Batman: ‘La muerte de la familia’. El bufón carmesí

Marcos Cañas

Los malos augurios se sucedieron en Gotham. Una leona en el zoológico de la ficticia ciudad del universo de DC Comics dio a luz a una criatura bicéfala. Mientras fuertes lluvias provocaron inundaciones. Desarbolando el entramado urbano. Dentro de esa atmósfera de desasosiego y superstición, el tándem creativo formado por Scott Snyder y Greg Capullo ambientaron en octubre de 2012 una ambiciosa saga para Batman: La muerte de la familia.

Damnatio memoriae

El proyecto supondría un retorno anhelado por el público: había transcurrido un año sin el Joker. La larga espera había terminado. Quizás inconscientemente, tanto Snyder como Capullo utilizaron la misma táctica que muchos cronistas romanos al describir a los emperadores más enloquecidos. Bucear en presagios anteriores para hallar las profecías autocumplidas. Buscar explicación del caos sufrido a través de sucesos escabrosos alrededor del año en el que esos personajes fueron concebidos.

Sin embargo, el mundo real demuestra con frecuencia que cualquier ciclo de 365 días dejará sucesos venturosos, dramáticos y hasta anodinos en su cotidianeidad. La mitología se nutre de un pensamiento mágico que guionista y dibujante usan para que la expectativa del público con respecto al payaso asesino aumente.

Batman: La muerte de la familia.
Batman: La muerte de la familia.

En aquellos días, DC había lanzado la línea The New 52, ambicioso proyecto de renumerar las colecciones y buques insignias de la editorial. Desde el principio, Batman se convirtió en uno de los que más atención mediática generó. Especialmente a través de su primera saga en ese periplo editorial: El Tribunal de los Búhos.

Scott Snyder, autor de proyectos tan interesantes como American Vampire, juzgaba que su andadura con El Murciélago debía articularse alrededor de arcos argumentales donde cada uno de ellos fuese un blockbuster. Por ello, hubo una intensa campaña alrededor de un Joker que, según decían en DC, iba a volver más peligroso que nunca. 

La muerte de la familia: Máscaras

Estos cambios en la cabecera principal de Batman coincidieron con la presencia de Tony S. Daniel en la emblemática Detective Comics. Dibujante espectacular, su forma de narrar algunos de sus ambiciosos eventos (por ejemplo, La batalla por la Capucha) provocó controversia dentro de la comunidad lectora del héroe más célebre de Gotham.

Antes de marcharse del título, Daniel dejó una de las viñetas más gore dentro del género superheroico. Previa huida de Arkham, el Joker pediría a El Muñequero que le arrancase toda la piel del rostro. El tributo sangriento sería dejado estampado en la pared de la celda como mensaje para Batman.

La cara del Joker por Tony Daniel.
La cara del Joker por Tony Daniel.

El momento fue un resumen de su periplo: muy visual, chocante y sin saber exactamente hacia dónde iba la trama. Snyder acordó con él que, cuando usase al Joker, quedaría perfectamente claro por qué había tomado una decisión tan impactante. A nivel artístico, el dibujante Greg Capullo mostró entusiasmo ante la idea. Muy dotado para la emotividad antes que el realismo, veía aquel reto gráfico como la posibilidad de ilustrar algo nuevo con el Joker, villano con décadas a sus espadas.

El nuevo diseño de Capullo resultaría inquietante al máximo. Con moscas merodeando casi de forma perpetua la piel moribunda del payaso, sostenida de forma artificial y con una falsa sonrisa. Algunas de las portadas presentadas por el artista resultarían de lo más escalofriantes.

Con su título, Snyder homenajeó a Una muerte en la familia, aventura de Batman entre los años de 1988 y 1989, donde Jim Starlin y Jim Amparo mostraron el asesinato del segundo Robin, Jason Todd, a manos del Joker. En esta ocasión, el arlequín parecía querer dar un paso más allá, convencido de que la red de alianzas de su archienemigo le estaba debilitando.

Una muerte en la familia de Jim Starlin y Jim Amparo
Una muerte en la familia de Jim Starlin y Jim Amparo

Tie-Ins

Es una de las tácticas comerciales más polémicas y efectivas que tiene la industria del cómic. Cuando una colección principal se sumerge en una saga capaz de atraer al público, los otros títulos deben narrar alguna subtrama que obligue al fandom a adquirir también esos números, aunque no sean personajes que habitualmente sigan.

La muerte de la familia no resultaría una excepción a dicha regla. Como suele suceder, la calidad de esos cruces resultaría heterogénea, dependiendo de la idoneidad o lo forzado que pudiera resultar esa irrupción. Por ejemplo, Catwoman #13-14 (octubre-noviembre de 2012) no terminaría de encajar del todo, aunque la escritora Ann Nocenti deja algunas perlas que luego serían bien utilizadas por Tom King en su ambiciosa reflexión de la relación entre Bruce Wayne y Selina Kyle.

