‘El ser querido’ y ‘Valor sentimental’: las paternidades en el punto de mira
Recientemente se ha estrenado en cines la última joya de Rodrigo Sorogoyen e Isa Peña. El ser querido, con una Victoria Luengo y un Javier Bardem bestiales, llega para agarrarte las entrañas y retorcerlas hasta cortarte la respiración. Una película sobre el poder y la paternidad que inevitablemente nos retrotrae a la ganadora del Premio Óscar a Mejor Película Internacional Valor Sentimental (Joachim Trier, 2025). Dos trabajos que comparten el núcleo del argumento, pero ¿también comparten perspectivas?
Durante años las maternidades han sido, y siguen siendo, uno de los temas más recurrentes del cine. La preocupación porque las mujeres sean malas madres, madres posesivas, o madrastras villanas, entre muchos ejemplos, ha sido algo histórico en las narrativas, y de ahí que existan tantísimos arquetipos al respecto. Sin embargo, recientemente, una nueva incursión de películas empieza a poner el foco en las paternidades desde una perspectiva más feminista.
En 2022 la gran cineasta británica Charlotte Wells convirtió a Paul Mescal en uno de los actores más queridos del cine con el estreno de Aftersun. Su personaje, el padre de Sophie, se construye como un antihéroe tan querido como odiado donde su paternidad es puesta en cuestión desde la perspectiva de su propia hija. Una hermosa y, a la vez, triste película, que representa esa figura paternal que durante años no había sido retratada de esa forma tan cruda y real.
Desde entonces, otras películas y series como Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson, 2025), Sirat (Oliver Laxe, 2025) o Adolescencia (Jack Thorne y Stephen Graham, 2025), entre otras, convierten al padre en el protagonista de una narrativa donde ellos no son superhéroes ni figuras irrompibles. La imagen del padre proveedor, fuerte y siempre vencedor se ve totalmente desfigurada por la realidad que irrumpe con fuerza desde una perspectiva feminista.
No obstante, más recientemente, hay dos películas que destacan en este ámbito y que representan figuras paternales muy similares: la galardonada Valor sentimental (Joachim Trier, 2025) y la más reciente obra de arte de Sorogoyen El ser querido (2026).


Valor sentimental de Joachim Trier: un padre ausente convertido en un héroe redimido
La premiada como “Mejor Película Internacional” en los Óscar 2026 fue la última pieza del aclamado cineasta danés Joachim Trier. Tras su anterior joya La peor persona del mundo (2021) vuelve a las pantallas de nuevo junto a la gran actriz Renate Reinsve.
En este caso, Nora, la protagonista, debe afrontar una situación controvertida donde tiene que decidir si ser o no la actriz protagonista de la película dirigida por su padre. Una persona casi desconocida cuyos recuerdos a su alrededor son de todo menos agradables: “cuando mi padre se fue la casa se iluminó”, rezaba el texto que ella había escrito de pequeña. En este, la casa como ente físico se convierte en una excelente alegoría del paso del tiempo y de todo lo que ocurrió en su interior durante su infancia. Un lugar repleto de una gran carga afectiva, en su mayoría negativa.
Aunque la película es brillante, la presente autora no termina de abrazar la representación del padre. Ese padre ausente que vuelve a la vida de sus hijas cuando le place, y que termina siendo redimido y aceptado por ellas. Además, el principal detonante de su personalidad abusiva y ausente es su pasado en relación con el estado mental de su madre. Como siempre, las madres son las culpables de las personalidades abusivas de sus hijos. En definitiva, y en mi opinión, una buena película, pero con un personaje construido desde una perspectiva demasiado laxa.
El ser querido de Rodrigo Sorogoyen: la figura del padre y el poder representada de forma excepcional
La película comienza con una secuencia impecable y sobrecogedora donde Esteban le ofrece a Emilia el papel protagonista en su película, mientras comen en un restaurante. Desde ese primer momento, se asientan las bases de una película sublime. Y es que no solo los personajes destacan por su complejidad, sino que se alcanza la perfección con un diseño de sonido y selección de planos inmejorables.
