supermercado escondiendo a la felina en su chaquetón.
De este modo, una historia que es muy dura se retrata poniendo el foco en las cosas hermosas que pueden pasarle a la protagonista, incluso sacando una sonrisa a la audiencia. No obstante, esto no evita que la directora represente la crudeza de los hechos. Porque en todo momento se hace hincapié en que lo que ha ocurrido es un hecho terrible que hace que la vida de la protagonista cambie. Pero no está constantemente metiendo el dedo en la llaga, sino simplemente, dejando que Agnes viva, y no sobreviva.
Respecto a la agresión sexual, la directora la representa de forma sutil sin necesidad de mostrar absolutamente nada del hecho. Desde el exterior del lugar donde esto ocurre, vemos cómo pasa el tiempo sin observar lo que ocurre en el interior. Un enfoque feminista muy cuidadoso que se aleja de las comunes representaciones de violaciones explícitas. Algo que otra película española reciente como La Furia (Gemma Blasco, 2025) hace de forma similar, aunque en este caso, a través del juego con la iluminación.

Sorry, Baby, pero no deberías haberte bañado antes de venir
En una línea similar a la brillante Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020), Eva Victor retrata la violencia institucional y, particularmente, obstétrica, que muchas mujeres tienen que sufrir a diario. En este caso, cuando vas a urgencias para que te examinen tras sufrir una agresión sexual. El médico que la atiende trata a la protagonista como una paciente cualquiera, ejerciendo todo tipo de violencias a la hora de preguntarle qué ha ocurrido y cómo. Y, sobre todo, juzgando todo lo que ha hecho tras la agresión. Por suerte, su mejor amiga Lydie está con ella para acompañarla en esta situación. E incluso ante estas deplorables circunstancias en esta secuencia, la directora es capaz de sacarnos una sonrisa.
En muchos aspectos Sorry, Baby recuerda a la magnífica To Leslie (2022) de Michael Morris. Andrea Riseborough y Eva Victor brillan por la naturalidad en sus reacciones y su personalidad tan peculiar. Para ello, la actuación de la actriz es esencial, la cual destacada por su exquisita sencillez. Un personaje realmente peculiar lleno de matices que no son capaces de rellenar ninguna de las casillas que establecen el sistema como normativas —algo que incluso vemos reflejado a través de algún detalle en alguna de las secuencias—.

Sorry, Baby, pero ese trabajo que has conseguido no te lo merecías
En Sorry, Baby la audiencia se sumerge en una experiencia vital que es tan válida como cualquier otra. Y ese es el principal mensaje que la directora hace llegar. Que no todas las mujeres somos iguales y por ese mismo motivo, no todas nuestras experiencias y formas de afrontar son iguales.
Uno de los personajes más peculiares, aunque secundario, tiene una gran relevancia en la crítica hacia el sistema heteropatriarcal. La compañera de Universidad Natasha, interpretada de forma fantástica por Kelly McCormack, encarna el rol de esa mujer con la que, supuestamente, debemos competir. La competitividad tóxica que nos imponen en la sociedad actual se representa de forma excepcional a través de ella, desvelando capa por capa el motivo de cada acción y sentimiento expresado.
Múltiples películas recientes como La asistenta (Kitty Green, 2019) o Al descubierto (Maria Schrader, 2022), han puesto el foco en el movimiento #MeToo y en cómo denunciar y hacer frente a situaciones de acoso o agresiones sexuales en ámbitos laborales. Pero ¿qué ocurre en el ámbito universitario? Donde constantemente se destapan casos de profesores que acosan o abusan de las alumnas, pero estos siguen en sus puestos de trabajo. Hace no mucho, de hecho, se estrenó Caza de brujas (2025) de Guadagnino, donde aborda dicho tema, aunque ni de lejos tiene la perspectiva feminista y acertada que tiene la película de Eva Victor.

Sorry, Baby, pero en realidad, nadie puede sentirlo como lo sientes tú
La ópera prima de Eva Victor podría enmarcarse en este movimiento feminista, pero la directora, guionista y actriz transgrede de forma excepcional la forma de abordar la temática. En Sorry, Baby, el foco se pone en la víctima y no en el agresor y, particularmente, se centra en la vida de la protagonista más allá del hecho. En definitiva, construyendo una mujer que no está definida por lo que le ha ocurrido, sino por su potente personalidad.
Esta película no es una historia de venganza, de dolor, de sufrimiento. Es una historia sobre una mujer que quiere que la escuchen cuando ella lo necesite, al igual que necesita que no la traten diferente o la juzguen por lo que le ha ocurrido. Una mujer que a veces quiere hablar del tema y, otras, simplemente, no le apetece.
De forma sutil, al inicio vemos cómo la protagonista duerme en el sofá y su mejor amiga está sentada al lado de ella viendo la película de culto 12 hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957), donde estos deben decidir el futuro de una persona que no conocen de nada basándose en las evidencias presentadas. Pero, ¿quiénes son ellos para tomar una decisión así? ¿Para juzgar a una persona que no conocen? Y, si estas cuestiones nos parecen tan evidentes, ¿cómo es que la sociedad se siente en la posición de juzgar constantemente a una mujer que ha sufrido una agresión sexual?
