‘The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem’ de Gerard Way: La virtud del ruido

Sergio Márquez

En Las Furias Magazine hemos hablado de Gerard Way como el creador de Umbrella Academy y la voz cantante (nunca mejor dicho) detrás del sello editorial Young Animal. Hoy, sin embargo, ponemos el ojo (y la oreja) en The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem. Un cómic que aúna sus dos vocaciones: la literaria y la musical.

Como diría el mismísimo Doctor Death Defying a través de su emisora de radio, “Killjoys, make some noise”.

Doctor Death Defying. The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem.
Doctor Death Defying.

Un romance químico

Para ponernos en contexto, hablaremos un poco de My Chemical Romance. Ya os digo, de primeras, que a mí me gustan. Me imagino que más de uno habrá puesto los ojos en blanco. Y es que este grupo de música, afincado en Nueva Jersey y liderado por el propio Gerard Way, se erigió en su momento como el estandarte de una moda un tanto enojosa.

El emo empezó en los 80 como una variante sentimentaloide, digamos, del hardcore-punk. Explotó a principios de los 2000 en forma de flequillos alisados, sombra de ojos, y una actitud de mierda ante la vida en general.

My Chemical Romance era el grupo favorito de la mayoría de estos adolescentes de aspecto bulímico que colgaban selfis en Myspace poniendo mohines y diciendo que se querían morir.

Si obviamos esta circunstancia, sin embargo, nos encontramos ante una banda de pop violento con trazas metaleras en sus comienzos y una querencia hacia un punk más clásico al final.

Melodías pegadizas y bastante que disfrutar. Suya es la operística Welcome to the Black Parade, por ejemplo, Thank you for the venom, Vampire money, Boy division, o, mi preferida, una sucia versión de Desolation row de Bob Dylan para la banda sonora de Watchmen:

En el año 2010, My Chemical Romance lanzó su cuarto disco de estudio: Danger days: The true lives of the fabulous Killjoys. En él se narraba la historia de un grupo de aguafiestas con malas pulgas en una especie de mundo postapocalíptico.

Se ve que Gerard Way ya estaba fraguando la historia cuyo comienzo se narra en el cómic que nos disponemos a reseñar.

En octubre de 2020 la editorial Dark Horse publicó el primer número de The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem. La serie llegó a su conclusión el pasado mes de marzo, seis entregas después.

Y vaya si no nos ha hecho disfrutar…

The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem: Miligramo a miligramo

Nunca crezcamos. Nunca tengamos trabajos. No conduzcamos despacio. Quedémonos así para siempre.

The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem

Nos encontramos en los años 90, en una versión alternativa del agreste Midwest americano, entre Idaho y Nevada.

Un ente informático, de nombre Mom & Dad (Papá y Mamá), ha ido recolectando a jóvenes problemáticos para guarecerlos del resto de la sociedad bajo su ala y dotarlos de una serie de habilidades especiales.

Dichos jóvenes se fueron agrupando en una serie de bandas que se partieron la cara en las Guerras Analógicas, mencionadas en el cómic tan solo de pasada.

Mike Milligram, Kyle 100%, Animax, y las hermanas Code (Red y Blue) son los Killjoys. Un irreverente grupo de deshechos sociales con pistolas de rayos y disfraces de colores.

The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem

Los Books on Tape, por su parte, son un grupo de estirados con pinta de estudiantes de ADE. El conflicto estalla cuando los segundos anuncian que han encontrado una forma de revertir el proceso de Mom & Dad y convertirlos a todos en chicos normales.

En el fuego cruzado, Blue es disparada en el estómago. Milligram, su novio, es incapaz de salvarla, y ella muere en sus brazos, entre estertores.

La historia da, entonces, un salto de varios años. La nación entera se ve sumida en una tiranía de lo convencional. Los discos de música subversiva han desaparecido de las estanterías, y los iconos rebeldes de los libros de Historia.

Las personas trabajan y pasan su tiempo libre delante de la hipnótica televisión. Completamente ajenos a los opresores que los gobiernan y a sus matones: seres monstruosos similares a zombis y alienígenas.

Hasta los Killjoys han olvidado quiénes eran, llevando vidas perfectamente ordenadas. Esto es, hasta que Mike Milligram no puede reprimir más las visiones que lo asaltan. Los recuerdos salen de él en forma de vómito negro, y el líder de los Killjoys vuelve por sus fueros al empuñar una pistola láser.

A lo largo del cómic deberá juntar al resto de la banda y poner las cosas de nuevo en desorden. En el camino hallará nuevos amigos y enemigos, así como la verdad (incómoda) detrás de la muerte de Blue.

The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem.

The true lives of the fabulous Killjoys: Trazas artísticas

Guionizado por Shaun Simon, a partir de un borrador de Gerard Way, The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem es una ida de olla en toda regla, un hermoso desastre que no da tregua de principio a fin.

Confusa y caótica, haya en el ruido una virtud, como todo disco de punk que se precie. Las acciones se suceden a toda prisa, saltando de situación estrafalaria en situación estrafalaria.

El lector se encuentra tan pronto en un baño público con un dealer de armas mitad hombre mitad mosca, como en un desierto árido en la cueva de una bruja con máscara de payaso. Y luego se topa de bruces con un mensaje de rebeldía e inconformismo que, pese a no ser especialmente sesudo, se cuela en el cerebro como un chute de adrenalina.

El aspecto gráfico es otro de los puntos fuertes de este cómic. Leonardo Romero se luce con un dibujo que combina la sencillez en el trazo de Bruce Timm (Batman: Amor loco) con el extravagante gusto por los detalles y espíritu macarra de Jamie Hewlett (Tank Girl).

Arte de Leonardo Romero.
Arte de Leonardo Romero.

Por último, Jordie Bellaire (Bella Muerte) excede como colorista, dándole un aspecto de pop art que le va a la historia como anillo al dedo (un anillo gordo y verde con la foto de un vampiro).

Juntando los fragmentos

The true lives of the fabulous Killjoys: National anthem salió a la venta el 13 de julio de este año en un tomo único que un servidor, al menos, no dudo en comprarse.

Desgraciadamente, todavía no contamos con una edición en castellano. Quizá los amigos de Norma Editorial nos sorprendan (por pedir que no quede). En cualquier caso, los números sueltos pueden conseguirse fácilmente en inglés por internet.

Y si después de leerlos os pica la curiosidad y queréis saber más de los Killjoys, su historia continúa entre las canciones del ya mencionado disco Danger Days.

Del mismo modo, en mayo de 2014 se publicó The True Lives of the Fabulous Killjoys con los mismos guionistas y el aporte de Becky Cloonan a los lápices. Esta historia se sitúa después del disco, en un futuro en el que sus protagonistas ya han muerto.

Arte de Becky Cloonan.

Aun así, aviso para navegantes: no esperéis una narrativa lineal ni demasiada coherencia entre los dos cómics y Danger Days, puesto que hay hechos que se contradicen, nombres que cambian, etc. Vamos, que es un follón.

Quizá National anthem marque un nuevo punto de partida para todos estos personajes y el mundo en el que habitan.

Estaremos pendientes de Gerard Way, frotándonos las manos ante la perspectiva de nuevas tropelías de parte de sus ruidosos aguafiestas.

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