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Festival de Sevilla 2022: ‘The Quiet Girl’, una historia sobre la importancia de todo lo que no se dice 

El cineasta irlandés Colm Bairéad estrena en el circuito de cine europeo en Sevilla, The Quiet Girl, su nuevo largometraje. Una historia sobre el amor, la familia, y la importancia de todo lo que no se dice. Una imagen vale más palabras, y en el caso de la película irlandesa es totalmente cierto. Ganadora del premio Generation Kplus: Oso de Cristal en Festival de Berlín 2022. Una obra poética escrita con luz, que cala en el alma de la audiencia desde el primer minuto. Especialmente, gracias al gran trabajo de interpretación de la protagonista y su impecable fotografía.

Cartel de The Quiet Girl.
Cartel de The Quiet Girl.

The Quiet Girl se sitúa en la sección de los European Film Awards del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Uno de los premios más prestigiosos a nivel europeo donde también compiten otras del circuito como Saint Omer (Alice Diop, 2022) o Close (Lukas Dhont, 2022), entre otras. También la nominada a los Óscar Alcarràs de Carla Simón, compite para obtener el premio a mejor película europea de 2022.

El director de la película tiene una gran habilidad adaptando el argumento de Claire Keegan Foster. Libro publicado en 2010 que cuenta la historia de la pequeña Cáit, que debe quedarse durante el verano con un matrimonio desconocido. Alejada de sus padres y hermanas, hace un hermoso viaje desde una atmósfera dibujada con los colores más fríos, hacia la calidez de los tonos más cobrizos.

Un relato que aumenta su calidad narrativa gracias al gran trabajo de fotografía en manos de Kate McCullough. Junto a ella, la pequeña Catherine Clinch cierra un hermoso círculo cinematográfico con su impecable interpretación. Tres mujeres que dan forma a una historia afectiva colosal, junto al director irlandés que lo dirige.

En una hora y media de metraje y seleccionando el acertado formato 4:3 para presentarlo, la audiencia queda cautivada a todos los niveles. The Quiet Girl es un relato sobre el amor y el afecto en la familia. Sobre los lazos estrechados a través de pequeños gestos que van más allá de las palabras. Y la tierna y cálida atmósfera que rodea a la pequeña protagonista.

 Catherine Clinch en The Quiet Girl.
Catherine Clinch en The Quiet Girl.

The Quiet Girl: Kate McCullough, la directora de fotografía imprescindible para la construcción del relato poético del film

A la hora de adaptar una novela a la gran pantalla, ciertas personas son reticentes, frente a otras que valoran el trabajo artístico. El cineasta español J. A. Bayona afirmó en el ciclo Voces Esenciales del Festival de Cine Europeo de Sevilla, que cualquier adaptación debe ser infiel para poder ser fiel a la historia. Un oxímoron totalmente cierto que hace referencia al valor de una pieza artística por encima del argumento como tal.

Uno de los ejemplos más paradigmáticos es El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980). El cual adapta la novela de Stephen King desde la más descarada infidelidad a la historia, pero con uno de los resultados artístico más valiosos de la historia. Recientemente, series como La novia gitana han sido adaptadas de la novela homónima. Y el director Paco Cabezas afirmó que usaría la creatividad para modificar ciertas cosas. Algo que los escritores apoyaron a ciegas valorando su trabajo a la hora de crear una nueva obra.

La literatura y la cinematografía son artes diferentes pero compatibles. Y The Quiet Girl es un gran ejemplo de ello. Las imágenes que enmarcan la historia narrada son de una calidad inexorable. Las cuales son imprescindibles para convertir la película en una de las mejores obras de los últimos años. La delicadeza en cada fotograma es abrumadora. Transmitiendo a la audiencia la calidez de cada rayo de sol que roza la tez de la pequeña protagonista.

Todo esto se consigue gracias al impecable trabajo de Kate McCullough. Directora de fotografía de otras piezas como la serie Normal People (BBC, Hulu, 2020). Pero que se asienta como firme artista en esta última película. Tal y como Agnès Varda hizo cuando intentaba coger los coches con su mano en Los espigadores y la espigadora (2000). El público que se sienta a visionar The Quiet Girl puede tocar los rayos de sol que atraviesan la pantalla. En la distancia, pero muy de cerca. Sintiendo cada emoción esbozada. Las cuales están indiscutiblemente entrelazadas con la naturaleza. Pieza también esencial en este hermoso mosaico audiovisual. Donde las tonalidades más otoñales son las protagonistas del equilibrio cromático conseguido.

The Quiet Girl.
The Quiet Girl.

The Quiet Girl: Catherine Clinch, la pequeña gran actriz que encuentra su mayor virtud interpretativa en todo lo que no dice

El reparto actoral y sus interpretaciones reflejadas en el arco narrativo son esenciales. La actriz irlandesa Carrie Crowley en su papel como Eibhlín es sensacional. El más puro reflejo de la ternura y empatía que llena de amor todos los rincones de la casa.

Junto a ella, uno de los personajes más enriquecedores es el de Seán. El marido de Eibhlín que también acoge a la pequeña Cáit durante el verano. El actor Andrew Bennett lleva a cabo uno de los papeles más relevantes y especiales. Una representación de masculinidad y paternidad que refleja una de las mayores y ricas evoluciones de personajes.

Finalmente, es imprescindible reseñar el gran trabajo de Catherine Clinch. Desde las interpretaciones de las actrices de Petite Maman (Céline Sciamma, 2021), no se había visto una actuación tan impecable. La pequeña actriz lleva a cabo un trabajo inconmensurable, encontrando su mayor virtud en todo lo que no dice. Tal y como el título indica, ella es una chica callada. Pero lo poco que habla tiene un valor indiscutible. Como lo tiene todo aquello que calla. Convirtiendo los silencios y las miradas en uno de los elementos que más enriquecen el relato.

Catherine Clinch en The Quiet Girl.
Catherine Clinch en The Quiet Girl.

The Quiet Girl: el afecto y las relaciones interpersonales como eje vertebral de la nueva película de Colm Bairéad

Directoras como Jane Campion son conocidas por sus hermosas imágenes y potentes historias. La deleitación y las protagonistas femeninas son uno de los aspectos más destacados de su filmografía. En cierto modo, la última película de Colm Bairéad, The Quiet Girl, parece beber de referentes como ella. Tal y como hizo Campion con su personaje protagonista de El Piano (1993), el cineasta coloca en el foco a una figura construida desde la calma y el silencio. Envuelta además con una atmósfera lumínica excelsa.

La película irlandesa está definitivamente escrita con luz. Un poema escrito con luz que bien podría estar redactado por Sylvia Plath. Poniendo en el centro a esa pequeña que es vertical, pero que le gustaría ser horizontal. Para poder rendirse a la naturaleza y la calma. Para dejarse abrazar por el calor de la tierra. Permitiendo que los rayos de sol alimenten su alma a través de cada poro de su piel. Tal y como lo hace The Quiet Girl con la audiencia. Enriqueciendo el corazón de cada persona espectadora. Y dejando una huella imborrable repleta de cálido afecto.

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