‘El castillo’: España, principal país en la trata de mujeres con fines de explotación sexual
Isabel Peña y Eduardo Villanueva adaptan el libro de Mabel Lozano El Proxeneta. La trata de mujeres con fines de explotación sexual en España se muestra por primera vez en pantalla desde una perspectiva feminista muy acertada. Una miniserie durísima pero estrictamente necesaria que nos cuenta una realidad desde una mirada cinematográfica totalmente novedosa. Ellas dejan de ser el foco de la cámara y este se traslada a ellos: los proxenetas y los puteros.
Raúl Arévalo es “El Suizo“, principal proxeneta de la serie. Valentina Vidal es Claudia, una de las mujeres que llega a España desde Colombia para ejercer la prostitución engañada por una red de trata. Y Omar Ayuso y Laia Marull son inspectores de policía de la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales). Cuatro enormes intérpretes que se convierten en los pilares fundamentales para una pieza audiovisual totalmente imprescindible.
Isabel Peña, como siempre, supera todas las expectativas en su trabajo como creadora y guionista de El Castillo. Junto a ella se encuentra su también compañero usual Eduardo Villanueva. En la dirección están Elena Martín y Sandra Romero Acevedo, las cuales terminan de aportar la perspectiva feminista necesaria para el tema abordado.
Cambiar las historias y las representaciones en el audiovisual es esencial para evolucionar también en la sociedad. Pero, hacer visible lo que era invisible no es lo único importante, la forma de hacerlo también es indispensable.

El Castillo: la trata de mujeres con fines de explotación sexual en España, antes y ahora
Esta miniserie de ficción mira muy de cerca el género documental. Los hechos narrados son reales y ocurrieron en España a finales de los 90 y principios de los 2000. Y, desafortunadamente, siguen ocurriendo en la actualidad. Uno de los rasgos más destacados de la serie es que al finalizar cada episodio se presentan una serie de informaciones y datos reales que sustentan la narrativa. Datos espeluznantes que terminan de darle la vuelta al estómago, si es que no había sido suficiente con el resto del capítulo.
Con datos del 2024, más del 60% del total de mujeres que ejercían la prostitución en España eran de origen colombiano. La mayoría, además estaban en situación irregular y eran traídas aquí a través de engaños creados por la red de tratas de explotación sexual, cuyos principales proxenetas son españoles. Respecto al resto de países de Europa, España es de los primeros en consumo y demanda de prostitución, y el tercero respecto al resto del mundo. Además, también es uno de los principales destinos para la trata con fines de explotación sexual. Unos datos totalmente alarmantes, y que la serie de Isabel Peña y Eduardo Villanueva trasladan a la pantalla de forma sobresaliente.
Cada episodio está nombrado con uno de los puteros que aparecen. De este modo, el protagonismo ya se vuelca desde antes de empezar el visionado en este lado, y no en las mujeres víctimas de trata. La popular serie Sky Rojo (Álex Pina y Esther Martínez Lobato, 2021-2023) fue una de las más conocidas respecto al tema del trabajo y la explotación sexuales en España. Una serie que le hizo flaco favor a las mujeres y el feminismo con una perspectiva que las seguía responsabilizando y cosificando. En la nueva serie de Movistar+, esto cambia radicalmente.

El Castillo: Valentina Vidal se estrena en el audiovisual superando cualquier expectativa
La actriz Valentina Vidal aparece por primera vez en esta producción. Y qué ganas de verla en más trabajos. El papel que interpreta es de los más complejos de la serie, donde tiene que ponerse en la piel de una joven que necesita dinero para cuidar de su hijo y es engañada por uno de los traficantes colombianos para entrar en una red de trata de mujeres en España. Ella viene a prostituirse, y tiene una deuda con el dueño del club que le va a pagar el viaje, pero ganará dinero rápido y podrá saldar su deuda sin problemas. Eso le dicen, pero es totalmente mentira.
El principal hombre que la engaña es “El Suizo”, el proxeneta que es dueño de los principales clubes en España. El actor que literalmente pone todo su cuerpo para llevar a cabo el papel es Raúl Arévalo. Un actor que nos encanta y siempre trabaja bien, pero que en El Castillo ha sufrido incluso una gran transformación física para interpretar este personaje tan terrible.
Sin embargo, no se esboza como un monstruo desde la ostentación de su maldad, sino que es un hombre español que perfectamente podría ser tu vecino. Un hombre inteligente, y, aparentemente amable, pero que se va descubriendo como un misógino manipulador que lo único que quiere es lucrarse con el cuerpo de las mujeres que explota.
En el mismo club que regenta Manuel Muñoz destaca el complicadísimo papel de “la mami” interpretado por Ángela Boix. En su rol debe interpretar a una mujer que también participa del círculo de explotación hacia las víctimas de trata pero que, al mismo tiempo, es víctima de un sistema heteropatriarcal que la utiliza desde su vulnerabilidad para su propio beneficio.
En el cuerpo de policía destacan los papeles interpretados por Omar Ayuso y Laia Marull. Ambos trabajan de forma exquisita desde el otro lado, el de la justicia. O al menos, así debería ser. La pareja actoral lleva a cabo un trabajo de interpretación muy al nivel de Raúl Arévalo y Valentina Vidal, terminando de cerrar un reparto excelente para una narrativa tan oscura y compleja.

