‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’: el drama treintañero trasladado al terreno de los clichés

La directora de cine español María Ripoll estrena el próximo 17 de junio Nosotros no nos mataremos con pistolas. Una obra vacía tanto en contenido como forma. Combinando un cóctel de ingredientes que funcionan como el agua y el aceite. Tan predecible como insostenible en su guion.

Ingrid García Jonsson en Nosotros no nos mataremos con pistolas.

Tras la dirección de la hermosa película Vivir dos veces (2019), la directora cae ahora en la trampa de los clichés. Recurriendo de nuevo al humor más sutil arraigado en el drama, la última cinta decepciona a todos los niveles.

Su protagonista, Blanca, prepara una paella para la reunión que tiene organizada con sus amistades. Ha vuelto de nuevo a su pueblo, y va a reencontrarse con ello/as. Cinco amigos y amigas se reúnen en torno a una paella que cae en el olvido. Un plato de comida que empieza bien, pero termina en desastre. Convirtiéndose, desafortunadamente, en una analogía perfecta para el desarrollo de la propia película.

Blanca está interpretada por la ya popular actriz Ingrid García Jonsson. Tras aparecer en la, tampoco demasiado acertada, última película de Álex de la Iglesia Veneciafrenia (2022), protagoniza otro filme que no consigue sacar nota.

Ingrid García Jonsson en Nosotros no nos mataremos con pistolas.
Ingrid García Jonsson en Nosotros no nos mataremos con pistolas.

Los dramas y las risas, juntos en un mismo escenario

Recurrir al drama con tono de humor es algo común en múltiples películas españolas. Esto, junto al escenario único y el grupo de amistades, es una fórmula recurrente. Sin embargo, esto tiene sus ventajas y sus desventajas. La aplicación de dicha fórmula puede resultar en acierto o en desastre. Hay diversos ejemplos brillantes como Perfectos desconocidos (Álex de la Iglesia, 2017) o Litus (Dani de la Orden, 2019). Ambas, aprovechan de manera exitosa el humor más ácido surgido de las subtramas más dramáticas.

Sin embargo, a pesar del acierto de ciertas producciones, esto también puede terminar por fracasar. En el caso de la última película de María Ripoll esta fórmula no termina de cuajar. El guion está repleto de diversas historias vacías que no terminan de encajar. Así como gags de humor que provocan una atmósfera incómoda tanto en el filme como en la audiencia. Los comentarios hirientes más vacíos y fuera de lugar que de ningún modo generan risa.

María Ripoll junto al reparto de No nos mataremos con pistolas.
María Ripoll junto al reparto de No nos mataremos con pistolas.

Nosotros no nos mataremos con pistolas: el drama treintañero repleto de clichés

Estas historias vacías mencionadas están, sin embargo, repletas de clichés. Estereotipos de género arraigados en los tropos más ortodoxos. Desde la promiscuidad en el colectivo LGTBIQ+ hasta el sexo como solución a los problemas entre mujeres y hombres. En pleno siglo XXI, sorprende que se construya una cinta audiovisual tan conservadora. Como si de la verbena del pueblo se tratara, el filme va dando saltos de una cosa a otra. Con esa ambientación agobiante y que desorienta. Donde la audiencia ya no sabe dónde mirar, o ni siquiera si realmente quiere seguir mirando.

La perspectiva de género, y étnica, es deplorable. Construyendo personajes arquetípicos a todos los niveles. Con relaciones románticas también basada en todos los tropos comunes establecidos por la sociedad heteropatriarcal. Si bien esto podría haber sido planteado como una crítica a la sociedad, la directora no parece tener dicha intención.

El hastío vital de la sociedad contemporánea, junto a la crisis de los 30 es un tópico recurrente. Con un buen potencial para construir una historia atractiva. Ya series como Todo lo otro (HBO, 2021) o Vida Perfecta (Movistar+, 2019-2021) aprovecharon dicha circunstancia. No obstante, la directora española María Ripoll no ha sabido sacarle todo el jugo a este escenario.

Una película sobre la amistad, o lo que no debería ser

Las películas y series de televisión que reflexionan sobre el concepto de amistad son múltiples. No todo el mundo concibe las relaciones de amistad del mismo modo. No todas perduran en el tiempo. Y muchas se rompen por la concepción individualista que la sociedad neoliberal establece.

No nos mataremos con pistolas.
Ingrid García-Jonsson, Elena Martín, Joe Manjón, Lorena López y Carlos Troya en No nos mataremos con pistolas.

En el caso de la última película de María Ripoll la idea de amistad no termina de quedar clara. ¿Está la amistad basada en el mal-trato? ¿En echar en cara todo lo malo? ¿En la búsqueda interesada del dinero? Una idea que podría haber resultado en una notable obra audiovisual, no llega ni tan siquiera al aprobado. Con relaciones de amistad tan triviales como el guion. Cuya reflexión final tampoco queda clara.  

La proliferación de múltiples producciones audiovisuales va estrechando las posibilidades de crear obras genuinas. El recurso al true crime, a los dramas históricos, etc., son uno de los ejemplos del agotamiento de los recursos creativos para construir algo realmente novedoso. Es por ello que, al recurrir a un tema tan común como la amistad y el drama, debería de haber una vuelta de tuerca realmente atractiva que convirtiera la película en algo que mereciera la pena visionar. Desafortunadamente este no es el caso de Nosotros no nos mataremos con pistolas. Cuyo título es tan complejo y a la vez vacuo como la propia película.  

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