Mucho más impactante resulta la profundidad que usa Gail Simone en Batgirl #14-15 a finales de 2012. Ahonda en las heridas físicas y psicológicas que sufrió Barbara Gordon ante el disparo a quemarropa del villano en La broma asesina (1988) de Alan Moore.

Siguiendo la tónica de toda la saga, los ilustradores Daniel Sempere y Ed Benes no dudan en mostrarse bastante explícitos en los niveles de violencia y atmósfera depresiva de estas páginas.

Batgirl en La muerte de la familia.
Batgirl en La muerte de la familia.

Todos los integrantes próximos al círculo del héroe (Nightwing, Capucha Roja, Damian Wayne, Barbara, etc.) dejaron al público de sus respectivas colecciones perplejo. El cruce con el payaso terminaría con ese núcleo prisionero y despierto en una pesadillesca situación que conecta con uno de los iconos del terror cinematográfico.

Un cliffhanger tan premeditado, tramposo y morboso como efectivo a la hora de mantener el ansía en la lectura de la resolución que estaba sucediendo en las páginas principales de Batman.

Doctor Lecter, I presume

No parece casual que la explosión de La muerte de la familia coincida en el tiempo con las vísperas del estreno televisivo de Hannibal (2013). Apuesta de la cadena NBC por llevar a la pequeña pantalla a Hannibal Lecter, el brillante psicópata caníbal que surgió de la imaginación del novelista Thomas Harris.

La audiencia aguardaba una nueva versión del malvado y carismático personaje, quien había sido elevado a imaginario popular por la caracterización que hizo de él Anthony Hopkins en El silencio de los corderos (1991), obra maestra con varias precuelas y continuaciones posteriores.

Hannibal, la secuela de El silencio de los corderos dirigida por Ridley Scott, centrada completamente en el Hanibal Lecter de Hopkins.

¿Encajan los modos de Lecter con los mecanismos del Joker? Como recientemente ha acentuado Geoff Johns con Three Jokers (2020), la biografía ficticia del ghotamita incluye todo tipo de interpretaciones, desde comediante frustrado a malévolo genio químico, pasando por un asesino en serie despiadado. No obstante, si nos ceñimos a El silencio de los corderos, conviene recordar el poco metraje que, realmente, tiene el personaje de Hopkins.

Una cuestión diferente es cómo el fantasma del caníbal sobrevuela cada escena. Snyder y Capullo sí se recrean sin pudor en el Joker sin rostro, dejando poco a la imaginación. Pese a medirse ante el mejor detective del mundo, siempre parece ir doce pasos por delante del resto y Batman le embiste sin otra estrategia que adentrarse en sus trampas.

A diferencia de la interpretación Heath Ledger en El caballero oscuro (2008), este Joker no es un falso anarquista que tiene planes muy premeditados. En realidad, se trata de una fuerza demente que, de alguna forma, siempre impone su voluntad. En el lado atractivo de la trama, la pauta de que el criminal quiere que Batman vaya reviviendo con él todos los escenarios de sus antiguas peleas explora el mítico duelo de las dos fuerzas antagónicas.

La muerte de la familia: El bufón del rey

Uno de los conceptos más atractivos que manejan Snyder y Capullo es la percepción que el Joker tiene de que Batman le necesita. Tras haber tenido durante un año al Psiquiátrico Arkham a su merced, orquestará una macabra corte de los milagros donde entregará a su soberano, Batman, las llaves del reino.

Incluso se permite jugar con temibles individuos como El Pingüino, El Acertijo o Dos Caras, seduciéndoles y coaccionándoles para una parodia donde aparecerán como obispos, caballeros y jueces de un rey que les necesita para afilar su ingenio. En la Edad Media, solamente los bufones tenían permitido, en clave de humor, reprochar a la Corona sus errores militares o gubernamentales.

El Pingüino, El Acertijo y Dos Caras junto al Joker en La muerte de la familia.
El Pingüino, El Acertijo y Dos Caras junto al Joker en La muerte de la familia.

Realmente, cuando El Murciélago entra en los muros de Arkham, con resonancias a la obra maestra previa de Grant Morrison, se encuentran algunas de las viñetas más poderosas de La muerte de la familia. Paradójicamente, allí donde estamos más obligados a imaginar que a ver.

Un exponente claro lo tenemos en Suicide-Squad # 14-14, donde el guionista Adam Glass aborda la relación de Harley Quinn y el Joker de una manera descarnada, nunca mejor dicho. Sin embargo, comparándola con esa joya que es Amor Loco (1993), no se aportan nuevos elementos a ese tóxico vínculo, más allá de la virulencia en la exposición.

Tanto Glass como Snyder colocan incluso motosierras al más puro estilo matanza de Texas en el viaje desquiciado de un Joker que es el verdadero monarca de la función, hasta límites enfermizos. No obstante, quizás la polémica radique, igual que en muchas películas de terror adolescente, en que no supone verdaderos quiebres del género.