La mirada de Elena Martín y Sandra Romero en la dirección de El Castillo
Uno de los principales conceptos que destacan en la Teoría Fílmica Feminista es “el placer visual” de Laura Mulvey, que habla de la mirada masculina en el cine. La mirada que históricamente ha decidido dónde poner la cámara. Y esta siempre se ha situado para enmarcar a las mujeres, cosificarlas y fragmentarlas. Sin embargo, en el cine más reciente y, sobre todo, dirigido por mujeres, esta mirada ha empezado a cambiar. Pero ¿qué pasa con las escenas sexuales? Y, sobre todo, cuando estas son violaciones.
Todo el mundo conoce el caso de Irreversible (Gaspar Noé, 2002) y su insufrible plano secuencia donde vemos cómo violan a la protagonista durante unos eternos 10 minutos. Algo totalmente innecesario que, en lugar de denunciar los hechos, pone el sufrimiento de la víctima en el centro como algo para observar. En este sentido, otras películas más recientes como La Furia (2025) de Gemma Blasco o Sorry, baby (2025) de Eva Victor, recurren a las técnicas cinematográficas para ocultar este tipo de secuencia, sin eliminar con ello la denuncia de lo que está ocurriendo. Si no, todo lo contrario, haciéndola todavía más potente.
En El Castillo, una de las directoras es Elena Martín, conocida por su polémica ópera prima Creatura (2023). Ya desde entonces la cineasta dejó patente cuál era su perspectiva respecto a estos temas y, sobre todo, cómo quería enmarcarlo. Y en el caso de la miniserie se ve cómo ha crecido con el tiempo, mejorando en su forma de trabajar con este tipo de temáticas hacia un foco mucho más acertado.
Junto a ella está la ya conocida Sandra Romero, directora de películas genuinas como Por donde pasa el silencio (2024), así como otras series magistrales como Los años nuevos (Rodrigo Sorogoyen, Paula Fabra y Sara Cano, 2024) o Se tiene que morir mucha gente (Victoria Martín, 2026). Una cineasta con una mirada eminentemente feminista desde sus primeras creaciones, y que sigue creciendo en el audiovisual español de forma exponencial.
En ningún momento las mujeres son enmarcadas desnudas, ni en ningún acto sexual. Los únicos que aparecen en pantalla durante este tipo de situaciones son los puteros y los proxenetas. Una de las mejores elecciones de la cineasta que terminan por construir una pieza imprescindible, y muy pertinente, para el audiovisual español.

El Castillo: el cambio de mirada como pieza fundamental para el cambio real
La trata de mujeres con fines de explotación sexual sigue siendo un problema muy patente en la actualidad. Junto a esto, el trabajo sexual también está en el centro de los debates, aunque no de los políticos. En plena precampaña electoral, la serie El Castillo parece que cae en el momento perfecto para recordarnos que hay muchos temas que tratar desde la justicia, las leyes y la política, donde las mujeres siguen siendo las principales víctimas, por el simple hecho de ser mujeres.
Sin embargo, es importante reseñar que la miniserie no es cómoda para ver. Es totalmente descorazonador ser espectadora de la situación que tuvo lugar en nuestro país hace unos años y que, actualmente, sigue persistiendo. Pero gracias a Isabel Peña y Eduardo Villanueva por traerlo a la pantalla de forma tan impecable y feminista.
El viraje que la política está teniendo a nivel global es totalmente terrorífico. Una respuesta bestial contra la marejada de movimientos sociales que han conseguido tantos avances en los últimos tiempos. Sin embargo, mientras que se pueda seguir haciendo audiovisual de forma libre y sin censura, esperemos que sigan llegando obras artísticas tan potentes como El Castillo para intentar cambiar una realidad que es tan oscura que asusta.