Respecto a la figura del padre, este se construye a través de una evolución perfectamente esbozada que lo va presentando desde fuera hacia dentro e in crescendo. En su personaje se solapan dos roles de poder que se retroalimentan: el del padre y el del director de cine.
Esteban no es un monstruo, pero tampoco termina siendo un héroe, es un hombre subyugado por el sistema patriarcal que también lo sustenta. En consecuencia, es un hombre que, al mismo tiempo, subyuga a todas aquellas personas que están por debajo suyo en su jerarquía de poder. Y en este juego de poder tan abusivo, su hija es la principal víctima.
Esto, además, es posible gracias al incuestionable reparto. Victoria Luengo desarrolla uno de sus mejores papeles en pantalla, con un arco narrativo tan difícil de abordar que en su interpretación solo se encuentra perfección. Junto a ella, Javier Bardem está colosal en su interpretación. Un trabajo nada sencillo que el renombrado actor lleva a cabo sin defectos.
Valor sentimental y El ser querido: Un argumento similar desde perspectivas muy dispares
En ambas películas encontramos desde los primeros minutos una conversación íntima entre el padre y la hija, en un restaurante o cafetería. En ambas conversaciones el padre le propone a su hija, después de años sin verse, que sea la protagonista de su película. El diálogo se desarrolla de forma muy similar en ambas películas, no obstante, hay diferencias sustanciales que terminan por definir El ser querido como uno de los mayores aciertos.
El punto de giro principal que marca dicha diferencia se encuentra en la decisión de las hijas: Nora le responde tajantemente a su padre que no trabajará con él. Emilia, sin embargo, no lo tiene tan claro, pero, decide participar en el rodaje desde el inicio. Además, en esta primera secuencia de El ser querido, el diálogo no es lo más importante. Todo lo circunstancial que orbita a su alrededor obtiene incluso un mayor protagonismo que la propia conversación. Una especial atención a los detalles, y al silencio, que lo convierten en uno de los rasgos más virtuosos de la película.
A partir de ese momento ambas películas se desarrollan desde perspectivas muy lejanas. Y, en consecuencia, transmitiendo un vínculo afectivo con las personas espectadoras totalmente diferentes. En Valor sentimental la imagen del padre Gustav está más distorsionada, ofreciendo una paternidad que, aunque es cuestionable, termina por ser redimida.
No obstante, El ser querido, escrita de forma sublime por el bestial tándem de Isa Peña y Rodrigo Sorogoyen, va construyendo a dos personajes que evolucionan poco a poco, de forma individual y en conjunto, ahondando lentamente en los sentimientos de las espectadoras hasta que las deja rotas por dentro, con el corazón hecho añicos.
Sin discursos grandilocuentes, tanto Javier Bardem como Victoria Luengo transmiten un tsunami de emociones que es totalmente incomparable con la película danesa. La paternidad y el poder se representan de forma tan cruda y real que muchas de las mujeres espectadoras, desafortunadamente, pueden resonar con aquello que ven en pantalla.

Las comparaciones son odiosas, pero me quedo con El ser querido
En el cine, comparar una pieza audiovisual con otra es tarea prácticamente imposible. Sobre todo, teniendo en cuenta el contexto cultural y social en el que ambas se ven imbuidas. No obstante, nos pareció inevitable pensar en la película danesa cuando vimos El ser querido.
Cuando estás dentro de un círculo de violencia y poder como el representado en la película española, es muy difícil aceptar lo que estás viviendo. Sin embargo, disociarte en una sala de cine –realmente merece la pena verla en sala-, y observar desde fuera todas esas dinámicas, hace que se rompa esa cuarta pared entre la película y el patio de butacas para apelarte directamente como espectadora.
En definitiva, ambos trabajos son excepcionales a nivel audiovisual, no obstante, en lo que respecta a los sentimientos, El ser querido te agarra desde los primeros minutos y no te suelta hasta el final. Y cuando te suelta, te deja con un malestar emocional muy difícil de digerir. La película de Sorogoyen es una granada directa al corazón, realmente necesaria.