Irrumpe como una máquina infalible que rompe cuellos de policía en la comisaría, pero, ¿realmente va a suceder una verdadera muerte de la Batfamilia?

La broma final (parte con spoiler)

Hay un momento donde las dudas inundan todo en esta controversial historia. Podríamos decir, incluso, que juega con los más bajos instintos del auditorio en esa última cena que propone el Joker en la mismísima Batcueva, con su antagonista y él emulando el episodio de Moriarty en las cataratas de Reichenbach.

¿Queremos que realmente haya algo escabroso en esos platos sin descubrir que coloca el Joker? Realmente, para un sector del público supuso la gran decepción de todo el asunto, mientras que otro mentidero respiró con alivio. Podríamos plantear, incluso, si el problema no radica en cómo Batman incluso se ve eclipsado por el villano.  

El Tribunal de los Búhos, con trepidante arranque y controversial resolución, demostró que ni siquiera El Señor de la Noche controlaba todos los resortes de una ciudad con centurias turbulentas a sus espaldas. Nuevamente, Snyder obliga a Bruce Wayne a mostrarse ineficaz en exceso, además de tener un problema de confianza e interacción con su familia a la hora de afrontar la llegada del monstruo.

Su interpretación es legítima, aunque choca con la gran virtud y no menos obsesiva habilidad del héroe: su capacidad de diseñar planes y contraataques ante cualquier posible eventualidad, incluyendo hasta a sus propios camaradas de la Liga de la Justicia. Cuesta pensar las poco eficaces líneas Maginot que, en esta ocasión, pone en práctica para mayor lucimiento de un Joker con la indestructibilidad de Jason o Freddy Krueger.   

Long live the Emperor

Detective Comics siempre ha poseído un lugar especial en el abanico editorial del icónico Batman. Allí se guardan algunos de sus casos más enigmáticos y de atmósfera, la parte que conecta al cruzado de la capa con una de sus fuentes de inspiración: Sherlock Holmes. John Layman, guionista trota-mundos, supo aceptar el reto de La muerte de la familia sin perder su esencia.

Bendecido con el acompañamiento de los lápices de Jason Fabok, uno de los artistas que mejor retrata la frialdad de la lluvia en una ciudad perennemente oscura, Layman consiguió que los ecos de la gran saga estuvieran presentes sin adentrarse demasiado en ella. Por ejemplo, mediante la inquietante Liga de las Sonrisas.

Detective comics durante La muerte de la familia.
Detective comics durante La muerte de la familia.

Si monstruos como Jack El Destripador tuvieron sus seguidores, ¿cómo iba una ciudad como Gotham a no tener adoradores del payaso que están dispuestos a emular sus “hazañas”?

Layman se impregna de ello, estableciendo el interesante matiz de que son fuerzas incluso más desquiciadas que su referente, quien sí sabe controlar con puño de hierro a sus acólitos, mientras que estos pseudo Jokers son el germen de su propia autodestrucción.

Jock se contagia, al igual que Capullo en la serie principal, del gusto, quizás excesivo, por lo explícito, abundando escenas desagradables que subrayan lo obvio. Mucho más sutil es la subtrama que empezarán a urdir él y Layman alrededor de un inteligente lugarteniente de El Pingüino, Ignatius Oglivy, quien ve una oportunidad de ascenso donde otros solamente ven destrucción.  

Mientras la ciudad se convierte en un campo de batalla entre Batman y el Joker, Oglivy, ansioso de ribetes imperiales en el hampa, empieza a escalar y traicionar a su jefe, teniendo meticuloso cuidado en camuflar sus escenarios del crimen como otra consecuencia de los devastadores efectos del payaso y sus secuaces en la urbe.

La muerte de la familia: Final de partida

La muerte de la familia dejo impresiones para todos los gustos, aunque no fue la última aproximación de Snyder a cierto payaso. Final del Juego supuso el retorno (¿alguien pensaba que unas cataratas iban a acabar con él?) bajo, nuevamente, la promoción taquillera que sería tan característica del escritor.

Contando otra vez con el talento de Capullo a los lápices, la reflexión termina propiciando un regreso un tanto antes de lo esperado para un duelo más virulento incluso que el anterior, con la promesa de que, en esta ocasión, las cortapisas editoriales no iban a impedir que narrasen la aventura definitiva que anhelaban.

Un periplo de luces y sombras, con momentos tan cumbres como Zero Year, aunque también, a juicio de algunas críticas, cierta incapacidad para hallar resoluciones satisfactorias y acordes con las expectativas creadas.

Batman en Zero Year.
Batman en Zero Year.

Dentro de ese legado, el bufón carmesí que pudimos observar en La muerte de la familia seguirá siendo una de las piezas más controversiales, apasionantes y discutidas.

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